PEDRO LEMEBEL
Publicado en De Otros. el 8 de Febrero, 2010, 14:47 por MScalona|
“LOS DINOSAURIOS SON ETERNOS” (Frívolas, cadavéricas y
ambulantes) En el gueto homosexual siempre se sabe quién es VIH positivo, los rumores corren rápido, las carteras que se abren de improvisto, los papeles y remedios tirados por el suelo. Y no falta la intrusa que ayuda a recoger preguntando; ¿Y este certificado médico? ¿Y tanto remedio y pastillas? ¿Y estas jeringas niña? No me digas que eres adicta. En estos lugares, donde anida fugaz la juerga coliza: organizaciones para la prevención, movimientos políticos reivindicativos, eventos culturales, desfiles de modas, peluquerías y discothéques, nunca falta la indirecta, la talla, el conchazo que vocea alaraco la palidez repentina de la amiga que viene entrando. ¡Te queda regio el sarcoma linda! Así, los enfermos se confunden con los sanos y el estigma sidático pasa por una cotidianidad de club, por una familiaridad compinche que frivoliza el drama. Y esta forma de enfrentar la epidemia pareciera ser el mejor antídoto para la depresión y la soledad, que en última instancia es lo que termina por destruir al infectado. En uno de esos lugares, al calor delirante de la farra marucha, es fácil encontrar una loca positiva que acceda a contestar algunas preguntas sobre el tema, sin la mascarada cristiana algunas preguntas sobre el tema, sin la mascarada cristiana de la entrevista televisiva, sin ese tono masculino que adoptan los enfermos frente a las cámaras, para no ser segregados doblemente. Más bien jugando un poco con el aura star de la epidemia, así, revertir el testimonio, el indigno interrogatorio que siempre coloca en el banquillo de los acusados al homosexual portador. -¿Por qué portador? -Tiene que ver con puerta. -¿Cómo es eso? -La mía es una reja, pero no de cárcel ni de encierro. Es una reja de jardín llena de florcitas y pájaros. -¿Barroca? -No sé lo que es eso, puede ser, una verja llena de cardenales. -¿Y adonde conduce? -Al jardín del amor. -¿Se abre? -Siempre está abierta de par en par. -¿Y qué hay en el jardín? -Un asiento también de fierro, igual que la reja llena de… -Pájaros y florcitas. -Y también corazones. -¿Partidos? -Bueno un poquito, alguna trizadura por aquí, otra por acá, pero sin flechas. Eso del angelito cupido es cuento hétero, en vez de flechas, jeringas. -¡Uy que heavy! -¿Qué tanto? Si los pinchazos ahora me excitan. -Bueno, estábamos en el amor. El jardín portador del amor. ¿No crees que te corres del tema? -Siempre, nunca tienen que saber lo que estás pensando. -¿En qué estás pensando? -Yo no pienso, soy una muñeca parlante. Como esas Barbys que dicen I love you. -¿Hablas ingles? -El sida habla inglés. -¿Cómo es eso? -Tú dices Darling, I mist die, y no lo sientes, no sientes lo que dices, no te duele, repites la propaganda gringa. A ellos les duele. -¿Y a ti? -Casi nada, hay muchas cosas por las que vivir. El mismo sida es una razón para vivir. Yo tengo sida y eso es una razón para amar la vida. La gente sana no tiene por qué amar la vida, y cada minuto se les escapa como una cañería rota. -¿Es un privilegio? -Completamente, me hace especial, seductoramente especial. Además tengo todas las garantías. -¿Cómo así? -Mira, como potador, tengo médico, psicólogo, dentista, gratis. Estudio gratis. A quien le cuento el drama se compadece y me dice al tiro que sí a lo que pido. -Menos al amor. -Bueno, a la gente le gusta que tú te mueras, se sienten más vivos, más seguros. Pero los portadores estamos más allá del amor. Sabemos más de la vida, pero por descuentos. Este mismo minuto, yo soy más feliz porque no habrá otro. -Nunca hay otro para nadie. -Pero no es lo mismo; tú veras nevar alguna vez si vas a Farellones o a otra parte donde van los ricos. Pero yo nunca porque puede que ya no esté. Y esa nieve se derrite siempre antes que yo llegue. Es un sueño que siempre tengo. Pongo la mano para recibir un copo y me cae agua. ¿Te fijas? Algo siempre está pariendo. -¿Cómo una carrera contra el tiempo? -Se me evapora el alma antes de llegar. -¿Cómo la canción? -Claro, pero sin música. Los deseos, las ganas. Ahí estamos tratando de agarrarlos. -¿Y ser viejo? -Bueno, ahí tienes otra garantía. Nunca seré vieja, como las estrellas. Me recordarán siempre joven. -¿Y su encuentran el remedio? -me muero igual, porque de aquí a que llegue a Latinoamérica, y a qué precio. ¿Te imaginas lo que va a constar? Como siempre, se salvan las ricas primero. -Como el AZT. -Sí, pero para mí, el AZT es como la silicona, te alarga y te agranda, te engorda, te pone unos tiempos más de duración. Hay travestís que se lo inyectan ellos solos. -¿El AZT? -No, la silicona. En -Eso era en Talca. ¿Hay mucho sida por allá? -Igual que en todas partes. Ahí supe que los travestis le dicen la sombra. -¿Cómo? -Se pegó la sombra dicen. Es bonito fíjate. Es como la sombra de los ojos. ¿Te fijas que todos los que tenemos sida, tenemos un a mirada matadora? -Sin regreso… -¿Te fijas que algo se va cuando dejas de mirarme? Algo se rompe. Mírame. -Te estoy mirando. -No, no me estás mirando a mí, estás mirando mi muerte. La muerte tomó vacaciones en mis ojos. -¿Por qué tanta poesía? ¿Te ablanda el drama? ¿Es más soportable? -Mira, yo no hablo de poesía, más bien de poseída. -¿Y escribes? -A veces, en esos días abochornados cuando está a punto de llover. Me gustaría que estuviera lloviendo cuando… Cuando me llegue la hora pues, las flores duran más tiempo con el agua. Frag. del libro ESE LOCO AFÁN |

