"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




MARGUERITE DURAS

Publicado en De Otros. el 26 de Enero, 2010, 18:48 por MScalona

EL AMANTE DE LA CHINA DEL NORTE


Ed.   Tusquets-   Marguerite Durás.

 

 

 

 

Es la pensión Lyautey de noche.

El patio está desierto. Hacia el refectorio los jóvenes boys juegan a cartas. Uno de ellos canta. La niña se detiene, escucha los cantos. Conoce los cantos del Vietnam. Escucha un momento. Los reconoce a todos. El joven boy del pasodoble atraviesa el patio, se hacen una señal, se sonríen: Buenas noches.

Todas las ventanas del dormitorio están abiertas debido al calor. Las chicas están encerradas detrás en las jaulas blancas de la mosquiteras. Apenas se las reconoce. Las luces piloto de los pasillos las vuelven pálidas, agonizantes.

Héléne Lagonelle pregunta bajito cómo le ha ido, dice: <<Con el chino>>. Pregunta cómo es. La niña dice que tiene veintisiete años. Que es delgado. Que parece haber estado un poco enfermo cuando era pequeño. Pero nada grave. Que no hace nada. Que si fuera pobre sería terrible, no podría ganarse la vida, que moriría de hambre… Pero que eso él no lo sabe.

Héléne Lagonelle pregunta si es guapo. La niña duda. La niña dice que lo es. ¿Muy, muy guapo? Pregunta Héléne. Sí. La suavidad de la piel, el color dorado, las manos, todo.

Dice que es guapo todo él.

-Su cuerpo, ¿cómo es de guapo?

-Como el de Paulo dentro de unos años.

Esto es lo que cree la niña.

Héléne dice que tal vez sea el opio lo que le quita la fuerza.

-Tal vez. Es muy rico, afortunadamente, no trabaja, nunca. Es también la riqueza lo que le quita la fuerza. No hace más que el amor, fumar opio, jugar a las cartas… Es una especie del golfo millonario… ya ves…

La niña mira a Héléne Lagonelle. Dice:

-Es divertido, así es cómo le deseo.

Héléne dice que cuando habla la niña, ella Héléne, también lo desea, como ella.

-Cuando hablas de él lo deseo así también.

-¿Lo deseas mucho?

-Si. Contigo, junto contigo.

Se besan. Indecentes hasta las lágrimas, hasta hacer callar las canciones de los jóvenes boys que se han acercado a la escalera del dormitorio.

Héléne dice:

-Es a él a quien deseo. Es a el. Lo sabes. Tú le querías.

-Si. Sigo queriéndolo.

-¿Te ha hecho daño?

-Mucho.

Silencio. Héléne pregunta:

-Hasta ese punto… ¿no se puede comparar con nada más, nada?

-Nada. Pasa muy rápido.

Silencio.

-Estás deshonrada ahora.

-Sí. Para siempre. –Ríe-: Hecho está.

-Como por un blanco.

-Sí. Igual.

Silencio. Héléne  Lagonelle llora suavemente. La niña no lo ve. Héléne dice llorando:

-¿Tu crees, tú, que yo soportaría a un chino?

-Si te planteas la pregunta, es que no.

Entonces Héléne dice a la niña que no haga caso de lo que dice, que es la emoción.

 

 

Pregunta a la niña cómo lo ha hecho. La niña le dice:

-Según tú, ¿Cómo?

-A mí me parecía que era porque eras pobre.

La niña dice: Tal vez. Ríe, conmovida. Dice:

-Me gustaría mucho que te ocurriera a ti. Mucho. Sobre todo con un chino.

Héléne, desconfiada, no contesta.

 

 

 

Los jóvenes boys siguen cantando en el fondo del patio junto al refectorio. Ellas escuchan los cantos en vietnamita. Tal vez los tarareen bajito con ellos en vietnamita.

 

Al días siguiente.

Héléne Lagonelle dice que el jaleo que se oye es de las regadoras municipales. Héléne Lagonelle dice que el perfume que se huele es el olor de las calles lavadas que llega hasta los dormitorios de la pensión.

 

Despierta a las demás que aúllan que las dejen en paz. Héléne continúa. Dice que el olor es tan fresco, es también el Mekong. Que aquella pensión, por fin, se vuelve como su casa natal.

Después de su declaración, Héléne canta. Anda como feliz Héléne Lagonelle, aquellos días, como enamorada del chino a su vez, oye hablar de él a la niña de Sadec.

 

 

La niña camina por la Rue Lyautey. Lentamente. La calle está vacía. Llega delante del liceo. Se detiene. Mira la calle vacía. Todos los estudiantes han entrado en clase. Ya no hay niños afuera. Se oye el ruido de otros recreos que tienen lugar en un patio interior.

 

La niña permanece afuera, detrás de un pilar del pasillo.

 

No espera al chino. Se trata de otra cosa: no quiere entrar en el liceo hasta el final del recreo. De repente el timbre. Ella entra, alcanza lentamente el lugar en el pasillo donde los alumnos esperan la llegada del maestro.

 

Llega el maestro.

Los alumnos entran.

El maestro le sonríe a la hija de la directora de la escuela indígena de Sadec.

 

El pasillo del liceo, vació.

El suelo del pasillo está invadido por el sol hasta una determinada altura del muro.

 

Retomamos el pasillo vacío en el momento de la campana de la noche.

El sol ha desaparecido del suelo.

La niña de espalda sale del pasillo del liceo.

 

Delante de ella, a cierta distancia de la puerta del liceo, la limusina china. Sólo está allí el coger. Cuando ve a la niña baja a abrirle la puerta. Ella comprende. No le hace pregunta alguna. Sabe. Es conducida por el chófer hacia si amante. Entregada a él. Eso le conviene.

Durante todo el trayecto permanecemos sobre ella quien esta noche mira afuera sin verle.

 

 

 

Ciudad a través. Dos o tres puntos de referencia en el inventario: teatro Charner, la catedral, el Edén Cinema, el restaurante chino para los blancos. El Continental, el hotel más bonito del mundo. Y ese río, ese encanto, siempre, y de día y de noche, vacío o poblado de juncos, de llamadas, de risas, de cantos y de pájaros de mar que remontan hasta el Valle de los Juncos.

 

 

El chino abre la puerta antes de que llame. Lleva la bata negra de la noche- Se quedan allí donde están. El coge la cartera de ella, la tira el suelo, la desnuda, e acuesta cuán largo es junto al cuerpo de ella en el suelo. Luego espera. Espera. Aún. Dice bajito:

-Espera.

Entra en la noche oscura del cuerpo de la niña. Se queda allí. Gime de enloquecido deseo, inmóvil, dice bajito:

-Todavía…espera…

Ella se convierte en su objeto, sólo para él secretamente prostituida. Ya sin nombre. Entregada como una cosa, una cosa solo por él robada. Por él solo tomada, utilizada, penetrada. Una cosa de pronto desconocida, una niña sin otra identidad que la de pertenecerle a él, de ser su bien, para él solo, sin palabras para nombrarlo, fundida en él, diluida en una generalidades también naciente, la mal nombrada desde el principio de los tiempos con otra palabra, la de indignidad.

 

 

Les vemos después, acostados en el suelo en el mismo lugar. Convertidos en los amantes del libro.

 

 

La cama está vacía. Los amantes acostados. Encima de ellos el ventilador que gira. La encuentran la conserva en su propia mano. Dice:

-Ayer fui a un burdel para hacer otra vez el amor… contigo,… no puedo… me fui.

-Si la policía nos encontrara…-ella ríe- soy muy menor…

-Me detendría dos o tres noches tal vez… no lo sé muy bien. Mi padre pagaría, no sería grave.

 

 

La calle de Cholen. Las farolas se encienden en la luz del crepúsculo. El cielo tiende ya azul de la noche, se le puede mirar sin quemarse los ojos.

Al borde de la tierra, el sol está al borde de la muerte.

Muere.

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-