"...llevaba el buscador de astros redondo y plano de latón con las caras pulimentadas. Veía el grabado de las coordenadas horizontales de la esfera celeste; también veía el cenit, el horizonte, el ecuador, el azimut y los círculos de capricornio y cáncer. Confió en el instrumento puesto que había nacido en julio y esa coincidencia lo animaba". --- MARTHA CORSALINI. La Búsqueda.-




(no es) AGUAFUERTE:

Publicado en General el 22 de Noviembre, 2009, 13:34 por F Maini.

EL ENFERMO EXILIADO.

 

 

El enfermo es un exiliado

En forma compulsiva ha sido obligado a dejar su mundo y a establecerse en otro donde todo cambia. Uno deja de ser el que era.

Ha cambiado su cara, su color, su físico. Ha mutado en un ser menos humano con fronteras borrosas, límites crudos y lenguajes ajenos. Habita en un reino de leyes desconocidas  donde manda la enfermedad y los curadores ejercen su poder.

“Es el lado nocturno de la vida, otra ciudadanía” dice  Sontag.

Para quienes amamos la noche, nos resulta injusto tomarla como metáfora de la enfermedad. Más vale la definiría como un torturante día de sol pleno, en medio de un desierto sin final,  donde uno anda sólo y con poca reserva de agua. Nuestros huesos están rotos, las pieles lastimadas y los dioses han desaparecido.

Y llega la terrible soledad. Los que te aman te escuchan……. un rato.

Te acompañan sin saber que hacer, ni decir y uno siente que quieren irse, alejarse de esta imagen que, quizás, esté también en su futuro.

La filosofía se escapa de los libros y todo lo que leímos y pensamos sobre la finitud de la vida, se hace realidad.

Ya llegó. Acá está. Es el fin. Se acabó lo que se daba. El mundo sigue andando, un tren a la carrera que deja un vagón en vía muerta y se aleja muy rápido. Ahí quedamos nosotros, los enfermos, nos bajaron de la vida. Nos ocultaron. Por un largo tiempo estaremos en “pause”, suspendidos. El dolor, con nosotros.

Cuando parece que nada puede ponerse peor, aparecen los médicos.

Y los hospitales.

Y los pasillos.

Y las esperas. El poder ha cambiado de mano. Ellos, los poderosos, los de verde, son tus nuevos amos.

Son los guardianes de tu nueva vida.

Unos pocos, compasivos, humanos. Los otros, en su negocio.

Cuesta la adaptación. Te convierten en un número. O peor. Pasas a ser ”el pulmón de la 220” o  ”la fibrosis del 306”.

Llegan con un séquito detrás que, con voz servil y temerosa, le dicen “señorprofesor”. Ninguno te mira a los ojos. Como mucho una palmadita. Miran a tus parientes. Te anuncian lo que tenés casi con alegría, ven honorarios jugosos. Te dan diagnóstico y tratamiento, todo con voz monocorde y algo pedante, como mostrando su sapiencia.

Y sigue el “nosepreocupe”, las estadísticas y “la veo mañana a las siete y en ayunas”

Pero se olvidan de uno.

Dejaste de ser persona. No te preguntan por tus miedos. Tus dolores no interesan. Nunca te escuchan. Pocos saben tu nombre. Y si en algún arrebato cuestionas sus saberes o pedís otra droga o una simple explicación, la respuesta soberbia trae envuelto un rótulo de “paciente complicado”. Un nuevo escalafón en el temido purgatorio.

Las indignidades y las humillaciones vienen con el tratamiento.

La sumisión es mérito. Y el silencio se reconoce cómo coraje. No protestar.

Te dan vuelta en la camilla, te desnudan delante de otros y te estudian como si fueras ya cadáver en la morgue. Te dejan en el frío y te dicen ya vuelvo. Es mucho pedir que te cubran con una manta. Las esperas en ayunas. Cuando entras al consultorio no llega la disculpa. Imposible. No conocen la palabra.

Entendés en seguida que la atención es distinta si pagas prepago caro. Se desmejora bastante si tenés prepago barato u obra social (salvo las que agrupan a los poderosos de leyes o medicina).

Y que Dios te ayude si no existís en blanco. Se vuelven laberínticos los caminos a la nada. Si, a la nada porque el que tiene dinero, tiene salud. El resto, no existe. Arréglese como pueda, mija….el estudio es pago. O saque turno para dentro de cientocuatro días, con muchas probabilidades de que la muerte llegue antes. La parca es más eficiente.

Es largo el proceso para volver de este exilio.

Primero hay que curarse. Después superar pesadillas y temores de ser otra vez el alieno enfermo. Lleva tiempo. Uno cambia. Los demás no lo saben. Pero uno no es el mismo. No te reconocen. Nadie entiende.

Y uno no olvida, nunca olvida.

Especialmente cuando llegan las elecciones.

Lo que alguna vez fue una fiesta se transforma en un odioso momento sin salida.  Pomposos funcionarios enriquecidos en un día, se llenan la boca hablando de “La Salud”. Sabemos que mienten, que nada va a cambiar. Ninguno de los recibidores de votos va a cambiar este sistema funesto donde la plata manda.

El rico vive.

El pobre muere. Y en forma muy dolorosa.

Créanme.

 

  
Autores
Lorena Aguado, Carlos Bagnato, Tomás Boasso, Ma.Paula Cerdán, Gabriela Gervasoni, Carlos Descarga, Pablo Javkin, Analía Lardone, Verónica Laurino, Lilian E. Marín, Marcelo Scalona, Daniel Valdez, Roberto Vince, Omar Maya, Juan J. López Puccio, Pilar Almagro Paz, María Laura Isaia, Laura Corti, Adolfo Villatte, Luciano Galimberti, Nicolás Doffo, Mirta Pujol, Celeste Galiano, Ramiro García, Fabián Trovatto, María L. Martínez, Pablo Castro, Alicia Catania, Silvia Tombolini, Iberia Oñate, María S. Barta, Fernando Sauro, Gabriel Bortnik, Gonzalo Ruzafa, Mabel Savarino, Mariano Aliau, Sandra Fabi, Martha Corsalini, Alejandro Caponi, Carolina Musa, Mirta Guelman, Francisco Kuba, Claudio Berón, Susana Paganini, Celina Russo, Patricia Barchesi, Carlos Santini, Patricio Magnano, Silvia Ríos, Rubén D. Musante, Ariadna Machain, Fernando Artana, Felicitas Maini, Gerardo Bussi, Romina B. Zampa, Ayelén Coduri, Bruno Preatoni, María C. Rivarola, Norma Pérez, Mayra Rodríguez, Flavio Luciani, Florencia Oviedo, Germán Gómez, Ricardo Parma, Damián Fornaso.-