"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




22 de Noviembre, 2009


(no es) AGUAFUERTE:

Publicado en General el 22 de Noviembre, 2009, 13:34 por F Maini.

EL ENFERMO EXILIADO.

 

 

El enfermo es un exiliado

En forma compulsiva ha sido obligado a dejar su mundo y a establecerse en otro donde todo cambia. Uno deja de ser el que era.

Ha cambiado su cara, su color, su físico. Ha mutado en un ser menos humano con fronteras borrosas, límites crudos y lenguajes ajenos. Habita en un reino de leyes desconocidas  donde manda la enfermedad y los curadores ejercen su poder.

“Es el lado nocturno de la vida, otra ciudadanía” dice  Sontag.

Para quienes amamos la noche, nos resulta injusto tomarla como metáfora de la enfermedad. Más vale la definiría como un torturante día de sol pleno, en medio de un desierto sin final,  donde uno anda sólo y con poca reserva de agua. Nuestros huesos están rotos, las pieles lastimadas y los dioses han desaparecido.

Y llega la terrible soledad. Los que te aman te escuchan……. un rato.

Te acompañan sin saber que hacer, ni decir y uno siente que quieren irse, alejarse de esta imagen que, quizás, esté también en su futuro.

La filosofía se escapa de los libros y todo lo que leímos y pensamos sobre la finitud de la vida, se hace realidad.

Ya llegó. Acá está. Es el fin. Se acabó lo que se daba. El mundo sigue andando, un tren a la carrera que deja un vagón en vía muerta y se aleja muy rápido. Ahí quedamos nosotros, los enfermos, nos bajaron de la vida. Nos ocultaron. Por un largo tiempo estaremos en “pause”, suspendidos. El dolor, con nosotros.

Cuando parece que nada puede ponerse peor, aparecen los médicos.

Y los hospitales.

Y los pasillos.

Y las esperas. El poder ha cambiado de mano. Ellos, los poderosos, los de verde, son tus nuevos amos.

Son los guardianes de tu nueva vida.

Unos pocos, compasivos, humanos. Los otros, en su negocio.

Cuesta la adaptación. Te convierten en un número. O peor. Pasas a ser ”el pulmón de la 220” o  ”la fibrosis del 306”.

Llegan con un séquito detrás que, con voz servil y temerosa, le dicen “señorprofesor”. Ninguno te mira a los ojos. Como mucho una palmadita. Miran a tus parientes. Te anuncian lo que tenés casi con alegría, ven honorarios jugosos. Te dan diagnóstico y tratamiento, todo con voz monocorde y algo pedante, como mostrando su sapiencia.

Y sigue el “nosepreocupe”, las estadísticas y “la veo mañana a las siete y en ayunas”

Pero se olvidan de uno.

Dejaste de ser persona. No te preguntan por tus miedos. Tus dolores no interesan. Nunca te escuchan. Pocos saben tu nombre. Y si en algún arrebato cuestionas sus saberes o pedís otra droga o una simple explicación, la respuesta soberbia trae envuelto un rótulo de “paciente complicado”. Un nuevo escalafón en el temido purgatorio.

Las indignidades y las humillaciones vienen con el tratamiento.

La sumisión es mérito. Y el silencio se reconoce cómo coraje. No protestar.

Te dan vuelta en la camilla, te desnudan delante de otros y te estudian como si fueras ya cadáver en la morgue. Te dejan en el frío y te dicen ya vuelvo. Es mucho pedir que te cubran con una manta. Las esperas en ayunas. Cuando entras al consultorio no llega la disculpa. Imposible. No conocen la palabra.

Entendés en seguida que la atención es distinta si pagas prepago caro. Se desmejora bastante si tenés prepago barato u obra social (salvo las que agrupan a los poderosos de leyes o medicina).

Y que Dios te ayude si no existís en blanco. Se vuelven laberínticos los caminos a la nada. Si, a la nada porque el que tiene dinero, tiene salud. El resto, no existe. Arréglese como pueda, mija….el estudio es pago. O saque turno para dentro de cientocuatro días, con muchas probabilidades de que la muerte llegue antes. La parca es más eficiente.

Es largo el proceso para volver de este exilio.

Primero hay que curarse. Después superar pesadillas y temores de ser otra vez el alieno enfermo. Lleva tiempo. Uno cambia. Los demás no lo saben. Pero uno no es el mismo. No te reconocen. Nadie entiende.

Y uno no olvida, nunca olvida.

Especialmente cuando llegan las elecciones.

Lo que alguna vez fue una fiesta se transforma en un odioso momento sin salida.  Pomposos funcionarios enriquecidos en un día, se llenan la boca hablando de “La Salud”. Sabemos que mienten, que nada va a cambiar. Ninguno de los recibidores de votos va a cambiar este sistema funesto donde la plata manda.

El rico vive.

El pobre muere. Y en forma muy dolorosa.

Créanme.

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-