"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Fragmento de Richi

Publicado en General el 5 de Noviembre, 2009, 12:54 por Saty y Gaby

Una sabe que los padres cogen. Pero fue  una sensación de muerte la que sentí la noche que decidí seguirlos.

Todo se inició, de casualidad, un día en que mi notebook había resuelto declararse en estado vegetativo y necesitaba imperiosamente terminar una monografía. Había encontrado en la computadora de ella, ciertos archivos que llamaron mi atención por cómo habían sido guardados, casi al descuido, en una carpeta que llevaba el nombre “del tercer tipo”.

En un primer momento, llevada quizás por una cuestión de ingenuidad, o por el deseo inconciente de mantener inalterable la imagen, que una se ha formado durante tantos años de alguien, pensé: “esto debe tener que ver con  extraterrestres, a ella siempre le atrajo el tema de los ovnis”.

Como la intriga era muy grande, me despojé del prejuicio de que se debe ser respetuosa de la privacidad ajena y traté de abrirlos. No me costó demasiado, apenas unos minutos de probar con un par de contraseñas que se me ocurrieron factibles. Cuando iba por el cuarto intento, comenzaron a delinearse en la pantalla imágenes con un alto contenido erótico. Eran fotos de personas de ambos sexos en clara actitud sexual, a veces solas, otras entremezcladas, la mayoría grupal. Comencé a pasarlas rápidamente porque la cantidad era importante y tenía temor de que mamá llegara y viera lo que estaba haciendo. Por un momento sentí que mis latidos se detenían y daban paso a una náusea violenta que me obligó a correr al baño para vomitar. Lo que había visto me descolocó completamente. Una piensa que es madura, que la experiencia de tantas cosas vividas nos quita la capacidad de asombro y que estamos preparados para ver cualquier cosa. No fue mi caso. Como la mayoría de las personas he mirado fotos y películas porno más de una vez. Nunca provocaron en mí más que una cierta estimulación, debería decir muy tenue. Prefiero, si se quiere, una escena de erotismo, no  tan explícita, para exacerbar mi libido.

Lo que veía a medida que clickeaba sobre cada imagen, no distaba mucho de lo que existe en todos lados. Pero lo repulsivo de todo esto, y creo que no exagero cuando digo repulsivo - aunque tal vez sea necesario que se haya pasado por una situación similar para poder entenderme - fue encontrarme en esas imágenes con rostros familiares.

Una sabe que los padres cogen, porque una no es mojigata, menos aún santurrona y hasta admite que eso es saludable. Aunque íntimamente, una se niega a reconocerlo, amparada en la idea estúpida e idílica de que son seres extraordinarios. Una llega a la madurez y comprende que estaba equivocada, que esos seres que una elevaba a la cualidad de supremos son tan cotidianos y universales como cualquiera. Una lo entiende y lo acepta, pero  nunca está lo suficientemente preparada para ver a su madre en una foto, desnuda, con el rostro distorsionado por el placer, con su lengua lujuriosa chupando la pija inmensa de un desconocido, mientras el tipo está sentado sobre una cama en la que hay tres o cuatro personas más revolcándose, ni tampoco está preparada para ver que en esa misma instantánea su padre se está cogiendo a una rubia, con cara de virgen, mientras ella, aprieta las tetas de mamá.

Cerré los ojos en un intento de negar lo visto. Me costó trabajo abrirlos nuevamente, pero debía dejar la computadora en el mismo estado que la había encontrado. Rápidamente borré el historial y la apagué. Tenía las manos frías cuando subí a mi cuarto. No lograba asimilar la situación. Me senté en la cama, los pies colgando hacia fuera, los brazos flojos a los costados de mi cuerpo y me largué a llorar. Primero fue un llanto laxo, al igual que mis brazos, desprovisto de fuerza y luego uno espasmódico, incontrolable, hasta quedarme dormida.

Me desperté casi de noche, cuando ellos llegaron. Calculo que debieron pensar que yo no estaba en casa porque hablaban en un tono fuerte, como discutiendo. Papá insistía en que esa noche tenían una fiesta a la que no podían faltar y mamá le respondía que fuera solo, que ella no se sentía con ánimos de ir. Finalmente acordaron que irían los dos juntos, ella se tomaría un analgésico y se daría un baño de inmersión para que se le pasara el dolor de cabeza. Él le recomendó que se pusiera el vestido rojo ajustado porque era el que le gustaba a Benito. Ella accedió y dijo que estaría lista a las diez.

Me pregunté quién sería la persona que mi padre había nombrado. Esa noche decidí seguirlos.

 

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-