"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




29 de Octubre, 2009


Para niños y adultos con su infancia a salvo...

Publicado en Sugerencias. el 29 de Octubre, 2009, 17:46 por MScalona

el mismo equipo de MOC y POC, Pescetti

 y compañía Teatral Rapalá

Los que vieron aquella obra saben

NATACHA! by you.

¿Seré yo?¿Llegaré a ser...?

Publicado en relatos el 29 de Octubre, 2009, 13:52 por Ale

LECHON NAVIDEÑO

 

 

 

Aquel 23 de diciembre la radio arrancó a las 6:00 AM. En rigor, nada muy diferente a otros días. Según el locutor, grave, la crisis Estados Unidos – Corea por los misiles nucleares entraba en una fase definitoria. Después ratificó que eran las 6:07. Primero clavó la vista en el ventilador de techo que apenas podía en su lucha con el aire húmedo del incipiente verano. Estuvo unos minutos así, hasta que se sentó en la cama mientras forzaba sus entrañas y dejaba escapar un ruidoso pedo. Se rascó los tobillos y volvió a fijar la vista. Ahora, en las manchas de humedad de la pared. Memoria de la inundación. Un metro y medio de agua. Fresca todavía la imagen de la heladera flotando en la cocina, amarrada por el enchufe. Lo poco que le quedaba de esperanza escurriendo por la cañada rumbo al Coronda. Con las palmas de sus manos hacia abajo golpeó sus muslos. Se puso de pie. Desnudo caminó hasta la galería. Orinó intentando hacer blanco en una mata de pasto amarillento. La humedad y el gris le dieron la sensación de que el cielo estaba un poco más bajo, más cerca. Pero ya no creía en nada, de manera que la percepción lejos estuvo de tener algún significado religioso. En todo caso, la Cañada tenía un aspecto un poco más pálido que el habitual. Sin más remedio callado apuró unos amargos. La radio seguía despachando calamidades acerca de Estados Unidos, Corea y los misiles. Le produjo el mismo efecto que el empate de Deportivo Riestra con Yupanqui. Malhadadas circunstancias lo habían convertido en un bárbaro. ¿En qué podía afectarle la crisis de los misiles? ¿En qué podía cambiar su vida? El ruido del mate vaciándose fue lo suficientemente poderoso como para inhibir cualquier intento de involucrarse con el mundo que, ahí afuera, acechaba. Recordó que esa tarde, después de preparar la última tanda de lechones navideños, iría a ver a la Norita, su esposa. Ultimo anclaje al mundo de los afectos aunque las cosas no marcharan bien. Ella, aun, era un aceptable soporte. Hasta pensó que podría brindarle un sosiego, temporario, a su compulsión por masturbarse. La recordó, la imaginó, desnuda. Salió de la casa y caminó hacia el galpón donde los que iban a morir esperaban su irrevocable destino. Desfasado, su cerebro comenzó a bombear sangre al pene. Bajó la vista. Tuvo que dejar caer la camisa por fuera de la bermuda, alguna vez un pantalón de traje. Su peón, El Tuerto, ya lo esperaba. Ni se miraron. Entró al cuadro donde cincuenta lechones se aplastaban, desesperados, contra el lado opuesto. Diez de ellos no verían el final del día. Uno, en particular. Un negro fajado, hermoso animal de quince kilos, muy bien conformado, cuartos traseros perfectamente redondos que se le había escapado en un par de oportunidades. "Hoy te hago cagar hijo de puta", murmuraron sus labios. Tanteó el cabo del cuchillo, atrás, en la cintura. El lechón, ojos desencajados por el pánico, recurrió a todas las tácticas a su alcance para esquivar a la muerte, que en forma de bestia erguida se le abalanzaba, que resbalaba en la bosta, que caía, que volvía a levantarse. Hasta que pareció comprender que ya no tenía caso seguir y se quedó inmóvil, su trompa clavada en un rincón, la vista fija en el ángulo formado por las paredes grises. Ni siquiera agitó las patas cuando la furia asesina, tapada de mierda, lo agarró por atrás y lo arrastró hasta fuera. "Negro tenías que ser" vociferó desquiciado mientras lo aseguraba al piso de hormigón clavando su rodilla contra las costillas del pobre cerdo. No podría asegurarse quien respiraba más agitado. Aprestó el cuchillo mientras clavaba la mira en el cogote del condenado. Una estocada certera, así debía hacerse. La sangre escaparía a borbotones junto a un ronco, postrero quejido. Algunos decían que parecía el grito de un bebé. Eso no lo preocupaba. Y fue entonces que sintió la voz del Tuerto:

-              ¿Hace mucho que no lo ve al Gerente de la Cooperativa?

Ese turro pensó. Lo tenía agarrado de las pelotas. Le había fiado maíz para los animales, después plata. Ya se había quedado con su camioneta. Y ahora estaba a punto un terrenito en el pueblo. Lo único que le quedaba fuera de la Cañada.

-              ¿Qué le pasa al conchudo?, preguntó mientras su mano izquierda atenazaba las orejas del animal, que lo miraba, ya calmado en la inevitabilidad de los próximos segundos.

 

Y mientras el cuchillo ya iniciaba el viaje hacia la yugular de la pequeña victima ofrendada a la navidad, volvió a oír al Tuerto que hincado atrás suyo, la boca a la altura de su oreja, le decía "Se la está cogiendo a la Norita". Y en ese tan corto lapso de tiempo, el cuchillo, su recorrido levemente descendente, la confesión, a él no le quedó ninguna duda que el lechón negro fajado, sardónico, sonrió. Recién después llegó la sangre…

 

 

                                                                        Alejandro  Caponi

Terrorótico, que leí en la FEL

Publicado en relatos el 29 de Octubre, 2009, 11:26 por Berón

No me busques

 

Siempre le habían gustado los pies desnudos; blancos, casi nacarados y con suaves venitas púrpuras que recorren el talón, atraviesan el nudillo y se pierden entre las piernas de mujeres a veces no tan magníficas, pero con uñas redondeadas y dedos finos y huesudos, sin margen de error, con pequeños huecos para besar, chupar, apretar con la lengua y mordisquear apenas, lo suficiente para un gemido corto, una respiración distinta. A ella le gustaba eso, la caricia, los senos rozados y los pezones que, a poco de lenguas perdidas; se endurecían. Y le gustaba su espalda y su cola, morder, besar, succionar y darlo vuelta en las sábanas y sentir también sus venas y, aunque parezca tonto, no entender de esas durezas que, a esa altura, no son bromas ni chiste fácil de oficina. Y ahí estaban, entre labios, entre brazos incómodos y manos calientes, y respirar y ojos en blanco y algún grito y alguna palabra que se dice sólo ahí y humedades y agitación y palmadas y un “si” largo, no pensado. Vino un viento desde algún lugar, una brisa incómoda en ese hotel al que nunca habían ido, era antiguo y tenía mucha madera y arañas de vidrio y luz tenue ( no estaban todas las lamparitas). El chiflete que se filtró por debajo de la puerta del baño lo dejó tonto. Le pegó en el estómago; un hielo en el ombligo y sobre el pecho. Paró las caricias. Se levant, un ruido fuerte, un grito, los espantó. Levantáron el tubo del teléfono. No se oía nada, los dedos pasaron de los cuerpos a las teclas y el corazón latía fuerte, en los dos latía. Fue a la puerta del baño, intentó abrirla; puso la mano en el picaporte, en ese hielo de bronce. Apret, giró y sintió un dolor intenso en los nudillos, la palma se le congeló. Se escuchaba desde el otro lado de la puerta un ruido igual al mar, cuando se pone el oído en los caracoles, luego un viento, un ulular. Ella se quedó en la cama, se puso el pantalón, el corpiño y las sandalias pero el píe comenzó a sangrarle, se le marcaron las venitas en la blanca pierna torneada y, como una bolsa plástica ,le explotaron, le llegó a él esa sangre oscura, pegajosa y la puerta desde donde venía ese ruido sin sentido comenzó a temblar como un terremoto, como que algo empujaba desde atrás. Ella se tapaba las piernas con las manos púrpuras, casi negras de sangre. Por algo él mantuvo la erección, la sangre no se movio del pene, no buscó la otra sangre,la de ella, que corrió y se tiró por la ventana, aunque nunca se encontró su cuerpo en la calle, un piso abajo.

 

 

 

                                                      Berón

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-