"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




26 de Octubre, 2009


felafull...

Publicado en Fotitos. el 26 de Octubre, 2009, 14:05 por MScalona
FEL 2º 086 by you.
Murúa y FEL 2º 091 by you.
Murúa y FEL 2º 093 by you.
Murúa y FEL 2º 096 by you.
Murúa y FEL 2º 097 by you.

lo demás... FEL 2º...

Publicado en Fotitos. el 26 de Octubre, 2009, 13:51 por MScalona

FEL 2º 073 FEL 2º 072

FEL 2º 066FEL 2º 071

All rights reserved FEL 2º 070FEL 2º 068

FEL 2º 064FEL 2º 065

FEL 2º 064FEL 2º 065

 

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los lectores...

Publicado en Fotitos. el 26 de Octubre, 2009, 13:43 por MScalona
FEL 2º 077 by you.
FEL 2º 076 by you.
FEL 2º 078 by you.
FEL 2º 082 by you.
FEL 2º 081 by you.

bienvenida discreta en el hall...

Publicado en Fotitos. el 26 de Octubre, 2009, 13:38 por MScalona
FEL 2º 055 by you.

Escultura salvaje y espontánea que el dueño de casa

encontró en la naturaleza; el tiempo y el desgaste (del uso?)

propio de los materiales le han dado esta forma:  "la forma está

dentro de los materiales, hay que agujerear hasta que aparece..." 

del sábado, FEL 2º...

Publicado en Fotitos. el 26 de Octubre, 2009, 13:31 por MScalona

FEL 2º 062 FEL 2º 061

FEL 2º 060FEL 2º 059

FEL 2º 086FEL 2º 085All rights reserved 

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FEL 2º 084Mayra-Silríos

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el mío...

Publicado en relatos el 26 de Octubre, 2009, 10:57 por Flordemilcolores
Oviedo, Flor by you.

                                    Madrugada

                       

Su entrada, por favor – pedí. D 12. – por acá, señor.

Ese era el último; fui hasta el fondo y cerré las dos puertas. Esperé a que los ojos se me acostumbraran a la oscuridad y fui hasta mi lugar, apoyada contra la pared del fondo, entre Mariana y Javier. Estuvimos las dos horas hablando en susurros de temas variados ya que habíamos visto la obra doce veces.

Era su presentación final en la ciudad; al día siguiente se irían a deleitar a otro público en alguna otra ciudad cuyo nombre escapaba  a mi memoria.

A la hora cincuenta minutos se encendieron las luces tenues y nos procuramos a abrir las puertas y mostrarle la salida a los concurrentes.

Antes de que apareciera el encargado para quejarse de algo, me escabullí por la entrada de Mendoza. La noche estaba cálida y el cielo despejado. Empecé a caminar por Laprida. Prendí un cigarrillo y el celular. En menos de treinta metros sonó cinco veces; tenía dos mensajes de Gabi, dos de Caro y uno de mi vieja. Gabi quería arreglar para ir al cumple del Negro, Caro quería pasar a buscar los apuntes y mi vieja quería saber cómo estaba el tiempo en rosario y si tenía comida. Les contesté a los tres y crucé Zeballos. Cuando doblé por Montevideo la vi a Caro sentada en la entrada del edificio; le sonreí mientras me acercaba.

-         Qué hacés acá sola y a esta hora, nena?

-         Te espero… te mandé dos mensajes! Dónde estabas?

-         En el teatro, boluda – le contesté mientras empujaba la puerta y ella pasaba detrás mío.

-         Ah, me olvidé completamente! – dijo chasqueando la lengua.

Subimos hasta el tercero por la escalera porque el ascensor estaba roto y hacía tres meses que no había presupuesto para arreglarlo.

-         Pasá, comiste? – pregunté, mientras abría la heladera buscando algo para cenar.

-         No, pero no te preocupes, no tengo hambre.

-         Boluda, no jodas; yo estoy cagada de hambre. ¿Querés que pidamos una piza?

-         Bueno, dale.-

Llamamos y nos quedamos fumando mientras hablábamos de la facu y los apuntes y de cómo podía ser que ella estudiara un sábado a la noche y que faltara al cumpleaños del Negro.

-         No, en serio, estoy al horno.

-         Todos estamos al horno, boluda! Ya fue, venite, después te quedás acá y mañana nos levantamos y estudiamos.

-         No, me voy a sacar un uno. Vos porque sos más inteligente y te acordás de todo – dijo, sonriendo y recogiéndose el pelo castaño en una colita.

-         Pfff, sí, una locura. Nadie se puede acordar de los aminoácidos y toda esa mierda – respondí mientras abría la ventana.

Volví a la mesa con la intención firme de convencer a Caro.

-         Nena, no seas virga. Veni al cumple! Si nos embolamos nos volvemos. Te lo prometo.

Hizo cara de estar pensando más excusas y dijo: - pero, aún si quisiera ir, no tengo ropa, ni me bañé y no alcanzo a llegar a mi casa y volver.

-         Yo te presto ropa, boluda! Y te podés bañar acá. Boludeces no – respondí, como expresando una obviedad.

-         Bueno, ya fue, pero si me saco un uno, le digo al profesor que es tu culpa enteramente.

-         Dale, no tengo ningún problema – dije, rebosante con la alegría del vencedor.

Comimos la piza mientras le contaba sobre el teatro, y ella me comentaba que Leo no le daba ni bola. Hacía tres años que estaba atrás de él y nunca le había dado bola. Nunca supe bien sus razones porque a mí me parecía que Caro era una mina hermosa. Tenía el pelo castaño y largo, ojos verde oscuro y un culo que rajaba el piso.

Se bañó después que yo. Cuando salió del baño estaba con la toalla y su cuerpo se adivinaba debajo con facilidad. Mientras nos cambiábamos no pude dejar de mirarle el culo. Era casi perfecto, redondo y parado. Me imaginé llenándoselo de mordiscos y chupones. Ella desviaba la mirada, simulando no darse cuenta.

Le presté una remera que le quedaba medio grande y le rocé la teta con el dorso de la mano mientras le ponía un alfiler de gancho en el escote. Me di cuenta de que estaba  muy caliente. Esperaba que el alcohol me causara un efecto tranquilizador y temí falsamente tratar de encararme a Caro al volver al depto.

Pasamos a buscar a Gabi con el taxi y fuimos hasta Russia.

Resultó ser que el cumpleaños del Negro estuvo bárbaro, nos cagamos de risa bailando al ritmo de una música malísima, en un estado de completa ebriedad.

Cuando empezaron con la música lenta y prendieron las luces nos fuimos, ni un minuto antes. Empezamos a caminar para el centro y con el aire de la madrugada se nos empezó a pasar un poco el pedo. Todavía era de noche, pero los cantos de algunos pájaros señalaban que no faltaba mucho para que saliera el sol.

Nos despedimos del grupo y nos tomamos un taxi. Llegamos al depto y me pidió una remera para dormir. Le di una vieja y, como me temía, cuando se inclinó para agarrarla le comí la boca. Ella se alejó, confundida y agarrándose la cabeza.

Me acerqué y la agarré de la cintura. Le pasé la lengua por el cuello y le chupé la oreja, despacio. Poco a poco sus músculos se relajaron y comprendí que se entregaba a mí.

Me abrazó y me dio un beso que me calentó de una forma increíble. Se le erizaron los pelos de la nuca y del brazo, mientras le desprendía el corpiño y le besaba las tetas.

La llevé hasta la pared y me saqué la remera y el corpiño. Ella me besó los hombros; se notaba que le gustaba. Cuando nos miramos, había un destello de lujuria en esos ojos verdes que me hizo mojar.

Le toqué el culo mientras le lamía los pezones y con la otra mano bajé hasta su vagina. Estaba mojada. Se la acaricié y vi cómo ella se mordía los labios reprimiendo un gemido.

Bajé y lamí por arriba del culotte. Se le volvieron a erizar todos los pelos del cuerpo, así que la terminé de desnudar y se la chupé lentamente. Primero los muslos, las rodillas y luego el clítoris, los labios. Le metí el dedo y noté el calor. Rocé la parte rugosa del interior, su punto G y se estremeció.

De repente, se agachó, me acostó en el piso y me besó todo el cuerpo. Me la chupaba, mientras me tocaba una teta y yo le apretaba el culo. No podía pensar, ni comprender, solo sentía.

El piso frío contrastaba con nuestros cuerpos calientes y la sensación se potenciaba.

El sol empezó a entrar por el ventanal y su piel relucía con la transpiración de las dos.

Nos pusimos de costado y nos tocábamos simultáneamente, mientras le miraba la pansa tersa y el vello dorado de su vagina.

Cuando el sol inundó la habitación completamente acabé, mojando totalmente su mano.

Sonreí en éxtasis y bajé por su cuerpo para chupársela. Quería que acabara, que disfrutara tanto como yo. Se la lamía, le metía los dedos rítmicamente, cada vez más rápido y le metía un dedo en el culo.

Pasados unos minutos acabó en mi boca. Era agrio, pero me encantaba.

Nos quedamos en el piso, con una botella de agua que compartíamos.

Una vez saciada nuestra sed, nos arrastramos hasta mi cama, no sin antes cerrar la persiana. Dormimos abrazadas hasta las tres de la tarde.

Me desperté y me quedé mirándola, los recuerdos corriendo por mi mente. Abrió los ojos, le di un beso suave y nos levantamos.

Estudiamos toda la tarde, entre besos y miradas de complicidad.

Por supuesto que las dos reprobamos el parcial de química, pero valió la pena, sin dudas.

Florencia Oviedo -.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-