"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Ejercicio Relato Erótico

Publicado en Nuestra Letra. el 21 de Octubre, 2009, 13:34 por Gerardo Bussi

 Vista Entre


Aunque estaba en la otra habitación, había un vinculo indisoluble entre él y el teléfono. Sus ojos apenas parpadeaban mientras recibían la somnífera luz de los rayos catódicos. Apretó un botón, después otro y después otro. Antes de la cuarta pulsación, su mirada encontró una botella arriba de la heladera. "Malbec, Edición Especial Congreso de la Lengua", leyó en la etiqueta. Apretó de nuevo el botón y se levantó a buscarla.

El corcho salió rápido. Y el vino hizo lo mismo con la botella, envolviendo en un delicado remolino rojo la forma esférica que se divisaba en el interior del vaso. Los remolinos no tardaron en sucederse y el vino hizo lo propio con sus pupilas. Era la noche del quinto día de la semana y de su espera, y el teléfono no había sonado. Entonces decidió salir.

Levantó la mano para el taxi y cuando la bajó, apoyó el vaso en la barra del bar. Pidió mas vino. Los reflejos proyectados por una bola de espejos que no existía, le devolvían un envolvente sentido de la irrealidad. Fue cuando vio la ruleta frente a él. Amarillo, negro y rojo a un costado. Eligió rojo.

Rojo se dio vuelta y lo miró. Tenía un escote pronunciado hasta la médula del que la observara. Le dijo dos o tres frases completas. No más. Intercaladas con risas de ocasión. "La efectividad del azar", pensó, cuando ella aceptó ir a tomar más vino.

Charlaron de literatura y bellas artes, sus oficios. Ella le dijo que quería pintar un mural en su habitación. "Tengo que marcar el cierre de una etapa" dijo a los arremolinados ojos que la miraban. Él simplemente asintió, llevando la mano lentamente hacia su pelo. Por primera vez, pudo ver sus ojos redondos, casi perfectos, que hacían equilibrio hacia ambos lados de su sonrisa. "una lástima dejar este vino por la mitad" dijo ella, cuando ambos salían por la puerta del bar.

La casa de ella quedaba a unas pocas cuadras. Así que caminaron. Sus lenguas se encontraron y necesitaron volver a tocarse cada vez más seguido antes de llegar a destino. "Es acá". Dijo ella. El apretó el botón del ascensor. Después desabrochó el botón de su blusa, y después cayeron juntos sobre la cama. En ese momento pensó de nuevo en el teléfono en su casa. Ella lo captó y le arrojó una mirada femenina y penetrante, o viceversa, que lo hizo sentir ridículo e indefenso al mismo tiempo. Cuando su conciencia se recomponía y trataba de llegar nuevamente a la imagen del teléfono, ella puso abruptamente las tetas sobre su cara, amenazándolo a puntapezón para que sacara su lengua. El levantó instintivamente las manos y empezó obediente a unir con delicadeza los largos y amenazadores extremos de los cíclopes que en ese momento custodiaban su cabeza. Después siguió por su cuello, "qué lindos besos" escuchó desde arriba, mientras las yemas de sus dedos trabajaban hábiles hacía rato entre las piernas de ella. Después la cogió con fuerza, se fundieron, se separaron, se fundieron y al tercer giro descendieron sobre las sábanas.

Él se incorporó casi de inmediato, y apareció sentado junto a una mesita de luz. En ella había apoyada una pequeña edición de "El Quijote". La tomó instintivamente y comenzó a leer. Ella lo seguía de cerca, abrazada a su cuello, sobre su espalda, como queriendo descifrarlo. "Me la regaló una amiga" dijo, mientras devolvía a su cuello los besos que el había derrochado hace unos minutos. "Nunca pude refutar la teoría de Joyce", dijo él de repente "algo sobre el alma y la energía", continuó, con claros efectos de malbec y demás cepas acumuladas en su lengua a esa hora de la mañana. Ella sonreía en silencio, por detrás, y al ver que el final de la frase no llegaba, lo ayudó con un profundo beso en su cuello. "No te preocupes, la próxima vez te hago un café irlandés" dijo dibujando otra sonrisa.

Con los primeros murmullos de la mañana que llegaban desde la calle y se filtraban por su ventana, ella abotonó su camisa y anotó su numero de teléfono en la contratapa del libro. Después lo besó cariñosamente en la boca y le susurró al oído "suerte con eso de la entrevista", disolviendo con el más exquisito de los escalofríos todas las redes telefónicas que se extendían desde su tímpano hacia atrás.




Gerardo Bussi

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-