"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




21 de Octubre, 2009


la F E L, edición 2009.-

Publicado en General el 21 de Octubre, 2009, 19:25 por MScalona


SÁBADO  24 de octubre21,30 hs...Cerrito nº  1377, Rosario (casa de Juanjo López Puccio) FIESTA LITE-RRÓTICA: llevar un texto  (una carilla A-4) tema ERÓTICO-BIZARRO-ESCATOLÓGICO...CENA (pata de ternera delivery),llevar BEBIDA,LECTURAS,BAILE, Misa Negra, venta de artesanías, macetitas zafaroni  fetiches, tótems y tabúes...

Ejercicio Relato Erótico

Publicado en Nuestra Letra. el 21 de Octubre, 2009, 13:34 por Gerardo Bussi

 Vista Entre


Aunque estaba en la otra habitación, había un vinculo indisoluble entre él y el teléfono. Sus ojos apenas parpadeaban mientras recibían la somnífera luz de los rayos catódicos. Apretó un botón, después otro y después otro. Antes de la cuarta pulsación, su mirada encontró una botella arriba de la heladera. "Malbec, Edición Especial Congreso de la Lengua", leyó en la etiqueta. Apretó de nuevo el botón y se levantó a buscarla.

El corcho salió rápido. Y el vino hizo lo mismo con la botella, envolviendo en un delicado remolino rojo la forma esférica que se divisaba en el interior del vaso. Los remolinos no tardaron en sucederse y el vino hizo lo propio con sus pupilas. Era la noche del quinto día de la semana y de su espera, y el teléfono no había sonado. Entonces decidió salir.

Levantó la mano para el taxi y cuando la bajó, apoyó el vaso en la barra del bar. Pidió mas vino. Los reflejos proyectados por una bola de espejos que no existía, le devolvían un envolvente sentido de la irrealidad. Fue cuando vio la ruleta frente a él. Amarillo, negro y rojo a un costado. Eligió rojo.

Rojo se dio vuelta y lo miró. Tenía un escote pronunciado hasta la médula del que la observara. Le dijo dos o tres frases completas. No más. Intercaladas con risas de ocasión. "La efectividad del azar", pensó, cuando ella aceptó ir a tomar más vino.

Charlaron de literatura y bellas artes, sus oficios. Ella le dijo que quería pintar un mural en su habitación. "Tengo que marcar el cierre de una etapa" dijo a los arremolinados ojos que la miraban. Él simplemente asintió, llevando la mano lentamente hacia su pelo. Por primera vez, pudo ver sus ojos redondos, casi perfectos, que hacían equilibrio hacia ambos lados de su sonrisa. "una lástima dejar este vino por la mitad" dijo ella, cuando ambos salían por la puerta del bar.

La casa de ella quedaba a unas pocas cuadras. Así que caminaron. Sus lenguas se encontraron y necesitaron volver a tocarse cada vez más seguido antes de llegar a destino. "Es acá". Dijo ella. El apretó el botón del ascensor. Después desabrochó el botón de su blusa, y después cayeron juntos sobre la cama. En ese momento pensó de nuevo en el teléfono en su casa. Ella lo captó y le arrojó una mirada femenina y penetrante, o viceversa, que lo hizo sentir ridículo e indefenso al mismo tiempo. Cuando su conciencia se recomponía y trataba de llegar nuevamente a la imagen del teléfono, ella puso abruptamente las tetas sobre su cara, amenazándolo a puntapezón para que sacara su lengua. El levantó instintivamente las manos y empezó obediente a unir con delicadeza los largos y amenazadores extremos de los cíclopes que en ese momento custodiaban su cabeza. Después siguió por su cuello, "qué lindos besos" escuchó desde arriba, mientras las yemas de sus dedos trabajaban hábiles hacía rato entre las piernas de ella. Después la cogió con fuerza, se fundieron, se separaron, se fundieron y al tercer giro descendieron sobre las sábanas.

Él se incorporó casi de inmediato, y apareció sentado junto a una mesita de luz. En ella había apoyada una pequeña edición de "El Quijote". La tomó instintivamente y comenzó a leer. Ella lo seguía de cerca, abrazada a su cuello, sobre su espalda, como queriendo descifrarlo. "Me la regaló una amiga" dijo, mientras devolvía a su cuello los besos que el había derrochado hace unos minutos. "Nunca pude refutar la teoría de Joyce", dijo él de repente "algo sobre el alma y la energía", continuó, con claros efectos de malbec y demás cepas acumuladas en su lengua a esa hora de la mañana. Ella sonreía en silencio, por detrás, y al ver que el final de la frase no llegaba, lo ayudó con un profundo beso en su cuello. "No te preocupes, la próxima vez te hago un café irlandés" dijo dibujando otra sonrisa.

Con los primeros murmullos de la mañana que llegaban desde la calle y se filtraban por su ventana, ella abotonó su camisa y anotó su numero de teléfono en la contratapa del libro. Después lo besó cariñosamente en la boca y le susurró al oído "suerte con eso de la entrevista", disolviendo con el más exquisito de los escalofríos todas las redes telefónicas que se extendían desde su tímpano hacia atrás.




Gerardo Bussi

Más sobre Erotismo

Publicado en General el 21 de Octubre, 2009, 12:57 por M: Ce Rivarola

A LUZ DE LOS OSCUROS

 Por Miriam Cairo

LECCION DE ARTE

(El profesor a la alumna)

¡Sí, sí, sí, manzanas rojas sobre paño verde es naturaleza muerta, pero testículos rojos sobre mano blanca es pornografía, caramba!

ADARGA

Estas palabras no pertenecen a la realidad cualquier parecido es pura coincidencia.

CORAZ0N DENTRO DE UNA JAULA

"El sexo", dice la constructora de ruinas, "es una verdadera operación de alquimia". Y se siente original por decir estas cosas. "Una transmutación", agrega, luego de una pausa anaranjada.

"El sexo absorbe las inquietudes ambientales y las repercusiones propias", observa la elíptica, "ya que no devuelve a los amantes tal como los absorbió, sino convertidos en puras esencias sobrehumanas". Si le preguntaran algo más al respecto, la ingeniera contestaría que no cree en todo lo que dice pero hace todo lo que cree.

LA FUGITIVA

Entre sus muchos hábitos cuenta con el de estar ausente cuando no está presente. Es una de sus principales excentricidades: cuando no está no está, y hasta resulta imposible evocarla.

POIESIS

Antes de meter la cabeza dentro del horno, ella tiene pensado desarrollar otras habilidades. Por ejemplo, interrumpir al narrador que describe el tremendo mundo de Jack, porque un destripador merece más poesía y menos blablablá. La belleza de un destripador radica en que está terriblemente solo y a fuerza de puñal, comunica su obra. El narrador no alcanza a expresar el relámpago en el momento de peligro. Jack mata y huye, crea y se resguarda. No deja pistas porque no quiere ser descubierto. Ama hasta la muerte. Huye hasta el anonimato. Un destripador no cabe en el cubículo estrecho de un nombre. Y puesto que el arte es así, el arte no es poco.

No tiene nada de solemne. Cuando se le ocurre abismarse de esa manera ella deja la cabeza fuera del horno.

LA LUZ DE LOS OSCUROS

Ella quería ser buena, buena, buena como un ama de casa buena y consultó un curandero sexual que le aconsejó mirar entre sueños las cosas de los seres pajaritos cubiertos de niebla. Lo intentó tiernamente sobre la hierba bajo la cual respiraba pero ella no se curó y volvió a amar a su amante, nuevamente con otra destreza. Una luz tupida como lava brotaba en relámpagos. "El gorrión rojo no tiene ningún parentesco con el ruiseñor verde pero cuánta magia", dijo la abnegada con la lengua pegada a una estrella. La oscura de tentaciones y destrezas todavía no será buena, buena, buena porque no sabe cómo ganarse el prestigio del tedio.

OJO SOBRE NIEBLA

Es esencial que los restos del destripador sigan a la vista de los que leen para que los conviertan en algo enloquecido y absurdo, sobre todo porque si Jack y los restos de Jack estuvieran prohibidos al lector serían condenados a un cliché novelesco y caníbal.

TEXTOS ULTIMOS

Surgidos de un silencio comunicante, permanecen en el último lugar, intencionados con alguna palabra para llamar la atención del lector que verifica, en el diario, la soberana realidad circundante. En el dorso del mundo, los últimos proyectan su mínima sombra y crean una atmósfera respirable, un lugar donde inquietarse. Los mínimos y últimos ni por tamaño ni por ubicación ni por misterio dejan de tender los vasos comunicantes entre realidad e irrealidad, pues una toma de la otra siempre los mejores detalles.

LOS ANIMALES PEQUEÑOS

La mirona, cada noche, alimenta con queso a los ratones. De este modo, evita que los animales pequeños le roben el hambre.

 

Un cuento.

Publicado en General el 21 de Octubre, 2009, 12:51 por Felicitas Maini

LENGUAJES 

                         

                            

Hacía un rato que esperaba. Me concentré en el vodka, revolví los hielos con el dedo. Estaba otra vez en mi centro. Había encontrado el modo de no ser yo, de jugar en silencio el juego que más me gusta.

Lo vi entrar. Algo en su forma de caminar, como escapando de la calle, me hizo elegirlo. Se acodó en la barra y le sirvieron un gin, lo conocían.

Me acerqué. Lo toqué en la mano y se dio vuelta. Lo miré. Buenos ojos, verdosos, alejados. Le dije de una y sin respirar:

-No me importa tu nombre. No quiero saber quién sos ni que hacés. Quiero coger. Tener sexo.

Si hablaba mucho, o venía con algo del  repetido y aburrido discurso de hombre en la conquista, me iba.

 Pero no. Me miró. Supo que andaba sola, sin esperar, igual que él.

 Después de todo estamos en los días de la muerte de los relatos. No hay grandes historias ni finales perfectos, nada más que momentos, únicos, pasajeros.

 -Estás segura?

Asentí levemente.

-Nada raro?  preguntó.

-Nada…..sólo sexo, puro, descerebrado. Todo lo que nos guste. Sin hablar, ni explicar;  nada que contamine el juego. Ahora, hoy, ponerlo todo, sin compromiso ni segunda vuelta. Nada más.

Me escuchó sin sorprenderse. "Es inteligente" pensé.

-Vamos a tu casa?

-No, a la tuya tampoco.

-Vale la de un amigo?

-Vale.

Lo sigo en mi auto. A pocos minutos se baja delante de una casa inglesa, con galería. Detrás se adivina un jardín añoso, sobre la doble agua del techo  asoman castaños, inmensos y oscuros.

Entra por un gran living, va hacia una habitación y aparece una luz que me guía. Dudo un instante en la puerta, brevemente.  

Y lo oigo. Una mano en mi pelo. Y lo huelo detrás mío.

Y vuelvo a olerlo como sabiendo que la fidelidad queda guardada en el olor único del primer hombre, que en verdad este no es el primero, pero después de tantos  me encuentra virgen en esta ignorancia, sentimiento infantil, casi olvidado, peligroso. Y me asusto. Quiero irme, pero la calentura me ata los pies, me clava en el piso.

Y la mano está en mi cuello.

No es más alto que yo.  Es moreno, como bruñido. Me mira a mí que no lo miro. Es intenso, desconocido. Se acerca más y me toca…pero no, sólo me desnuda, lentamente, sabe que me gusta.

Busco la cama, cierro los ojos, prefiero sentirlo. Si lo miro y me perdono, mis manos dejan de ser el lenguaje. Y me da vuelta y me tiene entre sus piernas y viene hacia abajo por mi espalda.

Y me hace sentir en la piel todo el sexo erecto, ansioso, buscando. Siento su aliento en mi nuca y ríe, en silencio pero ríe. Y susurra algo que no entiendo porqué ya nos enfrentamos, lo envuelvo en mis piernas y lo toco, me toca, lo recorro, lo acabo y lo veo sobre mí pero lo pierdo porque me voy, me concentro en cada segundo de cada orgasmo y me alejo de los rumores. Recupero los sentidos. Estamos juntos: una mujer que goza y un hombre que la busca, hambriento. Hasta que descansa y se echa cerca de mí. Está agitado, respira fuerte, pone en mi cadera una mano despareja que me calma.

 Pero no quiero calmarme.

 Me tiendo sobre él y lo provoco, lo empujo. Otra vez. Se que sonríe, lo tengo en mi cuello. Lo sigo, hago lo que me pide y esta sumisión lo excita,  inventa,  crea, la pasión perfecta, cerrada en un juego dañino y amoroso.

Termino y me voy. Sin mirarlo salgo de la habitación.

 Encuentro un vino y copas en la cocina. Me siento en la galería, estoy mojada y el viento me da frío. Dejo de pensar, me concentro en el deseo mirando mis pies, blancos y relajados.

Vuelvo y lo miro. No se para qué, se ha tatuado en mi piel.  Sin abrir los ojos me pide que me quede. No sé si quiero. Me voy callada.

Ya en el auto miro el numero de la casa, 1618, la medida de la perfección universal. Casualidad.

En busca de un argumento

Publicado en relatos el 21 de Octubre, 2009, 9:10 por Fernando Artana

Durante el desayuno le vino la idea. Había decidido desayunar en el jardín porque la mañana estaba espléndida. El incidente del club de velas del día anterior le había quedado dando vueltas por la cabeza. No había podido dormir bien por culpa de ese asunto. Había sido muy desagradable. Pero la idea le surgió como una revelación. Sí, definitivamente debía hacerlo. No tenía ningún tipo de escrúpulos en hacerlo. Sería la solución de todo. Pero tenía que planearlo bien. Lo primero que tenía que hacer era buscar una excusa para exhumar el cadáver. ¿Cómo haría? Tendría que consultar a un abogado. Scalona seguramente sabría encontrarle la vuelta. Pero Scalona era demasiado astuto. No se iba a prestar a algo sin saber a qué era. Podría contarle. ¿Por qué no? Scalona era del mismo palo de él, sabía que podía confiar en él. El conocimiento de los chanchuyos que cada uno sabía del otro era garantía de discreción mutua también. Pero siempre es peligroso dejar cabos sueltos. Sabía muy bien que no convenía que nadie supiera nada. Y este asunto no era una pavada.

Volvía a su cabeza el incidente del club de velas. Era como una pequeña tortura. Lo fastidiaba aún más al darse cuenta que esas imágenes recurrentes lo estaban demorando en la búsqueda del plan. ¿Qué excusa pondría para pedir la exhumación del cadáver? Tenía que encontrar un buen argumento. Mejor buscaría otro abogado. Con dinero siempre se puede encontrar un abogado que no haga preguntas. Pero el argumento para pedir la exhumación debía ser convincente.

El incidente del club se había producido alrededor del mediodía en el buffet. Pero…..no…mejor no. No; no es por dejarlo para más adelante. A esta altura estaría perfecto contar lo del incidente, pero el tema es otro. El tema es el mismo de antes. Es que no conviene dejar cabos sueltos. No conviene contar nada. Pensó que esa actitud de no contar lo del incidente, ni la historia en sí, era paranoica. Era ridículo pensar que los lectores de esto pudieran de alguna manera llegar a incriminarlo si se enterasen. Tampoco convenía que el narrador lo supiese. Era paranoico, totalmente paranoico de su parte. ¿Cómo podrían los lectores o el narrador incriminarlo? Pero así como él podía comunicarse con el mundo de ellos, como en este preciso momento en que hay alguien que está leyendo estas palabras, tal vez ellos pudieran encontrar alguna forma de comunicarse con su mundo y contarles a todos lo que se pudieran enterar por este medio. Pero se sabe que eso es imposible, es ciencia ficción. ¡¡Ja!! Justamente: ¡¡Ficción!! Al fin y al cabo quien no sospecha que existen recursos desconocidos que hacen que ambos mundos interactúen. Que nadie haya podido manejar esos recursos hasta ahora no significa que no interactúen. Por ejemplo ¿quién puede asegurar que allá no haya un abogado Scalona, que en vez de colaborar con el plan, lo complique?

Pero, no hay que desviarse del asunto. ¿Qué fue lo que hizo que fuera al club de velas tan pronto? ¿Cómo no pensó un poco y no tomó los recaudos de lo que pudiera suceder? Ahora ya es tarde para lamentos. Debía concentrarse en buscar el argumento para exhumar el cadáver. Y quedó pensando en todo ello mientras la toma aérea se iba alejando lentamente hacia arriba y comenzaba a verse las dimensiones del jardín, y luego la pileta, y luego la casa, y luego la calle, y las casas vecinas del country, hasta que él mismo se transformó en un punto en el centro de la pantalla.

FERNANDO ARTANA

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-