"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




18 de Octubre, 2009


SER MAMÁ

Publicado en homenaje el 18 de Octubre, 2009, 22:03 por CELINA

           Muchas veces he meditado sobre las distintas mujeres que creo tener dentro de mí. Todos tenemos obsesiones y ésta es una de las mías. Pero hoy me quiero detener en una, la que sostiene a todas las otras.  Mi “yo  madre”. Creo que resume todo lo que pretendo ser y pocas veces logro fuera de ella, que a veces queda oculta pero siempre entreveo en algún recodo de mi persona. Es mi cable a tierra, la que saca lo mejor de mí. Tiene defectos por supuesto, quién no, pero bajo su mirada todo se ve de otro color. Es la única que se anima a amar incondicionalmente. Dispuesta a sacrificarse sin reproches. Desde que decidimos ser madres aceptamos sin discutir ponernos gordas, no dormir durante noches enteras, relegar nuestra profesión o trabajo, a vivir para y por el otro, nuestros hijos, muchas veces sin tiempo ni siquiera para bañarnos tranquilas. El eje de nuestras vidas no gira más en torno a nuestros intereses. Y no hay mayor goce que saber que el calor de nuestra piel, nuestro olor o caricias son suficientes para calmar el llanto y angustia de nuestros bebés. A medida que nuestros hijos crecen las cosas se van acomodando, pero la prioridad siguen siendo ellos. Y sabemos de antemano que no seremos toda la vida indispensables. Ellos buscarán su propio camino. No será como cuando eran chicos y se tropezaban o lastimaban, que estábamos ahí para consolarlos, los golpes de la vida llegan y nada podemos hacer para evitarlos.  Trataremos de disimular y convencernos de que somos madres modernas pero sufriremos ante cada golpe que se den.

  ¿Qué otro amor se sostiene en el tiempo sabiendo de antemano que una de las partes irremediablemente se irá?  Nunca dejarán de querernos, pero ya no seremos aquellas que todo lo resuelven con un beso y una caricia, magia de madres. Nos encontrarán errores, nos pelearemos, tratarán de imponerse sobre nuestras ideas. Habrá que ceder o ponerse firmes según la ocasión.  Cuántas veces comprendimos a nuestras  madres a partir del hecho de pasar a serlo. Lo disfrutaremos y lo sufriremos. A pesar de que algún día estén lejos o no nos veamos seguido, serán siempre el motivo de nuestra existencia. Tendremos mil y una actividades las cuales no dudaremos en abandonar si necesitan nuestra ayuda. Allí estaremos, en las buenas y en las malas.  

   Lo mejor de mi persona me lo enseño el ser mamá. Las recompensas fueron y son infinitas. No hace falta un día de la madre para recordarnos que nos quieren. Lo sabemos. Pero me encanta ver el empeño que ponen cada año en sus dibujos y cartas. Que guardamos como tesoros invaluables. Cosas que no se compran ni con todo el oro del mundo. Como todo lo que verdaderamente vale la pena.

                  

                                                                                                                        CELINA

 

                                ¡¡¡FELIZ DÍA PARA TODAS LAS MADRES!!!

RAINER M. RILKE, a mamá...

Publicado en De Otros. el 18 de Octubre, 2009, 11:26 por MScalona
Vittorio Zecchin-Primavera

 


"¡Oh noche sin objeto! ¡Oh ventana sorda a lo de afuera, oh puertas cerradas con cuidado, -prácticas procedentes de antiguos tiempos, transmitidas, justificadas, jamás comprendidas por completo! ¡Oh silencio en la jaula de la escalera, silencio en las habitaciones vecinas, silencio ahí arriba, en el techo! ¡Oh madre, oh tú, la única que te has enfrentado con todo ese silencio cuando era chico! ¡Que lo tomas sobre ti, que dices: "No te asustes, soy yo"! ¡Que tienes el valor, en plena noche, de ser el silencio para el que tiene miedo, para el que se muere de miedo! Enciendes una lámpara y el ruido ya eres tú. La levantas y dices: "Soy yo, no te asustes." Y la depositas lentamente, y no hay duda: eres tú, tú eres la luz alrededor de los objetos familiares e íntimos que están ahí, sin doble sentido, buenos, sencillos, ciertos. Y cuando algo se mueve en el muro o da un paso en el suelo: sonríes solamente, sonríes, sonríes, transparente sobre un fondo claro, al rostro angustiado que te indaga como si fueses parte del misterio, como si estuvieses en el secreto de cada sonido ahogado, de concierto y acuerdo con él. ¿Hay un poder que iguale al tuyo en el reino de la tierra? Mira, los reyes mismos están rígidos en su lecho y el bufón no consigue distraerlos. Sobre los senos adorados de su preferida, el terror se insinúa en ellos y los hace temblorosos e impotentes. Pero tú, tú vienes y tienes la inmensidad detrás de ti y tú estás entera delante de ella, -y no como una cortina que podría levantarse por cualquier lado. ¡No! Como si la hubieses asido al llamamiento de aquel que tenía necesidad de ti. Como si hubieses sobrepasado en mucho todo lo que aún puede suceder y no tuvieses a la espalda más que tu carrera hacia él, el camino eterno, el vuelo de tu amor."

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frag. de      LOS CUADERNOS DE MALTE LAURIDS BRIGGE

Manuel Vicent

Publicado en Aguafuerte el 18 de Octubre, 2009, 11:17 por M_Guelman

La Cola


Cuatro generaciones ocupan un siglo. Por otra parte se calcula en cien mil millones el número de habitantes humanos que ha pasado ya por este planeta. Imagina que ese gentío está todo en pie agolpado a nuestra espalda formando una densa cola y cada generación se halla separada por un metro de distancia. Si uno recorriera esa cola en sentido inverso, como quien pasa revista a la historia, cuatro metros detrás estaría Einstein elaborando la ley de la relatividad; a trece metros podríamos ver a Napoleón en Waterloo; dieciséis metros más allá sería el Renacimiento con Lorenzo de Médicis, Leonardo da Vinci y Galileo; a ochenta metros podríamos ver a Jesús de Nazaret en el Gólgota; a cien metros aparecería Sócrates dentro de una sábana en el ágora; muy cerca estaría Buda bajo la higuera y un poco más allá de los griegos nos harían señales con la mano algunos faraones. Luego vendría un gran espacio muerto, tierra de nadie y habría que empezar a contar no en siglos, sino en millones de años. Tendríamos que recorrer cuatrocientos metros hacía atrás para llegar al neolítico. Después la cola se perdería en el horizonte y a cuatro kilómetros descubriríamos al homo sapiens, a veinte kilómetros veríamos a un primate manejando por primera vez el fuego, a treinta y dos kilómetros estaríamos en Atapuerca y a trescientos veinte kilómetros llegaríamos al reino común que compartimos un día con los gorilas y chimpancés. Sobre esa inmensa cola de cien mil millones de seres sólo ha brillado la inteligencia en un ínfimo tramo. El resto fue un abismo antes de que lentamente sobre esa insondable muchedumbre comenzara a clarear la conciencia. Nadie se cuestiona hoy si el hombre de Atapuerca está en el cielo o en el infierno, pero uno se pregunta quién sería el que introdujo en esa cola el sentido de la culpa y el castigo, quién predicó la inmortalidad y comenzó a enterrar a los muertos, quién se coronó con unos cuernos de oro e impuso la ley del más fuerte. Es evidente que en los últimos metros de esa cola unos pocos héroes han conquistado la libertad entre terribles convulsiones, pero el río humano continúa de forma convulsa y uniformemente acelerada hacia lo desconocido. Unos metros más adelante y la humanidad ya estará plantando tomates en otro planeta.


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Autores
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