"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




ejercicio erótico-bizarro-paródico

Publicado en Cuentos el 17 de Octubre, 2009, 12:45 por M_C_Rivarola

Polaroid de locura Ordinaria

 

 

 

Finalmente acepté acompañar a Gladiola a su bendita fiesta privada. Le hice prometer que si era un embole rajábamos y que se ocuparía de que no me sacaran fotos. No es que me crea Susana Giménez ni Coca Sarli, más bien tengo mi teoría creada: Las fotos roban el alma.

Clarisa dice siempre que después de los treinta ya no hay nada que robar, pero a mi me aterroriza la idea de ser una desalmada y me acuerdo de todas las telenovelas: Nano y la pobre mudita, Topacio, la cieguita y Alma mía, y ahí surge otro problema, no recuerdo la discapacidad de la protagonista, entonces supongo que le han sacado muchas fotos y sufre toda la novela intentando encontrar su alma perdida. La ausencia de alma es la peor incapacidad.

No creo que eso me pasara ya que nunca había permitido que me saquen fotos, pero además había un factor ineludible, hacía algunos meses me había divorciado y existía otra teoría al respecto, la de Clarisa, que por supuesto Gladiola aprobaba: Las divorciadas se vuelven sexópatas y desalmadas”.

 

Siempre con el miedo a cuestas, además de no fotografiarme, los primeros meses entre sollozos y mocos me volví asexuada.

Un tiempito después no pude evitar volver a mis prácticas adolescentes de concertista de piano. No puedo decir que me fue mal, es más, logré suplantar bastante bien el aparato burocrático masculino con sólo diez dedos largos y flacos.

Los viernes esperaba que los chicos estuvieran bien dormidos, me encerraba en la pieza y ponía I-Sat. Al primer beso apasionado la mano se iba solita por debajo de la sábana como adiestrada. Las pelis de I-Sat suelen ser medias lentas, pero como yo venía atrasada, generalmente  alcanzaba a ver el desabotonado de la camisa del actor cuando el primer músculo se asomaba, tenía que morder el almohadón, cambiar rápidamente con la otra mano a Canal Encuentro y poner la más digna cara de circunstancia.

 

Al tiempo empecé a sentir que esto no me alcanzaba, lo noté cuando todos me acusaban de estar irritable y lo entendí el día que me vi en mi patio juntando las cacas del gato de la vecina con una palita y revoleándoselas para su casa por encima del tapial.

 

-         Gato del orto -vociferaba. Supe que algo me estaba faltando y de irritable pasé a estar furiosa.

 

Totalmente decidida a tener sexo y si era posible toda la noche, fue como Gladi me convenció de asistir a su fiesta del Día del Maestro. Maestro, era una manera de decir o de mal decir, eran cincuenta maestras y un profe de música que tocaba la campana: trolón trolón. Caótico el panorama.

Todas hablaban de escuela, chicos terribles y directoras guachas; yo no sabía que opinar, mi rubro era el comercio y cuando trataban de hacerme participar preguntándome qué vendía, era peor: - Repuestos para autitos a control remoto -la conversación se terminaba en un Ahhh.

 

Preferí quedarme al costado de una barra, estaba por el cuarto Fernet y la cara de culo  ya se me notaba cuando de repente se abrió la puerta de calle y un potro en equipo Adidas tres rayas entró y me clavó la mirada. Era alto, un poco más joven que yo, morochón, pelo prolijamente cortado y cachetes lisos, bien rasurados. En apariencia muy simpático; pensé acercarme lentamente, me resultó imposible, todas lo rodeaban formando una especie de muro circundante e impenetrable. Decidí devolverle la mirada y esperar.

 

Un rato después del primer plato empezó el bailongo, por fin pude divisar que el flaco se levantó para ir al baño. Veloz como liebre calentona lo seguí y logré cruzarlo en la puerta. Casi rozándonos lo olí. ¡Por Dios! Todo perfumadito como a mí me gusta. El deseo se me vino encima a pasos agigantados.

 

-         Hola -dijo.

-         Esta fiesta es un fiasco -contesté. ¿Vamos a otro lado?

 

Nunca en mi vida había sido tan directa, se ve que el Fernet estaba haciendo efecto en mi metabolismo o el divorcio, fotos no hubo, eso puedo asegurarlo. Me puse toda colorada como participante de tomatina y agarré el saco y la cartera; él salió primero, para disimular.

Me propuso ir a un bar que quedaba por ahí, yo un poco desilusionada acepté. Pensé que necesitaba la previa, además me venía bien pasar por un baño a secarme los chorros de flujo que impregnaban mi tanga.

      Ya en la mesita charlamos bastante, me explicó que estaba incursionando en el sexo tántrico, que era una especie de filosofía de vida y  podía ser sumamente placentero y relajante. Otra vez los chorros me desbordaban. Le pedí por favor que nos fuéramos a un lugar más cómodo, un hilo de baba se me caía por la comisura y ya no podía disimularlo.

Fuimos a su departamento, muy bien decorado, no sé qué estilo, lucecitas de colores sobre la cama. Puso música celta y empezó a besarme. Quise arrancarle la ropa, pero me hizo esperar. Seguíamos con el franeleo que creí  no soportar. Sin embargo soporté, durante dos horas y media. Cuando pensé que estaba por reventar empezó a chuparme las tetas por los costaditos sin llegar al pezón. Ahí casi le pego, preferí tomar su cara y de prepo le tapé la boca de un tetazo. Nunca en mi vida deseé tanto una pija como en ese momento; él como si nada, seguía vestido. Así paso otra hora, creo, o dos. Estaba por morir de abstinencia cuando le alcancé los forros y sin pensar en almas, totalmente enceguecida le grité:

-¡Ponemela ya!

Educadamente obedeció a mi orden y se puso el forro. Rarísimo, mientras se lo ponía empezó a jadear, de golpe me abrió las gambas casi violentamente y se me vino encima gritando:

- Síííí.

Literalmente, se me vino encima. Me quedé muda como Araceli Gonzalez… Eso había sido todo por hoy. Tanto preámbulo para una subdesarrollada constitución de naciones desunidas. La decepción hizo bajar mi calentura a bajo cero, casi se me caen dos lágrimas, pero las succioné con la córnea y se congelaron. El instinto homicida estaba a punto de desbordarme cuando preferí subirme rápidamente las medias y sin dar muchas explicaciones huí, desalmada.

Al día siguiente me compré una Polaroid digital, decidí no mirar más telenovelas y corrí a visitar el sex shop del barrio.

 

 

                                                                      Ce

 

 

 

 

 

 

 

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-