"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Encuentro con una Ex.

Publicado en General el 13 de Octubre, 2009, 13:31 por Pájaro Fornaso

Esa noche entré al bar sin muchas expectativas, siempre lo mismo pensé. Un sábado más, como dice el tango, ahora el tango y el tema que canta Baglieto. Saludé a los muchachos de la barra, me acodé en mi butaca de turno y les pedí que me preparen un fernet con cola. En el medio del bar, como generalmente pasaba, un grupo de gente se movía intentando bailar.

Cuando creí ver lo que estaba viendo achiqué los ojos, como haciéndome el chino. Sí, era ella. La mismísima dama que hacía un par de años me dejó acusándome de sexópata, que solo quería sexo y que ella no podía estar todo el tiempo con las piernas abierta. Pensé, imposible no ser un sexópata con una mina así. Pollera roja corta que se hinchaba en la parte de su trasero acusando un culo perfecto, dos piernas interminables, torneadas, con la finura justa, una pantorrilla dibujada, que por fin allá cerca del piso lucían unos zapatos de taco aguja, rojos también, que completaban la perfección. Por sobre la pollera y antes de la remara se dejaba ver un abdomen firme en una cintura diminuta. Remera ajustada. Blanca, lo que hacía que sus pechos (recién operados pensé, ya que no tenía esas terribles gomas la última vez que disfruté de su figura) parecieran aún más grande de lo que eran. Brazos al aire. Su pelo, negro azabache, se deslizaba sobre los hombros y acariciaba sos pechos mientras se movía al compás de la música. Sus ojos verde aceituna completaban el cuadro de una morocha perfecta. Quedé estupefacto, solo le faltaban tetas para ser perfecta, pensaba yo cuando estábamos juntos, y ahora, terrible par de pechos lucía Lucia.

Dudé en ir a saludarla o esperar a que ella me viera, a ver cual era su reacción, tal vez ya me había visto y se estaba haciendo la boluda, si era así y la iba a saludar me iba a cortar con un tajante comentario para, luego, darse vuelta y seguir moviendo su carrocería de lujo con las dos amigas que la secundaban. De pronto su mirada se posó en mí, o eso creí, me dí la vuelta a ver si detrás había algo interesante, pero no, saludó con la mano como diciendo “a vos te estoy saludando tonto”. Palpitaciones. Se acercaba caminando como por una pasarela, la gente del bar fue desapareciendo de mi campo visual a su paso, sus pechos encontraron un movimiento perfecto que decoraba, aún más, su andar.

- No te puedo creer, mirá donde te vengo a encontrar después de tanto tiempo...

No se me hacía fácil llevar una conversación lógica, pero por suerte ella llenaba siempre los silencios que mi mente de pajero dejaban cada tres oraciones. Muy extrovertida, como si las nuevas tetas le hubieran dado un poder especial, parecía contenta de verme o al menos eso me hacia percibir. Mientras hablaba, en reiteradas ocasiones, me tomaba de la cintura, actitud que me desenfrenaba. La música cada vez más fuerte hacía que ella, para que yo la escuche, me hablara casi al oído. Tenía miedo de una erección y fruncía para que eso no ocurra.

- Me mudé sola, sabías?

No había tenido noticias de ellas desde que, por teléfono, me dijo que su psicóloga le recomendaba dejarme ya que mi presión por tener sexo todo el tiempo era nociva para su psiquis. Imposible enterarme si vivía sola, acompañada, casada o en una tribu budista. Igualmente la noticia me generaba algún que otro pensamiento pecaminoso. Fruncí otra vez y traté de volver mi mente a la conversación.

- Es un lío este boliche, no querés que vayamos a casa a tomar algo y de paso ves lo lindo que tengo el depto?

Mi confusión o mi excitación me hicieron tardar de más en contestar, por eso ella repitió la pregunta con picardía. Me moría de ganas de hacer una crítica exhaustiva sobre la decoración de su departamento, pintarlo nuevamente, encerar los pisos de madera y si era necesarios pulirlos a mano con una virulana fina con tal de pasar una noche entre sus piernas. Nos fuimos del bar. Subimos a mi auto, donde le pregunté la dirección de su casa.

- Ahora vivo en Buenos Aires casi San Juan. Linda zona la verdad, me adapté enseguida al centro.

Mientras manejaba, ella, en dos ocasiones me tocó la pierna, ya no podía evitar la erección entonces traje a mi mente el terrible momento en el que enterramos a mi perra, siempre usaba ese recuerdo cuando algo así me pasaba. Pasó el sofocón.

Llegamos a destino, la calle estaba desierta, ella me indicó donde frenar y me señaló su edificio. Estacionamos, bajamos del auto y enfilamos hacia la entrada de un lindo edificio del lado de los números pares. Subimos al ascensor, el viaje hasta el octavo piso fue interminable. Volví a fruncir y a pensar en el sepelio de mi perra. Entramos en el octavo “B”.

El departamento era chiquito pero muy coqueto, me indico que me sentara en el sillón, un futón de tres cuerpos, mientras ella iba a preparar algo para tomar.

- Te parece que prepare un par de daiquiris o preferís fernet?

Yo podría haber tomado nafta súper o una sopa lista, me daba lo mismo, y se lo hice saber. Mientras ella se perdió en la cocina yo recorrí el departamento intentando poder hacer algún comentario inteligente sobre la decoración. No pude concentrarme. Al paso de unos minutos su monumental figura volvió a entrar en el living comedor con dos vasos en la mano. Se sentó a mi lado y me propuso brindar por el reencuentro. Tomé un trago largo con el que hice desaparecer casi la mitad de la bebida, estaba muy rico, fuerte pensé. Ella después de un traguito diminuto dejó el vaso en la mesita ratona que teníamos por delante y empezó a contarme las complicaciones que tuvo a la hora de firmar el alquiler y las peripecias de la mudanza. Me sentí mareado. Al tiempo que ella seguía hablando sin parar yo me iba sintiendo cada vez peor, se me nublaba la vista y ya su voz era lejana e indescifrable. Por fin todo se apagó y quedé inmerso en una oscuridad y un silencio inmenso.

Abrí los ojos, muy confundido, no podría decir cuando tiempo duró mi desvanecimiento, todavía todo se veía nublado y no me podía mover, creí que era por mi estado de confusión, pero a los pocos instantes comprendí que no me podía mover porque estaba atado a una silla y...y...y desnudo!, estaba desnudo completamente y atado a una de las sillas del comedor, intenté zafar con algunos movimientos bruscos pero estaba totalmente inmovilizado, traté de entender la situación pero no lo conseguía. Mire hacia abajo ya que sentía una rareza en mi entrepierna y ahí la ví, totalmente dura, una erección perfecta, firme. Parecía que estaba solo ahora. Arriba de la mesa pude divisar una tableta de viagra que le faltaban dos pastillas. De pronto entró ella, casi desnuda, solo en ropa interior roja, a pesar de la situación admiré su cuerpo perfecto de unos ciento setenta y cinco centímetros de altura que se me acercaba otra vez, pensé “lo que se dice un verdadero camión”, pero no podía entender la situación. Todavía estaba confundido.

- Te despertaste veo, hace varios años que estoy planeando esto pendejo pajero, si queres te cuento las horas de terapia y los traumas que me causaste con tus planteos sexuales “que nunca queres” “ que no puede ser que no te vuelvas a calentar” “ que si terminé o no” “que hace dos días que no tenemos sexo”...años me llevó darme cuanta que no soy yo la frígida sino vos un pajero de mierda. Pero la venganza es dulce.

Se sacó la bombacha, me colocó un preservativo, se montó sobre mi, penetrándose con mi pene más duro que nunca, era extraña la dureza que sentía. Empezó a moverse, a cogerme digamos, hasta hacerme terminar, en ese momento pensé que se había vuelvo fetichista y que todo era una puesta en escena. Acabé, fue lindo, muy lindo, sus pechos a estrenar casi en mi cara hacían que la situación sea aún más agradable.

- Parece que terminaste...

Salió de arriba, me sacó el forro, yo seguía con una erección tan perfecta como si nada hubiera pasado. Sacó otro forro me lo colocó y repitió la situación. Yo la estaba pasando de mil maravillas. Cuando le cuente a los chico no me lo van a creer, pensé. Volví a terminar. Ella repitió la rutina y ya, con más dificultad y en mayor tiempo volví a terminar por tercera vez. Al sacarme el forro mi erección ya no era tan perfecta.

- Parece que te está dejando a gamba el amigo...dejame a mí.

Fue hasta la cocina y a los segundos volvió con un tenedor en la mano. Me preocupé. Sacó dos pastillas de viagra, las pisó con el tenedor, sacó de un cajón una jeringa, diluyó el puré de viaja con agua dentro de la jeringa y me lo inyectó. A los minutos otra vez estaba totalmente duro. Repitió la ensillada dos veces más y luego ya en la  sexta oportunidad me hizo acabar con su mano, solo salió de mi pene, ya ardido, un liquidito apenas blancuzco que me recordó mis primeros encuentros con la paja. Luego se alejó e hizo una llamada, luego de la llamada mi miembro ya estaba totalmente flácido. Volvió a infectarme esta vez tres pastillas diluidas. Al noveno polvo yo ya estaba al borde de un nuevo desmayo, ella se veía cansada también. Sonó el portero.

- Ya vengo.

Yo seguía atado, con la pija otra vez durísima y muy ardida, la sentía en carne viva, ya deseaba otro desmayo. Se abrió la puerta y entró ella con otra mujer de unos cincuenta años y excedida en peso.

- Ella es mi psicóloga, me viene a dar una mano porque necesito un respito.

La mujer rápidamente se desnudó y se penetró con mi erección y empezó a sacudirse hasta, otra vez, después de calculo, dos horas de sexo, hacerme terminar por décima vez.

- Lucía, seguí vos, me mató esto de coger dos horas, igual creo que el entrenamiento que venimos haciendo en este último año nos va a dar resultados.

Al décimo noveno polvo por fin me desvanecí, no sabía cuantas horas habían pasado desde que llegamos al departamento, pero al menos una vez amaneció, otra atardeció y otra vez más había vuelto a amanecer. De a ratos volvía en mí y veía que una de las dos estaba arriba mío otra vez. Ya no reconocía quién de las dos era o tal vez una tercera o una cuarta.

Me desperté con una sensación de agotamiento que nunca había experimentado. Seguía atado pero esta vez en un sillón y en un cuartito muy chiquito, lejos escuchaba voces, no pude identificar ninguna. Finalmente la puerta se abrió, la claridad que generó la puerta abierta me lastimaba los ojos. Pude identificar que la persona que se acercaba era la psicóloga, otra vez me inyectó, y así empezó todo otra vez. Hace varios años, no podría decir cuantos, que estoy en este cuartito, la gorda me tiene como esclavo sexual y también me utiliza para algunos “tratamientos especiales” con pacientes, todas mujeres. A veces me preguntó si  Lucía es cómplice o simplemente una víctima como yo, tal vez ella fue manipulada psicológicamente para poder llevar a cabo este plan por su psicoanalista. Mi dieta está basada en apio, nueces, algunos mariscos...comida afrodisíaca me dice ella. Ya casi no me acuerdo lo que es mear para abajo. 

Pájaro Fornaso.


  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-