"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




10 de Octubre, 2009


Ejercicio Erotismo

Publicado en relatos el 10 de Octubre, 2009, 17:51 por F_Artana

GATO  MAULA

 

 

 

 

Saludó como todos los días al entrar. La recepcionista le retribuyó el saludo, pero luego le hizo un gesto invitándolo a que se acercase para hablarle en voz baja.

Él se acercó y se inclinó a escucharla.

— Doctor...... La primera paciente viene por primera vez. Viene particular, pero no quiso abonar. Dice que quiere arreglar sólo con usted. Le insistí, pero no hubo caso. Incluso le dije que seguramente usted no la iba a querer atender si no seguía el procedimiento normal, pero no me llevó el apunte y se quedó esperándolo.

— Bien…, la voy a atender igual por ser la primera vez, pero ya charlaré con ella ese tema.

— Además me clavó la vista y tiene una expresión demasiado extraña que incomoda. Me parece que el caso viene complicadito.

Él dio la vuelta y se dirigió al consultorio, no sin antes echar una fugaz ojeada a la joven que lo esperaba. Voluptuosa, hermosísima. Lo miraba fijamente con lascivia, con la punta del dedo índice tocándose una comisura de la boca entreabierta. Estaba como desparramada en su asiento. Una pose y una mirada exageradamente eróticas que le recordaron fotos típicas de modelos de revistas. En cualquier otra persona, esa pose hubiera parecido forzada y llamaría la atención por lo desubicada, pero en ella había algo que le produjo una sensación distinta; difusa; difícil de definir. La sensación era la misma que se da al ver algunos personajes de la farándula que usan peinados y trajes extravagantes, que nadie más podría usar sin caer en el ridículo, y que sin embargo en ellos lucen bien.

La experiencia en la profesión lo había entrenado para poner cara de piedra ante lo que viniese. No sería la primera ni la última vez que un paciente lo desafiara a situaciones capaces de desarticular a cualquiera que no estuviese preparado para lo que fuere.

La llamó al consultorio y ella entró felina.

Su actitud, su mirada, sus movimientos, seguían provocándole esa misma sensación de incómoda dualidad. Hubiesen sido ridículos en cualquier otra persona, pero por tratarse de ella, se veían naturales y armoniosos. Hasta la ropa que usaba seguía ese mismo patrón dual. Esa misma ropa en otra mujer, por más que tuviese un cuerpo tan fabuloso como el de ella, no luciría tan provocativa y sexy como en ella. Sólo era ropa ajustada al cuerpo.

Reminiscencias de las chicas de Divito en cuanto a la voluptuosidad, pensó.

Se sentaron a ambos lados del escritorio. Él comenzó a tomarle los datos para la ficha, esperando que ella fuera quien sacara el tema del pago de la consulta. La forma de hablar; la voz de nena provocadora y la mirada fija en él, hicieron que su incomodidad fuese en aumento.

En un momento dado, ella pareció molesta con el tiempo que estaba demandando el cuestionario o con lo irrelevante de los datos, e interrumpió:

— ¿Puedo acostarme en el diván?

— Bueno,…. no es lo usual en la primera sesión…— no terminó de completar la idea porque ella se levantó. Con las manos se acarició las caderas hacia abajo para acomodarse el calce de los pantalones ajustados y fue a recostarse al diván, dejándolo a él con la frase inconclusa; con el mal antecedente  de estar entregándole las riendas de la situación al paciente; y con la imagen de esas caderas en la retina.

En el diván, ella siguió como buscando una posición adecuada con movimientos felinos. Él comenzó a experimentar una erección. En su mente se encendió una luz de alarma. Sabía bien que cierta barrera en la necesaria relación entre psicólogo y paciente corría peligro de ser vulnerada. Nunca le había sucedido algo semejante, pero se consideraba a sí mismo perfectamente capaz de manejar la situación con profesionalidad. Tuvo que levantarse de detrás del escritorio y acercarse para sentarse en la silla donde se sentaba cuando los pacientes se acostaban en el diván. Lo hizo con la precaución de evitar que ella pudiera notar la erección. Pero ella lo esperaba con una sonrisa burlona que parecía indicar que leía su mente.

Él se sintió dominado. Se sintió el mísero ratón; el objeto de diversión del gato maula. Sin embargo, mantuvo la cara de piedra. Dentro de él, el psicoanalista trataba de retener el control frente al hombre, o quizás se debiera decir, frente al instinto animal.

Ella comenzó a hablarle sin preámbulos:

—Te cuento. Estoy aquí porque todos me han insistido que venga, pero yo no necesito tratamiento. Estoy muy conforme con mi vida. Algunos me dicen que soy adicta al sexo, pero para mí no es así. Me gusta coger como a cualquiera, pero no estoy todo el tiempo pensando en coger. Lo que sí es que estoy todo el tiempo pensando en calentar a los hombres fundamentalmente; y también a las mujeres. Me gusta hacerlo y no veo que haya nada de malo en eso. Si me gusta alguien, me encamo, como hace cualquiera; supongo. No es mi culpa que me gusten casi todos. Pero no sé por qué me dicen que es enfermizo andar por la vida queriendo calentar a todos. A mí me gusta y no le hago mal a nadie, sino más bien todo lo contrario. Todos me elogian la belleza. Estoy muy conforme con mi cuerpo. Amo mi cuerpo. Siento que fue creado para placer mío y de los demás, y que tengo que aprovecharlo.

Ella despachó su monólogo con la misma sonrisa descarada. Una sonrisa que resaltaba sus labios carnosos y la blancura radiante de sus dientes. Era toda provocación, toda sensualidad, toda lujuria.

Él consideró que en este caso debía tratar de poner el máximo de distancia. Si bien el trato con sus pacientes acostumbraba a ser de vos, buscó ajustarse a los cánones más estrictos de la profesión.

—En primer lugar, debo decirle que se acostumbra a que el trato con los pacientes sea de usted. Son pautas de la profesión.

El gato maula no pudo contener una risita corta, apenas perceptible.

El mísero ratón no tuvo más remedio que disimular y apelar a los procedimientos de la profesión.

— ¿Y cómo son sus relaciones sentimentales? Porque una cosa es que le guste una persona y otra que sienta algo más. Me refiero a lo que podríamos definir como amor.

— Mirá, nunca sentí nada por nadie que no sea atracción física. Pero estoy bien así. La gente sufre mucho por amor y por falta de amor. Yo soy distinta, no sufro por amor, ni por falta de amor, y siento que gozo de la vida más que cualquiera, pero eso parece que es anormal y que necesita tratarse.

El “mirá” de ella era una provocación. Era Sharon Stone cruzando las piernas y pidiendo fuego en el interrogatorio.

Él se sentía turbado como aquel mismo inquisidor de Sharon Stone, pero con dificultad sacó a relucir un discurso académico.

— Verá. Nos guste o no, la sociedad impone ciertas conductas como aceptables y otras no. En otras épocas y culturas antiguas había mujeres que podían dedicarse totalmente a los placeres carnales por gusto; sin ningún tipo de escarnio social. Concretamente era común en algunas sociedades orientales y también las hetairas en la antigua Grecia, por ejemplo. Pero en cierta manera eso atentaba contra la familia y fundamentalmente contra la seguridad de las esposas legítimas. De una forma u otra se fue gestando la idea del puritanismo, del cual hoy en día nos estamos alejando, pero igual sigue subyacente. No voy a emitir juicio de valor al respecto, pero aquí el problema me parece que es otro. Es un tema de narcisismo. El exagerado narcisismo conduce a una excesiva búsqueda de satisfacción personal. La posmodernidad está planteando objetivos plenamente hedonistas. Todos tenemos una capacidad innata para amar, y cuando nos amamos demasiado a nosotros mismos, podemos perder la capacidad de amar a los demás. Cuando esto ocurre, hablamos de un trastorno narcisista de la personalidad. Freud decía que el narcisismo acompaña a las mujeres bellas, que no aman pero esperan ser amadas.  

Inconscientemente, él utilizó palabras difíciles. Pero ella no necesitaba conocer el significado de las palabras para entenderlo, si lo hubiera querido hacer. Había estado sonriendo y mirándolo durante toda esa alocución pero no le interesó en lo más mínimo. Retomó la palabra ella, como si él no hubiera dicho absolutamente nada.

— Por ejemplo, ahora —, y sonrió aún más — estamos solos acá, yo acostada en el diván. ¿Qué tiene de malo que te haga calentar? ¿Acaso no lo disfrutás vos también? Cuando estoy con un hombre, así como ahora, me encanta ver si hice que se le parara. Me encanta la idea de que se masturben pensando en mí o que cojan con sus mujeres pensando en mí. Si eso es tener alma de puta, quiero ser la más puta de todas.

Él evitó el reflejo instintivo de mirarse la entrepierna para ver si se notaba la erección.

Ella volvió a reírse, conocedora del poder del descaro para excitar más a un hombre. La impresión de que ella leía su mente se hizo más palpable. Ambos sabían que no hacía falta mirar la entrepierna de él para saber de la existencia de aquella fiera enjaulada, furiosa por salir. Él contemplaba ese espléndido cuerpo; jugoso; carnoso; que se mostraba ardiente de deseo. Esa máquina de calentar que le estaba provocando la erección más formidable que recordara. Reprimir sus impulsos primarios se convirtió en una tarea demasiado difícil de sobrellevar. Logró mantener la compostura, intentó decir algo pero no conseguía esbozar nada coherente. Y el gato maula continuó jugando.

— ¿Qué te pasa? Alguien me dijo que los hombres no pueden irrigar las dos cabezas al mismo tiempo y parece que es cierto.

Él hizo un esfuerzo más por retomar el control.

— Por favor. Mantengamos la relación entre nosotros en el plano estrictamente profesional.

Ella rió descaradamente y le retrucó.

— Como diría el chiste: ¿A cuál profesión te referís? ¿A la tuya o a la mía?

El mísero ratón jugó su última carta para tratar de escapar.

— Bueno. Ya estamos en horario. Veremos en la próxima sesión si podemos encausar el tema como se debe y aclarar los pasos a seguir.

Ella, con su imperturbable sonrisa socarrona, sacó un condón de su bolsillo y alcanzándoselo terminó con la inútil resistencia:

     Dale. Cobrate —.

 

 

                                           

    FERNANDO  ARTANA

RELATO LOCO

Publicado en Pavadas hechas texto, el 10 de Octubre, 2009, 17:16 por CELINA
                                          

                                TODO TIENE QUE VER CON TODO

     Hay días en que me siento rara como si unos espíritus se metieran dentro de mi cuerpo, variantes mías no ajenas como en El exorcista, o es el mismo  que se va transformando. La mutación es su característica predilecta, no sé si para despistarme, tampoco sé por qué habría de hacerlo porque todo el tiempo sigo siendo yo. Soy pero a la vez no soy. Algo así como Dios, Jesús y el Espíritu Santo que son tres en uno, perdón los susceptibles por la comparación, no es que me crea Dios ni siquiera Virgen, gracias al cielo, mucho menos Santa, en realidad a veces estoy más cerca del diablo. Pero eso es cuando me invade un espíritu travieso lo cual sucede con frecuencia y está bueno porque me divierto, otras me hacen sentir rara y entonces vuelvo al origen de este escrito. Que no es ni cuento ni relato menos poesía, sólo es. Como muchas cosas que no tienen explicación, mejor que así sea cuál es la manía de querer explicar todo de encontrarle a cada cosa un cómo y un por qué, ese es mi espíritu hincha pelotas que algunos lo conocen bien. Según el espíritu que se apodere de mí cambio hasta varias veces en el día, otras se instala días enteros incluso semanas y estoy melancólica, triste, eufórica, alegre, divertida, terriblemente aburrida, insoportable, ciclotímica y cualquier adjetivo que se les ocurra seguramente coincidirá con mi estado de ánimo en algún momento de mi vida pasada, presente o futura. Soy como una mujer con varias en su interior como esas muñecas rusas que vas sacando una tras otra y cada vez son más chiquitas y es increíble la cantidad que hay, así soy yo y cuando creo conocerlas a todas me sorprendo con una nueva, lo cual no es nada original porque a más de una le pasará aunque a veces pienso que la única rayada soy yo que se anda planteando semejantes pelotudeces pero eso según el día porque otras ni me doy cuenta o no me planteo absolutamente nada; decía muchas mujeres en el buen sentido yo no engaño a nadie o sólo a mí, mi yo confiable es engañado por uno perverso entonces una parte de mí está tranquila y otra anda saltando para todos lados lo cual es molesto prefiero  que el mando lo tome uno solo y que no se disputen mi cerebro que termina partido en mil pedazos y quién mierda los junta cada vez me cuesta más.
  
Siempre me intrigó saber si todo el mundo piensa parecido, a veces creo que hay gente que no piensa nada de nada que ni tiene cerebro sobre todo los políticos y algunos artistas o será que cuando llegan a ese lugar dejan de usarlo y se les gasta o se vuelve un objeto inútil o un requisito para llegar es no tenerlo. Me encantaría meterme dentro de algunos cerebros y saber qué piensan entonces me doy cuenta que quiero controlar todo aunque sé que es imposible, por otro lado desearía no saber nada de nada vivir en una isla acompañada por palmeras, el mar y el sol, si hay libros mejor y sino no importa o sí pero podría escribir y no tendría excusa porque estaría todo el día al pedo e inspiración con la naturaleza tendría de sobra al menos para la poesía, de paso practico porque no me sale muy bien aunque no tendría quién me corrija, además estaría nostálgica lo cual sucedería a los pocos días pero tendría un montón de material para la poesía romántica que me gusta como todo lo romántico pero ahí seguro que meto la pata porque me pongo cursi, debería haber nacido en otro siglo capaz que se equivocaron y me mandaron para éste pero ahora no puedo hacer nada más que vivir y pasarla bien. Si viviera en una isla tendría que prescindir del sexo y no sé si podría, un tiempo sí no mucho no hay que mentirse las mujeres dicen que pueden vivir sin sexo, algunas porque otras se jactan de que cogen todo el día yo no les creo a ninguna de las dos y mi caso dependerá del espíritu que se apodere de mí, el sexópata o el casto, ya les dije que tengo para tirar para arriba. También extrañaría a las personas que quiero a lo mejor una isla es demasiado lejos más vale algún lugar cerca así cuando extraño vuelvo y listo aunque la nostalgia me invade por cosas que son imposibles de regresar como el pasado o una persona que no está física o espiritualmente y ya que tocamos el tema del espíritu digo que todo esto dependería de cuál esté predominando porque hay días que me gustaría esto y otros que no me gustaría en lo más mínimo. 
 
 Todo lo que vislumbran es la pura verdad aunque no puedan comprenderlo si ni yo lo hago en todo caso pueden conocer alguno de mis espíritus o yoes (me parece más acertada la palabra yoes que sería el plural de yo y creo que no existe ya que la palabra espíritu queda demasiado sobrenatural y con esa onda no voy,  ahora me acuerdo de que no debo poner demasiado demasiadas veces ahí lo puse de nuevo, suelo hacerlo y desde que me lo recalcaron parece que la palabra demasiado vuelve como un boomerang eso debe ser porque cuando escribo demasiado en realidad lo hace mi yo contra que como se darán cuenta le gusta llevar la contra a todo el mundo). Creo que soy todos esos espíritus mezclados como en una ensalada super mixta de tomate lechuga huevo queso jamón choclo palmitos y lo que se les ocurra ponerle y después echarle por arriba salsa golf que es mi aderezo preferido después del ketchup pero en esa ensalada queda mejor la salsa golf. ¿Ven? ahí está otra vez, qué tendrá que ver el ketchup con los diferentes espíritus o yoes  con los estados de ánimo. Todo. Todo tiene que ver con todo decía Pancho Ibañez que para los que no lo conocen conducía un programa de televisión que se llamaba el Deporte y el Hombre y repetía esa frase que me quedó grabada “todo tiene que ver con todo”. Cuánta razón tenía Pancho aunque no tengo idea de si la frase es de él o de otro, no importa es de esas cosas que todos pensamos pero que otro más vivo expresa en voz alta y nos quedamos como pelotudos diciendo ¿cómo no se me ocurrió a mí? Suele sucederme seguido y no sé si significará que me la paso llegando tarde a todos lados o que no soy tan inteligente para hacer algo original, igualito a lo de este escrito que surgió a partir de otro que leí aunque el tema no tiene nada que ver, y el otro está mucho mejor, el mío empezó porque me sentía rara y estaba en mi jardín tomando un café al sol que está bárbaro para aprovecharlo aunque sea un ratito, siempre nos podemos hacer de tiempo par mirar nuestro interior y tratar de entender por qué una persona puede ser de tantas formas diferentes sin dejar de ser ella,  motivo por el cual me senté en la computadora y empecé a escribir este delirio que no sé adónde terminará pero poco importa porque por más que le de vueltas al asunto siempre termino en el mismo lugar que es otra cosa sobre la cual he escrito varias veces, todo gira y gira sin mucho sentido y uno -una- siente que no avanza, aunque según como lo miremos avanzamos un montón y depende adónde queramos llegar en mi caso yo sigo sin entenderme pero qué carajo hay que entender las cosas son así y listo. Eso lo entiendo perfectamente y si el espíritu del día es razonable y poco cuestionador ando feliz de la vida pensando que el mundo es maravilloso y color de rosa que es uno de mis  colores preferidos, en general  los colores claros- blanco celeste lilas- lo cual debe significar que soy alegre porque no me gustan los colores oscuros- negro marrón violeta- un touch sí pero no como esa gente con onda dark que anda todo el tiempo vestida de negro, pienso que lo de afuera refleja lo de adentro y si te vestís de negro cómo será tu alma si es que el alma tiene color, aunque yo no lo creo y me parece que acabo de escribir una boludez porque tengo amigas que se visten siempre de negro y son más buenas que el pan( y otras se visten de blanco y son el demonio), yo igual  les digo que se pongan colores claros que les queda mejor y ellas no me llevan el apunte por qué habrían de hacerlo, si a mí me dicen cómo tengo que vestirme los echo a patadas aunque depende del día porque en otras ocasiones no soy capaz de decidir ni lo más insignificante. Si me baso en eso, lo de adentro y afuera, que además es el título de una poesía que escribí, no estoy disconforme conmigo pero depende del yo de turno que hoy es optimista porque estoy contenta por escribir todo este mamarracho que más valdría tirar a la basura pero no pienso hacerlo nunca se sabe para qué puede servir en un futuro inmediato o mediato y en mi memoria ya no confío, antes me acordaba de todo ahora me cuesta se ve que estoy vieja, viejos son los trapos decía mi abuela y no me siento vieja ni ahí pero debo estarlo sino no me olvidaría de cosas antes impensadas, además es una cuestión puramente matemática. A esta altura del relato o lo que sea ya ni me acuerdo de qué quería decir( a eso me refería cuando decía que me olvidaba de las cosas) pero no importa porque igual me sentí bien intentando decir lo que no sé cómo ni tampoco exactamente qué y espero algún día pueda aunque a lo mejor el secreto es no poder y mientras tanto seguir escribiendo y llenar papeles con historias de gente verdadera e inventada haciendo una ensalada y si de vez en cuando la pegamos o a alguien le gusta creemos que vamos por el buen camino cuando sabemos que por este camino no vamos a llegar a ningún lado o adónde la vida nos lleve pero esta es una cuestión más filosófica en la cual no me voy a meter ahora. Lo cual me hace concluir que los espíritus que me han invadido deciden por mí y cualquier cosa yo les echo la culpa a ellos a mí no me vengan a joder porque esa es otra cosa que perdí, la paciencia aunque nunca la tuve y la voy terminando, podría seguir hasta el fin de los tiempos intentando decir lo que no sé,  una de mis características es justamente hablar mucho y en definitiva no decir nada. En cuanto a los espíritus que me invaden no está tan mal porque qué aburrida sería la vida si todo fuera una línea continua sin altos ni bajos.
  
Hay una cosa que sí sé y es que cuando abro los ojos a la mañana y veo mis paredes el techo mi cama mis cosas y mis hijos que son lo más lindo que te da la vida por cursi que suene  - en ese punto todos mis yoes o espíritus estamos de acuerdo-  (no en lo de cursi sino en lo de mis hijos) sé que no quiero estar en otro lado y que eso no depende de ningún espíritu de turno, eso es algo que las madres sabemos no es profesión ni trabajo y aunque a veces nos volvamos locas queremos estar hasta el día que ellos decidan partir- después seguiremos estando- que sabemos va a suceder aunque no en todos los casos porque conozco varios que nunca lo han hecho. Pero ese tema lo dejo para otra ocasión.

                                                             CELINA 

Cataratas del Niágara

Publicado en Aguafuerte el 10 de Octubre, 2009, 12:10 por Nano

     Hay aguas mimosas y aguas estancadas, hay aguas saladas y otras más sabrosas. Hay aguafuertes y aguafiestas. Hay aguaceros, Cocas Zero, harina doble cero y triples de jamón y tomate; pero esto es sapo de otro costal. 

     Estuve analizando al borde de las cascadas, que hay aguas osadas y aguas conservadoras. Estas últimas viven lejos del precipicio. Más bien se quedan en el lago de más arriba, criando dengue para cuando se termine la gripe, o haciendo cualquier otra cosa. También hay otras tranquilonas, vienen por el cauce del río, sin transpirarse y sin tomar riesgos. Muchos desconfían de su entrega y hasta sospechan de su valor. Lo cierto es que también vienen ellas, pasivas, aburridas y con menos emoción que chuletas delante de Carola, mi amiga vegetariana. Entonces, las más atrevidas, vienen por el borde, jugando a finito, un poco buscando el roce, otro poco el éxtasis del vértigo. Siempre desprevenidas, cierta actitud orillera y de repente el abismo, caída libre, paracaídas agujereado, parapente sin el pare, choque sin seguro. La debilidad de un arbusto, que lloraba por cada chorro desviado sobre sus ramas, no tenía fuerzas para denunciar el peligro. Abajo una roca insensible, impiadosa consolidaba la amenaza. Sólo las más astutas lograban advertir los aleteos más severos de los caranchos canadienses por la salpicadura, o de las gaviotas, y lograban virar a tiempo. Otras, aún sabedoras del todo, se relamían ante el regocijo que le produciría terminar siendo un buche gigante de la garganta del diablo. El resultado, un golpazo más grande que el de Videla en la República Perdida. Azotes de abajo y de arriba que desnudan su impudicia y su falso valor. Subordinadas a su destino, gozaron del aprendizaje más veloz. Quizás el desenfado juvenil, antes de ser agua podrida. Y de pronto quedaron turulecas y con un dolor en la espalda, peor que el de mi abuela Porota. Otras murieron, pero en la confusión, nadie se dio cuenta. No había rumbo, algunas apuntaban hacia el este, otras hacia el sur. Una desorientación más grande que la de una que yo conozco, pero que evitaré incluir en este relato. Podrían surgir asociaciones del tipo: Aguas atorrantas, con deportistas atorrantas, o de otro tipo como, aguas despistadas, con atorrantas despistadas. Lejos de mi voluntad está reflejar esto ahora.

     Entonces, las más maltratadas por la cascada habían perdido el norte, la directa senda que las depositarían en el Ontario manso y no va que viene otra que hace “pluff” y encima otra que grita “push” y otra más fuerte “merd” y todas dislocadas y apenas entendiendo el dialecto de la más gritona, porque bajaba de la otra montaña. Igual se enfilaron detrás de ella, que tampoco sabía para donde ir, pero se la veía más decidida.  Y para abajo partieron juntas. Parecía que la prepotente las iba a llevar de raje, pero en ese momento, no escuche bien, pero una de las rebeldes, parece haber organizado un piquete pacífico y puso cierta calma al revuelo. Otra vez, palabras que estaban demás. Más templadas, ya casi hermanadas, fueron comprendiendo su locura. Más adelante van encontrando su lugar, ya no se empujan, van en busca del lago y todo vuelve a la normalidad. Si, a la normalidad. ¿Sino para qué me sacaron 100 dólares? ¿Para ver a las aguas normales del Niágara?

                                                                                          Nano

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-