"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




2 de Octubre, 2009


Como un incentivo... a ver si todos visitan el blog

Publicado en General el 2 de Octubre, 2009, 19:21 por Saty



http://licor8hermanos.blogspot.com/

Es el blog de la novela que estamos armando los de tercero. Todo comentario, aporte, crítica, se agradece.

Al otro lado de la ciudad, en la zona norte, Arriedo aprieta la tecla del control remoto del portón automático de su casa. El auto atraviesa la grava del jardín que lo separa de la calle y se detiene en el garaje. Al oír el sonido de su celular, manotea en el bolsillo de su saco. Está tranquilo, el encuentro con Cecilia lo ha relajado.

¡Qué mina! – Piensa – ella no hace el amor, literalmente te coge. De la manera más primitiva, embistiéndote con descaro, mientras entrecierra los ojos y se ríe.  Se desprende de su traje de señora y se transforma en puta, para consumirte  hasta el extremo. Hay días en que pierde su mirada en la ventana o en algún objeto y sus movimientos son más lentos, una suerte de reacción en cadena. Pero el resultado es siempre el mismo. De una u otra forma, después, uno queda tirado, convertido en una suerte de desecho, viendo como ella se levanta y sin dejar de mirarte, sin hablar siquiera, sin otro ruido que el de su ropa al vestirse, te abandona."

De humor...

Publicado en Humor el 2 de Octubre, 2009, 12:36 por Pájaro Fornaso

Turno en el PAMI

 

El primero que llegó, como pasaba siempre que su trabajo le permitía llegar con tiempo, fue Puchero, con su bolso de Petrobras y el gel verde que se refregaba por las pantorrillas; ya estaba casi listo para salir a la cancha, mientras que le mayoría del equipo todavía no se hacía presente en el predio.

 

Lo secundó la tropa de San Lorenzo, que todos en el auto del Mariscal arribaron a Funes; el gordo David, el Turco y Leo, todos mochila al hombro se iban acercando al banco de suplentes donde Puchero había inaugurado el campamento del equipo. El primero que llegaba era el Mariscal.

 

-         Dormiste acá en el banco Puchero? Mirá que hoy nosotros llegamos temprano y no te podemos cagar, siempre primero- largó el Mariscal mientras tiraba la mochila sobre el banco.

-         Es que son muy pajeros todos viejo, así no le vamos a ganar nunca a nadie...llegan todos muy sobre la hora y después entramos en bolas y nos clavan siempre de arranque.

 

El Turco y Leo saludaron y se instalaron en el piso a sacar sus pertenencia para empezar a cambiarse, las vendas hecha un nudo salieron del bolso del Turco que con paciencia empezó a enroscarlas.

 

Allá a lo lejos se los podía ver entrar al Cordobés con Seba, las dos puntas del equipo, el centro delantero y el arquero.

 

-         Huy papito mirá como viene Seba, no se saca los lentes ni por puta, espero que no venga tan en pedo como el último domingo, no veía nada el hijo de puta, como se nota que anda soltero, no para de arrancar- comentó el Turco mientras perdía por goleada la pelea con las vendas.

 

Previo paso por la garita para estampar la firma y el número en la planilla, los dos recién llegados se incorporaban al grupo, que había quedado reducido ya que Puchero con una pelota se había ido hasta un arco de la cancha para empezar a patear un poco antes del comienzo del partido.

 

-         Como le va a la banda?- saludó el Cordobés.

-         Por acá todo bien, pero me parece que el arquero otra vez tuvo una noche larga ¡Que carucha papá!

-         Mariscal no empeces a romper las pelotas que tengo la cabeza que me da vueltas para todos lados. Y hoy a ponerse las pilas los defensores que si me llegan a patear al arco es medio gol.

-         Pero loco te tenes que cuidar un poquito antes de los partidos, no es una actitud profesional la tuya- le crítico el Turco.

-         Si me pagaran al menos el cheguzan de milanesa todavía, pero acá pago para atajar...dejate de joder- Seba le contestaba mientras se desabrochaba el jean. Todavía vestido tal cual había salido la noche anterior..

-         Nosotros le decimos a Seba porque ya estamos todos guardados y nos tienen cagando. Hace un par de añitos la graduación alcohólica del equipo los domingos era nociva para los rivales, no nos olvidemos- se metió el Cordobés.

 

Desde la mitad de la cancha Puchero los apuraba para conseguir alguien con quien patear. El equipo rival ya estaba todo cambiado y entrando en calor en una canchita chica que estaba en uno de los laterales de la cancha. Faltaba más de medio equipo y apenas unos ocho minutos para el horario oficial del partido.

 

-         Alguien sabe con quién venía el Negro?- preguntó el Mariscal

-         Creo que venía él, el Tili y el nono vienen con Dolce, pero tranquilo que deben estar llegando-

 

Ya sobre la hora entraban los ausentes al banco de los suplentes ya regado de bolsos; mientras se iban cambiado y apurados por enésima vez por Puchero, el grupo que todavía se cambiaba en las inmediaciones del banco de suplentes no, parecía muy concentrado en su rival sino que se había instalado otro tema muy polémico.

 

-         Cordobés esta noche me tenes que prestar el auto porque salgo con la mina esa que te conté del laburo, ya está todo arreglado, derecho al telo, pero imaginate que con a mi auto que los chicos lo llenaron de calcos, no puedo ir ni a la esquina sin que se den cuenta- comentó el Tili, usando al público presente como elemento de presión hacia el Cordobés, no podía negarse delante de todos los amigos a ese tipo de favores.

-         Loco, sabes que el auto lo terminamos comprando con la guita que heredó Eliana de la tía esa que palmó hace dos meses, sabes el quilombo que me meto si se llega a enterar que te presto el auto y para salir de trampa; además sabes que se lleva bien con tu mujer, se llega a enterar y me mata a mí y a vos Tili.

-         No seas cagón Córdoba, si el Tili es un experto, tiene hecho un post grado en esos temas, es un pirata con Pédigre el muy hijo de puta- apuró Seba.

-         Sí, pero se le va a terminar la suerte, lo van a prender y vamos a caer los dos, mirá, me podrán decir lo que quieran pero no me voy a jugar las bolas para que, además, la ponga él- se intentaba defender el Cordobés.

-         Pero Córdoba, vivís cerca de casa, tengo las llaves de tu cochera, me venís bárbaro no me podes cagar, además no sabes lo que está la veterana esta, es un avión a chorro-

-         Ah! Ahora te dedicas a las vetenaras, se te pasó la hora de las pendejitas? Los años no vienen solos parece- se metió el Turco ya con medio pie derecho vendado.

-         Y sí, uno se tiene que adaptar a la realidad, pero ojo que tienen un nivel NBA esta mina-

-         Está muy tuñada o se mantiene bien naturalmente?- se interesó Puchero ya incorporado a la ronda de debate.

-         No...está toda hecha de nuevo y no saben lo bien que quedó...

-         Y qué motor tiene?- interrumpió el Mariscal

-         Y bien no sé pero debe andar en un 4.2 o 4.3 full full, levanta vidrio, cuatro air back, techito, ABS, dirección y GPS.

-         Es tramposa o está solita la señora?- ya totalmente olvidado de que por delante tenían un partido se interesó otra vez Puchero.

-         Está recién separada, y viste como son las minas cuando se separan, se ponen a dieta, arrancan a full el gimnasio, se producen, siempre impecable desde que se separó. Escotadita. Divina.

 

El Cordobés aprovechaba el interés por la señora y se separaba del grupo para ir hacia el arco que ya ocupaba Seba y era peloteado por Nico que se había cambiado directamente en el vestuario.

 

-         Hey! Cordobés no te hagas el boludo; donde vas? Le vas a prestar el auto al Tili o no Garca?- lo frenó el Negro Julio cuando intentaba hacerse olímpicamente el boludo.

-         Hasta después del partido no doy declaraciones muchachos, la prensa después del partido, disculpen pero hablamos después.- intentaba zafar el Cordobés.

-         Sí vamos, dejen de boludear y vamos a la cancha que ya está viniendo el árbitro, amos a meternos en el partido loco- pedía otra vez Puchero

-         Otra vez nos va a dirigir este hijo de puta, mil veces le pedí al forro de Zaraza que este tipo no nos dirija más, nos vive cagando- se quejó el Negro Julio

-         No es que nos caga a nosotros, es horrible con todos este viejo. Pero igual los partidos los tenemos que ganar nosotros, andá al sorteo negro cagón- sentenció Puchero.

 

El partido pasó con más pena que gloria, se notó que el horario matinal de los domingos no les caía bien a los muchachos de Eber Fútbol Club, casi no patearon al arco en todo el partido y el equipo rival, de promedio de edad mucho más bajo, abusó de las falencia de los muchachos y se llevaba un dos a cero mentiroso, ya que la realidad del juega marcaba una diferencia más abultada de la que se terminó plasmando en el resultado.

 

Al término del partido algunos enfilaron para el vestuario y otros hasta el buffet a tratar de analizar el mal momento del equipo, y claro está, para saber cómo iba a terminar la historia del auto entre el Cordobés y el Tili.

 

Después de varias idas y vueltas, puteadas, risas y alguna que otra cerveza el Cordobés, y bajo la presión de todo el equipo, terminó comprometiéndose a prestarle el auto al Tili, pero claro que pondría algunas condiciones.

 

-         Tili yo te digo una sola cosa, mañana a la mañana tengo que llevar a mi suegra al médico Como se atiende en el Pami tengo que arrancar muy temprano, a las cinco y media tiene que estar el auto en la cochera, y trata de sacarle el olor a gato con algo, porque te cago a trompadas si no está ahí a esa hora OK?- resignado exigía el Corbobés

-         Pero cuántos años te pensas que tengo, que voy hacer hasta las cinco de la mañana, además yo también tengo que llegar temprano a casa papito, sino la bruja sospecha, una cena de lunes por laburo que termina a las cinco, donde se vió?- trataba de tranquilizar el Tili.

-         Bueno, el martes en el asado del club contá como anduviste, ojalá que rindas un poquito más que hoy sino la mina te saca roja directa-  pinchaba el Mariscal.

-         Bueno gente, vamos levantando campamento que me esperan de mi suegro a comer un asadito- apuró el Negro Julio.

 

Dos días después:

 

Como todos los martes se juntaban en Regatas a comer al asadito semanal, el encargado de las compras y de la parrilla otra vez era Dolce, que ya con el fuego listo esperaba la llegada de los comensales.

 

Los primeros en llegar fueron Román y el Negro Julio y casi pisándole los talones arribaban a las carcajadas El Tili y el Cordobés.

 

-         Mirá quien llega ahí, parece que anduvo todo bien el otro día, sino no vendrían juntos y menos cagándose de risa- notó Dolce.

-         Como anda eso Dolce, todavía no pusiste la carne loco, a qué hora vamos a comer- ironizó el Negro que nunca querías encargarse de ningún tipo de mandados

-         Mirá que sos hijo de puta, no te puedo pedir que te encargues ni del pan y me venís a apurar?

-         Qué pasa con ustedes? Llegaron hace mucho?-soltó el Cordobés

-         Dos segundos antes que ustedes, pero entramos por la puerta de adelante- explicó Román.

-         Bueno loco, cuenten como terminó la novela del auto? matar no lo mataste, parece que cumplió con el horario- se interesó Dolce

 

El Tili se agarró la cara con las dos manos y agachándose se empezó a reír

 

-         Si te cuento lo que me pasó no me lo crees, igual el auto no se lo prestó más a este hijo de puta, que se compre uno para salir de trampa, no se lo prestó más, me quedo muy paranoico- confesó el Cordobés

-         Este tipo es muy pelotudo, pero muy pelotudo, se mete en quilombos solo y después me quiere hechar la culpa a mí-

-         Mirá, yo seré un pelotudo, no lo dudo, pero vos buscá quien te preste el auto para salir con esas veteranas a las que te dedicas ahora.

-         Pero loco cuenten que pasó y dejen de mariconeadas- pidió el Negro Julio

-         Mirá, les cuento, yo esa noche no pude pegar un ojo, me fui a dormir con un cagazo padre que a este boludo le pase algo con el auto, mi mujer me mata, me mata, y no pude pegar un ojo.

-         Pero el auto estaba bien no?- interrumpió Dolce.

-         Sí, pero te voy metiendo en clima para que no crean que soy tan boludo como parece. La cosa es que pasé una noche de mierda, dándome manija de lo que le podía pasar a este forro y que el auto no iba a estar o iba a estar con un bollo

-         Que poca fe me tenes por favor, que poca fe...

-         Callate hijo de puta, me tenes que hacer un monumento

-         Al boludo te voy hacer un monumento, al boludo

-         Basta loco, contá y no te vayas por las ramas- pidió otra vez el negro Julio

-         Bueno la cosa que a las cinco de la matina, con mi suegra y me mujer escoltándome enfilo para la cochera. El auto estaba en su lugar y en perfecto estado, me subo con mi mujer adelante y la vieja atrás. Yo percibo un poco de olor a perfume barato típico de minas que salen con un tipo como éste

-         Si vos la vieras...si vos la vieras...-interrumpió el Tili

-         La cosa que mi mujer no dijo ni mu del perfume barato y la vieja ya está medio chacabuca. Salgo tranquilo, ni el loro por la calle, un lunes a esa hora imaginate, yo pensado en el lunes que me esperaba, mal dormido, con visita al PAMIi y después todos los quilombos de la oficina, me esperaba sin dudas un día de mierda y para cuando ya estaba más relajado, justo en el semáforo de Salta y Presidente Roca, yo venia medio boludeando entonces cuando vi el rojo tuve que clavar los frenos y de abajo del asiento mío se asoma un taco¡¡¡UN TACO!!! abajo del asiento, yo no lo podía creer, cómo mierda explicaba eso, de qué me disfrazaba?

-         No entiendo como todavía no lo mataste a este hijo de puta, de qué te disfrazaste?- preguntó preocupado Dolce

-         Pará, que te termine de contar y después saquen sus propias conclusiones- se cubrió el Tili

-         Sí, pará que sigo. Empecé a buscar oportunidad para sacarme de encima el puto zapato del gato que había salido con este hijo de puta, la vieja no me preocupaba, estaba zombi, viste que siempre se levanta como a las once de la matina, pero mi mujer ahí al lado. Cuando pasamos por un edificio de la concha de la lora que hay  por Salta al fondo se me ocurrió inventarle que un gerente de la empresa se había comprado un piso ahí, y le digo “mirá lo que es la entrada nomás, no quieras saber lo que es adentro” y cuando miro medio para atrás, porque nos había quedado atrás, en un movimiento rápido y certero tiro a la mierda el zapato por la ventana, obvio que un par de cuadras antes con una escusa boluda bajé la ventanilla.

-         Y no te vió?- anonadado preguntó Román

-         No, para nada, fui muy rápido, sabía que era ahí o nunca.

-         Bueno entonces todo bien terminó la cosa- se alegraba Dolce

-         Pará, pará que te siga contando el pelotudo este, que siga- se metió el Tili.

-         Ah! No terminó ahí?- se interesó el negro Julio.

-         Lamentablemente no. Llegamos al Pami de calle Sarmiento y lo dejo justo en frente, donde se estaciona a cuarenta y cinco grados. Me bajo. Se baja mi mujer. Y mi suegra que no salía del auto, yo paradito al lado con cara de ojete la miraba a la vieja. Nada. Le golpeo el vidrió y de adentro que me hace señas que espere, entonces le digo a mi mujer que le pregunte qué mierda pasaba, ella da la vuelta y le abre la puerta de atrás y hace la pregunta obvia “mamá qué pasa que no bajas?” y la viaja soltó un traumático “se me perdió un zapato”

-         No me digas que el zapato que revoleaste por la ventana era de tu suegra?-Rompiendo en carcajadas preguntó el negro Julio.

-         Si boludo, le tiré a la mierda el zapato a mi suegra.

-         No te puedo creer!!!!- Interrumpió Dolce

-         Si creéme, me quería matar, no sabía que poronga hacer.

-         Y tu mujer a todo esto?-se interesó Román

-         Mi mujer buscando el zapato abajo del asiento y, claro, no encontraba una mierda. Y ahí aproveché que la vieja últimamente se pierde y pregunta dos o tres veces lo mismo y demás y la saco a mi mujer y le digo medio al oído “para mí vino con un solo zapato”. Me la jugué. Qué podía hacer?

-         Pobre vieja sobre que está mirame y no me toques la hacen creer que la agarró el alemán, vos no tenes perdón de Dios hijo de puta- comentó Dolce

-         Yo no tengo perdón? Este hijo de puta; –mientras apuntaba al Tili explicaba el Cordobés- este hijo de puta que me hace pasar unos nervios de novela.

-         Y qué mierda hicieron al final?.- preguntó el Negro

-         Y la convencimos a la vieja que no había llevado el zapato, que esas cosas a su edad pasaban y que vayamos igual a ver al médico y esto y lo otro.

-         No me digas que la hicieron ir al médico con un solo zapato-

-         No, no se quiso bajar la muy cabeza dura...y perdimos el turno nomás, con lo que cuesta conseguir un turno en el PAMI.

 

Pájaro Fornaso.

 

ROBERTO BOLAÑO

Publicado en De Otros. el 2 de Octubre, 2009, 10:16 por MScalona

2666


En 1920 nació Hans Reiter. No parecía un niño sino un alga. Canetti y creo que también Borges, dos hombres tan distintos, dijeron que así como el mar era el símbolo o el espejo de los ingleses, el bosque era la metáfora en donde vivían los alemanes. De esta regla quedo fuera Hans Reiter desde el momento de nacer. No le gustaba la tierra y menos aún los bosques. Tampoco le gustaba el mar o lo que el común de los mortales llama mar y que en realidad sólo es la superficie del mar, las olas erizadas por el viento que poco a poco se han ido convirtiendo en la metáfora de la derrota y la locura. Lo que le gustaba era el fondo del mar, esa otra tierra, llena de planicies que no eran planicies y valles que no eran valles y precipicios que no eran precipicios.

Cuando la tuerta lo bañaba en un barreño, el niño Hans Reiter siempre se deslizaba de sus manos jabonosas y bajaba hasta el fondo, con los ojos abiertos, y si las manos de su madre no lo hubieran vuelto a subir a la superficie él se habría quedado allí, contemplando la madera negra y el agua negra en donde flotaban partículas de su propia mugre, trozos mínimos de piel que navegaban como submarinos hacia alguna parte, una rada del tamaño de un ojo, un abra oscura y serena, aunque la serenidad no existía, sólo existía el movimiento que es la más cara de muchas cosas, incluida la serenidad.

 

 

 

Pag. 797   Ed. Anagrama

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-