"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Octubre del 2009


more Fabré

Publicado en De Otros. el 31 de Octubre, 2009, 18:55 por MScalona

Cuando nuestras miradas dejaron de cruzarse, de evitarse, cuando volvió a tomar un cigarrillo del paquete, y como si hubiéramos ido allí siempre, hice señas al mozo de que nos trajera otro vaso, sí, de los mismo, se puso a contarme. Si, había perdido su trabajo. Yo debía imaginarlo; no era para hacerse una historia, salvo que ya había pasado los cincuenta años. No le pregunté nada en todo el tiempo que me habló. Sí, en todo el tiempo que me habló aquel día, creo no haber soltado más que dos frases, por que había sentido enseguida cuánto lo necesitaba él. Sin embargo, él se había dedicado mucho, en su trabajo. Había seguido todos los cambios técnicos, y hablaba alemán correctamente. Eso no era tan fácil para un tipo como él, que había hecho pocos estudios. No se lo vio venir, simplemente. Claro que bastaba con prender la tele para saberlo, pero él no pensó que le pasaría eso, a él. Sobre todo, no había apartado dinero. Había ayudado a su madre para el departamento en Marsella con su prima, y había alquilado en lo sucesivo uno muy pequeño, en planta baja. Un hombre tenía muchas deudas, en la vida, y eso quería decir eso: la vida. Me largo dos o tres cosas como esa, sin saberlo. Sin saberlo, me hizo el retrato de un tipo que podría ser yo, lo mismo que otros, pero que simplemente era él. Hacerlo no lo inquietaba. Llenaba sus días como podía, le había pedido a todos sus conocidos que se me mantuvieran alerta, porque a su edad, él solo contaba con ellos. A eso él lo llamaba la vigilia humana. Me acuerdo de esta torpe expresión, ¿de dónde habría sacado esa fórmula? Su última compañera lo había abandonado, se había puesto insoportable, según ella,  insoportable, eso había puesto como pretexto, pero en realidad, eso a él no le había movido un pelo. Ella estaba con él por algún interés, más o menos calculado, y encontrarlo sin trabajo había precipitado su decisión.

-¿Qué edad tenía ella?

  -¿Quién? Ah, ¿ella? Cuarenta y siete años, creo.

Me pareció que la pregunta lo sorprendía, como si eso no tuviera ningún interés. Además, en ese momento, le vi una sonrisa de niño, justo en los ojos, ¿Cómo si todavía la amara, o como si nunca hubiera dejado de quererla? Pero en realidad no. Fue a la conciliación laboral, sin creer mucho en ellos. Los tipos que lo habían echado eran su misma generación, tenían tu edad, me dice. Se habían dado cuenta perfectamente de que le jugaban una mala pasada, pero echar a uno como él quizá valiera la pena, debían decirse este tipo de cosas. Él había sido ingenuo, y además idiota, cuando reflexionaba sobre su historia, realmente no se lo había visto venir.

Miraba de a ratos alrededor nuestro, a mi alrededor, en el café. Todos los boxes se habían llenado, poco a poco, y en la calle que desciende, de tanto en tanto afluía la gente para tomar el tren a la estación Sain-Lazare. Su maletín estaba lleno de papeles, notas de ratificación, citaciones de los notarios, CVs para evitar o devueltos  a su dirección, asuntos en marcha.  Tenía un folio con esa etiqueta. Lo puso sobre la mesa. Sin abrirlo, como si todavía dudara. Tuve el presentimiento, a la noche, pensando en eso, que todavía le pasarían algunas cosas en la vida, que el asunto no terminaría ahí. ¿Sería causa con su maletín de computadora, despojado de computadora, en el que él ordenaba sus papeles? ¿Sería la dueña del café, esa mujer tan joven de tez clara, que sin embargo no daba la impresión de juventud y de vida? Los tipos como yo suelen llenarse de melancolía cuando miran a los otros. Después que pasé los cuarenta años, y sobre todo después de divorciarme, cuatro años atrás, sólo encuentro consuelo en el trabajo que me permite distanciarme de las cosas. Después de mi separación, no volví a vivir una verdadera historia de amor. No tenía fuerzas para eso, me decía. ¿Pero por qué haría falta tenerla? A medida que pase el tiempo… Con frecuencia hasta ahí llegan mis pensamientos, después trato de dormir, porque no tengo ninguna idea de qué me espera de ahí en más.  

                

                  

Dominique Fabre, op. cit. p. 20-23

Dominique Fabre, op. cit. p. 20-23

Borradores de una carta inconclusa.- Bolaño

Publicado en De Otros. el 31 de Octubre, 2009, 14:13 por sandra

A la Sra. María Ricardi

Torre Lationamericana, México D.F.

Lamento tener que comunicarle la muerte de Ana. Seguramente usted ya estaba enterada y aún así esperaba mi carta para confirmar la noticia. O esperaba mi carta para comprobar hasta qué punto puedo tener una última delicadeza con la madre de mi desaparecida novia. No, si lo pienso bien, creo que usted no esperaba ni le interesaba que le escribiera. Total, Ana ya está muerta, y una grosería más es casi lo mismo. De todas maneras esta tarde he sentido la necesidad de escribirle. Fíjese, he olvidado su cara. Cuando trato de imaginarla leyendo esta carta no puedo ensamblar el amasijo de facciones en que ha quedado usted reducida. Y me da mucha pena, porque quisiera recordarla con claridad. ¿Es usted gorda o delgada, de pelo oscuro como Ana o se lo teñía rubio? No hay caso. vagamente recuerdo que se ponía unos vestidos horrendos y que Ana no entendía por qué me parecían tan feos y de mal gusto. Hoy por hoy tampoco yo lo entiendo. Es raro lo que me pasa, a cada rato tengo ganas de llorar, por las cosas más nimias. Como aquellos días cuando vivíamos en el hostal y usted llegó del otro lado. Pero en fin, las cosas cambian. Solo quería decirle que comparto su dolor. Que estuve a punto de morir. Que a Ana la mataron en una situación aún no aclarada aunque sospecho que ella sabía de qué iba el sunto...

A la Sra. María Ricardi

Islas Malvinas

Hola. Ana murió. Supongo que ya lo sabe. ¿Lo leyó en un periódico o se lo comunicó la embajada de su país? Pobre Ana y pobre usted, su madre desconsolada. Creo que una vez me dijo que usted no quería marcharse de Barcelona, que estuvo a punto de reunirse con nosotros y pasar a la clandestinidad. Hubiera sido divertido estar los tres juntos en esa situación. Al menos yo no hubiera tenido que cocinar siempre y tal vez su prudencia nos hubiera desviado del último golpe. Para qué seguir. Ha pasado lo que tenía que pasar. En realidad, el cariño que Ana sentía por usted era un tanto ambiguo. Yo pienso que no la quería demasiado. ¿Sabe que cuando pudo y debió mandarle dinero no lo quiso hacer? Así nomás, no quiso, quién sabe por qué razón. O tal vez la quería demasiado y por eso no lo hizo. Nunca se sabrá. ¡Además no importa! Pasan los días y poco a poco voy olvidando su rostro. El rostro de su hija. Olvidos momentáneos pero cada vez más frecuentes. Y ni siquiera tengo una fotografía suya. Las pocas que nos hicimos las dejamos en el hostal. Ahora debe tenerlas usted ¿sería demasiado pedirle que me enviara una? Es triste. ¡Me dan ganas de patear todo a mi alrededor, pero estoy en la terraza de un café! Aunque a veces piesno que lo mejor que puede ocurrirme es olvidarla. Primero su rostro y su cuerpo (por ejemplo sus senos, es imposible que los recuerde), después lo que hicimos juntos, la historia de palabras y no de imágenes, y por último olvidar la sensación de vacío que ella supo activar en mi para que la reconociera...

A la Sra. María Ricardi

Riberas del Titicaca

Usted se preguntará: ¿por qué pasó lo que pasó? Usted se preguntará: ¿quién empujó a mi hija por la senda del crimen? Tal vez se pregunte si era aquella la senda del crimen o bien un tremendo malentendido. Yo solo puedo decirle cuánto siento la muerte de Ana (debo decirle por otra parte, que también yo estuve a punto de palmarla) y sugerir otras preguntas, ¿Qué nos llevó a asaltar un lugar inasaltable, habiendo como hay tantos bancos y cajas de ahorro en Barcelona? ¿De dónde aparecieron ese par de pistoleros que nos emboscaron? ¿Los conocía Ana, los conocía, acaso, Paquito? (Paquito era nuestro cómplice y también está muerto) ¿qué ocurrió con el pistolero sobreviviente, huyó después de mi? ¿Cuáles fueron las verdaderas intenciones del asalto? ¿Cuáles fueron las verdaderas intenciones de todos los asaltos que hicimos? ¿Fue la casualidad la que nos arrastró de un lugar a otro o hubo una mano que nos dirigía y Ana acataba? ¿Qúé película rodamos durante ese verano agobiante? ¿Por qué ahora estoy olvidando el rostro de Ana? Preguntas gratuitas. Una sola respuesta: Ana murió como una valiente. Fue impresionante. Si usted la hubiese visto se le habrían caído lágrimas de emoción. Y murió, lo juraría, pensando que yo la iba a seguir. No hay más vida que esta, gracias a Dios, pero si hubiera otra vida qué sorpresa la de su hija al ver que yo no moría. Olvídelo. Creo que estoy borracho de tantos cafés con leche. a propósito: ¿me puede enviar una foto donde aparecemos Ana y yo en la terraza de un bar en las Ramblas, con un violinista viejo y harapiento de pie junto a nuestra mesa? Me haría ilusión tenerla...

A la Sr.a María Ricardi

en cualquier lugar de sudamérica lejos del mundo.

Señora: apenas la recuerdo. Creo que su humor era peculiar pero bastante bueno. Consérvelo. En momentos como éste, ayuda. Estoy mal. Me aburro y mi salud se resiente ahora de los excesos pasados. Hace unos días cumlplí treinta años. Ahora tengo otro nombre. No vale la pena que se lo diga, ni es prudente, pero tal vez usted se reiría como lo hizo Ana cuando me entregó estos documentos falsoss. Yo le dije ¿por qué te ríes? Y ella contestó que le hacía gracia el nombre que tenía en mi nuevo pasaporte. No sé. creo que se reía de algo más aunque no logro comprender de qué. A veces pienso en Ana de pequeñita. ¿Cómo era? Supongo que usted debe recordarla perfectamente así. También pienso en mí mismo. Tuve una buena niñez y siempre acabo riéndome. No sé a ciencia cierta por qué, pero de toda maneras me río y me hace bien...

de "Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce".

Hablando de erotismo....

Publicado en General el 30 de Octubre, 2009, 12:26 por Oliverio Girondo

12 

 Se miran, se presienten, se desean, 

se acarician, se besan, se desnudan, 

se respiran, se acuestan, se olfatean, 

se penetran, se chupan, se demudan, 

se adormecen, despiertan, se iluminan, 

se codician, se palpan, se fascinan, 

se mastican, se gustan, se babean, 

se confunden, se acoplan, se disgregan, 

se aletargan, fallecen, se reintegran, 

se distienden, se enarcan, se menean, 

se retuercen, se estiran, se caldean, 

se estrangulan, se aprietan, se estremecen, 

se tantean, se juntan, desfallecen, 

se repelen, se enervan, se apetecen, 

se acometen, se enlazan, se entrechocan, 

se agazapan, se apresan, se dislocan, 

se perforan, se incrustan, se acribillan, 

se remachan, se injertan, se atornillan, 

se desmayan, reviven, resplandecen, 

se contemplan, se inflaman, se enloquecen, 

se derriten, se sueldan, se calcinan, 

se desgarran, se muerden, se asesinan, 

resucitan, se buscan, se refriegan, 

se rehuyen, se evaden y se entregan. 

  


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Mi work in progress de poesía

Publicado en Poemitas. el 30 de Octubre, 2009, 10:00 por P_Barchesi

                                             

                  

                     

Interminable (el título)

no queda nada

ni el rocío, la helada

los pájaros, el  fuego, la mañana

pero todavía

en sueños, pesadillas,

siempre

mamá, papá.

                     

                        

Otro escrito.

Sonidos

estampidas de consonantes

como hachazos en los oídos

que hacen rechinar los dientes

hieren sensibilidades

derroche de sentidos

sin anclaje en ninguno

sintagmas, fonemas

desperdicio de figuras

que pueblan el espacio

invadiendo mi silencio.

                 

                   

 

Otro

cuando la nada será

esa batalla de insistir y claudicar

el ser terminará

un día , no sé cuándo

llegó el tedio, la fatiga

ya no más preguntas

y aún queda seguir

nombrar con diferentes palabras

mi desencanto,

de un paraíso que no fue,

poder nombrar,

encontrar la forma de decir

como tu canción última, Miguel 

pintada está mi casa

no vacía

del color de las

grandes pasiones y desgracias.

                                                                    Patricia Barchesi

Para niños y adultos con su infancia a salvo...

Publicado en Sugerencias. el 29 de Octubre, 2009, 17:46 por MScalona

el mismo equipo de MOC y POC, Pescetti

 y compañía Teatral Rapalá

Los que vieron aquella obra saben

NATACHA! by you.

¿Seré yo?¿Llegaré a ser...?

Publicado en relatos el 29 de Octubre, 2009, 13:52 por Ale

LECHON NAVIDEÑO

 

 

 

Aquel 23 de diciembre la radio arrancó a las 6:00 AM. En rigor, nada muy diferente a otros días. Según el locutor, grave, la crisis Estados Unidos – Corea por los misiles nucleares entraba en una fase definitoria. Después ratificó que eran las 6:07. Primero clavó la vista en el ventilador de techo que apenas podía en su lucha con el aire húmedo del incipiente verano. Estuvo unos minutos así, hasta que se sentó en la cama mientras forzaba sus entrañas y dejaba escapar un ruidoso pedo. Se rascó los tobillos y volvió a fijar la vista. Ahora, en las manchas de humedad de la pared. Memoria de la inundación. Un metro y medio de agua. Fresca todavía la imagen de la heladera flotando en la cocina, amarrada por el enchufe. Lo poco que le quedaba de esperanza escurriendo por la cañada rumbo al Coronda. Con las palmas de sus manos hacia abajo golpeó sus muslos. Se puso de pie. Desnudo caminó hasta la galería. Orinó intentando hacer blanco en una mata de pasto amarillento. La humedad y el gris le dieron la sensación de que el cielo estaba un poco más bajo, más cerca. Pero ya no creía en nada, de manera que la percepción lejos estuvo de tener algún significado religioso. En todo caso, la Cañada tenía un aspecto un poco más pálido que el habitual. Sin más remedio callado apuró unos amargos. La radio seguía despachando calamidades acerca de Estados Unidos, Corea y los misiles. Le produjo el mismo efecto que el empate de Deportivo Riestra con Yupanqui. Malhadadas circunstancias lo habían convertido en un bárbaro. ¿En qué podía afectarle la crisis de los misiles? ¿En qué podía cambiar su vida? El ruido del mate vaciándose fue lo suficientemente poderoso como para inhibir cualquier intento de involucrarse con el mundo que, ahí afuera, acechaba. Recordó que esa tarde, después de preparar la última tanda de lechones navideños, iría a ver a la Norita, su esposa. Ultimo anclaje al mundo de los afectos aunque las cosas no marcharan bien. Ella, aun, era un aceptable soporte. Hasta pensó que podría brindarle un sosiego, temporario, a su compulsión por masturbarse. La recordó, la imaginó, desnuda. Salió de la casa y caminó hacia el galpón donde los que iban a morir esperaban su irrevocable destino. Desfasado, su cerebro comenzó a bombear sangre al pene. Bajó la vista. Tuvo que dejar caer la camisa por fuera de la bermuda, alguna vez un pantalón de traje. Su peón, El Tuerto, ya lo esperaba. Ni se miraron. Entró al cuadro donde cincuenta lechones se aplastaban, desesperados, contra el lado opuesto. Diez de ellos no verían el final del día. Uno, en particular. Un negro fajado, hermoso animal de quince kilos, muy bien conformado, cuartos traseros perfectamente redondos que se le había escapado en un par de oportunidades. "Hoy te hago cagar hijo de puta", murmuraron sus labios. Tanteó el cabo del cuchillo, atrás, en la cintura. El lechón, ojos desencajados por el pánico, recurrió a todas las tácticas a su alcance para esquivar a la muerte, que en forma de bestia erguida se le abalanzaba, que resbalaba en la bosta, que caía, que volvía a levantarse. Hasta que pareció comprender que ya no tenía caso seguir y se quedó inmóvil, su trompa clavada en un rincón, la vista fija en el ángulo formado por las paredes grises. Ni siquiera agitó las patas cuando la furia asesina, tapada de mierda, lo agarró por atrás y lo arrastró hasta fuera. "Negro tenías que ser" vociferó desquiciado mientras lo aseguraba al piso de hormigón clavando su rodilla contra las costillas del pobre cerdo. No podría asegurarse quien respiraba más agitado. Aprestó el cuchillo mientras clavaba la mira en el cogote del condenado. Una estocada certera, así debía hacerse. La sangre escaparía a borbotones junto a un ronco, postrero quejido. Algunos decían que parecía el grito de un bebé. Eso no lo preocupaba. Y fue entonces que sintió la voz del Tuerto:

-              ¿Hace mucho que no lo ve al Gerente de la Cooperativa?

Ese turro pensó. Lo tenía agarrado de las pelotas. Le había fiado maíz para los animales, después plata. Ya se había quedado con su camioneta. Y ahora estaba a punto un terrenito en el pueblo. Lo único que le quedaba fuera de la Cañada.

-              ¿Qué le pasa al conchudo?, preguntó mientras su mano izquierda atenazaba las orejas del animal, que lo miraba, ya calmado en la inevitabilidad de los próximos segundos.

 

Y mientras el cuchillo ya iniciaba el viaje hacia la yugular de la pequeña victima ofrendada a la navidad, volvió a oír al Tuerto que hincado atrás suyo, la boca a la altura de su oreja, le decía "Se la está cogiendo a la Norita". Y en ese tan corto lapso de tiempo, el cuchillo, su recorrido levemente descendente, la confesión, a él no le quedó ninguna duda que el lechón negro fajado, sardónico, sonrió. Recién después llegó la sangre…

 

 

                                                                        Alejandro  Caponi

Terrorótico, que leí en la FEL

Publicado en relatos el 29 de Octubre, 2009, 11:26 por Berón

No me busques

 

Siempre le habían gustado los pies desnudos; blancos, casi nacarados y con suaves venitas púrpuras que recorren el talón, atraviesan el nudillo y se pierden entre las piernas de mujeres a veces no tan magníficas, pero con uñas redondeadas y dedos finos y huesudos, sin margen de error, con pequeños huecos para besar, chupar, apretar con la lengua y mordisquear apenas, lo suficiente para un gemido corto, una respiración distinta. A ella le gustaba eso, la caricia, los senos rozados y los pezones que, a poco de lenguas perdidas; se endurecían. Y le gustaba su espalda y su cola, morder, besar, succionar y darlo vuelta en las sábanas y sentir también sus venas y, aunque parezca tonto, no entender de esas durezas que, a esa altura, no son bromas ni chiste fácil de oficina. Y ahí estaban, entre labios, entre brazos incómodos y manos calientes, y respirar y ojos en blanco y algún grito y alguna palabra que se dice sólo ahí y humedades y agitación y palmadas y un “si” largo, no pensado. Vino un viento desde algún lugar, una brisa incómoda en ese hotel al que nunca habían ido, era antiguo y tenía mucha madera y arañas de vidrio y luz tenue ( no estaban todas las lamparitas). El chiflete que se filtró por debajo de la puerta del baño lo dejó tonto. Le pegó en el estómago; un hielo en el ombligo y sobre el pecho. Paró las caricias. Se levant, un ruido fuerte, un grito, los espantó. Levantáron el tubo del teléfono. No se oía nada, los dedos pasaron de los cuerpos a las teclas y el corazón latía fuerte, en los dos latía. Fue a la puerta del baño, intentó abrirla; puso la mano en el picaporte, en ese hielo de bronce. Apret, giró y sintió un dolor intenso en los nudillos, la palma se le congeló. Se escuchaba desde el otro lado de la puerta un ruido igual al mar, cuando se pone el oído en los caracoles, luego un viento, un ulular. Ella se quedó en la cama, se puso el pantalón, el corpiño y las sandalias pero el píe comenzó a sangrarle, se le marcaron las venitas en la blanca pierna torneada y, como una bolsa plástica ,le explotaron, le llegó a él esa sangre oscura, pegajosa y la puerta desde donde venía ese ruido sin sentido comenzó a temblar como un terremoto, como que algo empujaba desde atrás. Ella se tapaba las piernas con las manos púrpuras, casi negras de sangre. Por algo él mantuvo la erección, la sangre no se movio del pene, no buscó la otra sangre,la de ella, que corrió y se tiró por la ventana, aunque nunca se encontró su cuerpo en la calle, un piso abajo.

 

 

 

                                                      Berón

DOMINIQUE FABRE

Publicado en De Otros. el 28 de Octubre, 2009, 18:12 por MScalona

nació en Francia, 1960




Al principio, con la madre de Benjamín, vivíamos en un departamento de dos ambientes, mi escritorio estaba en el cuarto, después, hará diez años, nos mudamos, y entonces tuve una habitación expresamente para mi escritorio, pero en realidad no la usaba, no me acordaba porqué, de todos modos. Ahora, casi todos los días, me instalo ahí un rato. Al volver al trabajo, me siento a mi mesa cinco minutos a la espera de la calma, o bien, a la mañana, paso como una ráfaga, sin motivo. Algo me espera ahí, pero ¿qué? En principio, mi escritorio me parece siempre habitado por alguien que nunca está ahí, ¡a qué se parece ese tipo! El sábado a la mañana, es ahí donde leo el diario. A veces, cuando se me da, me gusta escribir cartas. Tengo una foto de mi hijo y yo, él tiene trece años, estamos en Collioure, yo estoy separándome de su madre, trato de no demostrar nada. Es un día hermoso. Puse la computadora en el living. La uso bastante poco. Sólo se me dio por inscribirme en un sitio de encuentros. Muchos lo hacen en mi trabajo, no todos son casados. La foto de mi perfil ya está un poco vieja, no me decido a cambiarla. Pero a pesar de esa trampa no tengo más que unos pálidos encuentros. Mujeres obsesionadas con la edad, ansiosas por construir sus vidas. Por lo tanto, en la mayoría de esos encuentros, hice que se desengañaran rápidamente. También tengo fotos en el cajón de la cómoda, sobre todo de Benjamín. Por mucho tiempo intenté no mirarlas entre los fines de semana en los que tenía el derecho de tenerlo conmigo, de tan mal que me hacía a veces. Anais -su novia- me pidió que se las mostrara. Nos emocionamos los tres. Eso se parecía a una vida. Guardo dos en mi portafolios, una donde él debe tener diez años, estamos los tres, con su madre, y la otra, que tomamos en Buttes-Chaumont el año pasado, donde está él con Anais y otros tipos que están en el mismo laboratorio de biología, todos tendidos en la hierba. Ésa se las birlé una noche que me invitaron a comer, Anaís y él. Se las birle como raterito. Me quedé ahí cinco minutos.  A él también le echaron el guante. Decididamente el país no funciona más, la gente lo dice cada vez más seguido, y yo termine por creerles. A  veces también, sentado a mi escritorio, me asaltan los recuerdos, muchas veces son buenos momentos los que me esperan. Otras veces, en cambio, espero lo contrario, entonces no abro la puerta de esta habitación  en todo el fin de semana, para no amargarme.

         

Me causa placer haberlo visto otra vez. No le había preguntado nada, él me había hablado poco de si mismo, en definitiva. Quizá no tuviera nada que decir. Las cosas estaban como estaban. Sólo había decidido tomar una copa juntos, a la semana siguiente. No le había propuesto almorzar, porque no tenía mi libreta de reuniones. Estaba en mi escritorio, también tengo dos  agendas y un montón de más de los años anteriores. Mi madre también las guardaba. A veces, tachaba cada página, y escribía en estenografía las citas importantes para que nadie supiera qué eran. ¿A quien iba a importarle? Yo conocía las iniciales de su vida, y sin querer las imaginaba. Inicié bastante tarde una colección de tickets de cine, en una época iba mucho, después de divorciarme. Salía directamente de la oficina para ir al cine, cuando no me invitaban a los de mis amigos, y después, a la vuelta, me duchaba y me metía en la cama rápido, con algún somnífero. Así no tenía mucho tiempo de pensar en otra cosa. A veces, es cierto, eso no funcionaba, pero bueno… También coleccionaba tarjetas de visita, del tipo que encontrara, y un verano, solo me fui diez días con Benjamín, y las había pagado todas, unas contra otras, después de ponerlas en hilera, eso me había llevado dos días. La época en que se compraban posavasos en París, y me había pasado dos días en eso. ¿Por qué estaba así? Guardé mucho tiempo estas tiras sin atreverme a colgarlas en la pared, y además, un día, vino una mujer a mi casa que las miró de un modo divertido, y de golpe comprendí. O más bien no comprendí pero como quería seguir con ella, comprendí que sin dudas hacía falta algún que otro esfuerzo con la decoración. Silvia. 1997. Era el año en que su CV parecía tener más huecos, mal disimulados. ¿Ocho años de desbarajustes? 1997: con Silvia, habíamos convivido casi dos años. Hicimos el esfuerzo, pero cada uno en un sentido, y eso terminó por alejarnos. Y después ella encontró un hombre más joven que ella, algunos años, del que estaba "locamente enamorada". Me gusta esa expresión, la escribí atrás de una tarjeta que le mandé de Martinica, con un signo de interrogación. Fue una idiotez de mi parte, evidentemente. Nunca me respondió la pregunta. ¿Había amado tanto como ella yo también? ¿También había sido amado?

               

Frag. de novela   LOS TIPOS COMO YO,

Edit Beatriz Viterbo, Rosario 2009

Pag. 28 a 31

Lenguajes (otra vez..!)

Publicado en General el 27 de Octubre, 2009, 22:45 por Felicitas Maini

LENGUAJES.

 

 

Hacia un rato que esperaba. Me concentré en el vodka, revolví los hielos con el dedo. Estaba otra vez en mi centro. Había encontrado el modo de no ser yo, de jugar en silencio el juego que mas me gusta.

Lo vi entrar. Algo en su forma de caminar, como escapando de la calle, me hizo elegirlo. Se acodó en la barra y le sirvieron un gin, lo conocían.

Me acerqué. Lo toqué en la mano y se dio vuelta. Lo miré. Buenos ojos, verdosos, alejados. Le dije de una y sin respirar:

-No me importa tu nombre. No quiero saber quien sos ni que haces. Quiero coger. Tener sexo.

Si hablaba mucho, o venia con algo del  repetido y aburrido discurso de hombre en la conquista, me iba.

 Pero no. Me miró. Supo que andaba sola, sin esperar, igual que el.

 Después de todo estamos en los días de la muerte de los relatos. No hay grandes historias ni finales perfectos, nada más que momentos, únicos, pasajeros.

 -Estás segura?

Asentí levemente

-Nada raro?  preguntó.

-Nada…..sólo sexo, puro, descerebrado. Todo lo que nos guste. Sin hablar, ni explicar;  nada que contamine el juego. Ahora, hoy, ponerlo todo, sin compromiso ni segunda vuelta. Nada más.

Me escuchó sin sorprenderse. “Es inteligente” pensé.

-Vamos a tu casa?

-No, a la tuya tampoco.

-Vale la de un amigo?

-Vale.

Lo sigo en mi auto. A pocos minutos se baja delante de una casa inglesa, con galería. Detrás se adivina un jardín añoso, sobre la doble agua del techo  asoman castaños, inmensos y oscuros.

Entra por un gran living, va hacia una habitación y aparece una luz que me guía. Dudo un instante en la puerta, brevemente.  

Y lo oigo. Una mano en mi pelo. Y lo huelo detrás mío.

Y vuelvo a olerlo como sabiendo que la fidelidad queda guardada en el olor único del primer hombre, que en verdad este no es el primero, pero después de tantos  me encuentra virgen en esta ignorancia, sentimiento infantil, casi olvidado, peligroso. Y me asusto. Quiero irme pero la calentura me ata los pies, me clava en el piso.

Y la mano está en mi cuello.

No es más alto que yo.  Es moreno, como bruñido. Me mira a mí que no lo miro. Es intenso, desconocido. Se acerca mas y me toca…pero no, sólo me desnuda, lentamente, sabe que me gusta.

Busco la cama, cierro los ojos, prefiero sentirlo. Si lo miro y me perdono, mis manos dejan de ser el lenguaje. Y me da vuelta y me tiene entre sus piernas y viene hacia abajo por mi espalda.

Y me hace sentir en la piel todo el sexo erecto, ansioso, buscando. Siento su aliento en mi nuca y ríe, en silencio pero ríe. Y susurra algo que no entiendo porqué ya nos enfrentamos, lo envuelvo en mis piernas y lo toco, me toca, lo recorro, lo acabo y lo veo sobre mí pero lo pierdo porque me voy, me concentro en cada segundo de cada orgasmo y me alejo de los rumores. Recupero los sentidos. Estamos juntos: una mujer que goza y un hombre que la busca, hambriento. Hasta que descansa y se echa cerca de mí. Está agitado, respira fuerte, pone en mi cadera una mano despareja que me calma.

 Pero no quiero calmarme.

 Me tiendo sobre el y lo provoco, lo empujo. Otra vez. Se que sonríe, lo tengo en mi cuello. Lo sigo, hago lo que me pide y esta sumisión lo excita,  inventa,  crea, la pasión perfecta, cerrada en un juego dañino y amoroso.

Termino y me voy. Sin mirarlo salgo de la habitación.

 Encuentro un vino y copas en la cocina. Me siento en la galería, estoy mojada y el viento me da frío. Dejo de pensar, me concentro en el deseo mirando mis pies, blancos y relajados.

Vuelvo y lo miro. No se para qué, se ha tatuado en mi piel.  Sin abrir los ojos me pide que me quede. No se si quiero. Me voy callada.

Ya en el auto miro el numero de la casa, 1618, la medida de la perfección universal. Casualidad.

 

 

Ultimas de la FEL

Publicado en Fotitos. el 27 de Octubre, 2009, 22:23 por dvaldez

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Publicado en Fotitos. el 27 de Octubre, 2009, 22:16 por dvaldez

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Publicado en Fotitos. el 27 de Octubre, 2009, 22:11 por dvaldez

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Publicado en Fotitos. el 27 de Octubre, 2009, 21:07 por dvaldez

PÁGINA POESÍA de ROSARIO

Publicado en Sugerencias. el 27 de Octubre, 2009, 13:10 por MScalona

r e c o m i e n d o

                v i s i t a r

poesía  de  ROSARIO  

http://www.terraustral.com.ar/

La serpiente

Publicado en General el 27 de Octubre, 2009, 13:01 por .:. Fran .:.

La conocí en un bar. Me acuerdo de ella por el perfume de durazno y porque después de hablar cinco minutos me agarró la mano y me dijo: me gusta tu mano, porque tiene dedos grandes, pero la palma chiquita. El Ruso cuando nos presentó me había dicho que estaba medio loca. No sé si a ella le había dado de las pastillas que él estuvo repartiendo, en todo caso la mía todavía no hacía efecto. Una hora después de conocernos entrábamos a mi departamento. Revisé mentalmente y todo estaba correcto; el compact de Aretha Franklin, un vino en la mesada, preservativos en la cajita de arriba de la biblioteca. ¿Tomás algo?, le pregunté. No, mejor no mezclar ¿vos de dónde lo conocés al Ruso?  De la vida, le respondí, el era amigo de un amigo y siempre nos conseguía material para las fiestas. Me gustan las fotos, ¿las sacás vos? Sí, le dije, en el cuarto hay más. ¿Me las mostrás? Cinco minutos después dábamos vueltas en la cama.


Un dedo y entrecorta la respiración. Su espalda, como una serpiente, hace curvas con cada cambio de aire. Ella sonríe y hace juegos con la lengua.


Dos dedos y el primer quejido, su mano agarra mi mano e intenta suavizar el movimiento. No la dejo. Con la mano que me queda libre le agarro el brazo y se lo corro hasta arriba de su cabeza, lo sostengo ahí para que no lo mueva.


Tres dedos y abre tanto los ojos que sus pupilas quedan solas en un espacio blanco. Despacio, que me hacés mal. ¿Despacio? ¿Qué despacio? ¿No era esto lo que querías?, yo empezaba a descontrolarme. Basta me hacés mal. Yo sabía que ella estaba jugando, en ningún momento trató de cerrar las piernas. No putita, vos quedate quietita que vas a ver que te va a gustar. Entonces me di cuenta que algo en el dialogo estaba mal y que el color de la frazada se realzaba, solo veía violeta y rojo. Sentí que tenía el cuerpo extraño y que podía seguir con el juego. El puño completo estaba adentro, ¿te sigue pareciendo que tengo la mano chiquita? Ella ya no me escuchaba, todo era líquido. Hubiera jurado que le agarré el estómago y se lo arranqué. Me lo hubiera comido si las líneas de la manta no me hubieran atrapado y dejado ahí, inmóvil entre franjas violetas, viendo como ella se convertía en una serpiente, como su sexo era en realidad la boca de esa serpiente que devoraba mi brazo casi hasta el hombro. Empecé a gritar. La serpiente se petrificó convirtiéndose en armadura para mi brazo en medio de un escape por un bosque japonés con cuarenta guerreros que rastreaban mi sombra. Yo escuchaba el ruido del bosque, las pisadas que me perseguían y de las que ya no podría escapar.

 

Me desperté y estaba sólo, pero la almohada tenía su olor.     

francisco kuba  

felafull...

Publicado en Fotitos. el 26 de Octubre, 2009, 14:05 por MScalona
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los lectores...

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bienvenida discreta en el hall...

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Escultura salvaje y espontánea que el dueño de casa

encontró en la naturaleza; el tiempo y el desgaste (del uso?)

propio de los materiales le han dado esta forma:  "la forma está

dentro de los materiales, hay que agujerear hasta que aparece..." 

del sábado, FEL 2º...

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Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-