"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




28 de Septiembre, 2009


salimos de gira ...

Publicado en General el 28 de Septiembre, 2009, 20:15 por negrointenso

Alción  Editora  

tiene el agrado de invitar Ud./s  a la presentación del libro

Comida china

de

Verónica Laurino/ Carlos Descarga

el domingo 4 de octubre a las 19 hs en el local de la Unión de Educadores

de la Pcia. de Córdoba.   San Martín 1382.  Marcos Juárez (Cba).

Presentación a cargo de la Prof. Laura Castellano. 

 Los autores leerán sus poemas y habrá un cuadro de expresión corporal basado en los textos.  

Otro de humor...

Publicado en Cuentos el 28 de Septiembre, 2009, 16:18 por G_Bussi

Yun

          

              

Me acuerdo como si fuera hoy. Era un día de fines de febrero y en Río Negro hacia un calor insoportable. Si no fuera uruguayo, esto sonaría como una joda para algún argentino. Yo era un pichi que trabajaba en Yun Cablecolor, la única emisora de televisión de la localidad homónima (Young en los mapas). Estaba ordenando un socotroco de papeles que tenía arriba de la mesita y en eso entró Fernando como una tromba, y me lo escupió en la cara, como un viandazo. "¡Viene Yun a Yun!" dijo. "¿qué?". Le respondí "¿te hizo mal el calor? "Andá a roncar el culo un rato y volve". "No", insistió con los ojos desencajados, "Viene Yun.  Pol Yun", viene la semana que viene a cantar en la Expo Láctea. Me quedé sin palabras. "Hablá, decí algo". Insistió Fernando. "¡Me quedé sin palabras te dije!", grité enojado, sin recordar que lo anterior había sido un pensamiento. "Y no termina ahí", continuó Fernando, "el viernes a la mañana tenés que ir a buscarlo a Carrasco. El cable hace de anfitrión". De nuevo me quedé sin palabras.

Pol Yun en Yun. Un sueño hecho realidad. No podía ser cierto. Durante años había coleccionado sus discos, en realidad 5 años, porque ese era el tiempo desde el que me había convertido en un autentico fanático de Yun, valga la redundancia. Corría el año 1991 y Yun venía de una exitosa gira con el cantante italiano Zucchero. "Senza una donna" sonaba en todas la radios del país. Después me enteré que su llegada a Yun, tenía que ver con una parada técnica obligada que le había impuesto la compañía discográfica Warning Brothers, para hacer coincidir, por cuestiones de logística, su gira latinoamericana con la africana que comenzaba después de Yun. "Es obvio que Yun queda a la misma altura de Sudáfrica, no se va a ir desde Buenos Aires a Sudáfrica ", me dijo Fernando convencido "¿pero si va en avión?" le conteste "ahh, vos siempre buscando el pelo en la leche" me respondió fastidiado.

Definitivamente, Yun no era un cantante más para mí. Había logrado lo que ningún artista foráneo pudo conseguir desde mi niñez: disputarle palmo a palmo un lugar de privilegio en el olimpo de los dioses de la música uruguaya, al Canario Luna o al mismísimo Don Alfredo, y en solo 5 años! Ya sé. Yun es inglés, pero yo vivía en un pueblo con el mismo nombre y era yorugua a muerte, así que a relevo de partes, las pruebas se pueden ir bien al carajo. Hace cinco años, cuando escuché por primera vez "ebri taim iu gou o guey", su póster de camisa blanca y cabellera ligeramente larga en la nuca, se había ganado un lugar de privilegio al lado del Manya campeón de la Libertadores del 75. Si hasta a veces me despertaba de noche, y cuando miraba los dos posters, me parecía ver al Nando Morena de camisa blanca, y a Yun en cuclillas sosteniendo el esférico con su mano izquierda, los dos como piezas inalterables del mismo equipo de los sueños.

Con todo el entrevero que había provocado la noticia de la llegada de Yun a Yun, el viernes llegó como chicotazo. Estuve todo el jueves lustrando mi daihatsu anaranjado para llegar de la mejor manera posible al encuentro tan esperado, al menos para mí. Por suerte tomé la precaución de salir temprano y lo bien que hice. La ruta estaba terrible. Dos camiones de ANCAP y uno de CONAPROLE me hicieron la vida imposible todo el camino. Pero llegué al aeropuerto 15 minutos antes que el avión, una maravilla. Como soy previsor, me había llevado un pedazo de cartón debidamente cortado en forma de cuadrado, para escribir el nombre de la persona que iba a buscar, en este caso YUN, como hacen en las películas. Entre por el  jol central del aeropuerto y me fui hasta la plataforma que me habían dicho en el canal. Estuve un rato mirando como bola 4 para todos lados y nada. Hasta que de pronto, mi vista encontró la imagen en cámara lenta de dos personas que se acercaban hacia mi. Un ponja de baja estatura, con el corte de pelo de Carlitos Bala del otro lado del charco y junto a el un hombre robusto que avanzaba riéndose. Quedé pasmado. Reaccioné cuando escuché la voz del ponja: "Patricio Morita, Representante para Latinoamérica del Señor Paul Young", dijo, en un tono tan porteño como repugnante. "Danilo Rial, Periodista, para servirle" respondí. Entonces me di cuenta que Yun no se estaba riendo y que una cirugía plástica había inmortalizado aquel gesto, como en ese video clip que aún recordaba. Yun me extendió su mano con una sonrisa, o mejor dicho con su única sonrisa, y asintió con la cabeza sin decir palabra. Traté de disimular lo mejor que pude mi apichonamiento, y salí disparado para la puerta del Carrasco pronunciando un inaudible "por acá".

Ya en la ruta,  con el ponja sentado a mi lado y Yun en el asiento de atrás, inmutable, como su sonrisa, iba tratando de procesar la extraña sensación que me había dejado el encuentro con estos dos personajes. "Acá hay gato encerrado", me dije, pero traté de disimular lo mejor que pude. Así, cuando íbamos subiendo una cuchilla, hice una adaptación cinematográfica de la historia de los 33 orientales, aunque reconozco que intimidado por la presencia del argento oriental, o viceversa, ensaye un remate del cuento un poquito exagerado. " Y justo ahí, Lavalleja, rodeado por los portugueses, se quitó la vida haciéndose el harakiri con una bombilla de alpaca", finalicé y el ponja me miró un tanto extrañado, mientras Yun acompañaba mis dichos con un leve movimiento de cuello hacia delante, como tarareando una canción.

Cuando llegamos a Trinidad, decidí que era una ocasión ideal para hacer rancho aparte y meditar mejor sobre la situación. "Paro a cargar nafta" dije y no obtuve respuesta. Ya en el minimarket de la estación y mientras pagaba la cuenta, pensaba como podía hacer para sacar al ponja de su fraseo en monosílabos o en su defecto, como hacerle decir alguna palabra en criollo al muñeco de Yun. Entonces, fue cuando Artigas desde su caballo en la plaza frente a la estación, me señalo con su dedo unos objetos que colgaban detrás de mí en una de las góndolas del minimarket. "Salamines regionales Danilo" exclame para mis adentros, "Como no se me ocurrió antes", "Esto hace hablar hasta los muertos". Sin embargo, peque nuevamente de exceso de garra charrua. Cuando metí el primer bocadillo discursivo mientras me acomodaba en el asiento, mi estrategia se vino a bajo como la popular del Centenario. "Les traigo unos salamines de Durazno que son para chuparse los dedos" dije entusiasmado. El ponja me miro entre desconcertado y asqueado. Yun continuaba vigilándonos desde atrás con su eterna sonrisa, ajeno a todo.

Ya sin esperanzas de poder descubrir que estaba sucediendo en mi propio vehiculo y a mis espaldas, y al costado, y hacia delante también, me limite a cumplir el rol de conductor eficiente. Cumpliendo ese rol estaba, cuando el ponja salio de su mutismo y puso sobre mis piernas un CD plateado y sin inscripción alguna. "Ponga el tema 5 – Oh Girl" – me susurró al oído. Confieso que me agarro frió, sino no le hubiese dado bolilla. Entonces puse el CD y la canción interpretada por Yun  comenzó a sonar en el interior del auto. Unos minutos mas tarde, a unos pocos kilómetros de Yun, cruzando el puente sobre el Rió Negro, el ponja volvió a hablar. "Tome ese camino de tierra a la derecha". "Pero si ya estamos..." arranque la frase, cuando el ponja se corrió levemente el saco y dejo ver una rémington automática.

Anduvimos por un caminito de tierra durante un buen rato, hasta llegar a la orilla del río."Detenga el auto" dijo el ponja como un autómata. Una gota de mate frió me corría por la nuca, cuando volvió a hablar. "Suba el volumen". Entonces puse la canción tan fuerte, que la voz chillona de Yun podía haber tapado los tambores de la falta y resto y los diablos verdes todos juntos. "Lo que voy a decirle es absolutamente confidencial" arranco el ponja desgraciado, con voz de abogado. "El Señor Paul Young perdió la voz en un concierto en Montreal en el año 1986, producto de un enfriamiento de sus cuerdas vocales que ligado a una predisposición genética hizo que el fenómeno fuera irreversible", culmino ahora con tono de científico de la NASA. Y ahí nomás empalmo con los avisos familiares. "Sabemos que su padre es empleado de una fabrica de pastas en Canelones", y se detuvo para esbozar una sonrisa "¿De carajo se ríe?, pregunte indignado. "De nada"..." "Como decía...sabemos donde vive su padre...y por razones obvias le solicito total discreción. Además, siendo Yun Cablecolor responsable del sonido y la iluminación del recital, no queremos que haya ningún inconveniente en esos aspectos. Me explico?". Acto seguido, el ponja bajo el volumen de la canción que estaba perforando nuestros tímpanos, y todavía aturdido, pude ver a Yun por el espejo retrovisor, ausente, señalando una vaca.

La noche del recital de Yun, la ciudad parecía vivir la fiesta de San Juan, como la canción de Serrat, solo que además del prohombre y el villano, estaban los blancos, los colorados, los del frente amplio y la mar en coche. El escenario y la escena eran perfectos. Yo estaba agazapado y confundido en la cabina de sonido, que por obligación debía ocupar ese día. Me sentía estafado. Pero más que eso.  Defraudado era la palabra. Sentía que todo Yun se había convertido en el Maracaná del 50 y yo era uno más de los de afuera y encima de palo. Entonces sucedió algo mágico, como en un cuento. Cuando estaba controlando los agudos, moviendo las perillas de la consola en forma casi maquinal, un error en mi pulso, hizo que uno de los bafles cercanos al escenario emitiera un chirrido insoportable, que hirió de muerte la tranquilidad de un mulato que en ese momento agitaba la banderita uruguaya. "¡Que hacés chambón!"…me gritó con toda su ira y hoy se lo agradezco, porque me hizo reaccionar.

"Arrancamos con every time you go away", me dijo Fernando por el auricular en un perfecto ingles, y bastó con eso para que ponga en marcha mi plan. "Fuegos artificiales" continúo Fernando y la noche se iluminó como en el carnaval. Después, se escuchó el aullido de la multitud y Yun hizo su entrada triunfal, sonriendo, por supuesto.

Lo deje hacer todas las monerías con las que solía deleitarme: arranco moviendo el micrófono, siguió gesticulando con las manos,  y cuando empezó a tirar besos a las minas, puse mi dedo índice sobre el interruptor. "Hey" dijo su voz grabada y lo que siguió fue muy parecido a la cara de un  fubolista cuando le pegan un pelotazo en las bolas, obligado a convertirse en mimo de un segundo a otro. Después, vinieron corridas, "araca la cana" ...grito Fernando, pero para ese entonces yo había desaparecido del lugar.

Esta tarde, en Santana Do Livramento, me acordé de ese día. "La Warning Brothers tiene gente por todos lados" me había dicho el ponja en tono amenazador. Pero quién va a buscar en una esquina de "la otra ciudad del Este", y más aún se va a fijar en un vendedor ambulante de CDS y DVDS truchos. Siempre le voy a estar agradecido a Fernando por el contacto que hizo con el vendedor brasuca. De alguna manera remendó su error.

Por las dudas, me encargué de borrar de mi vida todo lo relacionado con Yun. Cuando me dan ganas de comer chivito o ver la celeste, me cruzo la frontera y listo. Y si me dan ganas de escuchar Yun, sintonizo samba en alguna FM local y enseguida me olvido de todo.

GERARDO BUSSI

IRENE GRUSS

Publicado en De Otros. el 28 de Septiembre, 2009, 11:21 por MScalona

Irene nació en Bs As en 1950

                       


YO ME ACUERDO cuando una vez  a la tarde no fuimos a la playa porque mi abuelo se murió en el jardín de adelante. Estaba jugando con él a subirnos a las rejas de la ventana, y de repente él se cansó y me dijo que iba a dormir una siestita. Yo estaba parada junto al rosal, entonces él vino y se acostó al lado mío para dormirse acompañado. Pero vino mi madre y la abuela Sara salía y entraba de la casa a los gritos haciendo un escándalo que no entendía. Lo van a despertar, me decía yo, está lo más tranquilo y lo están molestando. Y a mí me sacaron del jardín y después no pudimos ir ni a los médanos. Me gritaban que me quede quieta y callada. Y mi abuelo se fue, porque yo no lo vi más. Y ahora cuando me preguntan digo que se murió a la siesta. Ni él ni yo nos hicimos problema. Estaba tan tranquilo, y ellos vinieron y lo jorobaron todo el tiempo. Lo taparon con una lona grande que llevábamos a la playa para acostarnos todos juntos y a mí me decían que salga de ahí, no ves, que vaya a la cocina. Y no lo vi más. Ni a mi abuelo ni a esa lona tampoco porque dijeron que no servía, que estaba vieja.

ESTOY EN EL ESTUDIO. La abuela Sara me puso una banqueta a un costado así miro tranquila lo que hace. Acá no tengo que hablar y tampoco me dan ganas porque entra una luz linda por el ventanal y la abuela canta suavecito mientras prepara el yeso y se enjuaga las manos y vuelve a agarrar la espátula. La modelo es una señora grande y se queda quieta como yo porque la abuela le pide que se ponga así, con la luz que le da de costado.

La abuela Sara se ríe siempre, no se enoja nunca. Cuando hacen un descanso, nos lleva a la modelo y  a mí a la cocina y prepara gajos de manzana para cada una. Reparte los gajos y abre grande las manos; después vuelve a lo que hace como si nada le pesara, liviana va. Yo miro y a veces no veo la hora de que termine porque al final viene lo más lindo: la modelo se baja de la tarima, me viene a buscar y me levanto y las tres comemos frente al ventanal unas naranjas rellenas con esa crema rica que mi abuela hizo a la mañana. Se ríe y la modelo y yo también. Es lo más lindo porque la luz nos da a las tres juntas y da ganas de ponerse a bailar. La abuela a veces pone un disco y no enseña a bailar chacarera o zamba. Me gusta cuando se enjuaga las manos, se las seca con el trapo y el olor le queda igual, una mezcla de olor a yeso con ese perfume que tiene siempre. Casi no me traen a esta casa pero es lo que más quiero; no hay ruido.   


                                       

De la novela  LA LETRA FAMILIAR,  Ed. Bajo la Luna,  p. 4

De la novela  LA LETRA FAMILIAR,  Ed. Bajo la Luna,  p. 4

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-