"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




21 de Agosto, 2009


Jesús Orta Ruiz

Publicado en De Otros. el 21 de Agosto, 2009, 17:34 por G_Gervasoni

Entonces yo era un mago…

                               

             

Mis primeras amantes

fueron especiales.

Podían estar lejos y estar cerca.

Entonces yo era un mago

y las llevaba

adonde yo quisiera.

No se enteraron nunca

que estuvieron desnudas en la yerba,

entre mis brazos, a la orilla

de la cañada fresca,

y se casaron vírgenes.

Encontrando a Barthes

Publicado en Nuestra Letra. el 21 de Agosto, 2009, 10:16 por CELINA

                                                                           

                                          BÚSQUEDA FRENÉTICA

          

                                                                                             

  

       Miro de reojo el reloj sobre la mesa de luz. Las 4,30 de la madrugada. ¡Mierda! dentro de dos horas me tengo que levantar y todavía no conseguí dormir. Oscilo entre la realidad y el sueño. En el medio, sueño. Aunque no estoy segura de si es un sueño o es mi cerebro que nunca descansa. Cuando era chica con mi hermana nos contábamos lo que habíamos soñando la noche anterior, la mayoría de las veces debía inventar algo porque no lo recordaba. Se supone que todos soñamos, es un proceso necesario. Si no te volvés loco. ¿Sería eso lo que me estaba pasando? Al no poder soñar, me estaba trastornando. De todos modos, nunca me consideré demasiado normal. ¿Qué era ser normal? En medicina la acepción es bastante concreta. Los resultados de laboratorio tienen "límites normales". Una ecografía se informa como "dentro de parámetros normales". Con bastante seguridad se puede decir, desde aquí hasta allá es normal, si te pasás, te enfermás. Con respecto a la psiquis,  emociones y demás, la cosa era un poco más confusa. Lo que para uno puede ser algo totalmente normal a otro le puede resultar un disparate. Y yo me consideraba un poco rayada. No hace falta salir desnudo a la calle para serlo. Lo mío era una cuestión mental. En las formas, todo bien. La gente solía tener impresiones equivocadas sobre mí. Al menos al principio. Formal, estructurada. Solían sorprenderse después cuando escuchaban algún comentario que no tenían previsto en "su" imagen de lo que yo era. Me divertía. Todos prejuzgamos. Sólo me intrigaba, un poco, si la nueva imagen se volvía positiva o negativa. Si pudieran tener acceso a los misterios de mi mente se llevarían flor de susto. ¿A todos les pasaría lo mismo? 

  El punto era que a casi las cinco de la mañana yo no había dormido, no recordaba si lo que había soñado era un sueño y estaba inmersa en una autodisertación sobre la normalidad que no me llevaba a ningún lugar, salvo a seguir sin poder dormir.

   En lo que creía era un sueño, Roland Barthes o el que yo pensaba que era, porque en realidad no conocía su aspecto para decir que era, pero yo sabía que era él, daba una charla sobre su libro "Fragmentos de un discurso amoroso". Encima soñaba con muertos. No era aprensiva, pero prefería soñar con vivos.  Por eso dudaba de que fuese un sueño, creo que era mi mente que no podía despegarse del hecho de tener que escribir un relato barthiano. Si eso había sido un sueño era más bien corto, por lo menos podría haber aprovechado y decirle que me ayude con mi relato. Quién mejor que él.

  Cuando  finalmente sonó el despertador mi cabeza parecía a punto de estallar. Me tomé un Migral y me metí bajo la ducha caliente. El agua purifica.

  No fue sino hasta llegar a la mitad de mi café cuando recordé que tenía que reunirme con el arquitecto. Gustavo. ¿Cómo pude olvidarme si yo le pedí de reunirnos? Acto fallido. La verdad era que me había arrepentido, si no tenía nada para decirle. La excusa que le puse era eso, una excusa. Lo único que en verdad deseaba decirle y no me animaba, era que no podía dejar de pensar en él y que quizás esa era la razón de mi insomnio. Que si por las noches durmiera a mi lado y pudiera sentir su cuerpo tibio junto al mío, si pudiera sumergirme en sus ojos imposiblemente azules...., otra vez la literatura, eso era parte de un relato mío, que a su vez lo había sacado de otro, además sus ojos no son azules, son castaños o marrones, como la gran mayoría de la gente. Normales, pero hermosos. Me había transformado en una intratable total. Me sorprendía intentando escribir poesías patéticamente cursis que terminaban en la papelera de reciclaje, o escribiendo relatos donde terminábamos juntos y felices para siempre. Sacaba lo peor de mi romanticismo que afloraba sin cesar, y yo sabía que debía guardarlo bajo llave. Pero no se puede nadar contra la corriente. El intentar controlarme me volvía más intratable. Y todo esto del minimalismo, realismo sucio, figura barthiana me estaba sacando del todo. Yo era la enamorada en busca del relato. Le echaba la culpa a eso, pero sabía que él era el motivo de mi desasosiego. Enamorada, de él. Lo disfrazaba, lo ocultaba. De todos modos debía escribir ese relato; lo intentaba, nunca alcanzaba. Vivía ficcionando realidades e intentando volver reales las ficciones. Él era mi ficción. Si algo había aprendido con la literatura era que no hay imposibles. Bastaba sentarme, hacer click y listo. La vida, la vida es otra cosa. Y  siempre se salía con la suya. Salían macarrones gratinados, nunca chawan-mushi. La literatura seguía interfiriendo en mi vida, colándose por donde podía, queriéndose instalar. Y yo lo único que quería era gustarle. ¿Se habría fijado en mí? ¿O sería una clienta más? Se supone que para eso le había pedido la reunión, para averiguar si le gustaba. Los relatos de suspenso nunca me agradaron. A él obviamente le dije que quería hacer una modificación en los planos.

-¿Otra?- me dijo en un tono de voz que no terminé de decidir si estaba cansado o que no había buena señal.

-Sí, estuve pensando y me parece que el baño lo quiero en suite.

- Dejate de joder-contesta- si lo charlamos veinte veces y siempre dijiste que no, que era una boludez, que encima te molesta el ruido del agua, del inodoro, y no sé qué más. Ahora voy a tener que modificar un montón de cosas.

  Mejor pensé, más excusas para poder verlo. Le había dicho lo primero que se me ocurrió porque cuando me di cuenta de que había marcado su número y una voz me decía -Hola Susana, ¿qué necesitás?-, mi primer impulso fue cortar, tampoco podía decirle que era la Gimenez,  pero después me acordé que llamaba desde un celular y que él sabía que era yo. Y si hubiese llamado del fijo igual, ahora todo el mundo tiene identificador de llamadas. No podía hacer como cuando éramos chicas con mis amigas y llamábamos a los chicos que nos gustaban por el sólo hecho de escuchar su voz y después colgábamos. Otras épocas. No había internet ni computadoras, celulares, shoppings o peloteros, ni te vendían comida a la entrada de los cines. Y si te gustaba un chico, te aguantabas. Esperabas a que él te dijera algo, y si no lo hacía, sufrías en silencio. A lo sumo una carta escrita en clave que él no entendía, sin datos, dejada subrepticiamente en su portafolio. Tampoco se usaban las mochilas. O rezabas para que en los asaltos te tocara Consecuencia y capaz te animabas y le dabas un beso en la mejilla. Si te sacaba a bailar, tocabas el cielo con las manos. Definitivamente eran otras épocas  y por eso habías cometido la estupidez de querer decirle que te tenía loca. Antes ni se te hubiese ocurrido, pero el mundo moderno te llevaba a hacer cosas que no eran tu estilo. No sos tan moderna. Ni querés serlo. Por eso era tan difícil erradicar el romanticismo que como tantas otras cosas había pasado de moda. Vos igual soñabas con tu príncipe azul y con palabras de amor susurradas a la luz de la luna. La vida, la vida es otra cosa. Y soñar es gratis, por lo menos te dabas el gusto de soñar despierta, ya que dormida no lo lograbas. Así a lo mejor disminuías un poco tu grado de enajenación.

-Susana, ¿ estás ahí?- gritaba tu príncipe desde el otro lado de la línea.

-Sí perdoname, es que se me cayó el teléfono-mentiste. ¿Podemos vernos y charlarlo?

-Está bien, mañana en el bar de siempre a las cinco de la tarde.

  Y así, con esas simples palabras me metí en flor de despelote. Porque no tenía la más mínima intención de modificar nada, ya no tenía más plata; tampoco me interesaba el baño en suite.

       Hoy era mañana.Traté de seguir con mi vida normal. Otra vez esa palabra. Parece mentira, hay días en que determinada palabra vuelve una y otra vez. Hoy era normal, ayer capaz que fue auto, bicicleta, moto, avión.   ¿Por qué medios de transportes? A lo mejor porque te llevaban lejos y yo quería irme al fin del mundo con Gustavo. Lo hecho, hecho está. Ahora no voy a desperdiciar esta oportunidad. Me hago la vueltera lo cual no me cuesta, y como seguro que él tiene poco tiempo, lo invito a cenar. Para terminar de cerrar definitivamente el asunto. Los dos asuntos.

   Decidido esto me fui al super. Agarré la bici porque no pensaba comprar demasiadas cosas y me gustaba sentir el viento frío sobre la cara. Me daba sensación de libertad. Escapar; por más que no quisiera mis pensamientos venían conmigo a todos lados. Y Roland Barthes era casi un amigo. Junto con Carver, Ford, Clarice Lispector y otros. Quizás mi problema estaba ahí. En llevar esos amigos invisibles a todas partes. Si de chica ni siquiera me gustaba ese juego. Lo invisible no tiene gracia, yo quería amigos de carne y hueso. Poder tocar, sentir. La imaginación nunca fue mi fuerte. Mis peripecias y andanzas acabarían cuando pudiese escribir mi relato. Y hablar con él. Al fin, la trama empezaba a tomar forma. Cuando entro al supermercado otra vez la literatura entrometiéndose en mi vida. Final sorpresa, cuento clásico. El tipo se murió en el gimnasio. Él que era un súper deportista. Con varios ironman a cuestas. El diablo otra vez metió la cola. Mientras te enterabas, una señora le cuenta a la otra que su esposo debe hacerse una densitometría porque las altas dosis de corticoides que toma le produjeron una osteoporosis importante. Hay peligro de fractura dijo el médico. Y la vista está afectada. Hace más de veinte años que arrastra su enfermedad, pero tiene cuerda para rato. Siempre sucede lo contrario de lo esperado. La ley de Murphy. Un tipo le da detalles al verdulero de la muerte del deportista, sin recordar que a éste hace un par de años, se le murió un hijo ahogado en el río. Realismo puro. Del otro también, por suerte. Una embarazada eligiendo frutillas, su último antojo. Una parejita de novios comprando chocolates. Una familia haciendo las compras del mes.La música funcinal deja escuchar una canción de Shakira. El cajero preocupado porque el fútbol no empieza. En la puerta, un perro fiel esperando a su amo. Literatura y vida. Había encontrado lo que necesitaba.

  A las cinco en punto llego al bar. Vestida como para matar. Llega Gustavo apurado, como siempre. Viene con su socio. Elemento sorpresa, indeseado.

-¡Epa!- me dice, ¿dónde es la fiesta?

 Demasiado evidente, la sutileza tampoco era lo mío.-Es que en un rato tengo que ir a un desfile paquete- invento. -Me invitó una tía, compromisos.

-No te veía en lugares así- me dice.

-Hay muchas cosas que no sabés de mí-remato y después suplico para que me trague la tierra. ¿Por qué dije semejante pelotudez? Debe haber surtido algo de efecto porque se me quedó mirando fijo, como si me estuviese viendo por primera vez. Se hizo un silencio incómodo. Ni lerda ni perezosa puse mi mejor cara de inocente y con voz suave y pausada le dije.-Mirá Gustavo, ya sé que esto que te pido es un lío, pero bueno tratá de convencerme de lo contrario. Ahora se me hace tarde, pero te espero en casa a las ocho y media. Comemos algo y nos ponemos de acuerdo. Y sin darle lugar a nada más me levanté y con mi más estudiada pose de diva me fui, asegurándome de que vea cómo el pantalón me marcaba el culo.

   Llegué a casa y en lugar de ponerme a arreglarla y preparar una cena romántica me senté  a escribir. No podía parar. Las palabras brotaban espontáneamente, se empujaban por salir todas al mismo tiempo. Mi relato estaba terminado. Cuando miro la hora casi me desmayo. Las ocho y cuarto y Gustavo era un tipo puntual. No tenía demasiadas opciones, llamé a un delivery y pedí comida. Después me metí bajo la ducha. Parada frente al placard no terminaba de decidir qué ponerme. Me acordé del tipo que se murió en el gimnasio. Y de una frase que repetía Tato Bores: ¡vermouth con papas fritas y good show! No tenía que pensar demasiado.

  Tocan el timbre. -Pasá, está abierto-le digo. Cuando entra se queda petrificado en el medio del living. Lo recibo en ropa interior de encaje blanca. Aguantándome el frío. Me acerco y le ofrezco un vaso de vino. Mi final sería romántico.

                                                                                                         CELINA

FACUNDO MARULL ... imprescindible...

Publicado en De Otros. el 21 de Agosto, 2009, 10:04 por MScalona

 PLAZA  PRINGLES 

SIN MARÍA LUISA 

                          

Le abriré un nicho entre mis recuerdos,

y será delicioso quererla, puesto que parece no  haber existido.

Benjamín Jarnes

     

     

                 

     

Lagarto. Alojo la siesta durmiéndose prohibida

y el sol me ataja en todas direcciones para decirme

lagarto.

Cambian las calles, en cualquier tarde cabe un lechero,

almacenes sin nadie,

pájaros vesánicos posibles estampillas viajantes;

retorno desde aquel setiembre pintado de rosa.

Criatura como un patio con ropa lavada,

en tu corteza mi nombre y también tu nombre.

Rogando, yéndome hacia donde por tu silencio

con un cortaplumas

descubridor asolado todo quedó en tus manos.

Yo te hice partir tú andabas por las miradas de los

                                                           muchachos

sin embargo de fatiga llevamos las manos apretadas.

Tenías un remanso antes de la última vez

mi barco cartulina girando tu naufragio.

Bajo tu piel llovían peces me he quedado sin peces;

yo estoy enfermo de tanto beberte,

pero también te amaba de otra manera.

Propietario de mi soledad mirándose sin comprender

                                                                  escucho.

Dónde habrá de tu ternura un poco más

pero tu forma de leer la correspondencia yo me tiro de cabeza.

                                                                                  

               

Soy como un hombre inventado para desaparecer a

                                                           tiempo

donde tú sueltas los hilos títeres de una despedida

y donde el naufragio abandonado en un pocillo de café.

Sin fatiga alguna la tarde pura se iba a otra parte

como un marido que abruma las explicaciones.

Hacia aquel lado, mirando por el agujero de la i,

se ve en cueros la gimnasia del drama;

Y si algún día llego a morir como sucede

te dejo mis promesas y todas las anochecidas tiernas

que habíamos entre manos.

Porque ya no escribo la historia de mis amores:

sólo me pongo en manos de las señoritas en viaje.

                 

                             Facundo Marull

                   

Del libro CIUDAD EN SÁBADO, único libro del poeta.

Nació en Carcarañá, (S FE) 1915. Se desconoce si está vivo y/o dónde.

Fue periodista del diario La Capital en la década del 40.- De allí se fue a Uruguay, Brasil, México y se le pierde el rastro.

Edit. Diario LA CAPITAL de Rosario,

Se vende en kioscos a $  24,00.-

Es el único libro de Marull y si estuvo sin reeditar

70 años, hay que aprovechar a comprarlo ahora

porque todo indica que "desaparecerá" para siempre.

La 1º edición de 1940 fue de 500 ejemplares, hoy inhallables.

Todos los poemas son del mismo estilo (que sorprende para la época y Rosario), coloquial, urbano, cotidianista, creacionista, imaginista, minimalista, realista sucio y de un lirismo fino y a la vez contundente.

Quiero agradecer públicamente a SEBASTIÁN RIESTRA y EDUARDO D'ANNA por este rescate de la presente publicación, imprescindible para que los escritores de Rosario sepamos de nuestros padres literarios.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-