"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




19 de Agosto, 2009


P R E M I O - Edgardo Juárez

Publicado en General el 19 de Agosto, 2009, 18:45 por MScalona

----- Original Message -----
Sent: Wednesday, August 19, 2009 4:44 PM
Subject: roma



 maestro.
quiero compartir con vos otro logro.
me acaban de avisar que gane el primer premio del concurso de cuentos  que organizó
el Sindicato de Empleados de Comercio de Buenos Aires.
una gran alegría a partir de la construcción que se consolidó en tu taller.
un gran abrazo y mi agradecimiento.


Nota  de Marce:   el cuento se llama ROMA, después lo publicaré.
Recuerdo que EDGARDO hace un año ganó el Concurso de Cuentos del Valle de Punilla.
Pertenece a los primeros grupos de taller, con Carlos Descarga, Susana Crosetti,
Alejandro Hugolini, Mario Armas, Nora Puig, etc... hacíamos taller domingos 19 hs.
(sugerido por Pessoa).-




Diario de viaje

Publicado en Nuestra Letra. el 19 de Agosto, 2009, 16:25 por sandra

Leo el título "Rojo Profundo" punto, y del punto me nace una línea.

Sin comas dibujo una perspectiva abierta al agua en el Golfo de Finlandia: una ciudad premeditada y abstracta. El Neva helado, la horda de manifestantes aunque no es 1917. Un temerario en zunga negra zigzagueando entre los bloques de hielo mientras Sergei canjea la ópera por el circo en el puente Kirovsky. Una vieja gorda con pañuelo campesino de uvas rojo pardo en la cabeza. Medias rojo rubí con ligas, bombacha de encaje y corpiño push up en la habitación doble twin del hotel gremialista. Los esteros y los ríos de Chabuca en audición interior. El Hermitage blanco y dorado afuera con su caricaturista en rojo fresa. Dos manzanas, algunas cerezas y unas cuantas guindas en la naturaleza muerta de la pared rojo escarlata. Un caballito rojo coral: parado sobre su lomo el arlequín con paloma al hombro y ramillete en mano. Un unicornio rojo y no azul, alado, que cabalga una estela de sol naranja. El rojo morado que muere en Tres rosas amarillas y  un hombre con gorro de astracán bebiendo al mismo tiempo un borgoña en copa de cristal esmerilado. Dibujo la escena última de Los soñadores del mayo parisino. Las manos sobre la tumba de Shostakovich y la obsesiva rítmica de Scriabin rojo púrpura en el teclado. Sobre la nube rojo carmín, el violonista panza abajo tocando la marcha nupcial a la novia detrás del velo. Dibujo una mancha rojo sangre de parto alto mientras canto ya no puedes volver atrás, la vida te empuja como un aullido interminable...tendrás amigos, tendrás amor, tendrás amigos. El mapa de Korea partida en dos, Vietnam creciendo y un émulo del cubano en Venezuela: la boina roja le queda grande.

Un cluster de imágenes monocromáticas que evocan a la ciudad que nos ata.

Amarras lineales sin levantar el trazo.

 Esa manía de espíritu escenográfico, de ver siempre lo que hay...

Revi EN VOZ ALTA nº 3

Publicado en Sugerencias. el 19 de Agosto, 2009, 15:34 por MScalona

  Ciclo de Cuentos EN VOZ ALTA   

                 

Experiencia interactiva, casi teatral!
Un evento 100% fonema - virósico!
 
Con la participación especial de Walter Hugo,

relator deportivo y Naum Krass, actor,

quienes leerán cuentos de Roberto Fontanarrosa,

Gudiño Kieffer y de propia autoría.
  
+ LANZAMIENTO DE LA REVISTA EN VOZ ALTA Nº3!


Jueves 20 de agosto, 20hs - CEC (Sgto. Cabral y río Paraná)
 
Derecho de espectáculo: $10  (con una revista de regalo)
 
Los esperamos!
 

NICO  DOFFO 
Staff de Revista En Voz Alta

 

MATILDE SÁNCHEZ

Publicado en De Otros. el 19 de Agosto, 2009, 9:36 por MScalona

                              

                              

matilde sánchez

                                                  

                               

Por último, unas palabras todavía sobre nuestra situación. Yo era feliz, me refiero a antes de la operación. Lo era en la medida en que así percibía la realidad. Llevaba una vida tranquila e independiente, por lo menos la tranquilidad y la independencia representaban las formas civilizadas de la felicidad. Pasada la treintena había descubierto finalmente que no podían esperarse mejores cosas. No debía rendir cuentas a nadie. Podía realmente prescindir del, mundo  con sólo desearlo, y tal deseo no era infrecuente. A estas alturas, había visto el aniquilamiento de las mejores familias y la amistad había ido desintegrándose bajo dificultades menores. Nuestros ídolos juveniles  habían perdido el pelo y ganado un abdomen, envejecían en el anonimato, el alcohol o bien bajo el pulso de los cirujanos. Con el correr del tiempo también habían muerto todos los padres, en epidemias coincidentes, extraños contagios a un ritmo, digamos, de dos por año. Desde luego a largo plazo esto simplificaba la vida pero nos convertía en responsables y naturalmente no digo esto sin ironía. Hasta que finalmente comprobamos que nosotros no éramos más de lo que éramos.

Otra generación en la serie indefinida de generaciones.

Cada uno de nosotros ya no se sentía atraído por si mismo. En el mejor de los casos apenas soportaba. Quiero decir, yo avanzaba  en los años  sin euforia, sin una excitación particular acerca del futuro. Y me esforzaba por sobrellevar la decepción con realismo, recompensada por esa tranquilidad en la  que lo imprevisto siempre era un sinónimo del terror.

En cuanto a Kim, provenía de cualquier lugar y por lo tanto podía desaparecer en cualquier momento sin dejar en mis más rastros que la evocación ocasional de un rostro, cuyas facciones orientales resultarían desdibujadas. Había llegado al país hacía dos años, después de una estadía breve, crepo que en Santiago de Chile. Era doctor, estimo que no muy buen doctor. Tenía un contrato temporario con una asociación médica coreana, de manera que no extrañaba mucho a su país porque pasaba todo el día rodeado de coreanos, en su mayoría fabricantes de tejidos de punto o dueños de supermercados, que le contaba sus aflicciones y trastornos. Gente que padecía las enfermedades más vagas debido al exceso de trabajo, a la falta de comprensión del ambiente o sencillamente a la lejanía. Había viajado escapando de la mediocridad de su país, solía decir Kim con esa sonrisa desprovista de toda ironía, para acabar en ese mundillo artificial de enfermos y neuróticos que añoraban regresar.

Aun así, un tipo interesante, Kim. Supongo que era lo que comúnmente se dice un hombre solo. Llevaba unas de esas navajas suizas con distintas funciones que suelen usar los hombres solos, los que no tienen un hogar, los que lo llevan todo encima, como los alpinistas, los marinos, los viajantes. Ningún hombre que lleve esas navajas puede desear compañía por mucho tiempo. Yo creo que Kim lo sabía y la empleaba también  como un talismán. Allí, en ese objeto color granate al que daba vueltas maquinalmente dentro del bolsillo, llevaba el ridículo símbolo de su independencia.

Conocía la ciudad mucho más que si hubiera vivido aquí toda la vida, como sólo la conocen los extranjeros, obligados a buscar señales de orientación en un espacio irreconocible.  Recordaba él, aspecto de las fachadas, anterior a la maniática transfiguración de la ciudad, los ángeles y molduras de yeso arrasados por los nuevos mosaicos, las viejas mansardas y tejas francesas, que siempre exhibían alguna pieza faltante. Sabía exactamente los negocios que habían cambiado y recordaba los nombres de las despensas y almacenes que había visto llegar y que ahora habían pasado a nuevos dueños. Todos los nombres encerraban para él reglas nemotécnicas del idioma y al mismo tiempo cada palabra era una guía cardinal en el vació. Caminaba todo el tiempo, como suelen hacer los turistas. Mientras caminaba se detenía a leer los carteles que uno nunca habría advertido. Hotel, restaurant, reparación de paraguas, filtros de agua, cambio de filtros para automóviles. Se ejercitaba en la tarea infantil de aprender, junto al significado de las palabras, la forma de cada una de las letras, las figuras opacas de un nuevo alfabeto. En la niebla de la madrugada atravesaba las calles y encontraba los objetos cotidianos en la iridiscencia roja y verde del neón. Leía en la ciudad como en un libro.

EL vínculo con Kim no era malo, todo lo contrario, era aleatorio. De vez en cuando nos permitíamos algún exceso, en el que, debo confesar, creíamos a medias. Sólo me importaba lo que sucedía en su interior, digamos emocionalmente, cuando estaba conmigo, pero no toleraba que me rindiera cuentas de sus problemas o vicisitudes -y estoy convencida de que él sentía igual.

Por último, en cuanto a mi, no sentía soledad porque ni siquiera podía admitir que estaba sola. No concebía otra forma de vivir de todos modos. Al menos hasta que recibí el informe del laboratorio, donde se me informaba que estaba enferma. O quizá todo cambió cuando vi a Poli muriéndose en el Dock (ocurre que ambas cosas fueron casi coincidentes). Es decir, cuando supe en qué infierno se había metido Poli y hasta qué punto -aunque esto no podía adivinarlo entonces- su elección me alcanzaba.

                                                             

                                                             

                                                             

EL DOCK, Ed. Planeta, 1993,  p. 34-36

Esta novela fue 1º finalista del Premio Planeta 1992

Matilde Sánchez (1958, Argentina) es periodista y escritora. Desde hace algunos años es corresponsal de CLARÍN en París.

     

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-