"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




8 de Agosto, 2009


Espacio de Humor.

Publicado en General el 8 de Agosto, 2009, 21:28 por F Maini.

PROPUESTA INDECENTE

Pasé la tarde en la sala de espera de un médico por razones totalmente insalubres y malhumoradas. Ahí estaba, paciente, cuando tuve que escuchar un diálogo más siniestro que cualquier enfermedad. La mina hacía mucho que había cumplido los cincuenta y tantos. Botoxeada, empilchada caro, muy caro, con cara de que hago acá junto con la plebe. De esas que creen merecer una sala de espera especial, vip, por ser la señora del tipo que tiene toda la guita. Porqué debo decir que nada de lo que tenía, o decía tener, había sido ganado con su esfuerzo, salvo que llamemos trabajo a lo que se hace en la cama y aledaños. Y no por placer sino por tener contento al dueño de casa, yate y benz.

En fin, hablaba y hablaba, casi gritaba, voz finita, exasperante, sin respeto alguno por los enfermos en la sala. Ella no se compraba un auto, compraba un "beme", dicho así, todo junto. No llevaba a arreglar el reloj….. mandé al rolex a mi joyero, lo necesitaba para hoy porque me voy a punta por el wikend, que fiaca…!!.Sus pertenencias no tenían nombre, tenían marca. Y así siguió, casi una hora. Sumergida en mi Arlt traté de ignorarla hasta que le dijo a la amiga acompañante que  ayer el siquiatra por fin le había recetado prozac, porqué el no entiende lo dura que es mi vida, las fiestas, las modistas, los congresos de Marcos, el internado de los chicos, el departamento taaan grande, la casa del cantry que me vuelve loca, y encima me faltó la sirvienta, estoy estresada, no entiende nada, que tooorpe!!, al final me dio prozac te acordás que a mami le hizo regio. Ahí, sin retardo alguno, exploté. Le dije de la gente que no tiene casa (ni una), que no come, que no va al médico, de lo privilegiada que era, de la suerte que tenía, que basta de quejarse, que acabara con la pelotudez, que en lugar de prozac se tomara un tinto, saliera a la calle, mirara la vida real, retozara sanamente con algún señor sin dinero y disfrutara, aunque sea por una única y putísima, vez de todo lo que tenía. Zarpado lo mío, fuera de lugar ya sé, pero…..se me soltó la cadena.

Y ahí llegó la inspiración. Se me ocurrió cuando los demás esperantes me aplaudieron, el señor pelado me dijo muybien,señora,muybien, casi sin respirar, las dos gorditas de enfrente se pararon, me palmotearon la espalda y una me dijo tiene que escribir todo eso, o salir en la tele así la gente aprende, el pendejo universitario, casi seguro filo o comunicación, dijo con tono monocorde sí flaca, escribí, como Cohello y te llenas de guita.

Entonces, propongo a mis colegas de taller, profe incluido: y sí nos juntamos y escribimos un libro de autoayuda, un bestseller ?, tenemos con qué, entre todos un par de neuronas sumamos, ideas podemos conseguir,  faltas de ortografía casi no tenemos, el profe nos corrige, lo editamos con un nombre ficticio y nos repartimos las ganancias. Y, ya que estamos, hacemos más de uno,  temas sobran,  demanda hay. No estaría bueno..??? Ustedes qué opinan??

                                                                 Besos.

                                                                         Feli.

PD: Luciani lo podría escribir en sonetos…o no..??

Tres ...

Publicado en relatos el 8 de Agosto, 2009, 14:58 por M-C-Rivarola

La dama del rock

 

Esa sucia madrugada de aquél jueves de algún embre, el vampiro emperador piqueteó la fama de la petit señora de Charly.

Una limousine casi tan blanca como el polvo de hada que aspiraban, la chupó. Guitarra al hombro, música en manos.

¡Inmortalidad! - promulgó el soberano, afilando su colmillo mas largo. Caravanas fúnebres siguieron. Eternas serenatas aladas.

Cuatro uñas de acero se clavaban en las cuerdas sangrantes, que chillaban suplicando a esa  flor, otra zapada.

Ninguna estaca untada en dulce de membrillos. Ningún cóctel verde, ningún decalitro de sangre derramada.  Sólo diez dedos largos y torcidos en la garganta lograron rescatarla. 

 

 

 

Los Rivartevich

 

Intenté esbozar el árbol genealógico de la familia bizarra y se gastó mi grafito, tanto subdividir ramas.

La gran mesa del domingo tornábase mezcla de orgía con ensalada, ensalzada.

Ex hembras y actuales mujeres servían la pasta mientras el varón descorchaba el espeso cáliz de mi sangre. En el fondo de pantalla, algún personaje más macabro aún rallaba queso, mientras dos tiotías reían y fumaban.

Tragi- comedia griega en Santa Rita. Me paré arriba del tablón, pisando el pan y sacando las mochilas, los eché a todos a patadas.

 

 

 

 

Amor bipolar

 

Un joven andaluz de esos que abundan en las tardes de verano y escasean en julio por las madrugadas, cruzó el ala norte del “Suipacha”. Era martes treinta de febrero, nevaba.

Portaba una gigante pancarta, COCA LA LINDA- decía- ME HACES FALTA.

Marie Julie le regaló un barquito de papel y Cecilia le mangueó siete cigarros mientras avanzaba.

Cuatro locas encorvadas caminaban diez  kilómetros inventando una senda cuadrada, se sentaban. Arrancaban.

-Tenés que traer trompeta.- Susurrantes, las chicas suplicaban el abrazo.

El tipo raro y  obstinado continuaba su marcha. Los manifestantes de a cinco por pabellón  se adicionaban. Algunos cantaban sus dialectos. Otros, despejando el camino,  orinaban.

Negros pasillos mas tarde, bufanda de pancarta y totalmente devastado, volvió a su casa de Echesortu.

Coca nunca salió del encierro, ni asomó su sorda nariz al placer de lo anhelado.

                                             Ce/

HOY - Feria Libro - SAN LORENZO

Publicado en Sugerencias. el 8 de Agosto, 2009, 14:54 por MScalona

Sábado 8 de agosto a las 17

El escritor Jorge Riestra 

disertará sobre

El Oficio de una Vida

 

Domingo 9 de agosto

a las 17: Mesa de cuentos

Sergio Gioacchini - Graciela Aletta de Sylvas - María Zulema Amadei 

 Egle Frattoni - Mariana Miranda 

a las18: Mesa de poesías

Corina Moscovich - Adriana Borga - Mariana Vacs 

Verónica Laurino - Susana Rozas

 

 FERIA REGIONAL DEL LIBRO DE SAN LORENZO

Centro Cultural Brigadier López
Entre Ríos y San Carlos
San Lorenzo - Santa Fe - Argentina

 

relatín

Publicado en relatos el 8 de Agosto, 2009, 13:22 por MScalona

PROTECTOR   LUNAR

                                                   

                                                                                                                        A    Matilde Riestra

Puede tratarse de dos poetas. Me gusta creer eso viendo la pila de anotadores, un libro de Char y dos botellas de Malbec roble. Algo como un desorden controlado  y todo de marca. Son jóvenes aún, pero se han jurado no beber más en cajita, ni fumar paraguaya ni leer ediciones baratas.  A los 40, dice el que está más locuaz esa noche, se empieza a tomar recaudo al cruzar la calle, elegir la carne o el cuarto de hotel.

Están en el balcón más alto de Villa General Belgrano, a comienzos de enero de un año bisiesto.  El más hermético, esa noche, jura que su madre cumple los años el 29 de febrero, y que aún entendiéndose esa travesura astral, es algo loco que ella cumpla 18 y él –el hijo- acabe de cumplir 43.  - Podría ser su padre –dice con laconismo fingido. – Conociéndote a vos y a papá, podría ser tu novia –arriesga Matilde, de once. – Y a vos te da celos... –dice el padre y estallan tres risotadas rumbo al Valle de Calamuchita.

Unas cabañas en medio del Cerro de la Virgen y el Champaquí. Algo de mil quinientos metros sobre el nivel del mar, sobre el nivel de la rutina, de la sobrevivencia embotadora del tedio urbano. Y las dos cadenas montañosas se ven al mismo tiempo sin siquiera girar la cabeza, salvo, por una centella terrestre que ha cruzado entre los álamos de plata del parque:  - Una liebre... – No, Mati... más grande... un zorrino... – Acá hay pumas... –dice el otro, a ver si la niña se asusta y en cambio, estallan más risotadas. 

Deben ser poetas; sube mi certeza el ver que apuestan libros. Juegan a qué se parecen las formaciones de cirrus blancos que atropellan borroneando las cumbres desde el Este, por la Cumbrecita. Apuestan una novela de John Fante y una edición de Rimbaud traducida por Girondo. ¿Quién más puede apostar libros...? Ni siquiera dos editores.  Ya no; no en esta época.

Hay otra niña en la escena y las dos arrebujadas en una urdimbre de toallas, colchas Palette y montones de almohadas, improvisando o recordando aquellas camas como patios de los abuelos inmigrantes. Matilde –quizá nunca duerma del todo o cierre los dos ojos para hacerlo- y Marina, están adormiladas de tanto río Reartes por el balneario Tannenwäld. Matilde es tan tenaz como bella y entrometida. Mientras su padre apuesta el libro de Fante, ella  arriesga sus Tolkien y un Harry Potter, a cambio de que la dejen estar despierta hasta ese destino incierto y misterioso que es una charla de madrugada entre dos hombres solos, rumbo a la madurez, en medio de la nada.  Matilde sabe que hay algo infinito en ese instante y hasta es posible que lleguen al alba sin dormirse o emborracharse. Hasta le parece oír que cantan, unos tangos melosos y desafinados con nombres de sirenas:  Malena, María, Gricel.

La luna nueva preside el valle como un camafeo de nácar entre dos senos amamantando. Al amigo del padre se le ocurre apostar que los ojos de lago de las niñas, son tan grandes, redondos y brillantes como el satélite. Se nota que sobreactúa un recién estrenado rol de tío, aunque a las niñas les guste el piropo y en tren de apurar un veredicto, no debe ser sencillo elegir entre dos pupilas de océano y esa especie de calesita en el cielo. Entonces, Marina ya ha caído derrotada por unos párpados de greda como tenía aquel muñeco gigantón de la Historia sin Fin:  el Comerocas.

El más locuaz, o el más poeta esa noche, está enamorado. Debe ser eso, por cómo apura el segundo Jack Daniel de una botella que trajo el otro, pero que es regalo de cumpleaños del primero, que la bebe, y oportunamente justifica: - El whisky va y viene... lo importante es el poema... Entonces, recita uno que hace honor a su novia, aunque los dos saben que un poema de amor siempre es reversible, revocable, fungible: "...ella no es solo ella, sino lo que no sabe y es: sombra que sembró en otra mirada..."  

- Podría decirse también de la luna o de Matilde, ja... –que abre el segundo ojo bajo la colcha Palette-. Yo apuesto que va a ser parecida a la Schiffer, no tanto a Herzigova...

- Si no se duerme –dice el padre- va a quedar parecida a la hija de Karadagian...

            Desde la tarde ha quedado un leve resentimiento entre padre e hija. Ella desprecia, enfurruñada, el protector solar factor 25: - Voy a volver a Rosario blanca como una gallina...

- O llena de moretones, ¿elegí...?

            Es evidente que falta muy poco para que el padre pierda, definitivamente, la batalla dialéctica con esta rubita que podría doblar a Natalie Portman cantando Happy Birthday Míster President en "Perfecto Asesino".

Luego han pasado casi dos horas y las tres botellas, cuando llega el tema más empinado del valle de los hombres, la cima: las mujeres.  Las que son el amor de su vida (¿más de una?), las que son para dar vueltas, las que nunca se entregan, la pereza, con aquellas que hay que trabajar tanto... el nivel de los boliches, caretas, reviente, bailables, cabarutes, mapas, agendas, fixtures. Y Matilde, que nunca duerme y pide, a las cuatro de la mañana, si puede escuchar por enésima vez Los Tipitos: "Campanadas en la noche". Al tío le gusta la influencia de Calamaro y lo ilusiona la historia de la mujer de su vida que finalmente regresa. Sin embargo,  prefiere regalarle el disco a la nena, quizá de ese modo, el sueño –cuando es demora- es mejor que se vaya. 

Luego hay una negociación, ardua, para permitirle a Matilde el play: sólo con un par de auriculares. Los dos amigos están hablando de su boliche favorito, Luna, en los bajos de Rosario y en leve descenso en el estío cuando todos prefieren echarle un vistazo a La Florida. Un rato después, al stop del discman sigue el rumor implacable de ella:  - ... ya sé... ustedes dos necesitan un protector lunar, factor siete mil...

                          Marcelo  Scalona 

           

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-