"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




31 de Julio, 2009


Adolfo Bioy Casares

Publicado en De Otros. el 31 de Julio, 2009, 23:16 por MScalona

             

             

 Argentina, 1914-1999

      

             

*   *   *

        

                     Mi cansancio es, casi, una enfermedad. Tengo a mano el cielo de acostarme debajo de los árboles hasta las seis de la tarde.  Lo postergaré. La razón de esta necesidad de escribir ha de estar en los nervios. El pretexto es que ahora mis actos me llevan a uno de mis tres porvenires: la compañía de la mujer, la soledad (o sea la muerte en que pasé los últimos años, imposible después de haber contemplado a la mujer), la horrorosa justicia. ¿A cuál? Saberlo con tiempo es difícil. Sin embargo, la redacción y la lectura de estas memorias pueden ayudarme a esa previsión tan útil; quizá también me permitan cooperar en la producción del futuro conveniente.

                    

                     He trabajado como un ejecutante prodigioso; la obra sale de toda relación con los movimientos que la hicieron. Tal vez la magia dependa de esto: había que aplicarse a las partes, a la dificultad de plantar cada flor y alinearla con precedente. Desde el trabajo no podía preverse la obra concluida; sería un desordenado conjunto de flores o una mujer, indistintamente.

                     Sin embargo, la obra no parece improvisada; es de una satisfactoria pulcritud. No pude cumplir mi proyecto. Imaginativamente no cuesta más una mujer sentada, con las manos enlazadas sobre una rodilla, que una mujer de pie; hecha de flores, la primera es casi imposible. La mujer está de frente, con los pies y la cabeza de perfil, mirando una puesta de sol. La cara y un pañuelo de flores violetas forman la cabeza. La piel no esta bien. No pude lograr ese color adusto, que me repugna y que me atrae. El vestido es de flores azules; tiene guardas blancas. El sol está hecho con unos extraños girasoles que hay aquí. El mar, con las mismas flores del vestido. Yo estoy de perfil, arrodillado. Soy diminuto (un tercio del tamaño de la mujer) y verde, hecho de hojas.

                    

                     He modificado la inscripción. La primera me salió demasiado larga para hacerla con flores. La convertí en ésta:

                     Mi muerte en esta isla ha desvelado.

                     Me alegraba ser un muerto insomne. Por este placer descuide la cortesía; en la frase podía haber un reproche implícito. Volví, sin embargo, a esa idea. Creo que me cegaban: la aflicción a presentarme como un ex muerto; el descubrimiento literario o cursi de que la muerte era imposible al lado de esa mujer. Dentro de su monotonía, las aberraciones eran casi monstruosas:

                     Un muerto en esta isla has develado.

                     Ya no estoy muerto: estoy enamorado.

                     Me descorazoné. La inscripción de las flores dice:

                         El tímido homenaje de un amor.    

           

                  

                        

                         

                        

ADOLFO  BIOY  CASARES,   1940

LA INVENCIÓN DE MOREL  p. 30   Ed. Emecé

Una Figura Barthiana

Publicado en Cuentos el 31 de Julio, 2009, 9:45 por M_Aliau

  HOSPITAL 

 

 

“Plutón, dios del inframundo, encargó a su perro Cerbero, la guardia de las simas abismales para evitar que los espíritus de los muertos pudieran escaparse”.

Jorge lee nervioso el folleto de la veterinaria, que no sabe porque trae encima. Seguramente lo tenía en la mano cuando le avisaron, hace veinte minutos, del accidente de su hermano mellizo.

La Sala de espera de terapia intensiva es un lugar tan agrio como la función a la que está destinada. El mobiliario esta constituido por una maquina de café y dos bancos arrimados a las paredes.  Justo enfrente de él, alguien colgó una suerte de afiche con la imagen de Jesucristo.

La gente escribió nombres y consignas alrededor del crucificado. “ Rezo  por Jose” , “ ayudá a mi papá Ernesto”.

Jorge lee la infinidad de nombres que cubren la imagen. La existencia de Dios es algo que todavía no ha decidido. De lo que está seguro, es que le parece una ridiculez acudir a la burocrática tarea de escribir panfletos o carteles para así ganarse su gracia.

Cierra los ojos y trata de imaginar a Mario, su hermano, en el momento del accidente. El auto volcado, las llantas todavía  girando en el aire, el humo...

Pero no logra representarse la situación. En su lugar se ve a él mismo peleando con su hermano mellizo, en la infancia. Intercede su padre y en juicio sumarísimo decide que a Mario le corresponde la razón y a él, la paliza. Luego del azote se va llorando a la habitación, más por humillación que por dolor. Al rato ingresa Mario, solidario. Silenciosamente  se sienta a su lado y apenas le acaricia la cabeza.  Se queda junto a él, acompañando respetuosamente su llanto.

Jorge abre los ojos, juega con el folleto que tiene en la mano. Homero en la Odisea destaca la fidelidad del perro de Ulises, Argos, ya que fue el único que reconoció a su amo cuando regresó a la patria con ropaje de vagabundo tras una larga ausencia. Argos, que ya estaba moribundo, hizo un último esfuerzo;  le meneo la cola y  a continuación murió.

Recordó que fue idea de Mario incorporar las citas de la mitología griega en los folletos de la veterinaria.

En ese momento aparece un joven, vistiendo delantal blanco. Jorge alcanza a ver la identificación en la solapa:  “ Dr. Britos”.

El hombre atraviesa con paso rápido la sala de espera, y empuja la puerta de terapia intensiva.

El Dr. Esteban Britos viene a cumplir su turno en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Ramos.

La médica de guardia se llama Rocío y Esteban la conoce más allá de lo profesional. Una pasión del pasado que dejó sus huellas. En él, un deseo permanente y un sentimiento indeciso. En ella, un rencor forzado, un amor escondido a escobazos bajo la alfombra.

Rocío es la que informa: “ Hubo dos ingresos en la madrugada. El primero, accidente en moto, fallecido, la ficha clínica esta ahí arriba. Esta viniendo el telefonista para avisar a los familiares. El otro ingresó recién, accidente automovilístico, tiene un coagulo cerebral. Estabilizamos y cerramos algunas heridas pero todavía no está  para operar.”

El doctor se esfuerza por prestarle atención, tiene ganas de proponerle un revolcón rápido, enredarse entre brazos y estetoscopios y gastar los últimos cartuchos de una juventud que va  dando paso a la madurez. Así todo, mantiene la  compostura y agradece el informe. Ahora él queda a cargo y ella puede irse.

Al llegar el telefonista de las malas noticias, Rocío le alcanza la ficha del fallecido juntamente con un teléfono.

“Accidente en moto” Le aclara.

El doctor comienza la recorrida por la sala. Revisa los informes que están al costado de la cama de cada internado y chequea la medicina que se le otorga a través del suero. De fondo, escucha al telefonista informando al familiar del accidentado en moto. A Esteban se le cruza un pensamiento:“ ¿Será una viejita que estaba levantándose a desayunar, puso a hervir la pava y dejó las tostadas a medio hacer para ir a atender el teléfono?” La imagen lo estremece por un segundo. “ ¿Ves que tengo corazón?” le gustaría decirle a Rocío.

El  telefonista de las malas noticias imposta una voz lúgubre, mecánica.

- Fue un lamentable accidente. Tenemos un servicio de psicólogos a su disposición...

Mientras dice esto, hace señas a Esteban con la cabeza, señalándole con el mentón el culo de la médica que se retiraba contorneándose.

Rocío siente la mirada de Esteban en la espalda. Pese al cansancio de una noche de trabajo sin dormir, se esfuerza por caminar de la manera más efectiva que conoce para excitarlo. Antes de salir de la sala se quita el delantal, arqueando el cuerpo de manera de conseguir una curvatura perfecta entre la cadera y sus pechos. Saluda a los enfermeros y a Esteban besándose la mano y luego agitando la palma en dirección a todos. No dice: “ Si este pajero de Britos quiere este cuerpo que se juegue y deje a la mujer, ya no estoy para boludeces”.

Esteban la sigue con la mirada. En ese momento le avisan que afuera esta el hermano mellizo del accidentado. Revisa por última vez su ficha y sale apresurado, con la esperanza de alcanzar  a Rocio en el ascensor.

Ni bien atraviesa la puerta, Jorge se pone de pie.  El médico va directo al grano.

-          Su hermano está grave. En estos momentos esta estabilizado, pero tenemos que sacarle un coagulo, es una operación complicada. No sabemos todavía qué otros daños puede haber. El cirujano necesita su autorización.

Le suelta el monólogo sin ninguna expresión en el rostro, con el mismo tono neutro de voz. A Jorge le cuesta responder, le parece ridículo preguntarle si corre peligro, si van a volver a trabajar juntos en la veterinaria, si entiende que su hermano es su único familiar, su mejor amigo.

-    Sí, por supuesto. Hagan lo que tengan que hacer.

-          Vamos a esperar a que esté sistémicamente en condiciones. Eso puede ser a la tarde. Vaya a su casa a descansar, lo vamos a llamar si hay cualquier novedad.

El médico acompaña las últimas palabras dándole unas palmadas en el hombro. En el otro extremo del pasillo ve a Rocío subirse al ascensor y apura el paso hacia ella.

Jorge queda solo en la sala de espera y se sienta.  Se da cuenta de que no quiere irse,  que no tiene sentido porque de cualquier manera va a estar ahí. Se acerca a la imagen del Cristo, busca una birome en el bolsillo y escribe el nombre de su hermano. Luego vuelve a sentarse y se queda en silencio, esperando atrás de la puerta.

 

                                                                       Mariano  Aliau

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-