"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




cuento clásico

Publicado en Cuentos el 30 de Julio, 2009, 10:26 por Celina

BUENOS   VECINOS

            Esa noche nos invitó a cenar el matrimonio que vivía en el departamento de al lado. No éramos amigos. Simplemente vecinos. Cuando nos cruzábamos en el pasillo nos saludábamos con amabilidad. -¿Cómo va todo? ¿Los chicos bien?- eran preguntas habituales. De ambos. Calculo que tenían más o menos nuestra misma edad. Ellos tenían una hija de dos o tres años y nosotros un varón de cinco. Hacía casi seis meses que vivíamos en ese edificio. Nos mudamos cuando a mi marido lo trasladaron a la sucursal del centro. Antes vivíamos en la zona norte de la ciudad, en una casita muy pintoresca con jardín y perro. Al perro tuvimos que regalarlo. Fue bastante triste para nuestro hijo. A mí no me importó demasiado. Estaba bastante cansada de tener que juntar sus excrementos y darle de comer. Siempre  hacía pozos en el jardín y rompía todas las flores. Ahora estoy más tranquila y a Nico le compramos una tortuga.

   La invitación nos tomó por sorpresa. Solemos tener una vida social  restringida. Los fines de semana nos gusta quedarnos en casa, ver películas y llevar a Nico a la plaza o al parque. Pero aceptamos para no ser descorteses. Después de todo salir de la rutina no estaba tan mal.

    A medida que fueron  pasando los días me encontré cada vez más entusiasmada con la idea de la cena. Me había dado cuenta de que no eran muchas las oportunidades que tenía de hablar con gente. Desde que tuve a Nico y dejé de trabajar pasaba mucho tiempo sola. Con mi marido pensamos que era mejor que yo me quede con nuestro hijo en lugar de pagarle  una niñera que lo críe. Cuando fuera más grande podría retomar mi trabajo. Soy arquitecta y  trabajaba en un estudio importante. El tiempo fue pasando y yo seguí en casa. Costumbre. O inercia. Igual disfruto de estar con Nico pero a veces me aburro. Y siento la necesidad de hablar con adultos. Cuando empiece la primaria, que falta poco,  estoy pensando en volver al trabajo.

   Decidí ir a la peluquería. Hacía rato que tenía ganas de cortarme el pelo. Agarré mi cartera y las llaves del auto. Preparé a Nico y salí. También aproveché para comprarme ropa. No tenía nada nuevo que ponerme. Últimamente no me compraba. Cuando mi marido vio lo que compré me hizo un escándalo bárbaro. Que la remera era escotada y el pantalón ajustado. Me estaba costando entenderlo. Desde que tuvimos a nuestro hijo se habían operado en él algunos cambios. Sutiles al principio. Casi imperceptibles. Se fue poniendo más estricto en algunos aspectos. La ropa, por ejemplo. De golpe yo debía ser una señora recatada. Como si ser madre implicase no tener sexualidad. En eso me había convertido. Asexuada. Casi ni me tocaba. Lo más insólito es que me estaba dando cuenta recién ahora. Al principio Nico me absorbía tanto que ni lo advertía. Pero hacía tiempo que ya dormía en su pieza y toda la noche. Cada vez me estaba costando más que hagamos el amor. Y lo hacía mecánicamente. Yo quería erotismo, sexo salvaje y él se limitaba a cumplir. Fue encontrando excusas. Y todo esto del verso de quedarme en casa me parece que es eso, un verso. Me quiere tener guardada. Por eso me extrañó cuando aceptó la invitación. Debe pensar que nuestros vecinos no suponen ningún peligro. Es un matrimonio como nosotros y con un hijo.

    A las nueve en punto tocamos el timbre. Vino en mano. Nos abrío la puerta ella, Marcela. Atrás apareció el esposo. Todo sonrisas.

 -A la nena la llevamos de mamá -dicen. Me sentí estúpida llevando a Nico de la mano.

-Nicolás es muy tranquilo, no te preocupes -le dije a modo de disculpa.

-Pasen, siéntense que les sirvo una copa.

   El departamento era realmente agradable. Olía a limón. La iluminación era suave y se escuchaba música. La mesa estaba servida con elegancia. Tomamos un par de copas y nos sentamos a comer. Todo estaba delicioso. Marcela era una excelente anfitriona. Charlamos bastante. Rápidamente rompimos el hielo y nos encontramos contando anécdotas. Mi marido parecía otro. Reía sin parar de cualquier cosa. Estaba asombrada. Cuando traen el postre siento un pie que me acaricia debajo de la mesa. Supuse que era mi marido y lo miré con una sonrisa. Ni se dio por aludido. Quedé confundida. Mientras, sentía un pie descalzo que lentamente me recorría la pierna y se dirigía hacía arriba. Sentí que me ponía colorada. Mi vecino me miraba descaradamente. ¿Era lo que estaba pensando? No podía ser. Estas cosas no suceden en la realidad. -Permiso, voy al baño -dije y me levanté.

   Entré al baño y me miré al espejo. Mis mejillas estaba rojas. -¡Qué vergüenza!-pensé. Pero una sensación extraña se había apoderado de mí. Bajé la tapa del inodoro y me senté. Tenía que reponerme. De pronto se abre la puerta del baño. Era él. -¿Qué carajo estás haciendo? -le pregunté casi en un susurro. Me aterraba pensar que mi esposo se diera cuenta de algo. Sin contestarme se acercó y me besó. No podía terminar de creerlo, pero  le devolví el beso. Nuestras bocas lucharon sin tregua, lengua contra lengua. No podía respirar. Me miró a los ojos, me desabrochó el pantalón y empezó a acariciarme. Como si yo no fuera yo, hice lo mismo. Parecía un títere que alguien dirigía a su antojo. En un minuto estaba dentro mío. Tuve el orgasmo más rápido de mi vida. Increíble. Con todo lo que tenía que hacer mi marido para lograrlo. Creo que era para inscribirlo en el libro de récords. Sin decirme nada, se abrochó el pantalón, me estampó un beso y se fue. Quedé sola, toda despeinada, con la ropa arrugada. Me mojé un poco la cara, me peiné y arreglé lo más que pude. Pero no podía sacarme ese brillo de los ojos. Rezaba para que no se dieran cuenta.

       Esa misma noche, cuando terminé de acostar a Nico, mi marido me dice: -Parecen buena gente, no? Creo que encontramos unos amigos. El próximo sábado los invitamos nosotros.

                                                                      CELINA

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-