"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




28 de Julio, 2009


OPERATIVO (Tres miradas)

Publicado en General el 28 de Julio, 2009, 11:34 por FMaini

OPERATIVO.

 

FOTOGRAFICO.

 

Aparecíeron en los diarios de la tarde: poco precisas las palabras y la foto. Había ocurrido por la mañana aunque la luz no tan clara hace pensar en el atardecer. La calle cerrada por dos patrullas. En el fondo una casa que se adivina violentada y vaciada, es vigilada por dos colimbas de rostros asombrados. Ligeramente fuera de foco y en primer plano, el falcon verde, sin chapa;  las puertas abiertas permiten entrever dos hombres de civil con armas largas,  relajados, como dormitando, en el asiento trasero. Un tercero, sentado con las piernas hacia afuera y con los codos sobre sus rodillas, descansa la cabeza entre sus manos. La toma no permite apreciar movimiento alguno pero se presiente que se pasa la mano por los cabellos en un gesto de cansancio, o de alguna clase de dolor, parece que sufre, como si careciera del refinamiento de la crueldad. Adelante, otro hombre, fornido, pelado mira el cuerpo de su compañero caído sobre el volante, muerto. O quizás mira a la vereda de enfrente donde yacen entre sangre, escombros y suciedad, tres jóvenes inertes, no sabemos si con vida aún. Conmociona la imagen de uno de ellos, una casi niña con la pollera escocesa subida, volada en torno a su cintura como si la ráfaga la hubiese congelado corriendo. Y así quedará, huyendo por siempre.

 

 

 

CINEMATOGRAFICO.

 

Primero y en lo oscuro sobresaltan los motores, las frenadas, las corridas taconeadas y las patadas entre las voces tensas y amenazantes de hombres en la cacería. En instantes derriban puertas y se esfuman en lo negro de un pasillo, queda flameando un patético visillo en lo que era una ventana, la única iluminada de la cuadra donde todo se apaga, todos se esconden, es la traición de los callados. La luz que va llegando deja ver en la calle el falcon, un camión enfrente y una tanqueta mas lejos. Todo verde, siempre verde mugre. De la casa surgen gritos, esta vez aullidos de dolor y de miedo. Y una voz nerviosa de alarma, de aviso cuando del pasillo contiguo escapan corriendo dos, no, tres personas, uno de ellos a medio vestir. Los otros vociferan, ellos corren enceguecidos y sin elegir dirección, sólo escapan. Por un breve momento se sienten libres. Parecen caer antes de que se escuche la ráfaga, un instante cómo de vuelo y la brutal caída en el pavimento. Un solo quejido, lastimero, finito y todo acaba. La brisa leve entona un cántico fúnebre. Y pasa un rato, se espesa el silencio, los hombres se calman. Operativo exitoso.

 

 

 

AUTOBIOGRAFICO

 

Me duele la cabeza. Siempre me duele cuando me ordenan la salida. Ya antes de que el portón se abra mi memoria pasada se adelanta, como un video vió, y me muestra  lo que va a pasar. Es en ese momento cuando siento nauseas,  vomito. Se lo que sigue. Salimos a cazar personas. Algunos se defienden y en el tiroteo, no me siento tan mal. “Es una guerra” nos dice el capellán “y ustedes están del lado de Dios y de la Patria”. “Dios?, qué dios quiere que vos hagas esto”? pregunta mi vieja.

Usted me entiende. Cuando mueren es más fácil. Ahí termina todo. Nosotros nos vamos y vienen los que limpian y levantan el botín. Lo difícil es cuando los agarramos vivos. Yo se lo que les espera. Pienso si ellos sabrán que están muertos antes de morir. Y ahí es cuando me agarra el miedo. Es como si yo fuera otra persona que los lleva hasta esa puerta.  Y después ando mal. No puedo dejar de pensar en lo que he visto tantas veces. Ni de noche me olvido. Igual nunca duermo, ni en mi casa, pasan dias, me baño mucho para sacarme de la piel una sangre que no está. Y los aullidos. Antes no sabía que los humanos aúllan. Lo hacen como animales. Los oigo todo el tiempo. Es una pesadilla.

Mi mujer me dice que piense en los chicos, en las becas que nos dieron, en la casa que pudimos comprar. Que es un trabajo. Que los otros son malos. No se. La piba de hoy, la de la pollera escocesa, parecía buenita. Y ahí me vino otra vez el dolor, como un bicho grande, con dientes que me muerde detrás de los ojos. Usted me tiene que ayudar. Haga algo por favor. No me gusta estar así, es una tortura.

 

Tres Registros.

Publicado en Nuestra Letra. el 28 de Julio, 2009, 9:32 por Musante

LA LEY DE LA HEBILLA

CINEMATOGRAFICO:

En los ritos iniciàticos  la ropa termina hecha un enredo,  una moneda que cae del bolsillo y la hebilla del cinto, esa maravilla acùstica delatora,  ancla en el piso la brevedad que somos. Y asì fue, la hebilla cantò a sus espaldas; señal que  ya estaba despojado, entregado, desnudo. Lo ayudaron  con la bata descartable  y lo guiaron por este lugar no lugar (feliz el imbécil porque cree que descubriò uno nuevo).  Detrás de un vidrio, un jardín que hace fuerza  para ser natural, una helada màs y chau plantitas. En ese pasillo minimalista  con ventanas    atrofiadas, si la enfermera de cara asiática lo llevase de la mano, y se riera solo, serìa un remedo lamentable de Maradona rumbo al antidoping , y porqué no, si salvando las distancias, el cagazo era el mismo. Siempre vio a otros partir  por pasillos parecidos, por el ojo de buey de la puerta vaivèn. Su impostergable tendencia a musicalizar, lo urgiò a darle sonido a su primera vez en una sala de màquinas. Despuès ardiò justo ahì, en el centro de gravedad, y mientras comenzaba a hibernar el  discjay frustado todavía  no se decidìa por  Cada vez que respirás o por el tema de una película de bailarinas  que cantaban bye bye algo. Anestesiado cree que en su cabeza se esta tocando esa mùsica.

Fotográfico : quietito

            Fueron cinco minutos de quietud, para ser màs exactos se quedò quietito, que no es lo mismo. Esto es, cerrando todo lo que un humano puede cerrar. Sentado, vestido de descartable, no tuvo el coraje de buscar un reflejo y mirarse  con cofia. Lo ignorarà siempre, se merecía el premio al mejor disfraz. Ante el ridículo carnavalesco, él mismo hubiese dicho "arrancò Febrero".  Ensayò la confianza en ese mundo metálico y desinfectado, que le durarìa un instante, hasta  que llegaron y le instalaron un telòn sobre su cuerpo, transversal. Ahì tuvo lugar la función de tìteres, unos muppets ligeramente sangrientos  jugaron con él, era cierto  al final  que acero y piel no combinan. Hubo un  toque  màs  de anestesia y jura que en medio de una lluvia de Pervinox la señorita Piggy lo besò. A veces es mejor pensar en animalejos vestidos de terciopelo aunque no sea Febrero.

 

AUTOBIOGRAFICO  :El Gramma, los muppets y yo

Se lo tendría que haber dicho, que elegí este sanatorio porque tiene estacionamiento. El se esforzò en explicarme sobre nuevas técnicas miniinvasivas y bla bla bla, y siempre es mejor y agradezco no ser invadido, pero estaba ahì  porque hay garage, y gratis. Absurdo y tacaño, pero es asì. Eso pensaba mientras  me decìa lo de la invasión. Sí le dije que lo gugleè, por si aparecía algo sobre mala praxis, por las dudas. "Saliste en el Gramma , por tu técnica miniinvasiva," tambièn se lo dije , hoy a este tipo lo necesitaba lo màs seguro de sí mismo que fuera posible. En realidad no estaba muy seguro sobre lo de Gramma. Sì estoy seguro de la soledad   de este no lugar, donde cada tanto uno es  arreglado. Ahí estuve yo, un rato,  no màs ; estuvo la enfermera, a la que adjudiquè el Oriente y le arrebatè la mano cuando ardiò. Espantada  la muy yegua   me puso una màscara de oxìgeno, es la adrenalina, me dijo. Habìa una radio  que soltaba la voz de una gatùbela mañanera, adentro  mìo sonaban  en sinfín mis canciones preferidas. Cada vez que respiras por Sting, Robert Downey Jr o  un coro de monjes; y el tema de Juan Moreira ejecutado en vientos. Favio es y serà un pasaporte directo a mi niñez. Gracias Leonardito. Terminaron. Después corrieron el telòn y me vì entero, mi otra mitad seguìa estando allì, como en el truco del circo, la otra mitad  siempre està.  Los muppetts se fueron y me quedè solo. Nos quedamos solos, mi adrenalina y yo. 

                                                    Rubén Musante

                                                    Rubén Musante

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-