"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




22 de Julio, 2009


Fragmento de la novela... presentación de los hijos de Violeta

Publicado en General el 22 de Julio, 2009, 14:56 por Saty

Como en 2007, podría nevar en la región. ¿Qué pasará en Rosario?
Hace un par de horas que una fina nevada ha comenzado a caer, seguramente la última de la temporada, la que añoran los turistas rezagados y detestan los lugareños que creían haberse desprendido, hasta el año siguiente, de la pala para sacar la nieve de la puerta.

Para cuando Agustín levanta la persiana del comedor de su cabaña, la ladera de pinos y el asfalto están cubiertos de un manto blanco.

En el interior, la calefacción impide imaginar cuál será la temperatura real, aunque el hombre descuenta que debe estar varios grados por debajo de 0.

Faltan pocos días para la primavera, pero este ha sido un invierno muy frío y lluvioso.

Agustín prende la hornalla de la cocina para calentar el agua del mate, necesita despabilarse porque no ha dormido mucho y en una hora deberá estar en el Instituto.

Cuando atraviesa el pasillo para ir al baño su mirada se detiene sobre el cuerpo desnudo del muchacho y una erección involuntaria crece a medida que recuerda la noche anterior.

Mira el reloj. Duda. Por un segundo.

Decide que será mejor dejarlo dormir un rato, no tiene tiempo para otra cosa más que darse una ducha, vestirse y tomar uno mates.

El contacto con el agua le eriza la piel, pero es apenas un momento.

Enseguida vuelve a sentir el calor corriendo por su cuerpo al sentir que desde atrás unos jóvenes brazos lo rodean.

- ¿Te desperté?

- Oí  el agua correr y tuve ganas de ducharme con vos.

- Tengo poco tiempo Fabián.

 

- Fabio, tonto, me llamo Fabio.

- Perdoná lindo, es que anoche tomé bastante.

- Ya sé… no importa… ¿te gustó?

- ¿A vos qué te parece?

- A mí… hum… que deberíamos repetirlo.

Agustín deja que  Fabio se deslice, carne dura chocando contra su carne algo fláccida y el agua jabonosa que corre y el agua que distorsiona sus gemidos, y el agua que no limpia ni ensucia solo corre… está a punto de acabar cuando el teléfono comienza a sonar. No se detiene, pero el ruido que no cesa, provoca en él una urgencia impensada, una necesidad vívida de no quedarse caliente, voy, voy, voyyyyyyyy. ¡Sííí! ¡Sííí!

- Hola ¿Quién habla?

- Soy yo hermanito, Ana Clara.

- Hola Pupi ¿pasa algo que llamás a esta hora?

- Sí… bueno, en realidad no… no es algo de vida o muerte pero necesito hablar con vos de Violeta.

- ¿Mamá? ¿Qué pasa? ¿Se cayó?

- No… es un poco complicado ¿tenés tiempo ahora o preferís que te llame más tarde?

- Bueno… justo salía para el Balseiro… pero… no me dejes así… adelantáme algo.

- Es serio Agus… Violeta empezó con delirios…pero andá… te llamo a la noche ¿te parece?

- Dále… un beso nena.

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No hay caso. Nada ha cambiado. Soy yo, como siempre, la estúpida que tiene que hacerse cargo. El señor ahora tiene la excusa de que está lejos y que no puede faltar a su trabajo. ¿Y yo qué? ¿No tengo vida acaso? Pero claro, porque me separé y Lucas está grande, entonces que se arregle, ni siquiera puede contestar una llamada, y no dijo ni mu cuando propuse que lo llamaba a la noche, por lo menos hubiera dado muestras de alguna preocupación o tan solo hubiera dicho que llamaba él, pero el hijo de puta es vivo, siempre el preferido de ella y ahora mirá, cuando lo necesita se hace el boludo, después de todo él es el mayor y debería decidir o mínimamente ayudarme a decidir qué hacer, pero qué me va a ayudar si ni preguntó nada y yo soy una idiota a la enésima potencia porque tendría que haberle dicho que viniera y se hiciera cargo, yo ya tengo bastante con llevarla al médico y a la peluquería una vez por semana, comprarle los remedios, autorizar sus órdenes en la obra social, encargarme de pagar los impuestos de la casa que después va a ser mitad y mitad, menos mal que está Rosa por que sino no sé qué haría, porque yo ni en pedo la bañaría, ella nunca me bañó, ni cuando era bebé creo, siempre de fiesta en fiesta, con papá o sin papá, si hasta me parece que le metía los cuernos al pobre, como cuando se iba de viaje por motivos diplomáticos, qué diplomacia ni qué mierda, le importaba un carajo, pero Agustincito sí, con él era diferente y así salió, tanto mimo, tanto mimo y le salió puto el nene.

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La concha de la lora, justo ahora se le ocurre a mamá empezar a delirar,  ahora que yo estoy con un buen laburo acá a 2000 Km. de distancia, porque bien que me costó al principio, las caras de burla y los cuchicheos de mis compañeros de trabajo, el puto esto, el puto aquello y yo aguantando, sin cagarlos a trompadas, para no dar motivo a que me despidieran por violento, Agustín cara de piedra aunque hirviera por dentro, y así meses hasta que al final se cansaron y conseguí que me aceptaran como soy, ahora esto y la pesada de Pupi que no sé qué mierda quiere que haga que me llama a las ocho de la mañana, qué lindo el pendejo, qué lindo polvo mojado, quién se iba a imaginar cuando me hizo dedo que terminaría en mi cama, lindo, lindo y canchero, porque no necesité hacerle mucho el verso, se dio cuenta apenas subió al auto, enseguida puso su mano sobre mi pierna, desgraciado, tan mocoso y caradura, pero me gustó, qué voy a hacer, volverme a Rosario no puedo, pero aquella no lo va a entender, seguro va a decir que me borro y mamá pobre mamá, quién se hubiera imaginado, perdida ella que siempre fue tan inteligente y capaz, no es justo, la mierda que no es justo.

poemático

Publicado en relatos el 22 de Julio, 2009, 11:47 por C_Santini

             

                               Espejo

         

         

  El espejo, mi viejo amigo. Las primeras luces del día te devuelven a la vida. Cuántas veces me he mirado mirándote. ¿Qué sería del mundo sin espejos? Acaso se viviría diferente. Las mujeres estarían menos pendientes de sí mismas, creeríamos más en nosotros y no tanto en las apariencias. De chico solía detenerme frente a vos. Creía que allí detrás había otro mundo, idéntico a éste pero sin sonidos. Sigiloso, me gustaba asomarme desde un ángulo de mi pieza de infancia. Jugaba a tratar de engañarte. Imposible, como querer engañar a un amigo íntimo. Con mi mano rozo tu superficie, despacio, con cuidado, te saludo y me despido. Dejo que me copies. Veo que el tiempo, implacable, desdibujó las líneas de mi rostro. Pero allí está el mechón oscuro sobre la frente y la sonrisa que agradaba a ciertas mujeres, sobre todo a ella. Ella, que desde anoche decidió no estar más conmigo. No me gustan los hombres fracasados, dijo, y tiró las copas contra la pared. Le expliqué que a veces es difícil, que no basta con ser bueno en lo suyo, que el éxito y el fracaso son, como dice el poeta, dos grandes impostores y suceden a pesar nuestro. El jurado fue lapidario. Creyó que el premio debía ser de otro y punto.

Qué se puede hacer. Adiós al viaje a Europa y a la promesa de una vida más tranquila. Así que he decidido dejar de verte y de verme. Con los ojos fijos en mí deslizo la mano por el borde de la mesa de luz. Siento de nuevo el placer que produce acariciar algo tan familiar: la suavidad de la madera recién lustrada, ese dulce cosquilleo en la yema de los dedos. Abro el pequeño cajón y busco lo que sé que encontraré. Tomo el revólver que usé casi sin querer en un arrebato de impotencia y te miro por última vez. Viene a mí la imagen de ese niño que solía ser y que corría alegre después de haber cometido una travesura. Hundo en la garganta la punta del caño y pienso que apenas fui lo que pude ser de todo lo que debería haber sido. Tiempo atrás me robaron mi nacimiento. No dejaré que nadie me robe mi muerte.

        

             

        

             

        

                                                                              C. S.

                                                                              Rosario, Julio de 2009. 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-