"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




18 de Julio, 2009


relato breve

Publicado en relatos el 18 de Julio, 2009, 22:28 por MC Rivarola

Opio sublime

 

 

 

María vivía tranquila dentro de sus extraños parámetros de normalidad en una casita humilde de barrio con jardín, flores y hamaca paraguaya.

Un día helado de agosto se muda al lado de su casa una señora mayor de aspecto amigable y mirada diabólica.

Justo por esa época empieza a cambiar la vida de María, en picada descendente: pierde el trabajo, sus margaritas se marchitan, se corta la soga de la hamaca y lo peor: su novio la deja por una divorciada de cuarenta.

Cansada de llorar batallas perdidas y con manotazo de ahogado, María decide visitar al padre Ignacio. Éste al escuchar su fantasmagórica historia, la hace pasar a la parte trasera de la iglesia, ahí le pide que se saque toda la ropa y se sumerja con la nariz tapada en el piletón de agua bendita. Él también se mete; desnudo resulta mas feo que vestido. Comienza un ritual majestuoso e inexplicable.

María vuelve a su casa como flotando sobre algodón. Finalmente termina el calvario en la vida de esta buena chica. Al día siguiente su rara vecina puso en venta la casa y se esfumó.

Ella ahora es feliz y forma parte del club de colaboradores del padre Ignacio.

 

 

 

                 Ce

el colmo de un estilo...

Publicado en De Otros. el 18 de Julio, 2009, 14:33 por MScalona

Charles Bukowski, 1920-1994, EE.UU.

                               

C a m u s

               

                   

               

                   

               

                   

               

                   

Larry se despertó, salió de entre las retorcidas sábanas, se fue hacia la ventana desde la que se veía la parte este del vecindario. Vio los tejados de los garajes y los árboles con sus ramas desnudas. Su resaca era más o menos normal y se dirigió hacia el baño a mear, luego volvió hacia la pileta para lavarse las manos y acto seguido se echó agua en la cara. Entonces lo hizo: miró su rostro en el espejo y no lo encontró nada encantador. Abrió el grifo de la bañera, pensando: El Problema de la Historia del Hombre es que no lleva a ninguna parte, tan sólo a una cierta muerte para el individuo, cosa que resulta gris y lamentable, material de cloaca.

Su gato, Cerdo, entró. Cerdo se quedó mirándolo fijamente, quería su comida gatuna. Este animal, pensó Larry, no es más que un estómago con patas y si quisiera volver al Este pasar un par de semanas, tendría que llevar a este hijo de puta a una guardería de animales o pegarle un tiro. Quizá si me entraran ganas de volver al Este debería pegarme un tiro yo mismo; pero no quiero pegarme un tiro. Han muerto demasiados hombres de un disparo, yo deseo algo más personal. ¿Pastillas…? No, las pastillas son muy aburridas, incluso aunque provoquen la muerte.

Larry volvió a examinar su rostro en el espejo. ¿Una afeitada? No.

Larry logro llegar a su clase de las 11 de la mañana. Allí estaban aquellas jovencitas, promesas efímeras, aquellas jovencitas, aquellos fantásticos adornos pasajeros, tan relucientes, tan frescas. Le gustaban. Los chicos estaban casi tan bien como las chicas. A medida que pasaban décadas, chicos y chicas se estaban volviendo iguales. Los chicos tenían ahora una gracia que los de su época nunca habían tenido. Y también parecían más amables. Eso sí, una cosa de la que parecían carecer era de valentía, aunque quizá su valor fuera más sublime, más oculto. La Generación Atómica había producido una curiosa pandilla y hacía mucho tiempo que Larry había decidido que juzgarlos era sólo un escudo protector de sus propios defectos.

Larry los miró desde atrás de su escritorio de profesor. Aquella mesa, el símbolo del poder.

-         Bueno, me cago en… -dijo.

Algunos se rieron.

-         Yo ya he cagado –dijo uno haciéndose el listo.

-         ¿Te limpiaste? –preguntó Larry.

-         Puede que no lo suficiente –dijo el alumno.

-         Eso puede aplicarse a casi todo –apuntó Larry.

-         Eh –dijo un gordito de delantal amarillo desde uno de los asientos de atrás-, cuanta charla sobre el cagar. Creía que usted daba un curso de Literatura Moderna… ¿para esto le pagan?

-         Casi todos los hombres son incompetentes en su profesión. Yo debe ser uno más. No estoy seguro, pero algo de lo que sí estoy muy seguro es de que puedo romperte el culo. Esto no es muy importante en realidad, pero de algún modo me tranquiliza…

El chico del delantal amarillo se puso de pie de un salto:

-         ¡Eso habrá que verlo!

-         Vale –dijo Larry-, vamos…

La clase salió lentamente en fila. Esperaron a Larry y al chico. Formaron un círculo bajo el roble, cerca de la biblioteca. Los contrincantes llegaron. Larry se quitó la chaqueta, la tiró al suelo. El gordito del delantal respiró profundo y sacó pecho. Parecía como si se hubiera tragado varios miles de ranas. Entonces atacó. Larry le dio un puñetazo en cuanto se acercó y luego le metió un derechazo en toda la barriga. Al gordo se le escapó un pedo y retrocedió. Entonces el chico comenzó a girar en círculos. Larry también. Ambos giraban en círculos. Giraban y giraban.

-Venga –gritó alguien de la multitud-, vamos al grano.

Larry le hacía señas con la mano al gordito para que se acercara:

-Vení que te voy a hacer pedazos…

-¡Viejo de mierda –decía el gordo-, te voy a romper ese culo muerto a patadas!

Seguían girando en círculos. Algunos alumnos regresaron al aula a recoger sus cosas. Otros se fueron a otros lugares.

Entonces Larry y el chico se quedaron solos, girando.

El gordito dijo:

-         Conseguiré que mi padre haga que lo echen.

-         No vamos a pelear –dijo Larry- nos tenemos miedo uno al otro.

Larry se dio la vuelta y se encaminó al aula, cuando llegó, sólo la mitad de la clase estaba esperándolo. Después entró el gordito y se sentó en la última fila. Larry lo miró y dijo:

-         Te va a resultar muy difícil sacar un sobresaliente conmigo.

-         Ya lo sé –contestó el chico-. Para eso hay que tener una conchita joven y apretada.

-         Y más de una vez… -agregó Larry-.

Larry contempló lo que quedaba de la clase.

          -   Bien, si hay alguien más que quiera que le rompa el culo a patadas, ¡que por favor se ponga de pie!

               Uno de los chicos se puso de pie y luego otro. Pronto todos se pusieron de pie. Entonces se puso de pie una de las chicas y luego otra y pronto estaba todo el mundo de pie.

-         Está bien, -dijo Larry- siéntense. O sino los voy a suspender a todos…

Se sentaron.

-    El poder destruye –dijo Larry- y la ausencia de él crea un mundo de inadaptados. Pero les voy a dar una ayuda. No los suspenderé si alguno de ustedes me dice el nombre de un escritor bastante bueno. Como ayuda, el nombre deletreado al revés es  " s-u-m-a-c "

         -    Smack –dijo uno haciéndose el pícaro.

          -    No –dijo Larry- es "Kcams", el gran poeta y ladrón de caballos húngaro del siglo XIX. Están todos suspendidos. ¿Qué les parece?

          -  ¿Qué piensa usted de Capote?

         - Nunca pienso en él.

         -¿Y en Mailer?

         - Sólo en sus mujeres.

         - ¿Y Dios?

         - Sobre todo, no pienso en Dios.

         -Si "sobre todo" no lo hace –dijo alguien- eso quiere decir sobre todo que sí lo hace.

         - ¿Quieres decir –le preguntó Larry- que si no cojo, eso significa que sí lo hago?

         Entonces sonó la campana, doblando por todos. Larry pensó: me han parecido sólo veinte minutos. No hay nada como un poco de ejercicio físico para pasar el tiempo.

Cuando los vea el próximo miércoles, si es que los veo –dijo a los alumnos que ya salían- espero que cada uno traiga una redacción sobre "Quién escribió el himno nacional y por qué".

         Salieron en fila, refunfuñando algo como ¿qué tiene que ver el himno con la Literatura Moderna?

         Entonces se fueron todos menos una jovencita que se acercó al escritorio de Larry. Estaba muy guapa con aquella luz del mediodía. La luz se filtraba a través de su vestido ajustado. Él estaba allí sentado y sintió cómo ella le rozaba el hombro izquierdo con su cadera.

-         Me gusta, Jansen –dijo ella, llamándolo por su apellido-, no sé cómo decirlo, puede que le suene raro…

-         Simplemente aprieta las piernas muy fuerte e inténtalo.

-         Bueno, es que comprendo porqué sus clases son las más famosas de la facultad. Son enérgicas y descriptivas, son entretenidas, tienen garra…

-         Garra, eso es lo que necesitamos. Gracias…

-         Denise.

-         Gracias, Denise…

Entonces ella presionó la cadera contra él.

-         Lo que voy a decirle ahora es un poco más fácil: si alguna vez quiere un poco de conchita joven y apretada, eso de lo que siempre está hablando en clase…

-         No hablarás en serio… -Larry levantó la mirada hacia la chica.

-         Claro que sí, por un "sobresaliente" sí hablo en serio.

Larry seguía mirándola.

-    Dios mío, ¿ creés que se me puede comprar tan fácilmente…?

         -    Sí –sonrió-, sólo tiene que escribir su número de teléfono en esa libreta, arrancar la hoja y dármela. Yo me ocuparé del resto…

         Larry tomó su bolígrafo, escribió su número y lo deslizó hacia la cadera de ella. La mano de la chica bajó, tomó el papel, lo dobló y después se fue.

         Larry se levantó, se puso el saco. Tenía una clase a las 2 de la tarde y después terminaba su jornada. Una cosa sí sabía, pensó, iba a aplazar a aquel gordito hijo de puta del delantal amarillo. ¿Acaso no era eso suficiente? ¿Arthur Koestler y su mujer en un doble suicidio?

         Salió del aula y atravesó en seguida el campus de la Universidad. Era la hora de tomarse su almuerzo tranquilo y un par de copas en el Blue Moon. Eso quedaba a unos dos kilómetros de la facultad, pero bien valía el paseo en coche. Era un lugar buenísimo para relajarse.

               

                

Del libro de cuentos  HIJO DE SATANÁS

Ed. Anagrama, Compactos, p. 82-87,  $ 32,00.-  Homo Sapiens

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-