"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




15 de Julio, 2009


Horacio Castellanos Moya

Publicado en De Otros. el 15 de Julio, 2009, 18:02 por MScalona

                                                          

EL   ASCO    Frag. Novela 

 

HORACIO  CASTELLANOS  MOYA,  

Ed Alfaguara, p. 1-3

 

 

Edgardo Vega, el personaje central de este relato, existe: reside en Montreal bajo un nombre distinto-un nombre sajón que tampoco es Thomas Bernhard. Me comunicó sus opiniones seguramente con mayor énfasis y descarno del que contienen en este texto. Quise suavizar aquellos puntos de vista que hubieran escandalizado a ciertos lectores

 

 

 

Suerte que viniste, Moya, tenía mis dudas que vinieras, porque este lugar no le gusta a mucha gente en esta ciudad, hay gente a la que no le gusta para nada este lugar, Moya, por eso no estaba seguro de si vos ibas a venir, me dijo Vega. A mí me encanta venir al final de la tarde, sentarme aquí en el patio a beber un par de whiskies, tranquilamente, escuchando la música que le pido a Tilín, me dijo Vega, no sentarme en la barra, allá adentro, mucho calor en la barra, mucho calor allá adentro, es mejor aquí en el patio, con un trago y el jazz que pone Tilín. Es el único lugar donde me siento bien en este país, el único lugar decente, las demás cervecerías son inmundicia, abominables, llenas de tipos que beben cerveza hasta reventar, no lo puedo entender, Moya, no puedo entender cómo esta raza bebe esa mierda de cerveza con tanta ansiedad, me dijo Vega, una cerveza mierda, para animales, que sólo produce diarrea, es lo que bebe la gente aquí, y lo peor es que se siente orgullosa de beber una mierda, son capaces de matarte si le decís que lo que están bebiendo es una mierda, agua sucia, no cerveza, en ningún lugar del mundo eso sería considerado como cerveza, Moya, vos lo sabés como yo, ese es un líquido asqueroso, sólo lo pueden beber con tal pasión por ignorancia, me dijo Vega, son tan ignorantes que beben esa cochinada con orgullo, y no con cualquier orgullo, sino con orgullo de nacionalidad, con orgullo de que están bebiendo la mejor cerveza del mundo, porque la Pílsener salvadoreña es la mejor del mundo, no una mierda que únicamente produce diarrea como pensaría cualquier persona en su sano juicio, sino la mejor cerveza del mundo, porque esta es la primera y principal característica de los pueblos ignorantes, consideran que su miasma es la mejor del mundo, son capaces de matarte si le niegas que su miasma, que su mugrosa cerveza diarreica, es la mejor del mundo, me dijo Vega. Me gusta este lugar, no se parece en nada a esa mugre de cervecerías donde venden esa cochinada de cerveza que aquí se bebe con tanta pasión, Moya, este lugar tiene su propia personalidad, una decoración para gente mínimamente sensible, aunque se llame La Lumbre, aunque en la noche sea horroroso, insoportable por la bulla de esos grupos de rock, por el ruido de esos grupos de rock, por la perversión de molestar al prójimo que tienen esos grupos de rock. Pero a esta hora de la tarde este bar me gusta, Moya, es el único sitio al que puedo venir, donde nadie me molesta, donde nadie se mete conmigo, me dijo Vega. Por eso te cite aquí, Moya, La Lumbre es el único lugar de San Salvador donde puedo beber, y un par de horas nada más, entre cinco y siete de la tarde, tan sólo un par de horas, después de la siete este sitio resulta insoportable, el lugar más insoportable que pueda existir por el ruido de los grupos de rock, tan insoportable como las cervecerías llenas de tipos que beben con orgullo su cerveza sucia, me dijo Vega, pero ahora podemos hablar con tranquilidad, entre cinco y siete no nos molestarán. He venido a este lugar ininterrumpidamente desde hace una semana, Moya, desde que lo descubrí  vengo todos los días a La Lumbre, entre cinco y siete de la tarde, y por eso decidí verte aquí, tengo que platicar con vos antes de irme, tengo que decirte lo que pienso de toda esta inmundicia, no hay otra persona a la que la pueda contar mis impresiones, las ideas horribles que he tenido estando aquí, me dijo Vega. Desde que te vi en el velorio de mi mamá, me dije: Moya es el único con el que voy a hablar, nadie más de mis compañeros de colegió apareció por la funeraria, nadie más se acordó de mí, ninguno de los que se decían mis amigos apareció cuando mi vieja se murió, sólo vos, Moya, pero quizás haya sido mejor porque en realidad ninguno de mis compañeros de colegio fue mi amigo, ninguno volvió a verme luego que acabamos el colegio, mejor que no hayan aparecido, mejor que al velorio de mi mama no haya llegado ninguno de mis ex compañeros, excepto vos, Moya, porque odio los velorios, odio tener que estar recibiendo condolencias, no hallo qué decir, me molestan esos desconocidos que llegan a abrazarte y se sienten como tus íntimos nada más porque tu madre ha muerto, mejor que no hallan llegado, odio tener que ser simpático con gente a la que no conozco, y la mayoría de quienes llegan a darte el pésame, la mayoría de los que asisten a los velorios, son persona a las que no conoces, a las que jamás volvieras a ver en tu vida, Moya, pero tenés que hacerles buena cara, de compunción y agradecimiento, cara de que en realidad agradeces que esos desconocidos vayan al velorio de tu madre a darte sus condolencias, como si en esos momentos lo que vos más necesitaras es estar siendo simpático con desconocidos, me dijo Vega.  Y cuando vos llegaste, pensé que buen onda que Moya haya venido, y mejor incluso que se haya ido tan pronto, gracias Moya, a que horas sea ido tan pronto pensé, no tengo que esta atendiendo  a ex compañeros de colegio, me dijo Vega, no tuve que estar siendo simpático con nadie, porque en el velorio de mi madre apenas estuvimos mi hermano Ivo y su familia, una docena de conocidos de ella y de él (de mi hermano) y yo, el hijo mayor, el que tuvo que venir apresuradamente de Montreal, el que nunca esperaba regresar a esta mugre de ciudad, me dijo Vega.  Nuestros ex compañeros de colegio han de ser lo peor, un verdadero asco, qué suerte que no me encontré a ninguno, aparte d vos, por supuesto, Moya, no tenemos nada en común, no puede haber una sola cosa que me una a alguno de ellos. Nosotros somos la excepción, nadie puede mantener su lucidez después de haber estudiado once años con los hermanos maristas, nadie puede convertirse en una persona mínimamente pensante después  de estar bajo la educación de los hermanos maristas, haber estudiado con los hermanos maristas es lo peor que me pudo haber sucedido  en la vida, Moya, haber estudiado bajo as ordenes de esos homosexuales ha sido mi peor vergüenza, nada tan estúpido como haberse graduado en el Liceo Salvadoreño, en el colegio privado de los hermanos maristas en San Salvador, en el mejor y más prestigioso colegio de los hermanos maristas en El Salvador, nada tan abyecto como que los maristas le hayan moldado el espíritu a uno durante once años, ¿te parece poco, Moya? Once años escuchando estupideces, repitiendo estupideces, me dijo Vega. Once años respondió sí, Hermano pedro; sí hermano Beto; sí, Hermano Heliodoro; las más asquerosa escuela para la sumisión del espíritu, en ésa estuvimos,  Moya, por eso no me importa que ninguno  de los sujetos que fueron nuestros compañeros en el Liceo haya llegado al velorio de mi madre, fueron once años de domesticación del espíritu, once años de miseria espiritual que no quería recordar, once años de castración espiritual, cualquiera de ellos que hubiera llegado sólo hubiera servido para que yo rememorara los peores años de mi vida, me dijo Vega. Pero pedí un trago por estar con mi perorata ni me había fijado, tomate un whisky  conmigo, llamemos a Tilín, el barman, el diyoqui, el milusos a esta hora, un tipo buena gente, alguien a quien le agradezco que haya hecho mínimamente placentera mi estadía en este horrible país. Me da alegría platicar con vos, Moya, aunque también hayas estudiado en el Liceo como yo, aunque tenga la misma inmundicia en el alma que me metieron los hermanos marsitas durante esos once años, me siento contento de haberte encontrado, un ex estudiante marista que no participa del cretinismo generalizado, eso sos vos, Moya, igual que yo, me dio Vega. Yo tenía dieciocho años de no regresar al país, dieciocho años en que no me hacía falta nada de esto, porque yo fui precisamente huyendo de este país, me parecía la cosa mas cruel e inhumana que habiendo tantos lugares en el planeta a mí me haya tocado nacer en este sitio, nunca pude aceptar que habiendo centenares de países a mí me tocara nacer en el peor de todos, en el más estúpido, en el más criminal, nunca pude aceptarlo, Moya, por eso me fui a Montreal mucho antes de que comenzara la guerra y no me fui como exiliado, ni buscando mejores condiciones económicas, me fui porque nunca acepté la broma macabra del destino que me hizo nacer en estas tierras, me dijo Vega.     

 

Castellanos Moya nació en 1955, es salvadoreño, exiliado.

Hugo Mujica

Publicado en De Otros. el 15 de Julio, 2009, 11:36 por MScalona

HUGO MUJICA

Nació en Buenos Aires en 1942.Algunas de sus obras publicadas son: Brasa Blanca (1983), Responsoriales (prólogo de Humberto Díaz Casanueva), Escrito en un reflejo (1987), Solemne y mesurado (1990), Para albergar una ausencia (1995 , España), La palabra inicial (1996, España), Flecha en la niebla (1997, España).
Los poemas que se publican son inéditos y forman parte del próximo poemario que publicará en España la editorial Pre-Textos y que se denomina Noche abierta.


Cada hombre

cada hombre y yo:

caña seca
en la que se surca
el viento para retomar su cauce,

como si nada hubiese pasado

salvo el abrirse de
una ausencia,
un surco entre mi paso y el pasado
entre mi vida y cada vida.

A veces la vida

a veces
nos miramos en silencio

la vida y yo.

A veces duele, duele
blanca,
lenta

se hunde en la carne
como una botella vacía se hunde en el
estanque
que la va llenando.

a veces, en silencio, llora
y algo sagrado brilla en el mundo,
en silencio, reverbera en las palabras.

Trazos

la luna traza treguas en las noches,

bordes
entre una sombra y otra sombra,

bajo su luz, un perro
apedreado
sangra un reguero,
traza una profecía.

abajo, o dentro de la noche
un ciego camina
leyendo
con sus manos el vacío en cada grieta,

palabra a palabra
avanza hacia el final, vacío a vacío
descifra todo destino.


  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-