"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




4 de Julio, 2009


Arrimando a una figura barthiana

Publicado en Cuentos el 4 de Julio, 2009, 17:42 por Celina

 

       CELOS     

 

        

 

        Salí de casa dando un portazo. Otra vez habíamos discutido. Por enésima vez en dos o tres días. Una y otra vez volvía sobre lo mismo, quería que deje mi trabajo. Estaba celoso de Juan, un compañero. No entendía por qué. Juan es un chico agradable, más joven que yo. Debe rondar los 25. Trabajamos juntos en la sección contable. Se acaba de recibir; ganó una beca por haber terminado con uno de los mejores promedios. A mí me cae bien, parece buena persona.

        Caminé varias cuadras. Hacía frío y había olvidado los guantes. Sufro mucho el frío, mis manos siempre están heladas. Lo maldije por lo bajo. Subí bien el cierre de mi campera y metí las dos manos en los bolsillos. Cuando respiraba salía vapor de mi boca. No tenía idea adónde iba. No estaba para andar caminando, la noche se acercaba y la temperatura bajaría mucho más. Lo odié por obligarme a salir de casa. Detesto el invierno y a esta hora de la tarde me encanta sentarme delante de la estufa, ponerme las pantuflas, hacerme un café y mirar la tele o leer un rato. Cuando termino con la cocina ya es tarde y tengo sueño. Me voy a acostar enseguida porque a la mañana me levanto temprano y  me cuesta despegarme de la almohada.

       La gente ya estaba volviendo a sus casas. Los envidié. Empezó a llover y decidí irme a un bar. Entré en el primero que encontré. Estaba templado y de fondo sonaba Roy Orbison y su Pretty Woman. Sentí que la canción estaba dirigida a mí:     

 

Pretty woman, walking down the street, pretty woman. 

 The kind I like to see, pretty woman,

I don´t believe, you´re not the truth.                   

No one can look as good as you…

 

  Busqué una mesa alejada de la puerta. Me senté y miré la carta. Había tantos  tipos de cafés que me costaba decidir. Al final pedí uno con coñac. Me saqué la campera y la colgué en el respaldar de la silla. Ahí me di cuenta de que no traía el celular. Daba igual, estaba demasiado enojada para hablar con Federico. Ya se me pasaría. En algún momento iba a tener que volver a casa pero no me parecía mal que sufriera un poco. Siempre fue celoso, pero últimamente estaba insoportable. Desde que Juan había entrado a la empresa todas las mañanas escuchaba el mismo discurso.  

               -¿Por qué te ponés esa pollera tan corta? Cambiate.

 

Al principio le hacía caso para no pelear. Pero ya estoy cansada, nunca nadie me dijo qué ponerme. No iba a empezar ahora. No podía creer que fuese tan anticuado. Todavía pienso seguir usando polleras muchos años más. Cuando nos conocimos mis piernas fueron una de las cosas que más le gustaron de mí. ¡Ahora que reviente!. Desde que empezó a insistir con el largo de las polleritas y cuando me cansé de seguirle la corriente, las empecé a usar cada vez más cortas. Cuando discutimos o estoy  deprimida voy y me compro otra. Además los hombres me miran por la calle. Sus celos estúpidos hicieron que me preocupe más por mí y terminé dándome cuenta de que a los tipos les gusto.

                 El mozo trajo el café. Vi de reojo como me miraba las piernas. Sonreí por dentro. -Desea algo más?-  preguntó solícito.

-No, por ahora no. Gracias.

 

Mientras revolvía el café por hacer algo, lo tomaba sin azúcar, empezó a sonar “The Piano man” de Billy Joel. Cerré los ojos y me imaginé al fondo del bar “al solitario hombre tocando el piano y haciéndole el amor a su vaso de gin” . Abrí los ojos y miré alrededor. Hasta ese momento no me había dado cuenta de que había solamente hombres. ¡Era muy irónico!  Daría cualquier cosa por ver la cara de Federico si me viera acá. Rodeada de hombres. La canción estaba en la parte donde dice  “comparten un trago llamado soledad, pero es mejor que beber solo”.  Yo no podía decir lo mismo. Estaba sola bebiendo mi café.

 

                 Los clientes eran de mediana edad,  entre 30 y 50 -nunca fui buena para las edades- todos con camisa y corbata y bien peinaditos. Evidentemente venían después del trabajo. Aunque un par estaban charlando, la mayoría miraban absortos lo que tomaban o simplemente miraban hacia la calle. Uno en especial me llamó la atención. Era bastante más joven que los otros y escribía algo. Su rostro expresaba pasión, como si lo que fuese que escribiera fuera asunto de vida o muerte. No pude evitar seguir mirándolo. En un momento levantó la vista y nos miramos un segundo. Instintivamente desvié la mirada. Sentí que me ponía colorada. Justo vi pasar el mozo y para disimular lo llamé. -Mozo, otro café igual le pedí. Me sentía como una chiquilina descubierta en una travesura. Levanté un poco la vista y descubrí que él me seguía mirando. El muy descarado me guiñó un ojo. No me iba a intimidar. Le sonreí lo más seductoramente que pude. Después agarré mi cartera e hice como que buscaba algo. Encontré mi agenda y la saqué. Me puse a mirarla distraídamente sin dejar de pensar en los ojos que sentía clavados en mi cara.  ¿Qué se proponía?.  Igualmente ya se estaba haciendo tarde. Era hora de volver a casa.

- Mozo, me cobra por favor. Antes de que pudiera reaccionar de alguna forma, el tipo se levantó y se sentó en mi mesa.

- Hola, ¿qué hacés? me dice.

- Me estoy yendo, le contesto. Y me quedo mirándolo fijo.

- Te acompaño. Yo también salía.

- ¿Perdón, nos conocemos?. Porque tu cara no me resulta familiar.

- La verdad que no, pero eso se soluciona. Me llamo Santiago, vengo siempre a este lugar después del trabajo y hoy conocí a la mujer con las piernas más lindas de todo el planeta.

- Ah! bueno y entonces ¿qué hacés perdiendo el tiempo conmigo?, le dije sonriendo. Tenía tanto aplomo al hablar que no sabía qué hacer.

- Es que vos sos esa mujer. ¿Cómo te llamás?

 

No había nada de malo en decirle mi nombre, pensé.-Lucía.

-Entonces Lucía, ahora sí nos conocemos. Te invito una copa, ¿estás muy apurada?.  

              La verdad no tenía ningún apuro por irme. A escuchar los reproches de Federico. Después de todo su actitud infantil fue la que me empujó hasta acá.  Me quedé. Tomamos un vino y charlamos de cualquier cosa. El tal Santiago era por demás de interesante. Tenía rasgos muy masculinos, cejas tupidas, nariz firme, mentón decidido. Dientes blanquísimos y una sonrisa que derretía. Me encontré pensando qué sentiría si me besaba. Era seductor por naturaleza, un típico Don Juan, y sabía cómo hacer sentir bien a una mujer. A su lado hasta un buzón se sentiría atractivo. Creo que desde que me miró supe en qué terminaría todo esto. Era como el juego del gato y el ratón. Yo era el ratón y no estaba haciendo nada por escapar. Mientras me dejaba atrapar meditaba el por qué. No había respuesta. Simplemente era así. A lo mejor Federico lo intuyó antes de que fuese una realidad. Todavía no era una realidad, pero no pensaba  impedirlo. Este hombre más joven me excitaba. Por nada del mundo me perdería lo que seguía.

                Salimos del bar. Hacía un frío que cortaba la respiración. Como si fuera lo más natural del mundo me abrazó y yo recosté mi cabeza en su hombro. Ya era noche cerrada. Por un breve momento me acordé de Federico. Estaría angustiado. Lo olvidé al instante. Metí mis manos en los bolsillos y dediqué mi atención a esquivar los charcos de agua.

             

 

 

                                                             CELINA

 

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-