"...llevaba el buscador de astros redondo y plano de latón con las caras pulimentadas. Veía el grabado de las coordenadas horizontales de la esfera celeste; también veía el cenit, el horizonte, el ecuador, el azimut y los círculos de capricornio y cáncer. Confió en el instrumento puesto que había nacido en julio y esa coincidencia lo animaba". --- MARTHA CORSALINI. La Búsqueda.-




BUSCANDO AL SR. BARTHES

Publicado en General el 3 de Julio, 2009, 11:16 por Alejandro

El próximo beso

 

P

eleo con mis ojos, que se niegan a enfocar la ruta, y pienso en los caprichosos acontecimientos de las últimas 36 horas. Me duele la cabeza, me duele la cintura. Enero en Corrientes, hace calor y las lluvias, desde tanto tiempo atrás, que se mueven en sentido exactamente inverso a mi conveniencia. Este ahogo no es caprichoso. Ayer, más o menos a esta hora, llegué a mi trabajo en la embotelladora de soda. Mal dormido me enteré que un camión que traía una máquina desde Porto Alegre estaba parado a la salida de Paso de los Libres. El camionero se había calentado con un gendarme, lo puteó (según me contó muy orgulloso le vomitó: “negro hijo de puta porque no me chupan la pija vos y los otros putos que están ahí”) y todos quedaron detenidos: camionero, camión y máquina. Casi lo mismo le quise decir yo al Sodero, tal vez cambiando el negro por un judío, cuando me ordenó “Gringo, agarrate el Corsita y fijate de arreglar este quilombo. Hacete acompañar por el pibe nuevo”. El Corsita, una lenta babosa a GNC sin aire acondicionado, el pibe nuevo un gordo inútil que mandaba mensajes de texto con las dos manos, usando solo los pulgares y 800 kilómetros por delante después de una muy mala noche.

 

            A pocas cuadras de la fábrica  vive una compañera de la escuela secundaria. A sus 17 todos correteábamos, alzados y patéticos,  tras su culo tan duro y tetas tan redondas. Yo la quise, ella no. Quiso a varios pero a mi no. Con el tiempo aprendí a aceptar los hechos y fuimos bastante amigos pero, a intervalos extrañamente regulares, aun soñaba con ella. La lógica de aquellos sueños era curiosa, capítulos hilvanados. En el primero, al menos yo lo suponía como tal, ella desnuda, apenas tapada por la camisa blanca que usaba en el colegio y su lengua, precisa, rigurosa. Al tiempo, cuando volvía a mis sueños, podía sentir su culo, tan duro como siempre chocando, rítmico, contra mi vientre. Ya no había camisa y, desde atrás y con ambas manos, jugaba con sus tetas, tan redondas como siempre. Se extinguía, pero alguna noche retornaba. Ya dije que sus intervalos eran regulares. Arrodillada, nuevamente su lengua y yo me iba, espeso y caliente, sobre su cara. Nada parecía incomodarla. Ahora, sentados en el bar de una estación de servicio me cuenta que su marido, del que se divorció hace un par de años, no le pasa suficiente plata y que no le resulta fácil mantener la casa y sus dos hijos. Yo le miro el escote, sus tetas han soportado más que bien el paso del tiempo y, pienso, razonablemente aun pueden ser pasto de mis fantasías nocturnas. Creo que ahí sentados, los dos, apenas tratamos de pellizcar algo de los lejanos días de gloria, yo atajaba penales y ella la protagonista excluyente de nuestra fiebre. Al levantarse para volver a su casa me besa en la boca. Después desaparece. A intervalos regulares, volverá.

 

            A las cuatro de la mañana me despierto. No hay luz y no tengo fuerzas para putear a la EPE y sus cortes “por exceso de demanda”. Hace calor, no hay aire, ni ventilador ni nada. Tengo la frente empapada. Camino al baño. La puerta entreabierta y el difuso resplandor de las velas que va y viene. Abro. Una amiga de mi hija, rubia, desnuda, mojada, eventualmente virgen, está parada sobre una toalla. Me mira y no puedo saber si algo la sorprende. No tiene más de 17. Con ambas manos se tapa las tetas y no hace más que realzar su perfección. No se si bajo la vista o la recorro. Su piercing en el ombligo, el delfín tatuado un poco más arriba de su pubis casi totalmente depilado. Vuelvo a la cama. Ya no podré dormir.

 

            Un novillo, el aburrimiento del que sabe que va a morir, me mira desde un camión jaula. Intento dejarlo atrás. Vamos a 40. El Corsa hierve, se funde en la doble raya amarilla. El Gordo estira su brazo a la radio. Sin mirarlo (mis ojos gambetean la frase atrás del acoplado “Nao e prisa, e saudade”) le ordeno “ni se te ocurra” y, transpuesto, vuelve a la algo reclinada butaca de acompañante. Bajo a segunda y acelero, el auto tose y yo puteo “… judío de mierda, el gas es para la cocina…” Voy entre los novillos y un perro muerto que se pudre en la banquina.

 

            En Paso de los Libres, cerca de la aduana, cien metros a un costado del A.C.A. hay un puticlub. Después de conciliar con los gendarmes y devolver el camión a la ruta quiero tranquilizarme. El camionero trepado al estribo del Scania, calco de los Guns en el centro del parabrisas, alardeando “un rato más ahí dentro y me los garcho a todos esos tobas de mierda”, el beso en la estación de servicio, el delfín tatuado en el pubis tan bien depilado de la amiga de mi hija. Pido un Fernet con Coca y arreglo que el Gordo suba al escenario. Una puta vieja y estropeada le baja los pantalones y se la empieza a chupar. Excepto la verga tiene todo duro. Desde la oscuridad alguien ladra “bombeá gordo”. “Metele un dedo en el culo que le gusta”, grito y me pregunto cuando será el próximo beso.

 

El hormigón de la ruta es un espejo. El sol parece estar atado al techo del Corsa. El hilo es corto. Me aburro. Bajo el asiento tanteo el 38 Special que siempre llevo conmigo. Miro al Gordo tan somnoliento. Apoyo el caño sobre su sien izquierda y gatillo. El tambor vacío gira y el percutor pega un chasquido seco. Me río y le digo al Gordo, una masa fofa, transpirada y contorsionada, los ojos tan abiertos, “como te cagaste hijo de puta”.

 

Fortín Paraguay, Junio de 2009

 

Alejandro Caponi

  
Autores
Lorena Aguado, Carlos Bagnato, Tomás Boasso, Ma.Paula Cerdán, Gabriela Gervasoni, Carlos Descarga, Pablo Javkin, Analía Lardone, Verónica Laurino, Lilian E. Marín, Marcelo Scalona, Daniel Valdez, Roberto Vince, Omar Maya, Juan J. López Puccio, Pilar Almagro Paz, María Laura Isaia, Laura Corti, Adolfo Villatte, Luciano Galimberti, Nicolás Doffo, Mirta Pujol, Celeste Galiano, Ramiro García, Fabián Trovatto, María L. Martínez, Pablo Castro, Alicia Catania, Silvia Tombolini, Iberia Oñate, María S. Barta, Fernando Sauro, Gabriel Bortnik, Gonzalo Ruzafa, Mabel Savarino, Mariano Aliau, Sandra Fabi, Martha Corsalini, Alejandro Caponi, Carolina Musa, Mirta Guelman, Francisco Kuba, Claudio Berón, Susana Paganini, Celina Russo, Patricia Barchesi, Carlos Santini, Patricio Magnano, Silvia Ríos, Rubén D. Musante, Ariadna Machain, Fernando Artana, Felicitas Maini, Gerardo Bussi, Romina B. Zampa, Ayelén Coduri, Bruno Preatoni, María C. Rivarola, Norma Pérez, Mayra Rodríguez, Flavio Luciani, Florencia Oviedo, Germán Gómez, Ricardo Parma, Damián Fornaso.-