"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




12 de Mayo, 2009


Hablando de Roma, una joyita de Fabricio

Publicado en De Otros. el 12 de Mayo, 2009, 16:32 por Gerardo Bussi

La incongruencia de los trampolines

"... Celebrar lo imposible. ¿Hay otro modo de celebrar lo posible?..."

Roberto Juarroz

Por si el agua supiera la forma que tiene al tirarse y no pueda exhibir la forma que tiene de recibirla, se arroja en sí misma como esperándola.

Ella camina certificando en cada instante la precisión que tienen sus pasos hacia la profundidad que no quieren ver aunque también conozca. Parece que va a arrojarse a lo que contiene la exposición de lo contenido, la inmensidad del vacío cubierto por la otra espera.

Ese algo que los cuerpos desarrollan ante la oscilación de la tabla perfecciona el movimiento ascendente después de desprenderse definitivamente de ella. Los brazos extendidos comienzan a buscar la cercanía entumecida de las piernas flexionadas, la mirada es hacia abajo, se arquea, prepara la recepción, la que tendrá, la que el agua brindará despacio que no sea la misma, la misma agua que se espera y que la recibiera tantas veces como ausente. Es que nadie puede recibirse dos veces en la misma agua, ni siquiera ella.

Todo comienza a descender hacia los destinos hídricos menos relevantes, se despliega el cuerpo y otra vez los brazos se extienden aunque hacia una dirección menos inusitada. El salto parece encogido o carpado, aunque nada de lo que está en el aire supone va a tocar el agua. Pensé esperarla esta noche aunque no lo sepa, es que lo esperado difiere de lo que espera. Algo puede recibirse y no ser esperado, alguien puede esperar sin ser recibido, algo va a hundirse bajo el sopor de algo hundido. Lo que bajo el agua se despliega eludiendo el desapego convencional del desajuste, un pequeño oleaje provocado por ella se hace menos agua que un filtro en la boca. Ella también se arroja sobre sí misma y encuentra la primera coincidencia que une el agua con el agua, va hacia el fondo, hacia lo más corpóreo del fondo.

De saber que iba a tocarla, nada de lo que se vislumbra como una armonía desenvolviendo el aire, hubiera desechado tanto el tacto. Su cuerpo se desliza lánguido, le pide al cuerpo que soporte otra embestida. El agua del cuerpo la toca, el cuerpo del agua se toca.

Pensé que no vendría aunque no me viera, es que lo que viene difiere de lo que viene. El elemento vital no se evapora y la altura de la plataforma es exactamente el doble de lo que la profundidad menos lejana propone. Ella nada debajo, parece acostumbrarse a la exclusión de las orillas, nada tiene borde arriba. Sólo se desaloja del cuerpo cuando quiere ventilarse. Mi oxígeno no puede ni sabe nadar.

Habrá otro salto que resarza la caída, inmune a las intemperies, habitante del deceso. El que no parezca, el menos mortal de todos. Ella vuelve a arrojarse a ella, se espera se recibe se separa se une se arroja tantas veces como concepciones del agua tiene, del agua padece. Se afirma a la recepción del componente y abrevia los continentes del cuerpo. Habrá otra caída que resarza el salto.

El agua sigue esperando.

Fabricio Simeoni

Monólogo Interior

Publicado en Nuestra Letra. el 12 de Mayo, 2009, 15:24 por Caro Musa

Las increíbles aventuras del

Chancho Piringundín

y su amigo Pupi Surupi

 

 

 

Nací en Mundo de los Chanchos de un soretito de conejo, como todas las cosas, se sabe que los universos nacen así, de conejitos que saltan y defecan esos redonditos en medio de la nada cósmica, y de cada redondito nace un huevo y nadie sabe cuántos huevos hay en la canasta de los universos, ni si quiera yo, que sé casi todas las cosas por habérmelas contado el conejito mayor antes de morir, tampoco lo sé.

Soy el chancho más inteligente de Mundo de los Chanchos y del resto de mundos de este universo. Aparecí por acá una noche que la mamá de Pupi Surupi cocinaba y él la veía cocinar, completamente aburrido, sin televisión ni internet ni perro, y yo me metí en el cuerpo de la mamá, cosa que cada día lamento, porque la mamá no me da espacio y solo me deja salir a veces, cuando no hay más nadie en la casa, a la hora de preparar la cena; eso era al principio, ahora salgo más y ya me conoce el papá de Pupi, el tío y el primo Manolo. Pero yo soy yo, y no como creen los grandes que soy la mamá de Pupi haciéndose la tonta. Sólo los chicos entienden estas delicadezas, por eso esta historia la cuento para los chicos y los grandes que prendan sahumerios con aroma jazmín y vayan al súper.

Para empezar les digo que Mundo de los Chanchos está mucho más adelantado que éste. Allá no tenemos rutas ni autos ni ómnibus, cuando queremos ir a un lugar nos tele-transportamos con un relojito que inventé yo mismo; tampoco tenemos números porque todas las cosas se cuentan con chubi-chubi, que se escribe como el por ciento de ustedes, con dos circulitos a cada lado de una raya, y así todo es más fácil, sumar, restar y cumplir años, que todos tenemos chubi-chubi años y los cumplimos las chubi-chubi veces que queramos. Claro que tenemos patas y orejas y nuestro lenguaje se parece mucho al de cualquiera de ustedes, los chicos, porque los grandes de aquí hablan siempre de trabajar o comprar y no quieren saber nada de conejitos o canastas de universos, están siempre preguntando que de dónde salió el primer conejito, que quién sostiene la canasta, que cuánto es chubi-chubi más dos, cosas así, zonzas por demás.

El asunto es que Pupi Surupi y yo nos entendimos de maravilla desde el principio, cuando él decía -Mami, dejá de hacerte la tonta- y yo le decía que no soy tu mami, que soy el Chancho Piringundín y me dicen Pirin, que soy el más inteligente de Mundo de los Chanchos y eso. Pupi se reía y entendió rápido, porque tiene siete años en este mundo y chubi-chubi en cualquiera de los demás, nos hicimos requetemil amigos y yo empecé a venir todas las noches que me dejaba la mamá de Pupi, que cada vez eran más noches y ella se divertía también, y una vez que había tomado un vino Toro de caja me dejó contarle tres cuentos a la abuela, allá donde hace un calor insoportable todo el día y de noche los grillos aturden con sus cric cric y los sapos con sus croac croac y todos juntos hacen un mazacote de ruido como cien bandas de sikuris de Humahuaca.

Primero quise contar el cuento de cómo nacieron los peces, pero Pupi -que no es mentiroso- no me dejó, porque a ese cuento ya lo había inventado la perdiz Inambú cuando buscaba novio. Entonces tuve una conversación muy profunda y seria con mi imaginación (estaba dándose un baño) y acordamos contar la verdadera historia de los sikuris de Humahuaca mientras ella se iba poniendo la ropa.

 

                             C a r o

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-