"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




3 de Mayo, 2009


EL PUENTE

Publicado en relatos el 3 de Mayo, 2009, 13:46 por ACapo

De su infancia recordaba una canción, Adiós Eddie Adiós. Un cantante de poco éxito, Eddie. Su hermana, Mary Louise. Eddie debía transformarse en un éxito de ventas y así poder pagar una operación que su hermana necesitaba de la noche a la mañana. Él confiaba en el pueblo americano, decía que eran bondadosos, que comprarían su disco. Y entonces él se mata en un accidente de auto, una estrella post mortem. Su hermana, al fin, a salvo.

 

De su infancia, no tan lejana (aún era joven), recordaba a su padre, cuando al final del día, volvía del trabajo en aquella fábrica de acoplados en Avellaneda. Extraños uniformes verdes rastrillaban las calles. Incluso él mismo podía ser un sospechoso, acaso un presagio de sospechoso. La fiesta de todos (Kempes desparramando holandeses en el verde césped), le pasó lejos. La semana previa la fábrica cerró y el Viejo pasó a ser un desempleado. Con los años supo que apenas fue uno de los primeros. Al tiempo, la familia partió en el viejo Valiant IV, de bandera argentina "Para toda la vida" en la luneta. Gualeguaychú fue el destino. Todavía no estaba habilitado Zarate – Brazo Largo y el cruce del Paraná se hacía pesadamente en balsa. Llegaron de noche y lo primero que vio fue un cartel con la silueta de un soldado en posición de tiro: "No se detenga. El centinela abrirá fuego." Abotagado pensó "que a este auto de mierda no se le ocurra pararse". Pero el auto no se paró y, con el tiempo, fue feliz en Gualeguaychú.

 

         El Viejo trabajó duro. No sabía hacer otra cosa. Empezó con un veterano Ford 600. Un par de años antes de su llegada se había inaugurado el puente Libertador General San Martín entre Puerto Unzué y Fray Bentos. Se abría la posibilidad del transporte carretero entre ambas localidades. Así fue prosperando. Cuando podía lo acompañaba. Eran poco más de 45 kilómetros pero franquear el puente para él era ir mucho más lejos que eso. A otro país. Empezó a cruzar seguido. Decía que los atardeceres en las cercanías del río (daba lo mismo una orilla que otra), tenían un color especial, acaso inclasificable. Así que iba y venía. Un partido de futbol, más de una vez terminado a las trompadas (los celestes pegaban como yeguas), los chivitos de la confitería El Paraguas en la esquina de 18 de Julio y Brasil, el pubis suave y virgen de su primera novia que lo dejó para estudiar en Montevideo.

 

         Mayo húmedo y pegajoso. Una voz demasiado marcial dijo que a la terminación de su documento le correspondía el número de sorteo 954 y él, que lo habían hecho pelota. De madrugada, en el siguiente abril, fue a parar al Batallón de Infantería de Marina de Río Grande, a exactos 3.143 kilómetros de su casa y a una eternidad de su infancia que terminaba, ahí donde no llevaba ningún puente.

 

         Junio, domingo soleado, catorce meses después. Retornó rondando la mayoría de edad. El Viejo seguía con lo mismo solo que más cansado. Compraron otro camión, un 1114 con balancín y fue la excusa perfecta para seguir cruzando el puente. Llevaba más carga así que viajaba hasta más adentro. Seguía toda la ruta 3 hasta Bella Unión, pisó tierra brasileña, también se extendió hasta Tacuarembó y más allá, Rivera, Santana Do Livramento. Se trabajaba bien, se hacía buena plata, le gustaba y, cada tanto, escuchaba Adiós Eddie, Adiós. Podía oler el perfume de los bosques de eucaliptos. En Rivera, no llegó una carga y le pareció una brillante idea ir hasta Montevideo por aquella novia de pubis suave. No la encontró.

 

         Una mañana escuchó rumores. Databan de un par de años, solo que él no había prestado atención, le hablaban de una pastera, de Greenpeace, todos morirían de cáncer, habría bebés de dos cabezas y cinco patas. Se asomó a la costanera y pudo ver la mole blanca al otro lado.

        

         Y se cortó el puente.

 

         De a poco todo se empezó a apagar. No había viajes allá. No había viajes acá. Por un tiempo, obligado, odió a los que estaban del otro lado. Pero fue, apenas, un tiempo. Es que sólo la infancia nos da sensación de pertenencia. Primero tuvo que vender el Ford 600, preludio del primer infarto de su viejo que consideraba aquel montón de fierros una extensión de su cuerpo. Después le siguió una camioneta que usaban para los repartos por la zona.

 

         Languideció. Como todo a una y otra orilla, por una razón u otra.

 

         El segundo infarto del Viejo lo decidió. Debía terminar con el corte de alguna manera. El domingo a la madrugada vio por la ventana de su casa que la niebla gobernaba el que fue su territorio. Que difuminaba contornos. A bordo de su Vulcan 500, Victoria por el Carpo, aceleró en la desierta ruta 136 rumbo al puente. A lo lejos divisó el acoplado sobre la ruta, hundió el manillar, con la palma de la mano izquierda limpió el visor de la densa humedad, sonrió y entonces cantó: "We´ll remember you forever Eddie / Thru´the sacrifice you made we can´t believe the price you paid / For love"[1].

 

When a young singer dies to our shock and surprise
In a plane crash or flashy sports car
He becomes quite well known
And the kindness he's shown has made more than one post mortem star
Well you did it Eddie and though it's hard to applaud suicide
You gave all you could give so your sister could live
All America's choked up inside[2]

We'll remember you forever Eddie
Thru' the sacrifice you made we can't believe the price you paid
For love

(Good bye, Eddie, good bye – Paul Williams)

 

Fortin Paraguay, abril 2009.



[1] "Te recordaremos por siempre Eddie, por el sacrificio que hiciste. No podemos creer el precio que pagaste, por amor"

[2] "Cuando muere un joven cantante, para nuestro disgusto y sorpresa / en un accidente de avión o de coche / se transforma en alguien muy famoso / Y la bondad que él demostró lo convirtió en más que una estrella póstuma / Bueno, lo lograste Eddie / y aunque es duro aprobar el suicidio / diste todo lo que tenías para que tu hermana pudiera vivir / Toda América está conmocionada."

 

La jardinera

Publicado en General el 3 de Mayo, 2009, 11:05 por amandix

Cruzamos la calle

pasa un carro

en la parada alguien

espera el 110

otro que hace un poco de ejercicio

algunos se organizan ya para el asado

el cielo

estaba desleído

tenía que pensar en la gripe porcina

en la feria

en la compra del supermercado

y no ibas a estar

cuando el recorte azul en la ventana

ennegreciera sobre las macetas

no ibas a estar

con tu paciencia de árbol

 

niños rodando en las espinas a la noche del otro

 

una corona rota

y dos alambres

soy

en esta casa

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-