"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




el VICENT de cada domingo

Publicado en Aguafuerte el 6 de Abril, 2009, 11:35 por MGuelman

Esplendor

MANUEL VICENT

                          

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 En aquel tiempo de esplendor en las clínicas de cirugía estética había largas colas de gente dispuesta a cambiar de alma trasquilándose la nariz o rebanándose la papada. Algunos padres regalaban a sus hijas adolescentes labios y tetas de silicona en los cumpleaños y había ricachones muy caprichosos que llevaban al quirófano la silueta de Brad Pitt o de Angelina Jolie de tamaño natural y pedían al cirujano que la extendiera sobre el cuerpo, la recortara con el bisturí por la línea de puntos y la carne sobrante se la echara al gato. Mientras sucedía esta carnicería, los carpinteros fabricaban sillas y mesas, los panaderos vendían pan, los campesinos cultivaban frutas y hortalizas. En aquel tiempo de esplendor surgían por todas partes magos de las finanzas con una extraordinaria habilidad para levantar montañas de dinero de la nada, sólo con su imaginación y la codicia de los demás. En cambio el pan era real y a veces estaba perfumado con semillas de sésamo; las sillas y las mesas eran de buena madera, las verduras llegaban al mercado con las hojas llenas de rocío. En aquel tiempo de esplendor crecían hongos de cemento por todas partes en medio de un erial, sin luz ni agua, y en la costa miles de grúas subían ladrillos al cielo, hasta el punto que el ático a veces rozaba las sandalias de Jehová. Ajenos a este festín de Sodoma y Gomorra, los carpinteros elegían la madera con sumo cuidado, los panaderos seguían expendiendo hogazas de centeno o de trigo candeal horneadas con un fuego de arbustos de monte y los campesinos trataban de vender sus frutos a un precio razonable. Un día, sin que ningún profeta lo anunciara la economía del mundo se derrumbó. Sobrevino una súbita pobreza. Las clínicas de estética tuvieron que cerrar porque la gente se conformó con su propia alma. Por la herrumbre de las grúas comenzó a trepar la mala hierba y el dinero ya no representaba nada ni a nadie. Sodoma y Gomorra habrían podido salvarse de la lluvia de azufre si Jehová hubiera encontrado a un solo hombre bueno. Por fortuna aquí quedan todavía carpinteros, panaderos y labradores muy solventes. Con una barra de pan se puede comprar a un hombre y sentado a la mesa en una silla sólida se puede resistir cualquier miseria con una buena ensalada.

                      

                                 

diario EL PAIS, Madrid (ESP) domingo 5 de abril de 2009

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-