"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Cuando los ratones bailan

Publicado en Pavadas hechas texto, el 16 de Marzo, 2009, 9:55 por Saty

Vos y yo vivimos realidades completamente diferentes. Eso lo digo hoy, cuando ha pasado tiempo desde nuestro encuentro. Sin embargo esa mañana, nuestros mundos se juntaron en la esquina de un bar del que no puedo recordar el nombre. Parece que hubiera querido olvidarlo como intento olvidar cada día mi vergüenza y decepción.

 

El día era espantoso. Llovía y las ráfagas de viento eran tan fuertes que convertían a las gotas en diminutos alfileres. Al bajar del taxi, no sé todavía bien por qué, si por distraída o por el apuro que llevaba, se me trabó el taco en la rejilla del desagüe. Desesperada, miré a uno y otro lado, para ver si alguien se había dado cuenta de mi torpeza y ahí estabas vos. Tus ojos negros, penetrantes, contemplando como quien no tiene otra cosa mejor que hacer, mi caída aparatosa en ese charco mugriento. Estabas solo, parado bajo la incesante lluvia y las gotas se deslizaban sin prisa por tu campera, mientras tus ojos…tus ojos no se apartaban de mis pies.

 

Intenté en vano sacar el zapato que se había quedado encarnado en la rejilla, pero estaba tan nerviosa que lo único que logré fue que se hundiera aún más.

De pronto, sentí que la presión se suavizaba  cuando dos manos rústicas y fuertes, agarraron mi pierna y con un mágico toque, lograron sacar mi pie sano y salvo, no así el taco, que se había roto.

No recuerdo bien, pero creo que te di las gracias y apuré el paso hacia el bar, buscando un baño. De lo que sí estoy segura es de haberte escuchado pronunciar mi nombre, pero igual no presté mucha atención. En ese momento, lo único que deseaba era  huir de ahí para poder recuperar mi apariencia.

 

Mientras me secaba como podía con el secador de manos, reparé en el hecho de que me habías llamado por mi nombre e intenté recordar de dónde podía conocerte. No eras de mi entorno y a juzgar por tu manera de vestir y tus pocos años, difícilmente frecuentaras los lugares a los que voy. Sin embargo había algo en tu mirada que me resultaba extrañamente familiar.

 

El bar estaba repleto a esa hora de la mañana, pero logré sentarme en la única mesa vacía, junto a la ventana y pedí un café.

El vidrio empañado no me permitía ver con total nitidez, sin embargo, cuando observé una figura oscura al costado de la calle, supe que eras vos. Seguías bajo la lluvia, sin importarte que las gotas te salpicaran y humedecieran tu rostro, al punto que me pregunté si existirías o si solo serías una visión producto de mi imaginación. Sin darme tiempo a reaccionar, escribiste en el vidrio un número e hiciste señas, incitándome a anotarlo. Contradiciendo lo que mi instinto me decía, agarré una servilletita y revolví en la cartera hasta encontrar una lapicera. Estaba excitada y sintiéndome descolocada por completo, pero eso me gustaba. A pesar de mi aspecto, te habías fijado en mí y te había atraído. Seguramente te llamaría y esta vez nuestro encuentro sería mucho más romántico, sin caídas ni viento que enredara mi pelo. Iríamos a cenar y entonces ahí sí, te preguntaría de dónde me conocías.

 

La lluvia paró, salí del bar buscándote cómplicemente, pero ya no estabas. Me sentí un poco desilusionada. “No importa”, pensé,  “total me dio su número de teléfono”.

Ni bien llegué al departamento, busqué la servilleta donde había anotado esos mágicos números que teníamos en común. Mi impaciencia estaba al límite, no podía esperar el momento de escuchar tu voz, la que imaginé sería grave y paradójicamente tierna. Un hombre con esos hombros anchos y ese cuerpo atlético, no podía tener otro tipo de voz.

Las manos me temblaban mientras discaba lentamente para no equivocarme y el corazón me latía fuertemente.

Fueron dos o tres rings, no recuerdo. De este lado yo, ardiente y expectante y del otro lado una voz, ni viril, ni sensual, solamente una voz que me decía: “Compostura de zapatos El Cholo, ¿en qué puedo servirla?”.

 

                                                                                                                                      

 

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-