"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




EDMOND JABÉS

Publicado en De Otros. el 26 de Febrero, 2009, 8:05 por MScalona

                                                     

                                                     

1912, El Cairo- 1991, París

                                                     

-Usted habla poco de Egipto en sus libros, salvo por su recuerdo del desierto. Tres citas se imponen aquí, pues resumen el carácter del pívot, de matriz que tiene el desierto en su formación y en sus libros. La primera se encuentra en El libro de las preguntas. Usted dice: "Del alma, el desierto es el despertar". En El libro de Yukel, la segunda cita no puede dejar de pasar como una señal muy reveladora del clima profundo de sus libros: "Yo provengo del desierto como se proviene del más allá de la memoria". Finalmente la tercera, en Elya, parece resumir por sí sola la lección del desierto: "Toda claridad nos ha llegado del desierto".

-El desierto fue para mí el lugar privilegiado de mi despersonalización. En El Cairo me sentía prisionero del juego social. Mi situación se me iba de las manos -la mayor parte de mis relaciones profesionales me pesaba- sin que fuera posible ponerle fin. Es ésa, lo sé, la situación de todo escritor que debe trabajar para vivir. Pero, en El Cairo, esta dualidad era más insostenible  porque todos se conocían. En esa época, el barrio mayoritariamente europeo en el que vivía -el barrio del comercio y de negocios- tenía apenas las dimensiones del barrio de la Opera en París. En una atmósfera tan limitada, los textos que yo publicaba constituían a lo sumo un divertimiento intelectual. Era más prestigioso que el golf o el tenis, pero desprovisto de consecuencias. No hace falta decir que yo sufría mucho por ser considerado un amateur.

En los mismos bordes de la ciudad, el desierto representaba para mí un corte salvador. Respondía a una necesidad urgente del cuerpo y del espíritu, y allí me dirigía con deseos completamente contradictorios: perderme, para reencontrarme algún día. El lugar que tiene el desierto en mis libros no es entonces el de una simple metáfora. Yo todavía no me daba cuenta  -ya que continuaba escribiendo poemas muy marcados para el surrealismo y en los que la imagen era preponderante- de que un verdadero trabajo de excavación se llevaba a cabo sin que yo lo supiera. Sólo algunos aforismos escritos en esa época lo testimonian. Esta excavación, que cobrará toda su importancia luego de mi ruptura con Egipto, se reencontrará en el centro mismo de mis textos.

Muchas veces permanecí solo en el desierto durante cuarenta y ocho horas.

No llevaba libros, sino una simple frazada. En un silencio semejante, la proximidad de la muerte se hace sentir de una manera tal que parece difícil soportar más. Por haber nacido en el desierto, sólo los nómades son capaces de soportar la presión de una tenaza semejante.

Es que no podemos imaginarnos fuera del tiempo, fuera de los acontecimientos. Toda nuestra cultura nos reduce a plazos. Mire los anacoretas: están más muertos que vivos, literalmente abrasados por el silencio. Sólo los nómades, una vez más, saben transformar ese silencio abrumador en energía vital.

Es necesario, creo, insistir en el desierto y mostrar, a propósito de un ejemplo preciso, la complejidad de su camino.

Cuando usted habla de desierto, de lo que se trata primero es de la experiencia concreta que usted ha tenido y de la cual ha hablado. Pero también ha tomado de él  la metáfora del vacío. Es que, en el judío que hay en usted, es inevitable ver la ilusión bíblica.

-Es así, absolutamente. Cuando utilizo la palabra desierto, hay tanto uno  de esos sentidos como los tres juntos. Creo que se podría hacer la misma aclaración para otras muchas palabras que empleo frecuentemente.

No es una intención de confundir al lector. Creo que se trata, por el contrario, de intentar dar a cada una de esas palabras la mayor dimensión posible, pero respetando siempre el sentido más estricto. En lo que respeta la palabra desierto, lo que me fascina es ver hasta que punto la metáfora del vacío, a fuerza de haber servido, ha impregnado completamente la palabra. La palabra misma se ha vuelto metáfora. Para restituirle fuerza es necesario volver al desierto real, que es en perfecto el vacío ejemplar, incluso con su polvo.

Considere también la palabra "libro". El libro, donde todo se siente posible a través de una palabra que se cree poder dominar, y que revela finalmente no ser más que el lugar de su fracaso. Entre estos dos sentidos extremos están todas las metáforas que la palabra puede inspirar. Ninguna la abarca verdaderamente, pero, entre ese todo y esa nada, se escribe la apertura insondable con la cual, a fin de cuentas, todo escritor, todo lector, se ve confrontado, Por otra parte, usted sabe que uno de los nombres de Dios en hebreo es Hamakom, que significa: Lugar, Dios es el lugar -como el libro. Esta aproximación me ha excitado siempre. Dios, a través de su Nombre, es el libro. Es por lo que he subrayado, en una de mis obras, que sólo se escribe en la borradura del Nombre divino del lugar.       

                           

DEL DESIERTO AL LIBRO,  Ed alción,  p. 24-27

     

                       

DEL DESIERTO AL LIBRO,  Ed. Alción  p. 24-27

                                                   

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-