"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




REFLEJOS EN EL ESPEJO

Publicado en General el 15 de Enero, 2009, 23:15 por CELINA

  Cuando esta mañana me miré al espejo, me sorprendí. Me costó largo rato darme cuenta que esos ojos que me observaban,entre asombrados e inquisitivos, correspondían a mi persona. ¿Era posible que hubiese estado mirándome todo este tiempo sin verme realmente?. Alargué la mano y tímidamente intenté rozar a través del espejo, a ese otro que aparecía reflejado y que evidentemente era yo.

  Suele suceder que muchas veces sólo vemos lo que queremos ver, y en ese momento mi imagen me había tomado desprevenida, con mis defensas ausentes. ¿De qué tenía que defenderme?. Del paso del tiempo, de las marcas que la vida se ensaña en dejarnos y que suelen resultarnos imperceptibles, hasta el caótico día en que abrimos los ojos a la realidad y descubrimos que apenas nos reconocemos.

   No era que estuviera disconforme, al menos no más que cualquier persona habituada a verse todos los días durante una cierta cantidad de años, uno no se va preguntando si la cara resulta agradable o no, simplemente convive con ella, sino que yo tenía una imagen mental de mí misma diferente a la que ahora se me presentaba. ¿Quién era yo en realidad?

  Si miraba detenidamente, lo primero que veía era a una niña de pelo oscuro, pecas en la nariz y una vincha roja que impedía que el cabello, rebelde, cayese sobre su rostro. Se la veía feliz, inocente.

  Si me concentraba un poco más, esa niña se transformaba en una jovencita de sonrisa alegre y vivaz, las pecas seguían allí, aunque intentara disimularlas con un poco de maquillaje, que no le quedaba nada bien, era muy joven aún, aunque ella no lo creía; se sentía grande, con ganas de llevarse el mundo por delante.

   Superpuesta a esa imagen aparecía una de rasgos más maduros, no mucho; lo que destacaba era una mirada concentrada, totalmente absorta; no tenía muy en cuenta lo que sucedía a su alrededor, sólo le interesaba su pequeño mundo, reducido a libros y estudio. Se la veía tranquila.

    Si mi mirada quedaba fija en el espejo, podía ver en sucesión ininterrumpida que mi rostro iba mutando, pequeños detalles que con el paso de los años se tornaban cada vez más visibles. Finalmente sí podía observar un rostro que evidenciaba a una mujer adulta, con algunas arrugas. El pelo  ya no era tan oscuro. Se podía deducir que había vivido muchos momentos felices y otros no tanto; en su conjunto irradiaba paz, la mirada estaba relajada y la sonrisa acudía fácilmente a su boca, casi sin llamarla. Lo más desconcertante era que sobre esa imagen se reflejaban otras dos, que aparecían y desaparecían,se superponían como si las tres fuesen una sola, o se separaban, manteniéndose independientes, aunque era evidente que estaban unidas por lazos muy fuertes. Ahora podía verlas con más claridad,  una se parecía bastante a mí, aunque mucho más joven, era una niña, y la otra un varón, sí, ésta también se parecía,  aunque no tanto, pero la nariz y quizás los pómulos, la misma sonrisa, abierta, amplia.....

   Finalmente me dí cuenta, todas esas imágenes correspondían a la misma persona ,a mí, y reflejaban el paso del tiempo, expresaban con sorprendente sencillez lo que a veces no nos detenemos a meditar, que la vida deja marcas y que está bueno tenerlas, porque significa que estamos vivos, que nos alegramos y sufrimos con las cosas cotidianas, y que envejecer forma parte de eso, de vivir.

   Concluí que nuestro rostro a la larga termina reflejando lo que somos, lo que sentimos, y que la mayoría de las veces vemos  sólo lo que deseamos ver. En mi caso, me quedo con el último, el actual, que ya dejó de reflejar exclusivamente a mi persona, para incorporar los rostros de mis hijos; me gusta verlos reflejados en el espejo cuando me miro, es una forma de llevarlos siempre conmigo, de sentir que nunca se separarán de mí en forma absoluta.

    De ahora en adelante, cuando me mire al espejo no me voy a sorprender. Aprendí a mirar detrás de la imagen que el mismo refleja, que en definitiva es lo que tiene verdadera importancia.

                                                          CELINA

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-