"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




AÑO NUEVO (de Los estados del agua)

Publicado en General el 1 de Enero, 2009, 11:31 por amanda poliester

Me despertó el teléfono a las diez de la mañana. Era Calio. Feliz año nuevo, diábola. Me levanté, confundida. Estaba lloviendo. Calio seguía hablando, estaba agitado, me parece, no entendía bien por qué, pero haciendo un esfuerzo por sintonizar con él mientras seguía hablando yo contestaba lo que podía y encendí la cocina, puse agua en la pava.

-Contame cómo lo pasaste. –le dije dándome tiempo para despertarme.

Hasta que de la madeja de sus palabras pude entender que estaba preocupado por mí. No lo dijo, pero estaba claro. Empecé a atar cabos: que Berta lo había llamado y le había dicho que yo iba a estar sola el treinta y uno, ella tenía necesidad de estar sola y en otro lugar y se había comprado un pasaje a Armaçao. Con el primer sorbo de té pude empezar a explicarle que estaba todo bien, que había sido una decisión estar sola, que podía haberlo pasado con otros amigos, o irme a Mendoza, o con los primos que me habían llamado. Pero que estaba bien así.

Llovía. Claro que estaba bien así. Hacía cuántos años que no era un día de año nuevo con lluvia?

-Acá llueve –le dije.

Se escuchó su risa, que seguía siendo igual a pesar de que el acento había vuelto a ser tan chileno como cuando lo había conocido. La risa era siempre la misma. Un pequeño islote de melancolía en que recordé sus cejas, sus ojos, el pelo. Amor mío, miga de mí. No pregunto si volverás, no pregunto cuándo.

Pero como si lo hubiera preguntado. Empezó a dibujar un mapa de planes y proyectos para ese año: volver, que alquiláramos un departamento los tres. El plan incluía a Berta pero en realidad sabíamos que se trataba de nosotros dos.

-No te preocupes –insistí para no hablar del tema, no porque no le creyera sino porque sabía que decía todo eso creyéndolo, sí, pero inspirado por la idea de mi desamparo. Temía por mi soledad, los púlpitos, como él les decía, y entonces necesitaba articular toda esa caridad, que en navidad hubiera sido como los regalos que uno reserva para los huérfanos, pero ahora no se entendía. Yo no le había fijado fecha de vencimiento, ni le había pedido nada.

- Estoy bien –remarqué.

Y era así. Yo no era una sino esas partes de mí que estaban por el mundo. Calio en Chile, Berta en Armacao, Anka en el hospital. Juan quién sabe dónde. Pero estaba en paz.

Y le conté de los archivos de poesía. Y que el último día del año había llorado mares. Que a la tarde, al abrir los mails, había encontrado uno de Pilar. Me hablaba de navegar contra la corriente y de salvavidas de la noche. Es decir, de mí, de mis amigos lejanos. Estaban bien las lágrimas.

Llorar lo perdido. Un cliché, a esta altura. Cené con velas y me acosté después de las doce. Las lágrimas del día y la lluvia de la mañana lavaron todo.

-Cuando empezamos a hablar y vi la lluvia supe que está todo bien –le dije.

-Además –me dijo- yo soy pescador, sabías?

No entendí.

-Claro. Y los pescadores decimos que los peces buscados son los que nadan contra la corriente. Les decimos peces finos. No sería tu caso, claro.

Lo adoré tres segundos. Por qué siempre tenía a mano lo que tenía que decirme para que todo vuelva a ser claro y liso, hijo de puta cómo te extraño sería la idea, pero no se lo diría. Era romper el pacto. Aunque él lo estaba rompiendo ya con esto del futuro dorado.

-Tenés razón. El dorado, si no recuerdo mal, nada contra la corriente. –dije aprovechando el dorado para un uso mejor que el de reprocharle que me tiraba artillería pesada justo el primer día del año. Hijo de miles de putas, te extraño tanto. Encima llueve la putísima madre. Acá. Allá mejor no pregunto, sol de mí. Si no venís pronto me voy a secar. Pero no, eso forma parte del territorio vedado.

-Gracias por llamar –dije con solemnidad.

-No es nada- dijo. -Además te extraño tanto.

Hundido. Yo también. Yo también te extraño tanto, yo también volvería con vos a la volanta, al campo, a tu tesis, volvería atrás todo y esta vez no perdería tiempo, te diría todo, te llenaría de insensateces, te subiría el volumen de los dibujitos, te cogería tanto que no tendríamos tiempo para comer ni para trabajar ni para nada de la vida.

-Yo también –fue lo único que pude decir.

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-