"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




RICHARD FORD

Publicado en De Otros. el 24 de Diciembre, 2008, 17:33 por MScalona

Acción De Gracias

 

 

 Ed. Anagrama

(Pág. 379)

                        

                       

                        

                       

                        

                       

                        

                       

         Leí alguna vez en algún sitio que todas las palabras duras son iguales. Uno puede inventárselas y tener igualmente razón. Lo mismo puede decirse de las explicaciones. Nunca los sorprendí besuqueándose. Probablemente no se darían ni un piquito. Tampoco se callaron a mitad de una frase en un momento de intimidad justo cuando yo entraba por alguna puerta (nunca lo hacía sin antes silbar una alegre melodía). Sally y yo nunca fuimos a un consejero matrimonial para hablar de nuestros problemas ni sostuvimos discusiones serias. No hubo tiempo antes de que me dejara. Aparte de cuando la conocí, Wally (su ex) nunca había sido tema de conversación. Todo el mundo tiene sus víctimas; nos acostumbramos a ellas como si fueran viejas fotografías guardadas en un baúl a las que echamos una ojeada de vez en cuando. Para entenderlo del mismo modo en que comprendemos otras cosas, tendría que haberme inventado una explicación. Los hechos, tal como yo los conocía, no eran muy reveladores.

         Durante la semana siguiente de la marcha de Sally, lloré (por mí) y reflexioné (sobre mí) de la manera en que se llora y se reflexiona ante la evidencia de que el matrimonio probablemente no ha ido tan bien como se pensaba; quizá no había sido tan bueno en la cama –ni en cualquier otro sitio-, ni se me daba bien la intimidad, ni compartir cosas ni escuchar. Mis completamente, mis te quiero, mis cariño mío, mis para siempre tenían menos peso de lo que suelen tener normalmente, y yo no era un cónyuge excelente y lleno de interés. Sally, posiblemente, era desdichada cuando yo creía que no cabía en sí de felicidad. Cualquier persona –sobre todo un agente inmobiliario- se plantearía ciertas cuestiones ante un fracaso, con objeto de determinar los aspectos novedosos en que necesita documentarse.

         La conclusión a la que llegué, fue que Sally  quizás nunca me consideró "muy legal", aunque eso precisamente era lo que yo había sido. Siempre. No importa cómo me sintiera ni la forma en que pudiera describir mis sentimientos. Cualquier cosa más legal que yo, no era sino una de esas pérfidas fantasías elaboradas por la Asociación de Psiquiatras Americanos, ese Sísifo comercial, para conseguir que los pacientes vuelvan una y otra vez.

         Boludeces, en una palabra.

         Me gustaba la intimidad. Me mostraba tan cariñoso y apasionado como me lo permitía el tráfico. Era interesante. Amable. Generoso. Paciente. Divertido (ya que eso parece tan importante). Compartía lo que valía la pena compartir (y no vale todo). A las mujeres les gusta pero también aborrecen la debilidad en los hombres, y yo disponía de información positiva para pensar que era débil en el buen sentido y no en el malo. Claro que yo no era perfecto en ninguna de esas cualidades humanas, y nunca se me ocurrió que debía serlo. En la letra pequeña de las cláusulas del segundo matrimonio, debería decir: <<Los abajo firmantes acceden a que ninguno de los dos haya de ser perfecto. >> Como marido me había portado muy bien. Estupendamente.

         Lo que no significa que Sally tuviera que ser feliz con F mayúscula, ni hacer nada aparte de lo que apeteciera hacer. Aquí hablamos exclusivamente de explicaciones, y de si yo tenía la culpa de algo. Tenía. Y no tenía.

         Mi punto de vista personal es que Sally se vio atrapada sin darse cuenta en el gran remolino de la contingencia, hondo y confuso, que recibe la afluencia de otros torrentes de incertidumbre, unos visibles, otros discurriendo muy por debajo de la superficie para que puedan identificarse. Una de esas corrientes era: que mientras yo disfrutaba de los beneficiosos efectos del Periodo Permanente –ausencia de miedo al futuro, imposibilidad de fracaso vital, el pasado reducido en su conjunto a un agradable borrón rosado-, ella empezó, a pesar de todo lo que decía, a temer la permanencia, a asustarse de ya no ser otra cosa, a espantarse de que la vida ya no pudiera derrocharse ni desperdiciarse. Sencillamente, no estaba preparada para ser como yo: un estado natural que el matrimonio debería tener en cuenta para sobrevivir, en caso de que uno de los cónyuge viva el Periodo Permanente como un comulgante vive en estado de gracia, mientras que el otro hace lo que le da la puta gana.

         Sólo que entonces, manchado de carbón, resueltamente antiestético, vagamente incompetente por los años pasados en las catacumbas (es decir, Escocia), aparece nuevamente Wally con la gracia de un elefante. Y, de pronto, uno de los principales atractivos que el segundo matrimonio ofrece a los contrayentes –minimización del pasado- deja de ser interesante. El primer matrimonio arrastra un pasado que hace demasiado ruido; pero el segundo no tiene mucho a la espalda, de modo que carece de lastre.

         El torpe, sin pulir, eructante y ruidoso Wally quizás recordara a Sally su irreductible pasado, los asuntos que había dejado sin resolver en el último siglo, los problemas que por mucho que pensara no podía solucionar tan alegremente como yo había justificado un matrimonio tardío en el que había sido feliz rigiéndome por simples y razonables normas domésticas. (El quid del milenio, en todo caso, es miedo al pasado, no al futuro.) En realidad, con el voluminoso Wally detrás y, de pronto, también delante, lo más probable era que Sally no llegara a experimentar el Periodo Permanente, de modo que no tenía otro remedio que entregarme su anillo de boda como si yo fuera un empleado de Ricciardi que le pudiera reservar el artículo, mientras ella salía del remolino de nuestro matrimonio para dejarse arrastrar por la corriente.

         Aunque reconozco que en el día de hoy, víspera del Día del Pavo, la ausencia de Sally no me produce tanta tristeza como me causó una vez. No me imagino viviendo solo para siempre, como tampoco admitiría que podría ser agente inmobiliario hasta el fin de mis días, y tiendo a concebir la vida como algo ficticio compuesto de hoy, quizás de mañana y probablemente no del día siguiente, con una pizca de pasado añadido si es posible. Siento, en realidad, una buena dosis de pesar por Sally. Porque, aun cuando esté convencido de que su estancia con Wally en Mull no durará mucho, al volver con él ha abrazado el imposible, el inaccesible pasado, y al hacerlo, ha puesto en peligro o incluso agotado un deseo sumamente útil, posiblemente el más importante para ella, el que ha utilizado todos estos años para alimentar su presente, donde yo encontré un sitio. Por eso, los muertos deben seguir muertos y con el tiempo, el terreno reverdece alrededor de las tumbas. 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-