"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Diciembre del 2008


Salinger (el cazador oculto) cumple 90

Publicado en homenaje el 31 de Diciembre, 2008, 16:12 por MScalona
  Jerome Salinger, 01-01-1919
                                                              
                                                      

Pocas imágenes. El autor de El Cazador Oculto odia la fama, por eso huye de las cámaras. Aquí, una de las escasas fotos que circulan de él.

Le bastaron cuatro libros breves y una desaparición extensa para fabricar su propia leyenda. Jerome David Salinger cumplirá mañana 90 años de mitología y son muy pocos los que pueden determinar si ha encanecido. Salinger, como tantas veces se ha dicho, dejó de tener un rostro para los lectores en 1980, cuando concedió su última entrevista.

Hubo un tiempo en que este autor, nacido en pleno Nueva York, hijo de un judío importador de quesos kosher y una judía conversa, tuvo un rostro enmarcado en contadas fotografías que avalaron su fama.

En 1951, tras publicaciones auspiciosas en las revistas del momento, dio un salto a la fama que tanto lo amargaría. Publicó El cazador oculto, exportó su nombre al mundo entero y entonces su rostro de 32 años, serio y a la gomina, se hizo popular. Sucede que, para muchos, aquella novela inventó, antes que el rock and roll, la rebeldía del adolescente. Su protagonista, Holden Caufield, pasó a ser el emblema incorrecto de los lectores quinceañeros de todos los tiempos (hasta hoy se venden cada año 250 mil ejemplares). Sufriendo los asedios que recibe un nuevo ícono, J.D. Salinger se dio cuenta, aterrado, de que había perdido la que juzgaba la propiedad esencial de un escritor: su intimidad. Casi sin pensarlo se encerró en una mansión amurallada a un costado de Nueva York.

Vinieron, con el tiempo, tres libros que sortearon su encierro y que mantuvieron con dignidad su temple de narrador.

En 1953 publicó su colección de cuentos, Nueve cuentos; en 1961, Franny y Zooey, y en 1963, como un narrador agónico al borde de una muerte impuesta por sí mismo, Salinger entregó su último suspiro: Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción. Ese año se puede constatar con exactitud su fallecimiento como escritor, aunque posteriormente haya sacado la voz en un puñado de entrevistas y ahora esté cumpliendo, como un silencioso ser humano, unos solitarios 90 años.

Siempre apuntó a los dramas de la juventud y por eso la crítica lo ha calificado como un escritor adolescente. Pero, más exactamente, en cuatro obras literarias, Salinger pareció escribir una sola trama: las tragedias de la díscola familia Glass.

En cada libro retrató, con un guiño o de forma directa, los conflictos de los Glass. Una familia que se descomponía en cada texto y que cerró su trayectoria con esas últimas páginas dedicadas al suicidio del hermano mayor Seymour. Por eso quizá muchos puedan pensar que, con o sin conciencia, Salinger trazó una obra tan perfecta que ya no le cabían nuevos episodios.

El encierro de Salinger, eso sí, tuvo interrupciones públicas. En 1974, por ejemplo, a punto de apagar sus intervenciones, señaló a The New York Times: “Me gusta escribir. Amo escribir. Pero escribo sólo para mí mismo y para mi placer”. Los rumores desde esos días han supuesto que Salinger, el ermitaño de New Hampshire, ha seguido escribiendo. Los mitos más entusiastas imaginan que prepara obras misteriosas. Lo cierto es que no hay nada seguro. Y en verdad las interrupciones más bulladas que ha tenido su encierro han sido por los detalles de su vida privada que se han escapado de su mansión.

En la década de los ochenta, Salinger asomó el rostro para batirse legalmente con su biógrafo, Ian Hamilton, quien habría publicado material epistolar privado del escritor. También se ha visto, desde su reclusión, en medio de polémicas sentimentales. Una amante despechada, Joyce Maynard, lo desnudó en su libro de memorias. Su propia hija, Margaret Salinger, retrató en otro libro su cuidada intimidad. Margaret habló de obsesiones exóticas: Salinger se despierta cada mañana y se bebe su orina. Salinger casi nunca tenía sexo con la madre de Margaret. Salinger no dejaba que su mujer viera a sus parientes. Salinger, en fin, es raro. Una rareza que nadie puede discutir y que tiene un posible origen hindú. A partir de los años sesenta se interesó por el budismo zen y no sólo amuralló su casa sino también su mente.

Cada cierto tiempo alguien grita en la prensa que vio a Salinger comprando en el supermercado. O que lo vieron de la mano de una joven rubia. Otros dicen que a veces sale a cazar y apunta a los intrusos con un arma. Las hipótesis seguirán. Lo único que está certificado es el dato biográfico. El 1 de enero J.D. Salinger cumple 90 años. Está vivo, tiene un rostro invisible y todo lo demás es leyenda.
                                                   

Pilar Almagro Paz

Publicado en Poemitas. el 31 de Diciembre, 2008, 8:26 por MScalona

                         

TRENES

                

         1.

         me dejó

         del otro lado

         del andén

         sin que me diera cuenta

         esperaba

         un tren

         desconocido

        

         subí en el último vagón

         apoyé mi codo

         en la ventana

de metal

         y sentí el peso

         del aire

         al lado de las bicicletas

         el viento

         en cada parada

         me recordaba

         que siempre

         transito

         lugares

        

         sin destino.

        

2.

                       

         el café con leche

         pudo atrasar

         10 minutos

la llegada

         de un abrazo

         y sin dudar

         pedí

         dos medialunas.

                          

 

         3.

                       

         yo quería salir

         viva

de allí

él quería

estar vivo

para verme

llegar.

                   

4.

               

besos

arriba

en la puerta

en el tren

         en el ascensor

         en el pasillo

         con agua

         en la entrada

         en la puerta

         otra vez

         en la escalera

         atrás del vidrio

         besos

         y en la calle

         simplemente

         dos

         extraños.

               

                

         5.

                      

         perdí un colectivo

         por un minuto

antes de salir

compré otro pasaje

cuatro horas más tarde

nada de lo que pudiera

perder

en aquel viaje

tuvo menos sentido

                

6.

                

la fragilidad

de un techo de chapa

y cuatro piedras

una

en cada esquina

y

tu mensaje

que decía:

ya llegué

y te espero.

                 

7.

               

Ella pensó:

Sólo quiero llevarme el olor de su saliva seca en mi cuello.

    

8.

       

él dijo:

sólo quiero quedarme allí.

             

9.

               

una mujer

con un vestido de botones

se pinta las uñas

en el frente de su casa

sobre el portón

la canción corre

y cambio de asiento

el cartel de <<se vende>>

me hizo

pensar en vos y yo

lijando el piso

de una casa

cualquier casa.

                          

 

                                        

                                        

                                        

                           

                           

                           

                               

                               

            poemas incluídos en la ANTOLOGÍA POETAS DEL TERCER MUNDO

dde reciente aparición, Edit Ciudad Gótica, Rosario, 2008

CONCURSO mARceNomAluMbré -2 0 0 9-

Publicado en General el 28 de Diciembre, 2008, 20:44 por MScalona

Bases de Concurso de Cuentos 

Taller Scalona  2009, en tres niveles:

GRUPO VIERNES, 4º año,

GRUPO MIÉRCOLES, 3º año,

GRUPO JUEVES,  2º año, 

1º premio, Beca completa taller 2008,

2º premio, Media beca...

para tres niveles igual.

Género CUENTOcualquier estilo, tema o registro. Mínimo diez páginas A-4, interlineado 1,5 , Times New Roman p. 14.                  

Fecha límite entrega 5 de marzo 2009, en papel, 3 copias a Laprida 563... con seudónimo.

En sobre aparte, cerrado, título del cuento en la portada del sobre, los datos de identidad verdaderos correspondientes al seudónimo. SÓLO PARTICIPAN los asistentes del taller que terminaron el curso 2008... presentar EL CUENTO, con las condiciones descriptas, ES OBLIGATORIO y PROMOCIONAL. Es decir, quien no lo presenta, no sigue el taller. 

 Jurado, Eduardo D´Anna, Lorena Aguado y el suscripto. 

 Fallo: 1º abril 2009.- - - -

Los requisitos técnicos son de cumplimiento ineludible bajo sanción de quedar excluido del concurso.-

Dudas y preguntas por mail.  


       Por si no fui claro, si el cuento no les sale como les gustaría, si no están con "ganas",  si les parece largo, si hace mucho calor, si les salió un forúnculo en un lugar de roce, si el martes se van a Cancún... NO ME IMPORTA ...!!!!!   a mí me entregan el 5 de marzo las diez páginas con una historia adentro... la qué, cómo, dónde, cuándo sea... pero el cuento es obligatorio. Como verán no es más que TAREA de vacaiones con un estímulo... tarea... deberes... 

El taller de 1º Inicial comienza en MARZO, 2º, 3º y 4º ,   comenzamos en ABRIL …  preparados, listos… yaaaaaaaaa……………………

Manuel Vicent

Publicado en De Otros. el 28 de Diciembre, 2008, 14:31 por MGuelman

CONCIERTO

                                

                      

Recordar sin desgarro ni melancolía, suave y armoniosamente, las cosas agradables que te hayan sucedido este año, como quien sale al huerto de atrás a recoger los frutos que ha dado

cada estación, puede ser un ejercicio necesario de supervivencia cuando todo parece q

ue se desmorona a tu alrededor. No pasa nada por ponerse tierno alguna vez. Al fin y al cabo

a Bogart se le perdonó que se emocionara al oír de nuevo el piano de Sam. Pese a todo,

no se te habrán negado ciertos momentos de felicidad en medio de la ruina general. El placer

de la lectura de un libro apasionante durante una convalecencia te recordó aquellos días de la

niñez en que el sopor de la fiebre se llenaba de piratas y aventureros. Seguramente habrá habido

también este año algunas mañanas de primavera en que te has sentido feliz sin saber por qué,

tal vez porque te bastaba con que el sol estuviera en la ventana para salir a pasear y que te

obedeciera tu perro. Tampoco habrás olvidado el viaje que hiciste durante el verano.

Abriste el mapa, señalaste un punto azul y de la yema del dedo surgió una ciudad, una isla,

una playa unida al nombre de una amiga, de un compañero, de un viejo o nuevo amor con

el que te pusiste en camino. Dulces fueron aquellas tardes en que la discusión acalorada se

estableció en torno a una copa sobre el tema que no importaba nada, salvo el gusto por llevar

la contraria para demostrar que te sentías vivo y en plena forma con toda la inteligencia

bombeando sangre en las sienes y después sucedía el silencio con un poco de música en la que

siempre estabas de acuerdo. Probablemente habrán sucedido algunos desastres en tu vida.

El puesto de trabajo sigue estando en el aire, te han rechazado algunos proyectos en los que

te habías embarcado, la desconfianza que genera la crisis ha terminado por calarte los huesos

y parece que en el horizonte se ha instalado un muro que no vas a poder saltar. Pero la vida

es como un concierto de Mozart en que las malas noticias hay que recibirlas en el interludio.

Cualquier golpe duro en ese momento puede ser diluido en la memoria con el movimiento

más excelso de la partitura que has oído y después quedará la segunda parte para que un solo

de clarinete te haga olvidar por un instante cualquier desgracia.

            

              

MANUEL  VICENT -.  Diario EL PAIS, Esp. 28-12-2008

Irene Gruss

Publicado en General el 28 de Diciembre, 2008, 10:37 por negrointenso

Oficio

Escribo en la casa;

mi hijo duerme

y yo escribo a escondidas,

no sólo para no despertarlo.

Ahora puedo escuchar

a la lluvia sobre

los baldes y las sogas.

Mientras tanto

Yo estuve lavando ropa

mientras mucha gente

desapareció

no porque sí

se escondió

sufrió

hubo golpes

y

y ahora no están

no porque sí

y mientras pasaban

sirenas y disparos, ruido seco

yo estuve lavando ropa,

acunando,

cantaba,

y la persiana a oscuras.

F O G W I L L...

Publicado en columnas light veraniegas el 27 de Diciembre, 2008, 8:20 por MScalona
                    
          

LLORO EN CASI TODOS LOS VELORIOS...      
            

LLORO EN CASI TODOS LOS VELORIOS...      
            
                             
–Nuestra anterior entrevistado fue Pacho O’Donnell, ¿qué opina usted de él?

–Que es un barrigón y que yo una vez le plagié un cuento. Pero es un barrigón.

–¿Cuál es su medicamento favorito?

–Sólo me gustan algunas tinturas madre, especialmente las amargas. ¿Por qué? Porque odio lo dulce tanto como a la gente dulce y a las ideas dulces.

–¿Cuántos televisores tiene en su casa?

–Cero televisores. No sé mirar televisión.

–¿Cuánta plata tiene en este momento en el bolsillo?

–Nada, porque estoy en short de baño. En la mochila debo tener como dos lucas y 500 dólares porque no pagué casi ninguna cuenta del mes y ya me los estoy gastando.

–¿Qué tres productos no pueden faltar en su heladera?

–Desodorante para heladeras, hielo y una lamparita para ver la mugre que se junta.

–¿Qué tres cosas no deberían faltar en el paraíso?

–Como el paraíso en un invento para que los boludos se porten bien, para que siga funcionando el anzuelo no debería faltarle cine, televisión y urnas con papelitos para poner votos al pedo e ilusionarse cada dos o tres años.

–Si pudiera firmar un pacto con el diablo, ¿qué le pediría a cambio?

–Le pediría lo que quieren todos los hombres.

–¿Qué opina usted de la expresión “es mejor ser lindo que ser bueno, pero es mejor ser bueno que ser feo”?

–Que parece una frase elaborada para una encuesta a Alan Pauls que es tan bueno como Cucurto y casi tan lindo como su hermano el famoso.

–¿Qué cree que fue en una vida pasada?

–No “creo”, sé fehacientemente: fui óvulo, fui espermatozoo, fui embrión, fui feto y fui nene. ¡Y ahora soy jovato!

–¿Es fóbico?

–Solamente a los grupos humanos cuando son un obstáculo para mi desplazamiento en el espacio o en tiempo. Las colas, el transporte público, los aeropuertos-shopping, el rock, las fiestas donde gritan, beben alcohol o fuman porro.

–¿Cuándo fue la última vez que lloró? ¿En qué circunstancias?

–Lloro en casi todos lo velorios. También he llorado cuando se me agotaron todos los argumentos para conseguir algo de una mina.

–¿Cuál es el verso suyo que más le gusta?

–“Aquí quedarme en un hacer sin causas.”

–¿A quién desea pegarle un puñetazo en estos momentos?

–A nadie. Sí pegaría algunos tiros.

–¿Qué frases suele emitir al hacer el amor?

–Mamá.

–Nuestro próximo entrevistado va a ser Sebastián Wainrich, ¿qué opina de él?

–No sé quién es. En serio, eh, ¿quién es?
                   
                             


Fogwill (Buenos Aires, 1941) es escritor. Entre otros libros publicó Vivir afuera y Runa.

DECALOGO PARA UNAS FIESTAS INOLVIDABLES

Publicado en Humor el 25 de Diciembre, 2008, 23:14 por Celina

  

            

1) Invite a todos los familiares que tenga aunque no los haya visto en más de medio siglo. Es un buen momento para reafirmar los lazos. Por supuesto ofrezca su casa, no hay nada más lindo que nos invadan nuestra humilde morada.

2) Pásese todo el día limpiando y fregando los pisos, lustrando muebles y dejando todo impecable; saque la vajilla que le regalaron cuando se casó.

3) Compre regalos para todos, haga bien la lista así no se olvida de nadie, de modo que usted sea la única que se queda parada cuando todos abren los paquetes.

4) Niéguese rotundamente a que la ayuden a cocinar, es tan lindo agasajar a otros, sobre todo cuando hace 33 grados de temperatura, a la sombra.

5) Procure que los más pequeños obtengan eso que pidieron, aunque cuando venga el resumen de la tarjeta su marido la quiera asesinar. Todo sea por los niños!!!

6) Compre un traje de Papá Noel e intente convencer a algún hombre de disfrazarse.

7) Como no logra convencer a nadie, póngaselo usted, paecerá que le queda un poco grande, pero bueno, explique que hasta Papá Noel está pasando un mal momento. Cuando su hijo mayor se acerque y le pregunte si es la mamá y todos los otros niños que creen en la fantasía la miren expectante diga JOJOJO!!!!. Váyase a cambiar rápido y reaparezca diciendo que estaba en el baño y qué lástima que se perdió todo. Empiece a abrir los regalos, de los otros, para disimular. Cuando su hijo pequeño le pregunte por qué tiene algodón arriba del labio, dígale que se lastimó.

8) Proponga un brindis por la familia, para que continúen unidos y pasen buenos momentos en el futuro. Cuando empiecen los reproches, apure el champagne y sonría.

9) Como tomó demasiado y no está acostumbrada diga que al día siguiente lavará los platos. Agradezca la ayuda de todas formas.

10) Cuando se levante al otro día no recordará por qué dijo semejante estupidez. Vuelva a limpiar y fregar todo para que quede reluciente. Guarde la vajilla y anote cuántos platos y vasos deberá reponer.

11) Se siente bastante satisfecha, después de todo lo mejor de festejar la Navidad en casa, es que por más de una semana no será necesario cocinar. Sobró comida como para alimentar a un batallón.

12) Cuando la llamen para Año Nuevo no la encontrarán, tuvo que internarse por padecer una intoxicación alimentaria. ¡¡¡Qué suerte!!!!Podrá bajar fácilmente los kilitos de más.

13) Mientras todos salen a cenar afuera el 31, ya que nadie ofreció su casa,usted descansará de todos y oirá de lejos el ruido de los fuegos artificiales. Con un poco de suerte la enfermera le permitirá observarlos por la ventana.

14) Volverá a su casa el 1º de enero totalmente renovada y super delgada, deseosa de pasar el día con sus hijos. Como hace mucho calor, los invitaron a la pileta del primo Carlos, pero usted no puede exponerse al sol y debe hacer reposo. Los convence de ir, así podrá descansar más tranquila.

15) Como está aburrida se pone a ordenar el lío que dejaron los  días que no estuvo en casa.

16) Por la tarde, mientras bebe un delicioso vaso de agua mineral, ya que otra cosa no puede, bajo el ventilador de techo del dormitorio y observa por la ventana como la gente sale a pasear , reflexiona y decide que las próximas fiestas intentará comer un poco menos, no quiere que por su culpa su familia pase un mal momento.

          ¡¡¡¡¡¡¡¡FELIZ NAVIDAD Y AÑO NUEVO PARA TODOS!!!!!!!!

                                                                                             CELINA

Brindis

Publicado en Nuestra Letra. el 25 de Diciembre, 2008, 17:42 por sandra

“…Por eso los muertos, deben seguir muertos, y con el tiempo el terreno reverdece alrededor de las tumbas…” Richard Ford

 

Qué manera de morírseme la gente alrededor. Y eso que nos juntamos a festejar un nacimiento.

A las siete de la tarde, hora oficial, vuelven a estar los cuerpos en cadena, acompasados por el réquiem. Una amnesia que deja de ser. Uno a uno los cuerpos-maniquíes. Envueltos en sedas de vivencias conmigo. Y están muertos a esta hora, igual que yo.

Es como una escapada al cementerio de mi pueblo, entrar en el panteón. Recorro con la vista los epitafios. Pero pienso en el calor, en las flores, si durarán o no, el olor a encierro, pulir los bronces, sacudir los almohadones de terciopelo verde luto y regar los canteros con espinas de cristo, y siemprevivas. Tiro agua en las veredas, en los arbustos y me apiado de los vecinos. También les riego el frente. Los tacos hacen eco en los pasillos mudos. El viento en las tipas y mis tacos junto con las chicharras.

Las posibilidades se van de vacaciones: uno empieza en Villa Traful para terminar con los monstruos de Finis Terra, viaja en clan; otro queda atrapado en el polvo de Tilcara con su camioneta en cuotas gris perla, y esa manía de preguntar hasta obtener una respuesta clara, que definitivamente lo momifica.

La última posibilidad, hoy no está… tira bombas de estruendo con su padre en el río.

Y yo sigo haciéndole caso a Ford…riego las tumbas propias y de los vecinos a ver si aparece el verde por algún rincón… me tomo un lemonchamp y como avellanas para estar incluida en la euforia ajena. Como corresponde un veinticinco a las siete de la tarde.

 

Sandra.

RICHARD FORD

Publicado en De Otros. el 24 de Diciembre, 2008, 17:33 por MScalona

Acción De Gracias

 

 

 Ed. Anagrama

(Pág. 379)

                        

                       

                        

                       

                        

                       

                        

                       

         Leí alguna vez en algún sitio que todas las palabras duras son iguales. Uno puede inventárselas y tener igualmente razón. Lo mismo puede decirse de las explicaciones. Nunca los sorprendí besuqueándose. Probablemente no se darían ni un piquito. Tampoco se callaron a mitad de una frase en un momento de intimidad justo cuando yo entraba por alguna puerta (nunca lo hacía sin antes silbar una alegre melodía). Sally y yo nunca fuimos a un consejero matrimonial para hablar de nuestros problemas ni sostuvimos discusiones serias. No hubo tiempo antes de que me dejara. Aparte de cuando la conocí, Wally (su ex) nunca había sido tema de conversación. Todo el mundo tiene sus víctimas; nos acostumbramos a ellas como si fueran viejas fotografías guardadas en un baúl a las que echamos una ojeada de vez en cuando. Para entenderlo del mismo modo en que comprendemos otras cosas, tendría que haberme inventado una explicación. Los hechos, tal como yo los conocía, no eran muy reveladores.

         Durante la semana siguiente de la marcha de Sally, lloré (por mí) y reflexioné (sobre mí) de la manera en que se llora y se reflexiona ante la evidencia de que el matrimonio probablemente no ha ido tan bien como se pensaba; quizá no había sido tan bueno en la cama –ni en cualquier otro sitio-, ni se me daba bien la intimidad, ni compartir cosas ni escuchar. Mis completamente, mis te quiero, mis cariño mío, mis para siempre tenían menos peso de lo que suelen tener normalmente, y yo no era un cónyuge excelente y lleno de interés. Sally, posiblemente, era desdichada cuando yo creía que no cabía en sí de felicidad. Cualquier persona –sobre todo un agente inmobiliario- se plantearía ciertas cuestiones ante un fracaso, con objeto de determinar los aspectos novedosos en que necesita documentarse.

         La conclusión a la que llegué, fue que Sally  quizás nunca me consideró "muy legal", aunque eso precisamente era lo que yo había sido. Siempre. No importa cómo me sintiera ni la forma en que pudiera describir mis sentimientos. Cualquier cosa más legal que yo, no era sino una de esas pérfidas fantasías elaboradas por la Asociación de Psiquiatras Americanos, ese Sísifo comercial, para conseguir que los pacientes vuelvan una y otra vez.

         Boludeces, en una palabra.

         Me gustaba la intimidad. Me mostraba tan cariñoso y apasionado como me lo permitía el tráfico. Era interesante. Amable. Generoso. Paciente. Divertido (ya que eso parece tan importante). Compartía lo que valía la pena compartir (y no vale todo). A las mujeres les gusta pero también aborrecen la debilidad en los hombres, y yo disponía de información positiva para pensar que era débil en el buen sentido y no en el malo. Claro que yo no era perfecto en ninguna de esas cualidades humanas, y nunca se me ocurrió que debía serlo. En la letra pequeña de las cláusulas del segundo matrimonio, debería decir: <<Los abajo firmantes acceden a que ninguno de los dos haya de ser perfecto. >> Como marido me había portado muy bien. Estupendamente.

         Lo que no significa que Sally tuviera que ser feliz con F mayúscula, ni hacer nada aparte de lo que apeteciera hacer. Aquí hablamos exclusivamente de explicaciones, y de si yo tenía la culpa de algo. Tenía. Y no tenía.

         Mi punto de vista personal es que Sally se vio atrapada sin darse cuenta en el gran remolino de la contingencia, hondo y confuso, que recibe la afluencia de otros torrentes de incertidumbre, unos visibles, otros discurriendo muy por debajo de la superficie para que puedan identificarse. Una de esas corrientes era: que mientras yo disfrutaba de los beneficiosos efectos del Periodo Permanente –ausencia de miedo al futuro, imposibilidad de fracaso vital, el pasado reducido en su conjunto a un agradable borrón rosado-, ella empezó, a pesar de todo lo que decía, a temer la permanencia, a asustarse de ya no ser otra cosa, a espantarse de que la vida ya no pudiera derrocharse ni desperdiciarse. Sencillamente, no estaba preparada para ser como yo: un estado natural que el matrimonio debería tener en cuenta para sobrevivir, en caso de que uno de los cónyuge viva el Periodo Permanente como un comulgante vive en estado de gracia, mientras que el otro hace lo que le da la puta gana.

         Sólo que entonces, manchado de carbón, resueltamente antiestético, vagamente incompetente por los años pasados en las catacumbas (es decir, Escocia), aparece nuevamente Wally con la gracia de un elefante. Y, de pronto, uno de los principales atractivos que el segundo matrimonio ofrece a los contrayentes –minimización del pasado- deja de ser interesante. El primer matrimonio arrastra un pasado que hace demasiado ruido; pero el segundo no tiene mucho a la espalda, de modo que carece de lastre.

         El torpe, sin pulir, eructante y ruidoso Wally quizás recordara a Sally su irreductible pasado, los asuntos que había dejado sin resolver en el último siglo, los problemas que por mucho que pensara no podía solucionar tan alegremente como yo había justificado un matrimonio tardío en el que había sido feliz rigiéndome por simples y razonables normas domésticas. (El quid del milenio, en todo caso, es miedo al pasado, no al futuro.) En realidad, con el voluminoso Wally detrás y, de pronto, también delante, lo más probable era que Sally no llegara a experimentar el Periodo Permanente, de modo que no tenía otro remedio que entregarme su anillo de boda como si yo fuera un empleado de Ricciardi que le pudiera reservar el artículo, mientras ella salía del remolino de nuestro matrimonio para dejarse arrastrar por la corriente.

         Aunque reconozco que en el día de hoy, víspera del Día del Pavo, la ausencia de Sally no me produce tanta tristeza como me causó una vez. No me imagino viviendo solo para siempre, como tampoco admitiría que podría ser agente inmobiliario hasta el fin de mis días, y tiendo a concebir la vida como algo ficticio compuesto de hoy, quizás de mañana y probablemente no del día siguiente, con una pizca de pasado añadido si es posible. Siento, en realidad, una buena dosis de pesar por Sally. Porque, aun cuando esté convencido de que su estancia con Wally en Mull no durará mucho, al volver con él ha abrazado el imposible, el inaccesible pasado, y al hacerlo, ha puesto en peligro o incluso agotado un deseo sumamente útil, posiblemente el más importante para ella, el que ha utilizado todos estos años para alimentar su presente, donde yo encontré un sitio. Por eso, los muertos deben seguir muertos y con el tiempo, el terreno reverdece alrededor de las tumbas. 

HORARIO DE OFICINA (historia de dos arbolitos)

Publicado en Parodias el 23 de Diciembre, 2008, 17:32 por Mar de Inés & Acuáticos Inc.

                                                “-Y vos estás muy enojada?

                                                -Sí, pero además no voy a estar.”

 

                                                            Conversación telefónica, restaurante C.R.R.,

                                                            Rosario, 20/12/08, 14:22 hs.

 

No es que estuvieran demasiado interesadas, pero cuando hay niños y sobre todo, cuando se les está construyendo una casa o, lo que es lo mismo, como dice Abelardo “un lugar en la utopía”, se acerca el 24 y no puede faltar el arbolito.

(mutis de laura III a la ducha)

 

Se vive en el linde, con el corazón partido, un poco allá un poco acá, mudanza de día y medio, siempre se juntan soledades.

(mutis de laura I a la ducha)

 

El río es un simulacro. El agua siempre está en otro lado. Laura III escribe con una letra de mierda mientras Gerardo viene para sacar la foto y detrás Emma, con un helado fucsia y blanco,  saluda buen día aunque son casi las tres de la tarde hora oficial.

Y es que ella resultó favorecida porque entre padres por lo general se entienden y a él no le importó el calor ni revolver entre los restos hasta encontrar el arbolito.

De todos modos con Valen improvisamos un Papá Noel sin trineo y ya casi me había olvidado del incidente hasta que lo vi en el lugar central del living comedor.

(breve interrupción para nuevas fotos)

Un rato antes habían estado en el restaurante del club, comían pastas “como los deportistas” dijo laura I, y Gerardo un lomo especial de vaca vieja. Tomaron dos cocas y concluyeron que había que escribir el relato de los dos arbolitos.

Era Navidad. De qué otra cosa se podía escribir?

Así que laura III quería (no quería, quería...) armar el arbolito, no importaba si era el 8, Emma no sabe la tradición, solamente quiere una Navidad con arbolito.

-No compres nada –dijo Gerardo- yo te doy el mío.

Laura III dudó. Nunca sabía qué era mejor para Emma. Tener dos arbolitos? Tener uno solo?

Pero detestaba la navidad y le resultaba odiosa la idea de tener que salir a comprar un artefacto peludo de poliéster y bolas chinas doradas y rojas.

-Bueno, dale, traelo – le dijo.

Los días siguientes recordó puntualmente a su ex por mensaje de texto: “no olvides arbolito”.

El 9 a las tres de la tarde Gerardo miraba el cartel y pensaba que tenía que llevar a arreglar el ruedo de la malla. El puto timbre no sonaba y hacía cuarenta grados. Intentó por teléfono.

Laura III apareció en la ventana. “-Siempre tengo que hacer la colimba con ustedes?”- dijo mientras Gerardo dejaba la caja con el arbolito sobre el piso entarugado.

Mientras cruzaba el patio, Gerardo pensó que ella no iba a cambiar.

(nota social: el 24 lo pasarán los tres en lo de los Barikis).

Nada se había movido.

 

 

Gerardo insiste en que estuvo con Esteban en la fiesta del CEC y las lauras en que no puede ser, que está en Montevideo sacándole fotos a una escritora. Las lauras se miran y piensan lo mismo.

Vuelven a la playa por el túnel de asfalto.

-Yo que vos lo voy a buscar –dice laura III.

Pero no hay caso. Ella prefiere una navidad sin arbolito antes que buscarlo en horario de oficina.

 

 

 

Pura ficción el movimiento. Laura I sigue fiel a su teoría. Nada se mueve, nunca. Eso es lo que quieren hacerte creer.

Algunos años antes le hubiera tenido que explicar a Valen que da igual tener o no tener un arbolito. Que los regalos se pueden dejar en cualquier parte, que no todos los paquetes son regalos, que hay paquetes que te duran una vida y que otros no resisten la mudanza.

(nota social: Navidad en casa de los abuelos).

Todo sigue igual.

 

 

Y SIN EMBARGO NO

Publicado en Pavadas hechas texto, el 23 de Diciembre, 2008, 17:29 por Tía Amanda

 

              “Nada se mueve, nunca. Eso es lo que quieren hacerte creer.”

             Lauisaia.

 

6 741 072 120 x 2 (un par de patas)

millones de árboles de navidad

unísono de sordinas chillonas

hacinados en un nudo temporal

hacen girar la bola en la galaxia

tierra envasada y océano listerine

 

A ver si estamos de acuerdo:

es importante

no olvidar que somos fitoplancton

y fin de año

sólo un número rojo

en el calendario occidental.

 

Es verdad, Lauisaia.

Nada se mueve.

 

Cuando llueve cerca de navidad

Publicado en General el 23 de Diciembre, 2008, 8:46 por Lorena Aguado

Apaga el ventilador. Sonríe satisfecha mientras recuerda que lo compró en un supermercado, cuando las ventas caían. Lo armó como a un rompecabezas, según instrucciones. Le sobraron algunas piezas que llegó a acariciar. Que girara defectuoso era la consecuencia natural de la oferta.

El trueno impactó en la radio. La interferencia la desorientó y comenzó a girar el dial. Una canción bellísima disparó justo a sus falanges; paralizó la búsqueda.

Ella quedó intermitente cerca del altavoz. Hizo un cálculo ligero de los metros cuadrados de su soledad.

La lluvia se expande hacia las orillas. Deberá saltar la inundación para cruzar la calle; la ciudad ha sido edificada para odiar los diluvios.

Ella destierra las sombras arrojando el velador por el balcón. El viento apenas puede con él, empujándolo más allá. El impacto es percibido por la vecina de enfrente, que parece comprenderlo todo.

Un aluvión de veladores comienza a caer desde otros balcones. Lamparitas de bajo consumo estallan en las veredas, cerca de los autos estacionados.

Algunas pantallas se desprenden y quedan suspendidas de los árboles, adornándolos para navidad.

Luego, casi como una celebración, comienzan a planear fotografías en blanco y negro, souvenirs de bautismos y casamientos, prendas usadas, tazas de café con nombres propios, copas de champagne, caja de discos y discos sueltos que al girar desprenden un raro sonido.

La cuadra se asemeja a un cementerio de muertes prematuras.

Ella le hace una mueca a su vecina, que vuelve a comprenderlo todo.

La lluvia se muda a su departamento, arrasando con lo que le queda de tristeza.

Está calma y recuerda que ha pagado sus impuestos.

Mañana, la Municipalidad cerrará el paso y los barrenderos se encargarán de los restos.

Lenguas del Conngo

Publicado en Nuestra Letra. el 21 de Diciembre, 2008, 12:29 por seldonito
Diversas son las lenguas del Conngo. Muchas de ellas carecen de nombre y otras mueren al nacer. Analizaremos a continuación cuatro. Cada una es correspondida por una experiencia de vida única y, por lo general, inabordable.
La lengua Nnogco, expresa a quienes pertenecen al Conngo desde su origen. Su evolución es clara: nunca nadie ha logrado comprenderla. Quienes la hablan ni siquiera logran entenderse entre ellos. Se comprende, entonces, por qué el origen del Conngo resulta caótico.
Gncoon es el código ejercido por los fieles. Ellos respetan a rajatabla los mandatos, leyes y caprichos de los habitantes primeros. Aspiran la comprensión de su lengua, quedando para siempre allí, aspirando. Su máximo logro ha sido el primer diccionario Nnogco - Gncoon. Publicación exitosa que jamás pudieron comprender los conngolitos.
Conngo es el lengua oficial del Conngo. La enuncian aquellos miembros de los estratos poderosos, quienes se arrogan la toma de decisiones del Conngo entero. La particularidad de esta lengua es su rotundo estancamiento, el último neologismo data de siglos pasados. Sus hablantes se enorgullecen de la situación argumentando que es consecuencia de la perfección de la lengua. Fuentes extraoficiales susurran que, en realidad, sus oradores no son auténticos habitantes del Conngo. Estas fuentes nunca han sido corroboradas por estar escritas en Nnogco.
Por último, tenemos la lengua Ognnoc. Esta lengua simula expresar realidades, dejando al libre albedrío del conngues de turno la veracidad de su sintagma. La utilizan los chismosos, profetas y, se sospecha, los despreciados carneros del rebaño.

HOY EL SOMBRERERO ES SCALECTRIX

Publicado en cumpleaños! el 21 de Diciembre, 2008, 10:42 por tía Amanda

En su onomástico, Maistro, qué bueno sería fuéramos todos los del taller con usté a ver una de comboys al madre cabrini, usté repartiría pochoclo y nos explicaría por qué el tiro del final no va a salir, y nosotros le discutiríamos, como hacemos siempre, sólo por seguir tomando el té, porque para eso estamos y es fatal, dichoso y necesario.

Para nosotros es importante que siga estando.

Un abrazo de los de los viernes. Que tenga un feliz cumpleaños y venideros felices no cumpleaños y mucho, pero mucho té.

Tía Amanda.

D U R A S : Escribir

Publicado en De Otros. el 20 de Diciembre, 2008, 20:07 por MScalona

marguerite duras

                          

Llorar, es necesario que esto también suceda.

Aunque llorar sea inútil, creo que, con todo, es necesario llorar. Porque la desesperación es tangible. Permanece. El recuerdo de la desesperación, permanece. A veces mata.

Escribir.

No puedo.

Nadie puede.

Hay que decirlo: no se puede.

Y se escribe.

Lo desconocido que uno lleva en sí mismo: escribir, eso es lo que se consigue. Eso o nada.

Se puede hablar de un mal del escribir.

No es sencillo lo que intento decir, pero creo que es algo en lo que podemos coincidir, camaradas de todo el mundo.

Hay una locura de escribir que existe en sí misma, una locura de escribir furiosa, pero no se está loco debido a esa locura de escribir. Al contrario.

La escritura es lo desconocido. Antes de escribir no sabemos nada de lo que vamos a escribir. Y con total lucidez.

Es lo desconocido de sí, de su cabeza, de su cuerpo. Escribir no es ni siquiera una reflexión, es una especie de facultad  que se posee junto a su persona, paralelamente a ella, de otra persona que aparece y avanza, invisible, dotada de pensamiento, de cólera, y que a veces, por propio quehacer, está en peligro de perder la vida.

Si se supiera algo de lo que se va a escribir, antes de hacerlo, antes de escribir, nunca se escribiría. No valdría la pena.

Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiésemos -sólo lo sabemos después- antes, es la cuestión más peligrosa que podemos planteamos. Pero también es la más habitual.

La escritura: la escritura llega como el viento, está desnuda, es la tinta, es lo escrito, y pasa como nada en la vida, nada, excepto eso, la vida.

                                 

                                           

                                           

                                           

"Escribir",  Ed. Tusquets, p. 54-56

"Escribir",  Ed. Tusquets, p. 54-56

"Escribir",  Ed. Tusquets, p. 54-56

COMIDAS Y AFECTOS

Publicado en General el 20 de Diciembre, 2008, 9:35 por Celina

   Una de las tantas mujeres que habitan dentro mío y con la cual me siento muy a gusto es la mujer cocinera. No es profesional ni de cerca, pero todo lo hace con mucha dedicación.

    Una de las mejores partes es la de los scons o madalenas, esas tardes frías de invierno en la que se mezclan el aroma tibio del horno, el gris lluvioso del día, el pegote del dulce de leche, la chocolatada caliente con la tele atorada en el Disney Channel. El invierno realmente no me gusta, pero la calidez de mi cocina en esos días le da un toque entrañable, difícil de igualar.

   Cuando cocino, suelo proyectarme fuera de mí y retrotraerme a mi infancia, rememorando otras tardes de invierno, en otra casa  diferente pero a la vez muy .parecida a la mía. Dejo de ser yo y veo a mi mamá, cocinando tortas o unas madalenas casi igualitas a las que yo hago; es que una madre no necesita expresar su cariño en palabras, muchas veces éstas sobran; se transforman en recetas de la abuela o inventadas, preparadas con esmero para algún acontecimiento importante o de apuro para tomar la leche y volverla especial. Simples actos, como el de cocinar y producir el deleite de nuestros hijos, es una de las tantas formas de decirles que los amamos, intentando transmitírselos con cada ingrediente , deseando que se funda con sus células y se incorpore, y ellos a su vez el día de mañana, cuando estén de este otro lado, puedan dárselo a sus propios hijos, y  así de generación en generación nos una a todos un mismo afecto, el gusto por las cosas ricas y por esta forma tan particular y placentera de transmitirla. Amor de padres e hijos, el mejor.

      En  mi familia las comidas siempre ocuparon un lugar destacado, desde los cumpleaños hasta la Navidad, pasando por una sencilla reunión de amigos, y es una de las cosas que más han marcado mi vida. Cómo no recordar a mi papá en la cocina rellenando carrés de cerdo o pollos para Nochebuena, con más de 30 grados de calor, o más lejos aún, a mi nona amasando los ravioles para el 25. O a mi mamá, armando centros de mesa, eligiendo y cortando flores, sacando los cubiertos y platos que sólo se utilizan en ocasiones especiales.

    Porque como dije antes, a veces las palabras sobran, y el amor hecho gesto concreto no se olvida nunca. Menos si tiene gusto a chocolate o tuco.

                                                                                                 CELINA

"hay que volver a empezar"

Publicado en Aguafuerte el 18 de Diciembre, 2008, 16:08 por negrointenso

"Hay que volver a empezar, hay que volver a empezar" Celia me repite a los gritos desde los pequeños parlantes de la computadora de la oficina municipal donde trabajo, Celia no deja de repartir su falso optimismo de cubana en Miami y ahora exiliada en el más allá. No soporto esa alegría barata tan temprano.

Suena el despertador a las 6.00 y me levanto con el resorte interno, si lo pensara un poco me quedaría durmiendo. Ni desayuno, camino hasta mi trabajo, evito el colectivo para no ver el mal humor ajeno tan temprano, prefiero asistir a los borrachos, a los trasnochados, los bamboleantes nocturnos. Llego muy temprano, marco la tarjeta número 82 a las 6.25 y tengo hasta las 7.00 para el primer placer del día: leer en la Sala de lectura vacía enorme silenciosa de la Biblioteca Argentina, a veces también escribo. A las 7.00 pongo la cara de piedra en respuesta del cachondeo de los compañeros de trabajo, todavía no se dan cuenta que no tienen chances ni de arrancarme una sonrisa, igual insisten con sus golpes disfrazados de inofensivas bromas. Me pagan para leer los diarios, trabajo en la Sección de Hemerotca, me pagan para estar informada, para entristecer a las personas.

 Mis compañeros prenden la radio, sobredosis de angustia, el periodista lee en voz alta lo que leemos en voz baja, son las 7.30 y escucho a una mujer que llora desesperadamente, le habla al periodista que se hace el sensible, la mujer le cuenta que le robaron la silla de rueda del patio de su casa, silla que pertenecía a su hija de 8 años que tiene una parálisis cerebral "recién la comprábamos" remata la mujer que no puede creerlo aún, lloro con ella, en respuesta el periodista, que es un estútpido total, para levantar un poco el ánimo pone esa cortina musical de Celia Cruz que grita y repite "Hay que volver a empezar, hay que volver a empezar"

la prosa más bella del mundo

Publicado en De Otros. el 17 de Diciembre, 2008, 7:25 por MScalona

                                      LOS ADIOSES

a Idea Vilariño

Quisiera no haber visto del hombre, la primera vez que entró en el almacén, nada más que las manos; lentas, intimidadas y torpes, moviéndose sin fe, largas y todavía sin tostar, disculpándose por su actuación desinteresada. Hizo algunas preguntas y tomó una botella de cerveza, de pie en el extremo más sombrío del mostrador, vuelta la cara -sobre un fondo de alpargatas, el almanaque, embutidos blanqueados por los años- hacia afuera, hacia el sol del atardecer y la altura violeta de la sierra, mientras esperaba el ómnibus que lo llevaría a los portones del hotel viejo.

Quisiera no haberle visto más que las manos, me hubiera bastado verlas cuando le di el cambio de los cien pesos y los dedos apretaron los billetes, trataron de acomodarlos y enseguida, resolviéndose, hicieron una pelota achatada y la escondieron con pudor en un bolsillo del saco, me hubieran bastado aquellos movimientos sobre la madera llena de tajos rellenados con grasa y mugre para saber que no iba a curarse, que no conocía nada de donde sacar voluntad para curarse. En general, me basta verlos y no recuerdo haberme equivocado; siempre hice mis profecías antes de enterarme de la opinión de Castro o de Gunz, los médicos que viven en el pueblo, sin otro dato, sin necesitar nada más que verlos llegar al almacén con sus valijas, con sus porciones diversas de vergüenza y de esperanza, de disimulo y de reto.

El enfermero sabe que no me equivoco; cuando viene a comer o a jugar a los naipes me hace siempre preguntas sobre las caras nuevas, se burla conmigo de Castro y de Gunz. Tal vez sólo me adule, tal vez me respete porque hace quince años que vivo aquí y doce que me arreglo con tres cuartos de pulmón; no puedo decir porqué acierto, pero sé que no es por eso. Los miro, nada más, a veces los escucho; el enfermo no lo entendería, quizá yo tampoco lo entienda del todo: adivino qué importancia tiene lo que dejaron, qué importancia tiene lo que vinieron a buscar, y comparo una con otra.

Cuando éste llegó en el ómnibus de la ciudad, el enfermero estaba comiendo en una mesa junto a la reja de la ventana; sentí que me buscaba con los ojos para descubrir mi diagnóstico. El hombre entró con una valija y un impermeable; alto, los hombros anchos y encogidos, saludando sin sonreír porque su sonrisa no iba a ser creída y se había hecho inútil o contraproducente desde mucho tiempo atrás, desde años antes de estar enfermo. Lo volví a mirar mientras tomaba la cerveza, vuelto hacia el camino y la sierra; y observé sus manos cuando manejó los billetes  en el mostrador, debajo de mi cara. Pero no pagó al irse, sino que interrumpió y vino desde el rincón, lento enemigo sin orgullo de la piedad, incrédulo, para pagarme y guardar sus billetes con aquellos dedos jóvenes envarados por la imposibilidad de sujetar las cosas.  Volvió a la cerveza y a la calculada posición dirigida hacia el camino, para no ver nada, no queriendo otra cosa que no estar con nosotros, como si los dos hombres en mangas de camisa, casi inmóviles en la penumbra del declinante día de primavera, constituyéramos un símbolo más claro, menos eludible que la sierra que empezaba a mezclarse con el color del cielo.

- Incrédulo -le hubiera dicho al enfermero si el enfermero fuera capaz de comprender-. Incrédulo –me estuve repitiendo aquello noche, a solas. Esto es, exactamente, incrédulo de una incredulidad que ha ido segregando él mismo, por la atroz resolución de no mentirse. Y dentro de la incredulidad, una desesperación contenida sin esfuerzo, limitada, espontáneamente, con pureza, a la causa que la hizo nacer y la alimenta, una desesperación a la que está ya acostumbrado, que conoce de memoria. No es que crea imposible curarse, sino que no cree en el valor, en la trascendencia de curarse.

              Tendría cerca de cuarenta años, y sus gestos, algunos abandonos que delataban la inmadurez. Cuando salió para tomar el ómnibus, el enfermo dejó de mirarme, alzó el vaso de vino y se volvió hacia la ventana.

-¿Y éste? ¿Se vuelve caminando o con las patas para adelante? Si está enfermo y va al hotel, lo atenderá Gunz. Tengo que preguntarle.

Lo decía en broma o tal vez pensara asegurarse las posibles inyecciones. Me hubiera gustado sentarme a tomar vino con él y decirle algo de lo que había visto y adivinado. Tenía tiempo,  el ómnibus no había traído ningún pasajero y era la hora en que comenzaban a proyectar loas comidas en las casitas de la sierra. Deseaba conversar y el enfermo me estaba invitando, sonriendo sobre el vaso y el plato. Pero no salí de atrás del mostrador; me puse a quitar polvo de unas latas y apenas hablé.

-Sí, está picado, no hay duda. Pero no es muy grave, no está perdido. Y, sin embargo, no se va a curar.

-¿Por qué no se va a curar si puede? ¿Porque Gunz lo va a matar?

Yo también me reí: hubiera sido sencillo decirle que no se iba a curar porque no le importaba curarse; el enfermero y yo habíamos conocido mucha gente así.

Alcé los hombros y continué con las latas.

-Digo –dije-.

Después empecé a verlo desde el hotel en ómnibus y esperar frente al almacén el otro, el que iba hasta la ciudad; casi nunca entraba, seguía vestido con las ropas que se trajo, siempre con corbata y sombrero, distinto inconfundible, sin bombachas, sin alpargatas, sin las camisas y los pañuelos de colores que usaban los demás. Llegaba después del almuerzo, con el traje que usaba en la capital, empecinado, manteniendo su aire de soledad, ignorando los remolinos de tierra, el calor y el frío, despreocupado del bienestar de su cuerpo; defendiéndose con las ropas, el sombrero y los polvorientos zapatos de la aceptación de estar enfermo y separado.

Supe por el enfermero que iba a la ciudad para despachar dos cartas los días que había tren para la capital, y del correo iba a sentarse en la ventana de un café, frente a la catedral, y allí tomaba su cerveza. Yo lo imaginaba solitario y perezoso, mirando la iglesia como miraba la sierra desde el almacén, sin aceptarles un significado, casi para eliminarlos, empeñado en deformar piedras y columnas, la escalinata oscurecida. Aplicado con una dulce y vieja tenacidad a persuadir y sobornar lo que estaba mirando, para que todos interpretaran el sentido de la leve desesperación que me había mostrado en el almacén, el desconsuelo que exhibía sin saberlo o sin posibilidad de disimulo en caso de haberlo sabido.

Hacía el viaje de cerca de una hora a la ciudad para no despachar sus cartas en el almacén, que también es estafeta de correos; y lo hacía por culpa o mérito de la misma yerta, obsesionada voluntad de no admitir, por fidelidad al juego candoroso de no estar aquí sino allá, el juego cuyas reglas establecen que los efectos son infinitamente más importantes que las causas y que estas pueden ser sustituidas, perfeccionadas, olvidadas.

No estaba en el hotel, no vivía en el pueblo. Gunz no le había aconsejado irse al sanatorio; todo esto podía borrarse siempre que no entrara en el almacén para despachar sus cartas, siempre que las deslizara contra la plancha de goma de la ventanilla del correo de la ciudad. La interrupción quedaba anulada si en lugar de entregarme sus cartas, como todos los que vivían en el pueblo, presenciaba la caída sobre ellas del sello fechador, manejado por una mano monótona y anónima que se disolvía en la bocamanga abotonada de un guardapolvo, una mano variable que no correspondía a ninguna cara, a ningún par de ojos que insinuaran hacerse cargo y deducir. El presente podía eludirse si veía el sello golpeando  los sobres, imprimiendo en ellos, junto a las dos o tres palabras de un nombre, las siete letras de este otro nombre, el de una capital de provincia, el de una ciudad que puede visitarse por negocios.

Pero, algunas veces, al regresar de la ciudad entraba en el almacén para tomar otra cerveza. Esto sucedía las tardes de fracaso, cuando el nombre de mujer que él había dibujado en el sobre se hacía incomprensible, de pronto, en el segundo definitivo en que el sello se alzaba y caía con su ruido de blandura y resorte. Entonces el nombre no designaba a nadie y lo enfrentaba, arrevesado y maligno desde la plancha de goma, para insinuarle que tal vez fueran verdad, la separación y las líneas de fiebre.         

                  

             

             

             

                 

                 

                 

     JUAN  CARLOS  ONETTI

                                  Edit. Punto de Lectura, pags.  51-56

       

Mi cuento favorito

Publicado en De Otros. el 15 de Diciembre, 2008, 14:47 por sandra

Hay pocas cosas más reñidas con la pretensión de exclusividad o las jerarquías que la literatura. Preguntar por el libro que alguien se llevaría consigo a una isla desierta parece tan incontestable como la demanda, cuantitativa, binaria, que algunos adultos suelen dirigir a los niños sobre el amor que éstos sienten por sus padres. En primer lugar porque, si se acepta la condición erótica de la lectura, hay que convenir en que sólo el deseo es único e inefable, y por eso mismo, su objeto es plural y muchas veces inconstante. También poque todo lector es, como afirma W. H. Auden, un amante tiránico e injusto: pretende que cada autor que ama le sea fiel mientras él prodiga impunemente una multitud de romances con otros autores. Más aún si ambas razones son ciertas, hay que admitir que el lector de cuentos es libertino por antonomasia. Lejos de la fidelidad monogámica del lector de novelas, el amante del cuento recorre el índice de un libro de relatos con la misma urgencia que un donjuan en un internado de señoritas: abre la puerta de todos los dormitorios, entra en aquellos donde intuye la posibilidad de máxima fruición o sigue de largo, reservándose el mayor placer para más tarde; pero jamás se resigna a pasar toda la noche en un solo cuarto.

La paradoja es que esa dispersión a través de la cual se manifiesta el apetito de lectura parece reclamar un patrón de aceptaciones y rechazos. Una ilusión de orden en medio de la confusión, como en el chiste del hombre que asistente por primera vez a una orgía donde todo ocurre en la oscuridad, enciende la luz y clama: ¡organicémonos!. Sostenida por aparatos teóricos, tributaria de una ideología y queriendo ejercerse como una política, en el corazón de toda crítica se agazapan el gusto y una cierta idea de valor que estudiosos tan finos como Guillo Dorfles o Frank Kermode han puesto en evidencia hace bastante tiempo. Toda poética es, al fin y al cabo, un ejercicio de exclusiones que intenta dar sentido, contrario sensu, a aquello que no se ha rechazado porque resulta imprescindible...

Prólogo del libro MI CUENTO FAVORITO (según los escritores argentinos) de Guillermo Saavedra.

Fontanarrosa, Heker, Castillo, Piglia, Rivera, Saer, Tizón ... y otros hablan de los autores de su cuento favorito y publican el cuento...

Interesante... Edición Alfaguara.

ANTES DE QUE VENGA EL SEÑOR STREET

Publicado en General el 15 de Diciembre, 2008, 9:21 por Lorena Aguado

Titular 1: Invierta en dólares. No sabremos si es culpa de la navidad o del año nuevo. O si es diciembre. Todos recordamos el helicóptero en estas épocas. Las corridas a los supermercados, los changuitos saliéndose de los estacionamientos,  tomando la calle,  haciendo temblar alimentos no perecederos en su interior.
Yo lo vi por la tele, paralizada. Poniendo las manos en la cabeza y parafraseando a alguien que dice “dios mio” cuando no puede comprender lo que ve, cuando las imágenes parecen de ciencia ficción y no asoman los títulos finales.
Hay en nuestra historia ciertos lugares comunes a los que no queremos volver. Pero que siempre están cerca, acechando de frente. Los vemos venir.
Uno entiende poco, lee los diarios, mira los noticieros, escucha a economistas, lee a los mismos economistas, habla con los vecinos que vieron en la tele a otros economistas. Parlotean sobre crisis e impactos, y predicen que se va a poner peor. Y entonces no armamos el arbolito todavía. Porque no tenemos ganas, qué vamos a festejar?  El turrón está 15% más caro.  El pan dulce viene con menos frutas, lo que complica a los cirujanos de las fiestas que extirpan una por una para comerse el resto. Compramos dólares por las dudas y estamos atentos.

Titular 2: ¿Eres adicta a los hombres? El me escribe un mail. Me habla de lo que hizo el fin de semana. Me pregunta cómo estoy, que le cuente. Yo podría enamorarme de él, lo sé. Pero él insiste con los mails y los impregna de cosas cotidianas despojadas de deseo, como la película que vio o con quien va a pasar la navidad. Yo supongo que está con alguien, o que no le intereso demasiado, o que le resulto sólo simpática y que no alcanza…
No entiendo por qué es tan difícil encontrarse en estos tiempos. Él aparece y desaparece en una especie de truco que lo lleva a 16 cuadras de donde yo trabajo. Nos separa la Bolsa de Comercio, el microcentro, las vidrieras de mujeres calvas y de los zapatos en eterna liquidación.
No hay nada entre nosotros, excepto eso.
Le contesto el mail aceptando las reglas de juego de una amistad que no sirve para nada.

Titular 3: Para Wall Street, el país será el más golpeado en la región. Atún desmenuzado o en trozos. Hay algo ahí. Cada sábado cuando me enfrento a los estantes de las conservas, tomo una lata, la acaricio, leo los ingredientes, trato de descifrarlos, pero sigo sospechando que el desmenuzado tiene cualquier cosa: una síntesis de deshechos de pescados desconocidos con una pizca de sardina y un poco de atún. El peso escurrido es una muestra amable de lo sinceras que pueden ser las industrias.
Entre Wall Street y el Merval, uno empieza a dudar de qué lata elegir. La sensación del desastre viene con la caída de aproximadamente 8 puntos (¿?). Nosotros, lo que no somos economistas expertos y charlatanes, creemos que eso es terrible. Que Wall Street es el nombre y  apellido de un señor que nos va a quitar las ilusiones. Se trata de un tipo vestido con frac y galera. De rigurosos negro y bastón dorado. Nos va a tocar el timbre, nos hablará en inglés y nos apuntará con el bastón diciendo “you are dead, latin american citizen”. Nosotros no diremos nada, porque no hablamos en ingles. No nos interesa.
Elijo la lata de atún en trozos. Esta vez, una tercera marca. Pienso que es más o menos lo mismo.


Titular 4: ¿Cuán Geisha debiéramos ser? El contesta mi mail otra vez, preguntando cosas sobre las que escribí. Decido no responderle por ahora. Asumo una postura erguida ante la situación y demoro el momento, no quiero que me encuentre en el mismo lugar, idéntica. Los tipos en estos tiempos no hablan claro. A mi ya no me gusta dar tantas vueltas. Quisiera decirle que me gusta, que seguramente ya lo sabe pero que no entiendo a qué estamos jugando. Que es un idiota. Y yo más idiota que él prestándome a toda esta confusión ¿A qué le tenemos miedo? ¿A ir juntos al cine y que no nos gusten las mismas películas? ¿A que uno de los dos se enamore y que el otro no? Eso no tendría que ser el motivo de nuestra hemiplejía. Descanso los dedos en el teclado. Doy vueltas alrededor del escritorio para encontrar en los cables del CPU, el detrás de esta escena patética.
Me pregunto si él está jugando conmigo y yo dramatizando demasiado.
En voz alta cuestiono otra vez: ¿Por qué es tan difícil encontrarnos? ¿Necesitamos garantías también en las relaciones? ¿No podemos actuar sin evaluar las probabilidades? ¿Acaso no aprendemos de estas caídas? ¿De estas crisis que intentamos resistir viéndolas por televisión?
Finalmente sucede. El resultado es no darse cuenta del recorrido en vertical. Estamos cayendo y nos olvidamos de lo importante. Empezamos a dibujar números, a creer en ellos tanto como en Dios, a tomar decisiones sobre nosotros y los otros, según nos den las cuentas.
Le contesto el mail al otro día. En el mismo idioma. Diciéndole nada.


Titular 5: la crisis se profundizará en el 2009. Encuentro un poema de Charles  Bukowsky que termina así: “esos hombres / fueron niños / una vez / ¿qué les pasó? / ¿y qué me pasó / a mí? / está oscuro / y frío / por acá”
Me quedo suspendida entre los titulares de los diarios y el poema. Hay un mundo que pesa demasiado y  nadie sabe muy bien qué hacer con él. La gente comienza a creer que es mentira eso del año nuevo. Otra vez los números. Un 9 al final de la cifra y brindamos porque las cosas vayan mejor aunque sospechamos que no.
Pero parece que nadie está dispuesto a perder las esperanzas. La oscuridad arriba amenaza los patios con árboles y a los budines en la mesa. Ahí, cuando alguien vuelve a partir las nueces, aparece la melancolía que lo envuelve todo, hasta el azúcar del praliné. Pero llegan las doce y el cielo se enciende.
La oscuridad no dura para siempre.

Titular 6: Cuando ellos se van sin aviso. Él ya no contesta. Me posterga o simplemente desaparece otra vez. Entre la derrota y desilusión largo un insulto al proveedor del Internet. ¿Y si me contestó pero no me llegó? Llamo a la compañía, me atiende una operadora, le digo que estaba esperando un mail y que no me llegó. Que por qué no revisan bien cómo anda la conexión.
La chica me dice que está todo perfecto. Yo insisto. Le digo que hace varios días que tendría que haber llegado el mail. Le cuento brevemente la historia. Ella me dice que tiene una amiga que piensa que todo es culpa del servidor de hosting, pero que el tipo en realidad no le da bola. Le grito: ¿Y vos qué mierda sabés como venía la cosa?
Pienso que es una desubicada. Le corto y decido dar de baja el servicio.

Titular 7: La crisis no es sólo económica. Adoramos gurúes económicos que anuncian debacles financieras. Nos distraen con recetas parecidas a la de las revistas femeninas sobre cómo conquistar hombres. Nos dicen que tenemos que pagar por el cajón para que nos entierren. Nos dan cientos de argumentos para la infelicidad y yo termino dándole crédito a varios.
Que él no se interese por mí no ayuda a la situación. El test decía que éramos compatibles. El idiota se va a morir sin saberlo.
Antes que el señor Street toque a mi puerta, voy a ir al supermercado. Voy a manosear todas las latas. Voy a leer con atención la letra chica. Voy a fijarme si el código de la oferta coincide con el del envase. Voy a investigar si los supermercados suben los precios los sábados y domingos cuando hay 10% de descuento. Y después de eso, me voy a dar otra chance.
Tal vez sea hora de comprar la lata de atún desmenuzado. El amor puede estar en un envase corrompido. En la posibilidad de encontrarse con lo inesperado,  entre los deshechos propios y ajenos, entre las expectativas desmedidas y el pesimismo que nos contiene. Aunque haya gente que nos diga que sabe como es la cosa, no nos olvidemos del amor.

Lorena Aguado.

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María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-