"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




4 de Noviembre, 2008


sobre La Crisis... BOGA nº 11 .-

Publicado en Nuestra Letra. el 4 de Noviembre, 2008, 9:27 por MCCerutti

Es preciso atravesar

los grandes vados


                                                 

                                                 

                                          
Nos habíamos ganado el Loto
vos venías de superar el acontecimiento
yo la enfermedad.
Un golpe de suerte, el azar.
Construimos una novela épica.
Coincidíamos en todo,
menos en mirar TV.
¿Cómo nos imaginas? –te pregunté.
Leyendo, así como te conocí –me dijiste.
Yo te figuré iluminando.
Tiempos malvados, amor
Malos vados por atravesar.
Vos cambiaste la fobia por la alergia,
Yo, la pasión por el mercado y el mercado te corrompe… vos viste.
Después de nueve horas de oficina y un sueldo de mierda
¿A quién le quedan ganas?
Y vos leías y leías.
Leías y estornudabas.
Tiempos malvados, amor.
Malos vados por atravesar.
En la primera, tu ex en la contratapa
dice que las crisis son productivas.
En la segunda, su novio me dice:
de esta mierda se pueden hacer muchas cosas,
y en cada una mi papá se deprime.
En el primer espanto, debí haber cortado.
En el segundo, haber enmudecido el TV,
y en el tercero, debió haber progresado la pasión,
y en cada uno el mercado se deprime.
Tiempos malvados, amor.
Malos vados por atravesar.
Y en lugar de leer, limpié una casa oscura.
Y el gobierno regala lámparas bajo consumo.
Y yo no hallo forma de ver la luz,
es que te figuré iluminado.

                                  



                                

María Cecilia Cerutti

el nº 11 de la Revista BOGA se puede leer completo aquí:

http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/2008/10/revista-literaria-boga-n11-la-crisis.html

Literatura y Amor

Publicado en Nuestra Letra. el 4 de Noviembre, 2008, 6:51 por Nico Doffo

Literatura y amor:

Una lucha de espejos en tres actos

Sobre superhéroes y tumbas

Por entonces yo todavía coleccionaba historietas y sentí que debía hacer algo para que ella no me considerara alguna especie de infradotado que no sólo se había quedado en la adolescencia afectiva, sino también en la intelectual. Era mi primera novia y yo necesitaba otra aprobación además del desenfreno físico, por lo cual decidí prestarle la historieta que los entendidos en el tema consideraban como la obra que llevó a ese arte a la etapa de adultez. Imaginaba reivindicarme.

Repasando la libros que cada uno había leído, y también los que había fingido leer, ella nombró Sobre héroes y tumbas. Lo dije que yo tenía ganas de leerlo. Ella me contó que lo había empezado varias veces y que nunca lo terminó. Y luego agregó, como de pasada, que yo no iba a entender esa novela.

Después de unos meses ella me devolvió la historieta que le presté. No debe haber leído más que unas páginas. Yo, al otro día de aquella conversación, lo primero que hice fue ir a comprar Sobre héroes y tumbas.

Mi Emma

Los dos estábamos en la cama de una plaza apoyados en una almohada contra el respaldar leyendo un libro. Era verano y no nos molestaba pegotearnos. No me acuerdo que leía yo, pero sí lo que leía ella. En aquel momento, el autor y el título de su libro me eran del todo desconocidos. Pero me quedaron grabados. En ese instante se cifra todo lo que pasó después, lo que yo llamo mi primera tragedia personal. Ella leía Madame Bovary.

                                                         

                      

                        

La vida es una historia, contada por un idiota, llena de ruido y furia que no significa nada. 

Años después tenía ganas de verla. Yo ya había publicado un par de libros y ella lo sabía porque me había encargado especialmente de hacerle llegar las invitaciones para las fiestas de presentación. Ella no apareció en ninguna.

La llamé con la excusa de pedirle prestado Madame Bovary. Me acuerdo que vos lo tenías, le dije; prefiero no comprar los libros que puedo conseguir por otro lado.

Vino a mi departamento. Era evidente que hacía mucho tiempo que ella ya no tenía dieciocho años. La vi demasiado fea, y demasiada histérica.

Como había decidido que nunca le iba a devolver Madame Bovary, le compré un libro de regalo para compensarla. Sabía que ella estaba trabajando con chicos discapacitados así que elegí un libro que pudiera llegar a servirle: El ruido y la furia. Cuando se lo di, le advertí que algo así como las primeras setentas paginas eran un poco difíciles de entender, pero que el libro era genial. En la dedicatoria le escribí: Ojalá que el ruido y la furia no te confundan en tu vida. Me preguntó qué quería decir con eso. Me encogí de hombros y sonreí.  

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-