"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




27 de Octubre, 2008


b e s o s...

Publicado en Fotitos. el 27 de Octubre, 2008, 17:39 por MScalona

foto: WEGEE

La culpa

Publicado en General el 27 de Octubre, 2008, 14:04 por Saty

Hay gente que tiene la extraña habilidad de hacernos sentir culpa, aunque seamos totalmente inocentes de una situación. Así como algunas personas logran sacar de nosotros lo mejor, estas otras nos sumergen en una maraña de mentiras y terminamos atrapados como insectos en una telaraña. Ese tipo de personas siempre está escapándole a la vida, escapa del dolor, de las responsabilidades, del amor, del compromiso, de los hechos cotidianos. Como si el hecho de escapar pudiera librarla de sentir, en una suerte de indiferencia fingida. De esa gente escuchamos permanentemente comentarios como: “A mí nadie me manda”, “Soy libre de ataduras”, “No tengo que darle explicaciones a nadie”. Viven inmersos en una aparentemente buscada soledad. Y tal vez por eso, porque se sienten solos, les gusta complicar las cosas de los otros.

 

Tengo una amiga que se jacta siempre de ser ella la que abandonó al marido, se siente fuerte y poderosa porque se acuesta con varios tipos a la vez. Como si el  acostarse con muchos fuera un mérito propio y no el resultado de continuos intentos por conseguir un compañero. Pareciera que el hecho tan elemental de darle una mamada a un hombre, la convirtiera en una heroína, descartando la posibilidad de que los hombres se acuestan con ella por la simple razón de que ella les dice que sí.

 

A veces tengo ganas de decirle lo que pienso, pero eso llevaría a una inmediata ruptura de nuestra amistad. Amistad que me cuestiono permanentemente. Y me callo. No le digo, por ejemplo, que tuvo que abandonar al marido porque él le puso los cuernos durante más de diez años de matrimonio y ella no soportó que él no cortara con su amante. Ni tampoco le digo que si su hija no le habla desde hace un par de años, es porque no soporta ver cómo actúa y se avergüenza de ella. No lo digo porque sé que ella lo sabe, aunque sostenga una inmadura postura de indiferencia.

Menos puedo decirle que su segundo marido la abandonó después de sacarle la plata que ella le sacó al primero a cambio de soportarle sus infidelidades.

Porque lo terrible de todo esto es que ella está convencida que es una mujer perfecta,  que todos mueren por ella y que si está más sola que un perro abandonado, es por su autodeterminación.

 

Cuando le ataca la soledad viene a charlar conmigo, aunque nunca me dice que se siente sola y viene a mi casa para aspirar un poco de ambiente familiar.

El otro día llegó en el momento justo. Me encontraba enloquecida entre las cacerolas, tratando de lograr un almuerzo decente para los miembros de mi familia. Era ya bastante tarde y yo me desesperaba entre lavar la ensalada, poner la mesa, controlar que no se quemaran las milanesas y escucharla decir que “nadie cocinaba como ella”.

“¿No podés hacerles una comida casera?” me espetó. Estaba a punto de tirarle con una hoja de lechuga cuando agregó,”yo siempre les hago las supremas, nunca las compro hechas”.

Abandoné mi primer instinto de tirarle con la ensaladera entera y le pregunté “¿A quiénes?”. “A los chicos”, contestó.

“Pero si solamente vive con vos el más chico y encima están viviendo en la casa de tu mamá” dije, mientras pensaba que qué mierda hacía en mi casa a esa hora si tenía que atender a tanta gente.

Pero me callé, todo en pos de una amistad, que como dije, dudo que lo sea. En el fondo, las dos sabemos que tenemos muy poco en común. Apenas algunos secretos, los cuales me tiene sin cuidado si quiere revelarlos. Pero aunque amenaza, no lo hace. Ella sabe que si lo hiciera, el estrecho vínculo que nos une, se cortaría por completo.

 

A veces creo que no soporta que yo sea feliz y que a pesar de no ser un chef en la cocina ni una experta en las manualidades, mi marido siga a mi lado después de tantos años.

 

Una vez me contó que quería tirarse al ex marido de una amiga en común. Mi respuesta fue inmediata, le dije “No lo hagas, mirá que si Fulana se entera la vas a hacer mierda”. “Pero los dos somos libres”, me contestó.

Y ahí me di cuenta que ella era una mujer sin códigos. Porque aunque no estoy en contra de la infidelidad, es más, a veces creo que alguna que otra es necesaria para mantener el calor en una pareja, definitivamente los maridos de las amigas son intocables.

Creo que eso fue el principio de mi deseo de cortar con esta amistad. Y ella debe haberse dado cuenta porque a los días volvió a la carga para contarme que ya se lo había tirado. Y con esa confesión logró involucrarme. Me ató de pies y manos, me cargó de un peso enorme, porque es hábil la muy hija de puta. Si algo tiene es habilidad para enredar las cosas y la gente.

 

Cada día me convenzo más de que tendría que haberla mandado a la mierda en ese momento. Pero no lo hice. En cambio la escuché contarme de que el tipo en cuestión no la tenía tan grande como decía su ex, que había encontrado en ella alguien con quién hablar y que lo entendía, que a él no le importaba si su ex se enteraba y que congeniaban tanto que hasta estaba la posibilidad de un futuro en común. Toda la sarta de idioteces que decía, me iban revolviendo el estómago y para cuando llegué a mi casa me sentía como si la que hubiera metido los cuernos fuera yo.

Seguramente me contó todo para que yo saliera corriendo a contarle a nuestra amiga en común que su ex se estaba acostando con otra y que esa otra era su amiga. En eso se equivocó, ni en un pedo lo haría. Creo que con sus palabras “quiero que quede entre nosotras” estaba diciendo “andá a contarle a Fulana”. Pero yo no lo hice ni lo haría nunca.

Lo peor de todo es que ahora cada vez que la veo quiere hablarme del tipo y yo detesto que lo haga, porque no me interesa si se le para o no, si cogieron en la cama o parados en la cocina, si le dice bichito o si le regala flores, si la invitó a irse de viaje al Congo belga. Ella habla y a mí se me viene a la mente la imagen de Fulana y me siento culpable.

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-