"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




18 de Octubre, 2008


HUGO LUNA

Publicado en Poemitas. el 18 de Octubre, 2008, 21:33 por MScalona

Planicie

                 

No quiero nada de ustedes

No saben dar

O yo no sé recibir

Estoy debajo de un puente

En la carretera pasan autos

Familias felices descansan

En los asientos traseros

Y en los parabrisas

Las mariposas hablan

Con su idioma final

Qué estoy esperando

Sino la obscenidad

Una mano tan extendida

Que avergüence a las orillas

Es hora de dormir

Con el alma vacía.

                                         

Mi casa

                 

Está

Bastante desordenada

No tanto como

Mi alma o

Aquello que ha desvelado

A epistemólogos

Mi casa

Tiene polvo del tiempo

Mensajes

Como <<lavame

Mugrientos>> hay que decir

Dactilografía

Del anónimo abandono

Huella de quien penara

Trapito en mano

Limpiando restos de

Otro dolor.

                          

<<me abraza como si su vida dependiera de ello>>

                             

Mi vida de-pende

Mi vida

Continuá

Fuera de tus brazos

Fuera de tus ojos

En la sombra de ajeno mirar

Mi vida busca su verdad

"de todos modos las llevo perdida"

Diría el poeta

Puede una vida perdida

Buscar

Fuera de la formalidad del lenguaje

De la construcción el andamiaje

De la endeble racionalidad

Mi vida no es mía

Es de esto que soy

Concentrado en los huesos

Fuera de la pena y la resignación

Mi vida recuerda tu espalda

Su diminuto horizonte

Donde una vez salió el sol

Se ahoga bajo la ducha

Cunado su respiración debería

Ser escama

Brillo de la profundidad

Defensa de la carne

Blanca

No ya de pureza sino

De estar bajo el agua

Oh limpieza

Oh escalofrío

El susurro de los ahogados

Le llega

Por el polen de la rosa

Por la tenue vara inclinada

Arrodillada

Imploración de amor (ámame

Le dice

Arrástrame fuera de esta verdad

De pólipo de pivotante ancla)

No

No es de agua este dolor

Y sin embargo

Fluye.

                          

Duelo/ aficción

                             

Dolor da

La espina de la rosa

El veneno del poder

La desnuda luz en la

Ventana sutil

Escritura del polvo sobre

El dintel que nos unió

La noche de la resaca

Amorosa la noche

De los guijarros borrachos

Bajo los pies

Dolor dio

La realidad de la tierra

Su gran pesadez de planeta

Su modo de estar en el cosmos

Vecina de todas las estrellas

Oh amor este dolor que dicen

Tener los poetas

Grana de la palabra

Pisa pisa allí

Estás más enterrado que los árboles.

                                   

Así que estaba escrito

                           

Cara-m-ba (h)

De haberlo sabido

Hoy no tendría

Los ojos vacíos

Será

Que los hombres

Llenos de temor

Y miseria

Atribuyen en las alturas

Su bajeza

Prefiero pensar en

Responsabilidades

En lo que habilita

Siempre

Que el viento del odio no llegue

Demasiado lejos

Puedo decir la palabra perdón pero

Quedarme con el hondo silencio previo 

A su nacimiento

Tu lengua incendiaria también puede

Darme su rocío su tibieza.

                                     

                                     

                                     

HUGO LUNA nació en 1959 en Concepción del Uruguay (E.R.) donde vive. Estos poemas son de su último libro, UNA VOZ, ALGUIEN... Ed. Fantomaz.

Margarita García

Publicado en Aguafuerte el 18 de Octubre, 2008, 21:30 por MScalona

Profecía Autocumplida

La mayoría de la gente que conozco –incluyéndome- no tiene acciones en la bolsa; ganas una plata médica cada mes  y las gasta en alquiler, comida y frivolidades varias. Siempre que voy con alguna amiga a comprar zapatos o ropa o un set de repasadores para la cocina la veo preguntarse: ¿valdría la pena gastar en esto? Aunque se esté muriendo por llevarlo; y piensa en todas las cosas en las que podría gastar mejor esos cincuenta pesos que se vuelven de repente parte fundamental de su patrimonio: "Ja, como si la plata creciera en los árboles", dicen las más duras frente al objeto deseado y se vuelven a su casa con las manos vacías y la conciencia limpia. Es un clásico. Pero la duda del consumidor/ a frente al objeto deseado nunca había sido tan excesiva como ahora. Toda la gente con la que hablo últimamente se refiere a la crisis en Wall Street como algo personal: de pronto, todos resultamos tan pero tan afectados con la caída de los mercados. El otro día, mi amiga L me dijo: "Mejor cenemos en casa, con esto de la crisis no conviene gastar". Cenamos unos pinches ravioles. Hasta Stella Maris  se ha vuelto austera, no gasta ni en pan. "Es que no se sabe lo que va a pasar, Marga", me dice mientras mezcla el detergente de platos con más agua de lo habitual. Es un poco mucho, porque aunque el panorama general está oscuro para todo aquel que dependa de un sistema capitalista para subsistir –yo, tú, ellos-, la crisis, por ahora, no nos cachetea de manera directa a ninguna de las criaturas comunes y silvestres que dudamos catorce veces antes de comprarnos una empanada china. Pero entonces sucede: es la profecía autocumplida. La abstinencia general, el hecho de que nadie compre repasadores o libros o DVD o pan o sushí hace que la economía se deprima- "¿con que esto querían?", dirá la economía con cara de orto, atragantándose con Prozac. Y sí, ya sé, supongo que me dirán que hay que actuar con precaución y que las crisis económicas le han pagado tan fuerte a esta patria noble que ahora ven una vaca y lloran; supongo que tendrán razón, pero no deja de parecerme una reacción tristísimo. A mí me crió una madre tropical y botarate, fóbica del ahorro, que solía repetir que la plata era papel y que un día el mundo se daría cuenta y la haría confeti: "Esto no vale nada", diría el vocero del mundo lanzándola por los aires, y se vendría el descalabro. Entonces me parecía una irresponsabilidad, ahora una genialidad: sobre todo cuando se sabe que no hace falta ningún descalabro para que esto mismo –que la plata valga nada – vaya sucediendo, de a poco, todos los días de la vida.

                              

                              

www.criticadigital.com

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Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-