"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Ciento treinta y cuatro

Publicado en Cuentos el 26 de Septiembre, 2008, 14:33 por algunos escritos






Sábado a la noche. Hace un rato hablé con un amigo. Quedamos en salir. Seguramente, haremos una previa en su casa y después, iremos hacia algún boliche. Mientras espero el colectivo me doy cuenta de que no tengo tarjeta, tengo monedas, pero justo antes de ir al kiosco veo al ciento treinta y cuatro verde que viene desde lejos, si pierdo éste, el próximo va a pasar dentro de una hora. Me subo al colectivo y veo que está vacío, empiezo a poner las monedas en la máquina, pero dos de mis monedas no funcionan. Tengo uno con noventa, el pasaje sale uno setenta y cinco, por lo que me faltan cinco centavos. Vuelvo a intentarlo pero la máquina me escupe todas las monedas. Vuelta a empezar. Mientras tanto sube un rubio teñido, de ojos vidriosos, y le pide al colectivero que le venda un viaje, que no pudo conseguir tarjeta. El colectivero le dice que no tiene y que no lo puede dejar viajar sin pasaje. Yo, por mi parte, sigo intentando que las monedas pasen y me empiezo a poner más nervioso. Es como si tirara las monedas con fuerza, como si la máquina respondiera a la presión. Mientras tanto, el tipo sigue discutiendo con el colectivero que le dice que está arriesgando su trabajo, que si lo agarran con gente viajando sin boleto lo echan. Él responde: -No, mirá, yo soy muy respetuoso. Me siento atrás y cualquier cosa me bajo. Algo en la voz del tipo es sospechoso, hasta ahora no me había dado cuenta, pero los diálogos no tienen ningún sentido, hecho que se confirma mientras el rubio empieza a gritarle a todo un colectivo vacío si alguien le vende una tarjeta. -No hay nadie, le dice el colectivero. Y él vuelve a gritar -Alguien que me venda una tarjeta…señora ¿usted?

-Pibe, no hay nadie.

-¿Cómo que no hay nadie? ¿Y los fantasmas? Mirá a la señora de blanco. Señora, ¿me vende una tarjeta?

El colectivero, mientras se acerca a la esquina, va frenando y le abre la puerta al rubio, lo mira sin decirle nada. A lo que éste responde:

-No, no seas así. No me hagas esto. Si la guita yo la tengo. Fijate, tengo dos pesos, veinte pesos y un billete de cincuenta, pasa que no encontré tarjeta en ningún kiosco. Encima, justo salí de casa. Una vez que me deja la patrona…no me dejes en banda.

El colectivo vuelve a andar y yo sigo sin solucionar el tema de las monedas. A esa altura descubro que dos monedas de las de diez centavos son falsas y no hay manera de que la máquina me las acepte. El rubio vuelve con su ataque verborrágico.

-Si los pibes de la barra siempre viajan gratis. Yo conozco a la gente de barra. A las dos conozco, a los pillines y a la barra del Pimpi ¡No sabés las fiestas que se arman! Comida, gatos… no sabés lo que son esas minas…y una bolsa de merca ¡así! No te das una idea…- Hace señas con las manos. A todo esto, yo ya harto de estar seis cuadras intentando hacer pasar monedas falsas, lo encaro al colectivero y le explico:

-Mirá, tengo uno con noventa, pero se ve que las monedas están malas- No me conviene decirle que son falsas pero, en rigor, las monedas son más finitas y no tienen los dientecitos. A lo que el colectivero, ya más relajado por haber entrado en una especie de confianza con el rubio, empieza a buscar entre sus bolsillos y, el rubio, que ahora está parado al lado mío se vuelve un enano que me pregunta:

-¿Vos tenés fotos en alguna revista en la que saliste desnudo tocándote?

Lo único que logro hacer es responderle un –No, no tengo- con una sonrisa a mitad de camino entre perturbada e incomprendida. -¡Ah! ¡no! Entonces no hay monedas. Yo y él -señalando al colectivero- tenemos fotos y, de vez en cuando, nos tocamos.

El colectivero me mira, me hace cara como de no darle bola y me dice: -Acá tengo diez centavos.

Yo le doy las dos monedas falsas. Él las guarda y en la esquina frena el colectivo. Suben tres personas y el colectivero le dice al rubio:

-Bajate, andá a la heladería y pedí cambio de dos pesos.

-Okay ¿Te traigo uno de vainilla?

Mientras yo, un poco más tranquilo, dejo pasar a las personas que van sacando sus boletos. Pero cuando intento pagar…vuelve a pasar lo mismo. Me faltan cinco centavos y la máquina me devuelve una moneda de diez que no puedo hacer pasar, lo cual me vuelve a poner nervioso, entonces empiezo a pensar las posibilidades. Creo entender que cuando le devolví las monedas al colectivero, en realidad, le di una de las buenas y unas de las falsas, por lo cual, me sigue quedando una moneda falsa. Enfrascado en mi malestar me vuelvo a sentar en el primer asiento, mientras el rubio vuelve a subir con cara de cristal líquido, triunfal. Había conseguido cambio. Estoy pensando en pedirle una moneda, pero dada nuestra conversación sobre las fotos de desnudos, prefiero quedarme callado. De todas maneras, algo tengo que hacer. Miro por la ventana y veo que faltan dos para Pellegrini, o sea, cuatro para que yo me baje. Entonces, decido dejar que el rubio pague su pasaje, le cedo el lugar y me siento. Él, con aire de negro que camina por el Harlem, empieza a introducir con violencia sus monedas por la ranura y cada vez que arroja una moneda, acompaña la acción con un grito de guerra: YEAH. FIRE. GO. FINISH HIM. FIRE. Pero hay una moneda que se resiste a ser registrada, lo cual provoca que el rubio comience a golpear la máquina y repita el procedimiento. Lo que también hace que el colectivero se impaciente y comience a emitir unos quejidos inentendibles. El rubio no entiende que la máquina le volvió a escupir las monedas, para cuando el colectivero le explica ya pasamos Pellegrini. Así que mientras el rubio vuelve a la carga contra la máquina diabólica, a la que pretende estremecer con sus gritos de juego electrónico, yo me paro, me ubico al lado del chofer y le digo: en la esquina, por favor.

Me espera una gran noche.                                                                                     francisco 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-