"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




27 de Agosto, 2008


Fragmento de ENRARECIDO

Publicado en Nuestra Letra. el 27 de Agosto, 2008, 11:32 por MScalona

Miércoles

 

 

 

El miércoles empezó con flores y terminó con niebla para Esteban. Amaneció con el regalo de un ramo naranja, unas chinitas desvaídas por la época y el sitio. Una especie de peonías silvestres como margaritas o crisantemos, pero con una corola grande como rueda de plato con flecos triangulares. Y todo naranja. Pulpa del sol, un girasol anaranjado, de la China, de origen, como todo. Hay una variante ocre, pero en cualquier caso son colores saturados, furiosos, incendiarios. Parecen el mayor contraste del invierno o por eso mismo, el mejor salvoconducto de una temporada fría, pálida, melancólica. Desde ya es un milagro que alguien salga a comprar flores de madrugada y que alguien las venda a las tres de la noche, en invierno, en el año 2002, en un país disuelto donde nadie parece esperar que pase, ni la lluvia, ni un barco, ni el alba.

Pero allí vive esta chica, Emma, su mujer, medio loca de amor, ¿qué otra cosa?, cargando el estigma de ese nombre y que después de trabajar doce horas y merced al ahorro estricto de las propinas del bar donde atiende las mesas, junta los dos pesos (más el uno cincuenta de la tarjeta magnética del bus) y arriesga su vida hasta la Peatonal Córdoba, a las tres de la madrugada y golpea el vidrio del florista somnoliento y lo sorprende, pidiéndole bajo la lluvia y la sensación térmica: el ramito naranja... las chinitas anaranjadas, el paquete Van Gogh ella les dice. Y no es sólo intuición, se puso a estudiarlas en una época que se le antojó conocer a la niña adentro del cuadro de Los Jardines de Argenteuil, de Monet. Y ahora tiene un vivero en los ojos: amapolas, lirios, siemprevivas, peonías, crisantemos. Emma juraba que la niña del cuadro era ella misma en el óleo o una hija suya en el futuro. Y decirle esas cosas a un vendedor de flores, tiritando insomne a las tres de la mañana y en invierno, del año 2002, con la Argentina disuelta, con cinco Presidentes en una semana y treinta muertos en la protesta. Treinta o treinta mil, un país geométrico con la muerte.

Esa época y Emma diciendo que vivía adentro de una pintura del siglo diecinueve, diciéndoselo a un florista: - Aunque ahora, le aclaro señor… usté va a pensar que estoy loca, está colgada en la Galería Nacional de Washington.

– Ahhh… entonces me quedo más tranquilo –contestaba resignado el tipo que alguna vez llegó a convidarle mate de bombilla.  Fue una época de muchos remates de casas,  la calle se llenó de locos, derivas, mendigos y la gente dormía en cualquier parte y abundaban estas escenas de Van Gogh: dos comedores de papas ateridos de madrugada, insomnes en medio del engranaje mercantil disputándose la brizna de ternura de unas flores furiosas, incendiarias y a la vez blandas, muelles, con un corazón tan carnoso y puro como el de ella.

                  Como Emma, capaz de sostener a Ulises con propinas en un país que entonces no tenía ni pies ni cabeza, ni Estado, ni monedas, ni gobierno ni jueces.  Apenas unos billetitos infantiles hechos con papel de estraza, pintados de un solo lado, sin próceres y con aquellas raras equivalencias de Leibniz: que 2 y 2 son 5 o que un día de trabajo es igual a dos manojos de chinitas; o un baño de rocío de madrugada de invierno es igual a una frazada de saliva; o una mujer con cola de pez vale la mitad que la mujer con cola de dos almohadas, aunque ésta última está fuera de mercado, como las pinturas de Monet, como vivir en las nubes o el único cielo conocido. Entonces coincidió el  default del país y el de Esteban: no hay dinero que alcance, ni billetitos de la infancia para recomprar la mujer con cola de dos almohadas capaz de vivir dentro de un cuadro de Monet. ¿Y cómo seguir viviendo sin eso? ¡Y para qué!  ¿Qué prisa lleva lo inalcanzable…?

 

 

*  *  *

 

           El violetero se las da con un bostezo y vuelve al sueño cabeceando en la certeza de que en el psiquiátrico han dejado la puerta abierta. ¿Cómo podrá saber un ignoto vendedor de flores que repite un personaje incidental de un cuento de Calvino, de Los Amores Difíciles? Aquel donde dos esposos trabajan en la misma fábrica, por turnos de diez horas, pero nunca el mismo y están condenados a verse todos los días unos pocos minutos en los intervalos. La mujer que ha comprado las flores se acuesta casi a punto de la partida de su amado y las más de las veces apenas comparten el calor que el otro alcanza a dejar en las sábanas.

En nuestra historia, Emma trabaja de moza desde la seis de la tarde hasta las dos o tres del día siguiente. Ella vuelve de madrugada y Esteban empieza su guardia en la terapia del Hospital Vilela a las seis de la mañana. Entre que uno se levanta y el otro se acuesta, se ven en los lindes irreales del entresueño y la duermevela. Esta noche, ella aprovechó a comprarle las flores y él, a plancharle el uniforme suplente que incluye una cofia de cocinera.

El que cierra un bar (ella) recoge las copas y las mesas, pero también los desengaños, las conquistas, los juegos. Justo cuando se cierra el bar comienza la deriva. Siempre hay que llevar a alguien hasta la puerta, la casa o la cama, que a esa hora, son casi lo mismo. Especialmente si es invierno o  llueve o vive lejos o está solo y triste o con ganas. Hay sobras de amor en los bares y algo hay que hacer cuando se cumple el límite del whisky o el humo. Se hace tarde, el regreso siempre demora o desvía, pero el ramo de flores naranjas que trajo en mitad de la noche es como un faro. Señala el camino, rompe la niebla y conduce a la cama. Aunque no sea la de ella. A veces ni siquiera importa. Es refugio, es invierno y a veces llueve y el último borracho vive lejos o ni siquiera puede embocar las puertas del taxi.

Cuando ella saca el ramo del jarrón, una chica en la mesa cuatro larga un hipo de llanto histérico: está viendo por Crónica TV los pedazos de Rodrigo en la autopista Buenos Aires-La Plata. El cantante se ha matado en la carretera, el mismo día de junio pero dos años antes y ahora lo repiten, justo cuando su amiga vuelve del baño con sólo la bombacha y la minifalda en la mano. No sirve de nada que diga que ha tomado una sola copa. No puede embocar las puertas ni las sillas y menos las piernas del can-can. Rodrigo ha tomado mucha cerveza, dice el cronista y en ese estado, no debe conducirse un automóvil... Emma ya sabe que tendrá que llevarlas, hasta su casa, porque este par de chicas no podrían embocar ni la entrada del arco iris. Si las abandona, quizá las obliguen a embocar el portón de la Comisaría o peor, que las emboquen los policías. Una de ellas ni siquiera puede abrir el váter desde adentro. Se ha quedado encerrada. No coordina ni siquiera para dar vuelta la perilla de la traba. Quince minutos de terapia (de ella, la moza), tranquilizarla y pasarle debajo de la puerta un dibujito de cómo girar el picaporte. Rescatista del 911, ángel guardiana, Laura Ingalls, le diría Esteban, en son de burla. Ojalá estuviera aquí. Ojalá siempre estuviera aquí…

 

 

 

                                                                          Marcelo   Scalona

                                                                      Frag. Novela  ENRARECIDO

 

TALLER CUARTO - Martes 2....

Publicado en General el 27 de Agosto, 2008, 8:54 por MScalona

  seguimos con el posgrado en R O S S

Próximo  MARTES  2 de septiembre, 20 hs.

Coordina Lic. RICARDO GUIAMET   

Tema     

"Guión de Cine-

Adaptación de la Novela al Cine"

Los que quieran quedarse a cenar después,

el menú (plato ppal, bebida y postre o café,

   $  20.-)  CONFIRMARME hasta el Lunes...

La actividad es optativa para los talleres

de miércoles, jueves y viernes.-

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-