"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Tarea de vacaciones

Publicado en General el 13 de Agosto, 2008, 21:35 por ACapo

Un poco más allá de mi brazo

En realidad miento. Como lo vengo haciendo desde hace tanto. Te invité con una excusa estúpida. Es que con vos me pongo pavo, no puedo manejarlo. Ya no se que persigo. Hace rato que la taba cayó así, pero yo insisto. Dibujo estrategias. Pero mis tanques son como los de Alais, nunca llegan a destino.

      Se llevaron puesto todo.

      Incluso a la Cañonera de Rosario.

      ¿La Cañonera? ¿Cuál era?

      Si, boluda… la lanchita del laguito… la que tenía a la Pantera Rosa pedaleando una bicicleta en la proa.

      Me acuerdo.

     Mi hermano una vez me contó que había soñado que en la Cañonera iba un coro de negros  cantando spirituals. Era de noche y el laguito estaba iluminando por velas flotantes.

     ¿No está más?

     El decía que eran negros con togas blancas. Y se movían. ¿Viste como se mueven los que cantan en coros? Se bambolean y miran embelesados al Director. Y cantaban "… oh my sweet lord…"

     Pasé unas tardes atrás y estaba seco.

Solía resultarme un tanto ominosa la imagen del laguito seco. Su fondo, muy cercano en rigor, era desparejo. Y uno, desde los botes, lo imaginaba más lejano. Acaso una trampa mortal ante la muy probable caída al agua. Sin embargo lo concluyente podía ser fruto de romperse el cuello contra el piso, nunca de la inmersión. La tierra, una vez seco el barro, muy blanca, estéril, como de cañada. Pero lo peor, según lo imaginaba, eran los monos mutantes que vivían en la isla y que se habían tragado una pierna de uno de los boteros, rengo a partir de ese día y petiso de nacimiento. Los monos se alimentaban de las carpas que surcaban las módicas profundidades.  Estas eran de dimensiones descomunales, fruto de los jamás aclarados ensayos con uranio que tuvieron lugar allá por la década del 50 en el Acuario Municipal. Seguramente todo esto nunca existió. ¿Qué hubiera pasado con los monos sin la defensa del agua? ¿Habrían ganado las calles? ¿Devorado los caballos del hipódromo? ¿Y la zurda bendita? Sin embargo algo me hacía dudar: el botero era, efectivamente, rengo.

   Nunca me precisó si los negros eran auténticos. Digo, de Carolina del Sur o de Battle y Ordoñez al   sur.

   Siempre el mismo racista hijo de puta.

   Esto no viene.

   Parece.

Los nervios me vienen ganando desde hoy a la mañana. Antes de encontrarnos me metí en un bar. No había nadie. La rara sensación de caminar por la ciudad vacía, húmeda. Me preguntaba si no será un pantallazo del comienzo de los tiempos. No creo. ¿Dios arquitecto del Monumento a la Bandera? Capaz que no tendría que haber descansado el séptimo día.  Por ahí pegar una repasada a lo hecho hasta ese momento. Me parece que pecó de soberbia. Todos se han ido. Si me apurás te digo que ni mozo había. Un televisor, si. Daban el Muro Infernal. No entiendo ese programa. Tinelli vaya y pase. Por lo menos mirás esos ojetes inalcanzables pero ¿el muro? Yo lo haría diferente. En la pileta pondría un gorila bien pijudo que se lo garche al que cae. Seguro que Marley es el primero que hace un clavado. Igual muy lejos no deben haber ido. Hay niebla. Hay humo. No hay nafta. Pero si lo pienso bien, es mejor que las rutas estén cortadas. Así no muere ningún otro tucumano. Sea con una farola, sea con una tribuna pero esta yegua ya se cargó dos. Yo escuché rumores desde temprano. Motores que se alejaban. Pedestres trajinando calles. Creo verlos. Algunos instalados a la vera de la Circunvalación apurando unos mates mientras los nenes juegan al futbol con una pelota que lo único que tiene de esférico es la intención. Otros, al borde de la inmolación, estiraron su derrotero hasta el estadio de Central en Arroyo Seco que parece ser la nueva tierra prometida. Una minoría habrá cruzado el puente a Victoria. Nunca fui para allá. En realidad, nunca me animé. Me han contado que, como a mitad de camino, los viajeros quedan a merced de ninfas que los hipnotizan con las estrofas de Puente Pexoa. Algunos enloquecen, nunca llegan a tierra firme. Otros, los menos, paran y se internan en los bañados ganados por la lascivia. Allí son festín de los gaviales o peor aún, sodomizados por El Curupí. Cuando la semana pasada te propuse esto de venir acá y confirmar el rumor no me imaginé lo que pasaría. Pero, evidentemente, corrió la voz. Y alguien pensó que había que crear las condiciones. Después de tanto buscar se tenía que dar. Entonces que mejor que dejarnos solos.

Pocas veces fui testigo de un panorama así. Me hizo acordar al apagón de diciembre del 78. Los milicos querían su guerra y la locura les hizo creer, y ellos a nosotros, Revista Gente mediante, que los aviones chilenos podían llegar a bombardear esta parte del mapa. Nos hicieron ensayar un oscurecimiento que junto a mi vieja y mi hermano vimos desde el patio de casa. La ciudad quedó como ahora, acompañada de una especie de toque de queda. Solo circulaban los encargados de manzana, en su mayoría vecinos que así, por fin, podían detentar y por un rato nomás, una mínima cuota de ese poder en manos de ya se sabe quienes.

Un éxodo de gente murmurando ahora o nunca. Y yo me pregunto ¿con este discurso te voy a llevar a la cama? Aquella noche tenías puesta una musculosa. Y de la nada me dijiste que te habías sacado el corpiño. Yo jugaba con tu escote, pasaba el dedo índice por el borde, jugaba. Me dijiste que me estaba yendo a la mierda. Y yo me levanté para irme, medio con el rabo entre las patas. Y entonces me cruzaste tus piernas para que yo no me pueda mover. Y por una vez en mi vida supe leer una situación. Y me hundí en tu boca. ¿Qué pasó después? No se. Si toda esta gente llegara a saber que, solo, la tiré por arriba del travesaño con el arquero despatarrado en la media cancha hoy no se iban a ningún lado. Porque vuelve a pintar el fracaso, el empate en cero.

        Debe ser cierto nomás.

        Parece.

        Yo lo escuché pero no lo quise creer, no hay más tren a Retiro...

        Próximamente iglesia electrónica en Rosario Norte…

        Me voy.

No te levantés. Quedate un rato. ¿Qué le voy a decir a los que se fueron para hacerme gamba? ¿A los que ya no volverán del otro lado del puente a Victoria? Nunca una como esta.

Nos fuimos caminando por Lagos. Doblé en Urquiza hacia el río. Ella siguió. Estiré el brazo pero ya se había alejado, los pasos necesarios como para quedar fuera de alcance, un poco más allá. Otra vez, la enésima…

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-