"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




3 de Julio, 2008


Festival latinoamericano "Salida al mar"

Publicado en General el 3 de Julio, 2008, 19:02 por negrointenso

Sábado 19:

18 hs: Leonardo Fontani (Córdoba), Florencia Castellano (Buenos Aires), Marú Urriola (Chile)

19 hs: Mercedes Gómez (Rosario), Ernesto González Barnert (Chile), Andrea Cote Botero (Colombia)

20 hs: Sol Prieto (Buenos Aires), Violeta Kesselman (Buenos Aires), Juana Bignozzi (Buenos Aires)

Domingo 20:

18 hs: Alain Le Saux (Francia), Nahuel Marquet (Rosario), Montserrat Álvarez (Paraguay)

19 hs: Sebastián Villar Rojas (Rosario), Mariano Blatt (Buenos Aires), Carlito Azevedo (Brasil)

20 hs: Agustín Privitera (Córdoba), Verónica Laurino (Rosario), Roberto Appratto (Uruguay)

Es en el Centro cultural Parque de España (Rosario)

...a no perderse esto

Publicado en Sugerencias. el 3 de Julio, 2008, 17:16 por MScalona

Literatura-periodismo-aguafuerte-ensayo...

Nihilista con taza de cereales

Publicado en relatos el 3 de Julio, 2008, 13:19 por Lauri

           El martes a la noche estábamos en el comedor del departamento de tres ambientes que comparto con mi hermano Sebastián y mi prima Vicky. Recién terminábamos de cenar, Seba lavaba los platos y Vicky me contaba sobre sus amoríos recientes. Haciendo un poco de esfuerzo para prestarle atención, la escuchaba decir: "Cada vez que veo al pendejo me siento como cuando bajaba a abrirle la puerta a Guille. Me agarra esa cosa adentro, mezcla de tristeza y no se qué, esa angustia que me daba tener que despedirme de él. Después se me pasa".

Me gusta hablar con Vicky. Ella se encarga de desequilibrar un poco nuestro hábitat, le da otro sabor a las cosas. Al principio, creíamos que iba a ser difícil convivir con ella, pero después de unos meses nos dimos cuenta de que es capaz de ponerle un color diferente a nuestras vidas.

Ahora se nota que está mal. Le cambiaron la medicación, adelgazó bastante y volvió a fumar. Hay días en los que estoy estudiando y ella sale diciendo: "Necesito compañía" y yo, que estoy más arisco que nunca, no se qué cara ponerle y si ando comprensivo tal vez le estiro los brazos, le hago unos mates y le digo que se deje de joder, que ella es una mina hermosa, inteligentísima, por demás de interesante. Y ahí es cuando trato a su carácter como si fuese una obviedad y omito recordarle lo jodida que suele resultar en algunas ocasiones. Es brava, bastante.

Y con Seba… somos la antítesis. Parecemos hijos de distintos padres, pero nos llevamos bien. Nos amamos más allá de nuestra condición de hermanos. Será que las diferencias en lugar de separarnos nos unen y encontramos la manera de complementarnos. Hay un único problema: desde que se peleó con la novia, está hecho un pelotudo. Con Vicky ya descubrimos cómo hacer para que no tarde cuando está en el baño, le decimos que lo llamó la ex.

Así que ahí estábamos los tres, intentando bajar los ravioles que había preparado Vicky, que de vez en cuando se encarga de la cocina y evita que alguien muera de hambre. Ella y yo sentados en el comedor, con la tele encendida, mirando sin ver. Vicky pelando un pomelo, yo intentando terminar de leer un párrafo y mi hermano viniendo desde la cocina con una taza que explotaba de yogurt y cereales.

   

      S-  Creo que quiero dejar la facultad.

A-  Yo creí que ya lo sabías.

V-  ¿Alguna vez empezaste? Jaj.

S-  ¿Cómo algo tan lindo puede ser tan feo?

V- ¿Por qué? ¿No te gusta?

S-     Lo ves y es re lindo, se te hace agua la boca, pero es muy ácido.

A-    A mí me gustan más que las naranjas.

V-    Es que yo le pongo toda mi dulzura.

A-    Justo vos, lo hacés más ácido. Contrarrestás a todo el edulcorante que le ponés.

S-     Hoy estuve hablando con los chicos y nos dimos cuenta de que nada nos llena.

V-    ¡Los hombres se sienten igual! Y yo que pensaba que sólo las mujeres nos deprimíamos.

A-    ¡Bienvenido al club de los que nos sentimos vacíos! Te mandaste un pedazo de cáscara.

S-     Vos ya estás para la selva. Estoy en la facultad y me siento mal, voy a tenis y me siento mal, duermo y me siento mal…

V-    Necesitás una novia.

S-  Llegamos a esa conclusión. Tenemos que buscarnos una novia y ponerla todo el día.

A-    Pero si Nacho tiene novia.

S-     Nacho no decía lo mismo.

      V-  Será porque tiene novia.

      A- Y empezá un psicólogo, que te haga un test vocacional.

      S- Naaaa.

      V- Pero el psicólogo te va a decir:-Pero nene, si vos estás lleno, ¡lleno de leche!¡Ay!  

      A- ¿Qué pasó?

      V- Apareció Juan Gil Navarro.

      S- Qué raro que te guste, si tus tipos son los hippies y los nenes.

      A- Mejor no hablar de ciertas cosas.

      S- ¿Qué pasó? ¿Ya lo espantaste?

      V- No quiero hablar de eso, me hace mal. Me voy a dormir.

      A- Lo que pasa es que la dosis pediátrica no le frena la violencia. Se alteró y el pibe                    

          se asustó ¿Le mando un mensaje a Juan así mañana cenamos con él?

S- Mañana a las 8 rindo.

A- ¿Vamos tipo 10?

S- Dale.

A- Dice que rinde el jueves a primera hora.

S- Ya fue. La semana que viene. O nunca. Yo no vuelvo.

A-¿Empezás las vacaciones?

S- No, dejo de estudiar.

A- ¿Y qué vas a hacer?

S- Me voy al campo.

A- ¿A sembrar chorizos?

S- A plantar vacas. Jaj.

A- Jaj.

 ¿Cómo puede ser que de tres que somos, ya dos hayamos dejado nuestra primera carrera? Ahora uno más que pinta seguir el mismo camino. Esto me hace sospechar que sea algo genético. De los seis primos más grandes, tres ya dejamos la carrera, uno está en eso, otro está por perderla. La única que anda bien es María. También es la única que tiene novio. No se que tendrá que ver, pero hay que admitir que es la más completita: trabaja, este año se recibe y tiene novio, con ese se casa, seguro.

Y yo que pensaba que a mi hermano todo le chupaba un huevo, ahora vengo a enterarme de que no es el pibito simple que siempre creí. Lo prefería tonto y sin cuestionamientos. La gente que no piensa es la más feliz. Pagaría por ser hueco durante un rato. A ver si me dejo de pensar en que estoy cerca de los 25 y soy un mantenido. Será por eso que sueño que le pego a mi viejo, mientras le digo que nunca voy a ser como él quiere que yo sea. Para que después le cuente la pesadilla por teléfono y el viejo se ponga mal y me repita por enésima vez que soy su orgullo, que soy más inteligente que él, que lo hago sentir "así chiquito".    

Mi viejo no terminó la secundaria, así que si mi hermano y yo nos recibimos de "técnicos en algo" para él va a ser como si hiciéramos ingeniería nuclear en tres años. Será por esas cosas de que un hijo es como cualquier cosa que uno hace y por egocéntricos que somos creemos que nuestra creación es lo más grande que hay. Mejor que me tocó ser hijo de alguien así. Peor esos padres que vuelcan en sus hijos todas sus frustraciones. Bueno, en realidad, mi viejo es un poco así. Siempre quiso ser periodista. Por eso me rompe las pelotas con hacer radio, con lo que yo la odio. Me preocupa lo de mi hermano, él sí que está en bolas. Cero pasiones. Yo por lo menos me caigo y le doy para adelante. Él nada, es bien nihilista el hijo de puta. Termino el cigarrillo y me voy a dormir, así por lo menos dejo de pensar un rato.

                                                                     LAURA  ORIATO

Jueves, 1º año.

     

Un Poncho Rojo y cosas muertas

Publicado en relatos el 3 de Julio, 2008, 13:06 por L o l i

Las ramas de la Santa Rita abrazan las paredes, se prolongan como una telaraña, como si quisiera sofocarlas con su red. Cruza el patio como una sombra, ajena al mundo. Así, día tras día, con su perenne sufrimiento, cansada, esperando que alguna vez termine.

Siento el roce de sus pies cada vez más cerca, sé que cuando llega a la puerta la mira, lo sé, pero no lo digo. Sé que la mira, la respira, la palpa, que observa cómo la luz y el silencio se filtran por sus ranuras, pero callo.

Callo, como acallo mis horas sin metáforas, como silencio mi anhelo de escapar de este vacío sin más que lo puesto con la pobreza de ser sólo yo; quisiera ser una fuerza que viaja y roza el viento o sólo un cuaderno quisiera alcanzar la belleza más perfecta pero tengo miedo. Incluso en este encierro, prisionera de mi propio cuerpo, la vida se me presenta, voces sin rostros, el olor del limonero, pasajes de las mañanas pero los niego. Nadie advierte mi deseo, pero cómo conceder lo que nunca han sentido.

-         Y una vez que terminás de limpiar los pisos, los lustrás con Flit…

-         ¿Flit?

-         Sí, flit. Es la única forma de mantenerlos con brillo y sin humedad en esta ciudad.

-         Marga, empezá  a bajar las persianas que ya se siente el calor!

-         En seguida señora.

-         ¿Tenés alguna pregunta más?

Antes de entrar espera, como si en esa espera le diera al tiempo la posibilidad de consumar su dolor, de que algo finalmente cambiara.

-         Buen día…

-         Buen día abuela…

-         Buen día mi niña… Voy a abrir las ventanas como te gusta…

-         Gracias.

-         Y ahora un poco para allá y ya está. ¿Querés más almohadones?

-         No.

-         Y un poco de perfume que te gusta tanto…

Como todas las mañanas le toca el pecho. Sus ojos negros, sus rasgos puros…

-         ¿Me dejás escuchar?

-        

Entonces apoya su oreja. Un poncho rojo y cosas muertas…

-         Late fuerte, está bien vivo.

Una zamba sabe del dolor de ellas, pero aún así, las dos desean.

                                                   LORENA LUCERO

1º Año, Jueves

Catarsis

Publicado en Nuestra Letra. el 3 de Julio, 2008, 12:41 por Saty

Debería saber cómo manejar esta situación. No es la primera vez que me encuentro en este estado. Y cada vez me digo, “no te adelantes, esperá los resultados”. Como si fuera fácil. Modificar la ansiedad, cerrar los ojos y hacer como que no pasa nada. Seguir con la rutina. Controlarme para no caer en la desesperación.

Unas horas más y ya todo habrá pasado.

O recién comenzaré, como la vez anterior.

No importa, anoche pude dormir. El rivotril hizo efecto rápido. No sentí nada. Ni cuando llegaron los chicos.

Me cuesta dejar de visualizar las imágenes que vendrán si me dicen que es malo. Otra vez los estudios, la operación, la espera de dos semanas antes de saber si los bordes estaban limpios, las interminables sesiones de rayos.

 

No logro recordar el nombre de la técnica que me daba la bata y me decía que me acostara una vez que estuviera lista. Sí sé que tenía un nombre raro. Y de lo que estoy segura es que la bata tenía el nº 13, porque el primer día yo pensé “debe ser el de la suerte”. Me juré que era el de la suerte porque de otra manera me hubiese vuelto loca. Rayos y encima mala suerte.

Creo que era Avelina, sí estoy casi segura que así se llamaba. ¿Estará todavía? La verdad es que a pesar de su carácter enérgico, tenía buena onda la mina. Es que si no tenés ese carácter no podés trabajar en ese lugar. Viendo cada quince minutos un nuevo caso. El peor fue el de ese muchacho ciego al que siempre acompañaba alguien. Dicen que tenía tumores en la cabeza que no eran operables y le habían provocado la ceguera. Cada vez que él salía, me tocaba el turno a mí. Y al mirarlo, tan joven y tan bello, me preguntaba “¿Por qué a él?”, si hay tanta gente de mierda en este mundo que anda vivita y coleando y jodiendo a los demás. Y entonces mientras me desvestía, apagaba el celular y me colocaba la bata nº 13, pensaba lo mío es una pavada comparado con lo de él.

Pero hoy no logro pensar que es una pavada. Estoy aterrada. Y no quiero que se den cuenta.

 

Parecerá ridículo pero lo más feo era cuando me quedaba sola, sin poder moverme y únicamente escuchaba el zumbido de la máquina. No eran más de cinco minutos, pero a mí me parecían eternos. Trataba de pensar en algo lindo, pero el maldito zumbido me desconcentraba. Y por fin, el silencio y Evelina que entraba para ayudarme a levantar de la camilla tan fría.

“Hasta mañana” decía.

“Chau, hasta mañana”.

Ese era el mejor momento. Vestirme, salir casi corriendo sin mirar la sala de espera para no bajonearme, subir al auto y prender la música con un cd de Sabina o Maná.

Volver a casa.

Cuando agarraba avenida Francia ya casi ni me acordaba de dónde venía.

“Por el boulevard de los sueños rotos “ y el español que parecía que me hablaba a mí. Cambiaba. Esa era un poco triste. Mejor la de la tres mujeres, que no me acuerdo cómo se llama. Me hace reír este barbeta.

La parada en el semáforo de Salta, que siempre estaba en rojo, como para darme tiempo a mirar los títulos de las revistas del kiosco.

Y después, lo mejor de todo. Un giro de mis ojos a la derecha, para ver si en el auto de al lado había alguien interesante, siempre había, que me mirara como mujer, total vestida como estaba, ni él se daría cuenta que yo me sentía mutilada.

Lechón navideño

Publicado en Nuestra Letra. el 3 de Julio, 2008, 9:32 por ACapo

Aquel 23 de diciembre la radio arrancó a las 6:00 AM. En rigor, nada muy diferente a otros días. Según el locutor, grave, la crisis Estados Unidos – Corea por los misiles nucleares entraba en una fase definitoria. Después ratificó que eran las 6:07. Primero clavó la vista en el ventilador de techo que apenas podía en su lucha con el aire húmedo del incipiente verano. Estuvo unos minutos así, hasta que se sentó en la cama mientras forzaba sus entrañas y dejaba escapar un ruidoso pedo. Se rascó los tobillos y volvió a fijar la vista. Ahora, en las manchas de humedad de la pared. Memoria de la inundación. Un metro y medio de agua. Fresca todavía la imagen de la heladera flotando en la cocina, amarrada por el enchufe. Lo poco que le quedaba de esperanza escurriendo por la cañada rumbo al Coronda. Con las palmas de sus manos hacia abajo golpeó sus muslos. Se puso de pie. Desnudo caminó hasta la galería. Orinó intentando hacer blanco en una mata de pasto amarillento. La humedad y el gris le dieron la sensación de que el cielo estaba un poco más bajo, más cerca. Pero ya no creía en nada, de manera que la percepción lejos estuvo de tener algún significado religioso. En todo caso, la Cañada tenía un aspecto un poco más pálido que el habitual. Sin más remedio callado apuró unos amargos. La radio seguía despachando calamidades acerca de Estados Unidos, Corea y los misiles. Le produjo el mismo efecto que el empate de Deportivo Riestra con Yupanqui. Malhadadas circunstancias lo habían convertido en un bárbaro. ¿En qué podía afectarle la crisis de los misiles? ¿En qué podía cambiar su vida? El ruido del mate vaciándose fue lo suficientemente poderoso como para inhibir cualquier intento de involucrarse con el mundo que, ahí afuera, acechaba. Recordó que esa tarde, después de preparar la última tanda de lechones navideños, iría a ver a la Norita, su esposa. Ultimo anclaje al mundo de los afectos aunque las cosas no marcharan bien. Ella, aun, era un aceptable soporte. Hasta pensó que podría brindarle un sosiego, temporario, a su compulsión por masturbarse. La recordó, la imaginó, desnuda. Salió de la casa y caminó hacia el galpón donde los que iban a morir esperaban su irrevocable destino. Desfasado, su cerebro comenzó a bombear sangre al pene. Bajó la vista. Tuvo que dejar caer la camisa por fuera de la bermuda, alguna vez un pantalón de traje. Su peón, El Tuerto, ya lo esperaba. Ni se miraron. Entró al cuadro donde cincuenta lechones se aplastaban, desesperados, contra el lado opuesto. Diez de ellos no verían el final del día. Uno, en particular. Un negro fajado, hermoso animal de quince kilos, muy bien conformado, cuartos traseros perfectamente redondos que se le había escapado en un par de oportunidades. “Hoy te hago cagar hijo de puta”, murmuraron sus labios. Tanteó el cabo del cuchillo, atrás, en la cintura. El lechón, ojos desencajados por el pánico, recurrió a todas las tácticas a su alcance para esquivar a la muerte, que en forma de bestia erguida se le abalanzaba, que resbalaba en la bosta, que caía, que volvía a levantarse. Hasta que pareció comprender que ya no tenía caso seguir y se quedó inmóvil, su trompa clavada en un rincón, la vista fija en el ángulo formado por las paredes grises. Ni siquiera agitó las patas cuando la furia asesina, tapada de mierda, lo agarró por atrás y lo arrastró hasta fuera. “Negro tenías que ser” vociferó desquiciado mientras lo aseguraba al piso de hormigón clavando su rodilla contra las costillas del pobre cerdo. No podría asegurarse quien respiraba más agitado. Aprestó el cuchillo mientras clavaba la mira en el cogote del condenado. Una estocada certera, así debía hacerse. La sangre escaparía a borbotones junto a un ronco, postrero quejido. Algunos decían que parecía el grito de un bebé. Eso no lo preocupaba. Y fue entonces que sintió la voz del Tuerto:

-       ¿Hace mucho que no lo ve al Gerente de la Cooperativa?

 

Ese turro pensó. Lo tenía agarrado de las pelotas. Le había fiado maíz para los animales, después plata. Ya se había quedado con su camioneta. Y ahora estaba a punto un terrenito en el pueblo. Lo único que le quedaba fuera de la Cañada.

-       ¿Qué le pasa a ese conchudo?, preguntó mientras su mano izquierda atenazaba las orejas del animal, que lo miraba, ya calmado en la inevitabilidad de los próximos segundos.

 

Y mientras el cuchillo ya iniciaba el viaje hacia la yugular de la pequeña victima ofrendada a la navidad, volvió a oír al Tuerto que hincado atrás suyo, la boca a la altura de su oreja, le decía “Se la está cogiendo a la Norita”. Y en ese tan corto lapso de tiempo, el cuchillo, su recorrido levemente descendente, la confesión, a él no le quedó ninguna duda que el lechón negro fajado, sardónico, sonrió. Recién después llegó la sangre…

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-