"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




1 de Julio, 2008


Invitación En Voz Alta

Publicado en Sugerencias. el 1 de Julio, 2008, 22:16 por maripau.-

Si pueden y gustan, quería invitarlos a la fiesta de presentación y lanzamiento de la revista En Voz Alta.

Se hace mañana, miércoles 2 de julio a las 21 hs.en el Bar Tercer Mundo, Rioja 1089.

La revista, es un proyecto hecho a pulmón, que viene preparándose hace meses entre jóvenes interesados en difundir lo que hacemos o lo que nos gusta... Habrá lecturas, música y más...

La revista se va a vender ahí a 2 pesos y después se podrá encontrar en librerías.

REVISTA EN VOZ ALTA

tres x uno...

Publicado en relatos el 1 de Julio, 2008, 19:15 por P i p u

Abrí la puerta para ir a jugar

No sé, siento que perdí los trapos que colgué la tarde del domingo, cuando el sol partía un poco la tierra. Ya era otoño, pero nada se asemejaba. Refregué unas cuantas bombachas amarillentas, por el fuerte flujo que a veces tengo, en esa etapa que ovulo. Para emblanquecerlas, les eché lavandina diluida en agua… Las dejé unas cuantas horas. Siempre que pongo algo que lleva un tiempo, el reposo es eterno, porque me olvido…
Hay sonetos que detesto, y que leo con ritmo cardiaco, los abandono de golpe en forma de infarto y saco vena, saco sangre…
Dejo plantada las maneras de mujer que me dio mamá, y escribo cosas. No soy obsesivamente un pedacito muerto que no dice, soy, por su culpa, una injusta manera de explicarme…

* * *

Siempre pienso que al que no le gusta la música es porque es sordo o porque de chico no le cantaban ni el arroró. Yo, agradezco al Heavy Metal de mi hermano, que enloqueció a mi vieja.
Que si quiere, siga con el yoga y la levadura de cerveza.
Sigo sosteniendo la idea que desde que ya no le viene, se le dieron vueltas los ovarios.
Sangrar por abajo, romper bolsa, como si me irían a hacer un tajo, un estigma. Gotear cosas del tejido, ¡no!, me están mintiendo. Eso no es femenino. ¿Es bajar lo que se viene acumulando?, ¿qué, para no decirlo por la boca?, ah, eso es ser cobarde entonces. ¿Y si se rebelaría el sangrado y decidiera supurar por la pierna? ¿Quién sería el encargado de cicatrizar la herida y volverla hacia el conducto? No entiendo.

El TEMA ES LA BOMBACHA

Tenía cinco años cuando en el patio de la casa de mi abuela me senté abierta de piernas sobre un hormiguero gigante. Recuerdo que tenía puesto un vestidito rayado color rosa y celeste, cuando me di cuenta, las hormigas se me habían metido ahí abajo.
Llegó mamá, me levantó el vestido y me bajó la bombacha como pudo, yo lloraba fuerte, pero no por las picaduras, sino por la vergüenza que había pasado, porque justo ahí, se encontraban mis dos hermanos con sus amigos.

                                      

                                      

  

  

                                                                Ivana  Simeoni

                                                                Ivana  Simeoni

P R O U S T...

Publicado en De Otros. el 1 de Julio, 2008, 17:48 por MScalona


     La Prisionera

                                      

Al cerrar los ojos, al perder la conciencia, Albertina se había desprendido, uno tras otro, de aquellos diferentes caracteres de humanidad que me decepcionaron el mismo día en que la conocí. Ya no quedaba en ella más que la vida inconsciente de los vegetales, de los árboles, vida más diferente de la mía, más ajena y que, sin embargo, me pertenecía más. Ya no se escapaba de su yo a cada momento, como cuando hablábamos, por las puertas del pensamiento inconfesado y de la mirada. Había recogido dentro de sí todo lo que era exteriormente; se había refugiado, encerrado, resumido en su cuerpo. Teniéndola bajo mis ojos, en mis manos, me daba la impresión de poseerla por entero, una impresión que no sentía cuando estaba despierta. Su vida me estaba sometiendo, exhalaba hacia mí su tenue aliento.

            Escuchaba el murmullo de aquella emanación misteriosa, dulce como un céfiro marino, mágica como un claro de luna, que era su sueño. Mientras éste duraba, yo podía soñar, yo podía soñar en ella, y mirarla, sin embargo, y cuando su sueño era más profundo, tocarla, besarla. Lo que yo sentía entonces era un amor tan puro, tan inmaterial, tan misterioso como si estuviera ante esas criaturas inanimadas que son las bellezas de la naturaleza.

 

            He pasado noches deliciosas hablando, jugando con Albertina, pero nunca tan dulce como cuando la miraba dormir. Hablando, jugando a las cartas, tenía esa naturalidad que una actriz no hubiera podido imitar; pero la naturalidad que me ofrecía su sueño era más profunda, una naturalidad de segundo grado. Le caía el cabello a lo largo de su cara rosada y se posaba junto a elle en la cama, y a veces un mechón aislado y recto producía el mismo efecto de perspectiva que esos árboles lunares desmedrados y pálidos que vemos en el fondo de los cuadros rafaelescos de Elstir. Si Albertina tenía los ojos cerrados, en cambio, tal como yo estaba situado, sus párpados parecían tan disjuntos que yo hubiera podido preguntarme si estaba verdaderamente dormida. Pero aquellos párpados entornados daban a su rostro esa continuidad perfecta que los ojos no interrumpen. Hay rostros que adquieren una belleza y una majestad inusuales a poco que les falte la mirada.

            Yo contemplaba a Albertina tendida a mis pies. De cuando en cuando la recorría una agitación ligera e inexplicable, como el follaje que una brisa inesperada sacude unos instantes. Se tocaba el pelo, pero no se contentaba con esto y volvía a llevarse la mano a la cabeza con movimientos tan seguidos, tan voluntarios, que yo estaba convencido de que iba a despertarse. Nada de eso: volvía a quedarse tranquila en el no perdido sueño. Y permanecía inmóvil. Había posado la mano en el pecho con un abandono del brazo tan ingenuamente pueril que, mirándola, me tenía que esforzar por no sonreír con esa sonrisa que nos inspiran los niños pequeños, su inocencia, su gracia.

            Conociendo como conocía varias Albertinas en una sola, me parecía ver reposando junto a mí a muchas otras. Sus cejas arqueadas como yo no las había visto nunca rodeaban los globos de sus párpados como un suave nido de alción. Razas, atavismos, vicios, reposaban en un rostro. Cada vez que movía la cabeza, creaba una mujer nueva, a veces insospechada para mí. Me parecía poseer no una, sino innumerables muchachas. Su respiración, que iba siendo poco a poco más profunda, le levantaba regularmente el pecho, y, encima, sus manos cruzadas, sus perlas desplazadas de diferente modo por el mismo movimiento, como esas barcas, esas amarras que el movimiento de las olas hace oscilar. Entonces, notando que su sueño era total, que no iba a tropezar con escollos de conciencia ahora cubiertos por la pleamar del sueño profundo, deliberadamente me subía sin ruido a la cama, me acostaba al lado de ella, le rodeaba la cintura con mi brazo, posaba los labios en su mejilla y sobre su corazón; después, en todas las partes de su cuerpo, mi única mano libre, que la respiración de la durmiente levantaba también, como las perlas… 

                                                 

                                                                                       

sobre este texto está escrito el análisis que hay debajo, de Barthes.

more Rolando...

Publicado en De Otros. el 1 de Julio, 2008, 17:45 por MScalona

        C u e r p o

                                                                                                                                          


A veces una idea se apodera de mí: me pongo a escrutar largamente el cuerpo amado (como el narrador ante el sueño de Albertina). Escrutar quiere decir explorar. Exploro el cuerpo del otro como si quisiera ver lo que tiene dentro, como si la causa mecánica de mi deseo estuviera en el cuerpo adverso (soy como esos chiquillos que desmontan un reloj para saber qué es el tiempo). Esta operación se realiza de una manera fría y asombrada; estoy calmo, atento, como si me encontrara ante un insecto extraño del que bruscamente ya no tengo miedo. Algunas partes del cuerpo son particularmente apropiadas para esta observación: las pestañas, las uñas, el nacimiento de los cabellos, los objetos muy parciales. Es evidente que estoy entonces en vía de fetichizar a un muerto. La prueba de ello es que, si el cuerpo que yo escruto sale de su inercia, si se pone a hacer algo, mi deseo cambia; si, por ejemplo, veo al otro pensar, mi deseo cesa de ser perverso, vuelve a hacerse imaginario, y regresa a una Imagen, a un Todo: una vez más, amo.

 

                                             

 

 Roland Barthes- Frag de un Discurso amoroso. Ed Siglo XXI o Paidós.

 

Poesía en los Bares -HOY-

Publicado en Sugerencias. el 1 de Julio, 2008, 8:42 por MScalona

CICLO LA POESÍA EN LOS BARES

El próximo martes 1 de Julio continuará el ciclo  LA POESIA EN LOS BARES, encuentro que organiza el Centro Cultural Bernardino Rivadavia (Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario).

En esta oportunidad leerán Sebastián Riestra, Eduardo D'Anna y Rafael Ielpi. 

Las presentaciones estarán a cargo del poeta Roberto  Lobos.

HORARIO de invierno: martes a las 20.30 horas. 

La Cita es en el Bar LA SUBSEDE Entre Ríos y San Lorenzo.

Se ruega puntualidad, gracias.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-