"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




28 de Junio, 2008


God - I V A

Publicado en General el 28 de Junio, 2008, 20:00 por MScalona

Bajo el reinado de Eduardo el Confesor, (1042-1066), rey de Inglaterra , el pueblo de Coventry, se ahogaba bajo los impuestos confiscatorios. Las súplicas para reducir dichos gravámenes fueron ignoradas por el conde de Mercia, encargado de reclamarlos. Ante los petidos del pueblo, la respuesta fue una nueva subida en dichos impuestos.

La esposa de Leofric, que así se llamaba el conde de Mercia, Godgifu, casta y de carácter piadoso, pidió a su marido que tuviera compasión. Tal fue su insistencia, que Leofric le hizo una propuesta:

"Pasea desnuda, montada sobre tu caballo, por el mercado del pueblo cuando esté lleno de gente".

Si era capaz, prometía perdonar las deudas impositivas a sus pobres súbditos.

Lady Godiva

Ante el asombro de él, ella aceptó sin más. Al día siguiente desnuda y a lomos de un caballo, se dirigió hacia el pueblo. Tan sólo la cubría su largo y ondulado cabello suelto. El conde de Mercia no tuvo más remedio que acceder a sus peticiones y ella ha pasado a la historia como Lady Godiva.

Su nombre anglosajón era Godgifu, que significa gift of God , esto es, regalo de Dios.

Godiva es la versión latina de este bello nombre.

ITALO SVEVO

Publicado en De Otros. el 28 de Junio, 2008, 12:56 por MScalona
 ITALIA, 1861-1928

CORTO VIAJE SENTIMENTAL

Con dulce violencia el señor Aghios se separó de su mujer y a paso rápido trató de perderse entre la multitud que se agolpaba a la entrada de la estación.

            Había que abreviar esos adioses ridículos, cuando no prolongados, entre dos viejos cónyugues. Estaba en uno de esos lugares donde todos andan apurados y no tienen tiempo para mirar al vecino, ni siquiera para reírse de él, pero el señor Aghios sentía constituirse en sí mismo a ese vecino que ríe. Es más, todo él se convertía en ese vecino. ¡Qué extraño! Debía fingir una tristeza que no tenía, cuando estaba lleno de alegría y de esperanza, y no veía la hora de ser dejado en paz y gozar. Por eso corría, para sustraerse antes a esas simulaciones. ¿Para qué tantas discusiones? Era cierto que desde hacía muchos años no se había separado de su mujer, pero un viaja a su casa natal, en Trieste, era cosa de la que no valía la pena hablar.

            En cambio, se había hablado desde hacía muchos días y continuamente. La decisión había sido dificilísima, precisamente, porque los dos la habían deseado, y los dos, para tomarla con seguridad, había creído necesario ocultar su deseo.

            Habría podido llorar si se hubiera tratado de una separación para toda la vida o, por lo menos, para gran parte de ésta. Pero así podía confesarse que se alejaba dichosamente. Tanto más cuanto sabía que también le hacía un favor a ella.

            En los últimos años la señora Aghios se había consagrado con un afecto apasionado y exclusivo a su hijo. Cuando éste estaba lejos se sentía sola, incluso junto al marido, y más sola porque no hablaba de su dolor, sabiendo que el señor Aghios se hubiera burlado. Pero el señor Aghios conocía ese dolor, se ofendía por no poder mitigarlo y fingía ignorarlo para no molestarse. "Una doble represión", pensaba el señor Aghios que había leído algunas obras filosóficas: "Doble, porque es mía y es suya".

            Ahora la señora Aghios había querido quedarse en Milán para no dejar solo al hijo, que debía rendir un examen importante. El señor Aghios no daba gran importancia a los exámenes que se pueden repetir y sabía además que su hijo, a quien no le disgustaba su estadía en Milán, los habría repetido con gusto. Pero ahora, si quería partir solo, también debía insistir para que la madre se quedara cuidando al hijo en tales circunstancias. Así, la señora se quedaba en Milán para complacer al marido, pero el señor Aghios, que había espiado concienzudamente el ánimo de su mujer, partía ofendido aunque sin decirlo, porque de otro modo hubiera comprometido la libertad de viajar solo.

            Era verdaderamente una despedida que había que abreviar, dado que, incluso a último momento, la señora Aghios era capaz de cambiar cualquier disposición si adivinaba cuál era el estado de las cosas.  Para ella era inadmisible no cumplir con su propio deber. Y el señor Aghios pensó que el leve rencor que sentía por su mujer, un sentimiento desagradabilísimo, desaparecería en cuanto lograra encontrarse solo. Corriendo fue ya más justo. La mujer, prolongando esos adioses, revelaba su remordimiento por dejarlo ir solo y él pensó: "¡ Qué honesta es ! No me ama en absoluto, pero hasta el final quiere mantener las promesas hechas en el altar. Lamenta no hacer lo que debería. ¡ Una gran pena para ella y una linda molestia para mí !"

Ed. CEAL,  p. 7-8

P i P u...

Publicado en Nuestra Letra. el 28 de Junio, 2008, 2:09 por Ivana Simeoni

Cuando todos estaban por llegar

1-Ahora estoy mirando

2-¿y mí té con limón?

1-No hay más para exprimir, y tampoco quieren pedirle a la abuela.

3-Ahora en casa se toma té de boldo, al que le gusta bien, y al que no, también...

-Abrí la boca, más, más.

 Uy, te sangra.

2-¿Hace mucho?

3-No, dos gotitas.

1-¿Medio agrio eh?

2-Le falta azúcar…

3-Entonces correlo de ahí que es su día.

1- Sí, prohibido mirar teveee.

-¿Te rasco la espalda?

3- No, ahora escupí, escupí y espera que te limpie…

1-Pasá, pasá el trapo.

-Dejá de borrar las huellas, no me gusta.

3-Bueno chicos, si no lo hago yo, ¿a ver? ¿Quién lo hace?

1-Como cuando invitamos al enfermero a que se siente en la mesa, ¿te acordas?

3-No sé si al final vale la pena, no te lava bien…

-Bueno, vos quedate ahí que ya vamos a encontrar el mejor fuenton para quedarnos…

-Cerrá y sacá la llave.

-Vos, poné la estufa en piloto y apagá la luz de afuera, vinieron 200 mangos de luz. Papel y sorete vamos a comer. Yo no sé Díos mío, yo no sé…

Lavé los platos y me acomodé. Fue la primera vez que me puse en lugar de mamá. Pobre, está cansada. Y si ella estuviera acá en la cocina también los secaría, los guardaría, pasaría el trapo y es más, diría, siempre entre estas cuatro paredes, pero nunca se la vería mas contenta que acá adentro. Porque mamá se queja, pero…

Al final tengo razón cuando digo que es borra huellas,  no deja nunca que recordemos por dónde vinimos, nos borra, nos hace desaparecer poniéndole brillo a los pisos, es increíble. Tiene que ver todo con las formas de mi hermano, pareciera como si todos hubiéramos sido  criados discapacitadamente bien, que apenas salimos de  casa, el cuerpo mismo pide el regreso. Pero el estar acá, es un choque permanente entre nosotros mismos, porque no existe espacio, somos muchos para tanto deslizamiento. 

El que no se mueve, también quiere demostrar que hay movimiento, dice Fabri. Por eso mis piernas tienden a acelerarse a un ritmo que no va nadie. Es como que desde su quietud nos impulsara a que hagamos, tal vez, un poco más de la cuenta. Pero en fin, cosas que el haría y no puede. Entonces estoy en el comedor hasta que se vuelve un subgrupo. Papá, sin dejar de mirar televisión, va a pedirme un café. Mamá, que va a pasar con el escobillón dos o tres veces más -aunque sea de noche y traiga mala suerte-, Lucas va a seguir durmiendo, y Fabri, desde la computadora hablando con el Naturally Speaking, va a pedirme un té con limón antes de que le laven los dientes. Y yo, un punto atrás, tratando de leer cosas que no tengan que ver con la concentración.

IVANA  SIMEONI

Mariano Aliau

Publicado en Nuestra Letra. el 28 de Junio, 2008, 1:56 por M-Aliau

TERRAZAS LISÉRGICAS

 El gris de la  tarde se multiplica en la  terraza en donde conversan los tres jovenes. Dos de ellos estan sentados en el piso, con la espalda apoyada en la pared de la única dependencia de la azotea, el tercero se halla de pie, asomado a la baranda. Alejados de miradas censuradoras, alternan en sus manos un cigarrillo de marihuana. La tranquilidad solo es interrumpida por algún arrebato de tos irritante y seca.

-    ¿Tan fea era la mina de anoche?

-         El tolo Gallego  con peluca.

-         Bueh… venís mejorando...

-         ¿Vos decís que llego, gordo?

-         Ni idea.

-         Ni en pedo. ¿A quien le toca? ¿A vos Nari?

-         Para mi llego.

-         Pasame que le doy la ultima seca, que tengo que manejar.

-         ....

-         Pega bien éste.

-         Más que bien, es Tyson. ¿Armaste uno solo, Nari? ¿Y qué? ¿Fumado manejás mal?

-         Ajá.

-         Bajate de ahí! Que en ese estado te caes al vacío de jeta, tipo la película de ayer... ¿Cuál era?

-         Qué loco, si me agarra alcoholemia no me da nada, pero un antidoping no paso ni en pedo... Vanilla sky, qué buena está Penélope Cruz.

-         Chota película, pero me gustó el final. Tomá, no quiero más.

-         Aunque la historia sea mala, si el final es bueno, te compra. Sino, mirá Bernardo, se murió el día del periodista y nos cagó a todos.

-         Le tengo más miedo a la alcoholemia que a la muerte.

-         ....

-         Se me secó la garganta.

-         Allá está la canilla.

-         Ya sé, me acuerdo de cuando tirábamos bombuchas.

-         Dentro de poco, al que agarren manejando borracho, lo empalan en la plaza San Martín. O lo queman vivo en una ceremonia pública, mientras se leen pasajes de la Biblia.

-         A mi me gustaba Bernardo.

-         Me quedo con Penélope.

-         ....

-         Sabés que me di cuenta de una cosa: alcoholemia atenta contra el amor.

-         ¡Cagué! Se movió el guardia, ahora si que no llego. Lo meo al del del carrito de panchos, entonces.

-          No, que le compro siempre.  ¿Te acordás cuando tirábamos bombuchas, gordo?

-         Sí, el mejor deporte del mundo. ¿Cómo te puede gustar Bernardo, Nari? Era un facho, un garca impresentable.

-         Si, pero salió mostrando un huevo.

-         .....

-         Uyy, ¡Miralo al gordo! Le pegó de nuevo de sonrisita silenciosa. Che, ya no queda casi nada. ¿Lo tiro?

-         Alcoholemia atenta contra la vida.

-         ¡Como rompés las pelotas con alcoholemia!

-         Y sí, fijate. La gente borracha, coge más seguido. Si se coge seguido, se procrea más; si alcoholemia no permite que la gente tome, la gente coge menos y también hay menos embarazos. Es como yo digo, alcoholemia atenta contra el amor, contra la vida. Lo tiro, no queda casi nada. ¿No estás de acuerdo gordo…?

¿De acuerdo con qué? ¿Con coger? Calculo que sí ¿Con la alcoholemia? Que se yo. Es la parca vestida de zorro. No sé, no sé, mirá lo que me  pregunta este narigón, yo si los veo me bajo a hacerles paquete, les muestro un huevo como Bernardo,  despúes saco una nueve y les tiro, iré preso, pero después de semejante quilombo… ¿Quién me va hacer el test?,  prefiero un par de dias preso y no 6 meses sin auto, y encima pagar una fortuna. Cuando me larguen, para festejar me pongo en pedo.  Salgo a manejar y la paso a buscar a la gorda, y si empieza con la cantinela de que otra vez en pedo y no cambio mas, saco una nueve y le tiro, y si se enoja le regalo flores o una vainilla,  y si eso no basta le cuento de la trola de anoche, que era parecida a un gallego, con semejante historia ni se va a acordar de los tiros, menos del pedo, y si me larga, me quedó con  Penélope… no , esa no, debe estar con algún millonario en un yate, y el tipo debe tener anteojos negros chiquititos, con un habano en la boca y un grupo de susanos que se rien de todos los chistes que hace, mientras tanto acaricia la boa que tiene alrededor del cuello. No, ese me gana, ya lo dijo Jacobo, billetera mata galán, sí, pero escuchá: fama mata billetera, y Robledo mató como a 16.  Entonces mejor me quedo con la gorda y la llevo a comer a Gorostarzu, o al panchero de abajo, y le voy a avisar al Nari que no lo mee, que a la gorda nunca le gustaron los panchos meados, y me van a decir que quien me creo que soy, que lo deje al Nari mear tranquilo y que porque defiendo al panchero, que me hago el padre tereso de calcuto, pero les explico que no, que no me hago el amable, porque ni la gorda me ama, pero tampoco quiero ser tan odiable, como el panchero, que todos odiamos y algo habria que hacerle, deci que no tengo una nueve porque sino….

-         ¿Y gordo? ¿Qué hago? ¿Querés más o lo tiro?

                                                             MARIANO   ALIAU

1º Año - Jueves

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-