16 de Junio, 2008
Publicado en General el 16 de Junio, 2008, 22:15
por tomasboasso
|
a mi (en cambio) me pasa el desgano
por al lado y no lo atrapo (me cansa una fiebre de puño y letra) y ahora que me
acuerdo una vez en el auto con unos amigos (adentro del auto) tomando algo escuchando
algo fumando algo en el auto detenido miré la plaza a mi derecha (un triángulo
de pasto en el medio una bifurcación) desde el google earth se ve como una (i
griega) y como el estado no se expropia a sí mismo mandaron a poner una
plaqueta con el nombre de (para mi) un total desconocido (pero qué iba a
bajarme del auto para leer los datos de una plaqueta de bronce con el frío que
hacía y comprobar que había sido robada) nombre de plaza (los perros cagan lo
que queda de tu vida terrenal y a mí mas bien me gustaría ser el nombre de un
jardín escondido a la vista de todos) entonces de pronto pasan por la bifurcación
derecha dos ambulancias de esas que van apuradas (la música del auto se había
apoderado completamente de mis emociones y me hacía sentir que en cada cosa que
veía el mundo se despedazaba en un tenue aroma a ginebra (flotante y violeta
entre la pasividad y la violencia) y otra ambulancia (ésta viene de por la que
cruza la gomera) es el día de la bandera pero en realidad no (lo adelantan
cuatro días para fomentar el turismo (pero no hay combustible y las rutas están
cortadas) igualmente en rosario nadie se queja porque lo festejamos doble y
otra ambulancia y dos patrulleros (la situación supera la línea del asombro y emerge
al rojo de la curiosidad) seguimos a la ambulancia y a los patrulleros y
notamos que no tienen apuro y se me ocurrieron dos posibilidades (que la cosa o
el accidente no era tan grave) o ya estaban todos muertos
(llegamos justo cuando la aguja del
tanque no pudo seguir descendiendo) en realidad había sido sólo un suicidio
(una ambulancia se llevó a la pobre señora que se cortó las venas) las otras
tres llevaron a la gente que se desmayó (pues el acto había sido público y una vieja-cuida-coches
le decía a un policía) que un minuto antes la suicida le había entregado una
nota que decía estoy con el campo (ahora
no recuerda dónde la tiró) ¿qué me puede importar ese papel a mi? y luego se
arrimó a la barranca donde estaban los pescadores que se desmayaron (dos
señoras y un nene) al ver saltar la sangre y los gritos sobre la bruma del río
y la bufanda blanca de la muerta (pero mejor nos fuimos) convencidos de que
mañana en el diario nos enteraríamos de la verdad (de la pura verdad impresa)
al cabo de cinco minutos me llega
un mensaje en convocatoria a un cacerolazo y/o bocinazo (ah! y apagón) ¿apagón?
tendríamos que pedirle a bush que como en the truman show nos encienda el sol para
cercar a los culpables de una emergencia socio-soberbio-raitinguista (qué país éste)
te reprime por todos los resquicios (es decir) si no tengo nafta no tengo
bocina (en eso el turco la manejó de primera) nunca un cacerolazo (la gente
cuidaba lo que adquiría) y más si era made in taiwán
|
Comentarios (13) |
Comentar |
Referencias (0)
|
Publicado en De Otros. el 16 de Junio, 2008, 21:02
por MScalona
|
ALEVOSÍA
Atravesados
por el deseo bestial
de lo que falta
pasamos años
esperando momentos
hechizados en la carencia
como lugar de la creación
camino a ser humanos
... y esto cabe en una frase.
Ma. Paula Alzugaray. op. cit. p. 101.-
|
Comentar |
Referencias (0)
|
Publicado en De Otros. el 16 de Junio, 2008, 19:41
por MScalona
ODA A LA PAUSA
con pescados y palitos flotando
el agua
gaviotamente
se traza
¿juncos en una pintura china?
como vidrio y arcilla:
lo marrón.
Loa mía
toda antorcha
de la siesta de Coronda.
del libro LO ALBERGADO, p. 35. Ed. de la autora.
|
Comentar |
Referencias (0)
|
Publicado en De Otros. el 16 de Junio, 2008, 16:14
por .:. Algunos Escritos .:.
...Después de todo hizo lo mismo que vos: aprendió lo que tenía
que aprender y se fue, hecho todo un hombre. Un hombre encantador, sensible,
curioso, apasionado, que ya estará aprovechando, supongo, alguna alemana
inmunda, con matas de pelos en las axilas y sandalias con medias. Pero no me
quejo. Es así. Es mi misión en el mundo: inventar, descubrir, embellecer
personas… para que las disfruten otros. Es lo que hago con mis enfermos. Llegan
a mi inválidos, paralizados, desahuciados por los médicos, y se van felices,
caminando. A sus propios familiares les cuesta reconocerlos. Es lo mismo pero
con los hombres. Esos hombres que las mujeres detectan, seducen, encierran en
departamentos de tres ambientes y convierten en padres de familia, esos hombres
que después, con el tiempo, se dan cuenta de que esas mujeres con las que
estuvieron toda una vida son una perfectas extrañas y nunca supieron nada de
ellos, nunca, nada, empezando por lo básico, quiénes eran, ellos, quiénes eran de verdad, qué los hacia felices, qué
los enfermaba, qué los enloquecía de alegría, de que querían escaparse, con qué
paraísos soñaban, y entonces se mueren, y el medico dice “infarto” o
“aneurisma”, pero en realidad mueren de amargura… A esos hombres, Rimini, a
esos hombres como vos, yo los veo.
Los veo y de sólo verlos los abro por
el medio, como esos filipinos que operan sin tocar, y les miro el corazón así,
a esta distancia, y les leo todo, entendés, una por una, todas las heridas y
las cicatrices que tienen, las grandes, las que son irreparables, y las que
casi no se ven, y también leo todo lo que el corazón es capaz de hacer, todo lo
que ni él, él menos que nadie, en realidad, sospecha que puede hacer, y
entonces les digo lo que veo, o no, se los muestro (por que los pobrecitos rajan
se les decís las cosas), y entonces, zas, se enamoran de mí, se enamoran
perdidamente, y yo de ellos, y cuando empiezan a darse cuenta de que los que
les mostré está ahí, adelante de ellos, adentro de ellos, entonces creen que
entienden de qué se enamoraron realmente, no de mi, por supuesto, sino de mi
poder, de mi ojo filipino, de mi capacidad de curarlos , y entonces, curados,
espléndidos, se van, mucho más guapos que cuando los encontré, rejuvenecidos,
en perfectas condiciones para ser felices. Y sin mí, por supuesto...
Alan Pauls
|
Comentar |
Referencias (0)
|
Publicado en Nuestra Letra. el 16 de Junio, 2008, 13:57
por Gonza!
|
Color rojo
Si nos atenemos a las más estrictas formalidades, entonces debemos afirmar que el rojo es rojo, que el calor agobia y que el azúcar es de las sustancias más dulces que se han visto en estas tierras altas, desoladas por la tragedia y el perpetuo desconocimiento de rumbo y normalidad. La verdad se esconde, es rala, camuflada a la vez vaga y desorienta el entendimiento. Nosotros lo aprendimos hace ya un tiempo, por eso nos expresamos así: con términos humildes y palabras tan simples y didácticas. La verdad. Porque hemos llegado a convencer a muchos (nunca a los necesarios) de nuestras conclusiones y descubrimientos clarificadores. El rojo es rojo, acordamos al iniciar el periplo.
- ¿El rojo es rojo? – preguntó uno entre todos (eso al iniciar el periplo), y por supuesto que fue esta causa de gran revuelo y excitación. Hasta entonces creíamos en lo rojo del rojo como quien cree en la verticalidad de las caídas o en lo terriblemente romántico de hacerse sin rodeos a la mar. ¡Ja! Fue el desconcierto lo que nos supo sobrevolar en un principio, el malestar; sin embargo aún el insensato huracán es la antesala escueta de aquel claror que tornasola los rostros. Lo es.
La duda se hizo certidumbre, la condena revelación. ¡Ja! Qué penoso vivir en lo oscuro del desacierto… Y mejor el polvo a la duda de no saber, nos propusimos; de no querer saber. Comenzamos por observar lo cotidiano girando ambos hombros en sentido anti horario, exploramos inversiones en las conductas y arriesgamos valoraciones por completo aleatorias y sin sentido; esto hasta que al fin nos hubimos acostumbrado a tan extravagantes e inusitadas prácticas.
El camino fue largo (es obligación de los nobles admitir certezas y realidades), sin embargo las recompensas absorben sedientas el volumen en lo imposible, tal es así que hoy en día el rojo ya no es del todo rojo ante nuestras miradas (al menos ante la mirada de la mayoría), y de vez en cuando lo apreciamos purpúreo, escarlata; me atrevería a arriesgar que aún violáceo, grana o carmesí ¡Ja! Difuso fue el pasaje recorrido…
- El rojo es rojo - retrucó un entendido en el tema - y lo de ustedes locura o rebeldía.
Lo supo repetir un segundo, un cuarto; muy distinto fue lo dicho por un tercero. Sólo este supo animar una sonrisa condescendiente que precedió aquella expresión severa, severísima. Para luego comenzar una disertación acerca de las caídas y lo terriblemente romántico de hacerse sin rodeos a la mar (lo cierto es que todo resultó bastante confuso).
Desde entonces mantenemos la certeza rotunda pero disimulada, y cada oportunidad en que nuestros recorridos se cruzan solemos repetirlo con los ojos abiertos hasta los mismos bordes, es costumbre nuestra recordarnos en voz bajísima que el rojo no es del todo rojo, que no lo es. Sin embargo los días pasan y el tiempo tiene tanto de río y de lluvia, tanto de monstruo erosivo, de tortura en silencio...
“¡Premio a los pacientes!” repiten los miembros más antiguos, “¡Premio a los pacientes!”, “¡Premios!”, “¡A los pacientes premios!”.
- ¿Debería ser así?
Porque es posible en el fondo tan sólo nos duela el simple hecho de saberlo. Está claro que presenciar el daltonismo en su avanzar diario podrá siempre minar algo de ansiedad en los pechos (nunca en los necesarios). Y será por eso quizás. Será porque ya no es moda, que también yo mismo abandono con presura las formas plurales, y me encierro cual oruga para sumirme en el individuo, en las frases que nunca abarcan, en el rojo rojo. Rojo, rojo, rojo. Mañana rojo. Pasado rojo.
Ahora, hoy. Mañana y siempre rojo.
|
Comentarios (1) |
Comentar |
Referencias (0)
|
|
|
|