"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




6 de Junio, 2008


KURT VONNEGUT

Publicado en De Otros. el 6 de Junio, 2008, 15:59 por MScalona

    

 Vonnegut, EE.UU. 1922-2007  

                                                        MATADERO   5 -

Billy no se movió para protestar contra los bombardeos de Vietnam del Norte, ni tampoco se estremeció al recordar las cosas horribles que él, él mismo, había visto durante la Segunda Guerra Mundial. Simplemente estaba tomando su almuerzo en el Club de los Leones, del que era antiguo presidente.

En la pared de su oficina Billy tenía una oración enmarcada y colgada, que le ayudaba a seguir viviendo a pesar de que no sentía ningún entusiasmo por ello. Muchos pacientes que la habían visto le confesaban que a ellos también les ayudaba a vivir.

Decía así:

                              CONDEDEME, SEÑOR

                       SERENIDAD PARA ACEPTAR

             LAS COSAS QUE NO PUEDO CAMBIAR

                            VALOR PARA CAMBIAR

                             LAS QUE SI PUEDO

                           Y SABIDURIA PARA

                       DISTINGUIR LAS UNAS

                               DE LAS OTRAS.

Entre las cosas que Billy Pilgrim no podía cambiar se contaban el pasado, el presente y el futuro. Ahora le presentaban al comandante de la Marina. La persona que los presentaba le estaba diciendo al comandante que Billy era un veterano y que tenía un hijo que era sargento de los Boinas Verdes en Vietnam.

El comandante le dijo a Billy que los Boinas Verdes estaban llevando a cabo una gran tarea, y que debía estar orgulloso de su hijo.

-Lo estoy. Claro que lo estoy- dijo Billy Pilgrim.

Después de la comida se dirigió a su casa para echar la siesta. El médico le había ordenando que hiciera  la siesta todos los días. El médico esperaba que así se aliviaría una dolencia de la que Billy se quejaba en los últimos tiempos. A menudo, y sin razón alguna aparente, Billy Pilgrim se echaba a llorar. Nadie le había sorprendido todavía haciéndolo. Sólo el médico lo sabía. Se trataba de una cosa muy silenciosa que Billy hacía, y sin mucha abundancia de lágrimas.

Billy era propietario de una magnífica georgiana en Ilium. Era tan rico como Creso, cosa que no había esperado llegar a ser ni en un millón de años. Cinco ópticos trabajaban para él en la tienda que poseía en la ciudad, y eso le proporcionaba una renta neta de sesenta mil dólares al año. Además tenía la quinta parte del nuevo Holiday Inn, en la Nacional 54, y caso la mitad de tres puestos de <<Sabor-Frío>> (una especie de crema helada que tiene el mismo gusto que el helado, pero sin la rigidez ni exagerada frialdad de éste).

Cuando llegó a casa no encontró a nadie. Su hija Barbara estaba a punto de casarse, y había ido con su madre al centro de la ciudad para buscar valijas y cristalerías de plata y cristal. Sobre la mesa de la cocina encontró una nota en la que se lo  explicaban. No tenían criados. A la gente ya no le interesaba la carrera de servicios domésticos. Tampoco tenían perro. Había tenido un perro que se llamaba <<Spot>> y a <<Spot>> le gustaba Bily.

             Subió por las alfombradas escaleras que conducían a su dormitorio y al de su esposa. La habitación estaba decorada con papel floreado. Contenía una gran cama de matrimonio y sobre la mesita de noche había un radio-reloj, los controles para la manta eléctrica y el interruptor del suave vibrador conectado a los muelles del colchón. El vibrador, cuyo nombre comercial era <<Dedos Mágicos>>, también había sido idea del médico.

   Billy se despojó de sus trifocales, su chaqueta, su corbata y sus zapatos, corrió las persianas venecianas y las cortinas, y se echó encima de la colcha. Pero no podía dormir. En lugar de eso tenía ganas de llorar. Las lágrimas asomaron a sus ojos. Entonces conectó los dedos mágicos y se sintió acunado mientras sollozaba.

              Se oyó el timbre de la puerta principal, Billy saltó de la cama y miró a través de la ventana que daba a la parte delantera de la casa para ver si había llamado alguien importante. Pero no, sólo era un inválido, tan espasmódico en el espacio como Billy lo era en el tiempo. Las convulsiones le hacían moverse continuamente como si estuviera intentando imitar a distancia estrellas del cine cómico. Otro mutilado estaba llamando al timbre de la casa situada al otro lado de la calle. Aquél solamente tenía una pierna, e iba tan apretujado entre las muletas que los hombros le tapaban las orejas.

              Billy sabía lo que querían aquellos individuos. Vendían suscripciones para unas revistas que no se recibían nunca, y la gente se las compraba por lástima. Billy había oído hablar de ello dos semanas antes a un miembro del Better Business Bureau, a través de los altavoces del Club de los Leones. El hombre dijo que nadie que viera a inválidos trabajando en un barrio para conseguir suscripciones para una revista debía llamar a la policía.

              Billy miró calle abajo y vio un flamante Buick Riviera aparcado media manzana más allá, en cuyo interior esperaba un hombre. Dedujo certeramente que se trataba del hombre que había alquilado a los inválidos para hacer aquel trabajo. Y continuó llorando mientras contemplaba a los inválidos y a su jefe. El timbre de su casa seguía sonando con insistencia.

   Cerró los ojos y los abrió de nuevo. Todavía lloraba. Pero ahora estaba de vuelta en Luxemburgo, e iba andando entre un montón de prisioneros. Era el viento invernal lo que le llenaba los ojos de lágrimas.        

   

MATADERO  5,  Ed. Anagrama Compactos,  p. 28

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-