"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




5 de Junio, 2008


más de RICHARD FORD

Publicado en Aguafuerte el 5 de Junio, 2008, 17:12 por MScalona
Ford

"LOS ESTADOUNIDENSES ENTREGARON

EL PAÍS EN EL AÑO 2000"

                                                

http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2008/06/05/01687624.html

"Barak Obama –el casi seguro candidato demócrata- representa una incertidumbre gigante para todos los norteamericanos, aunque también significa la reconciliación con el pasado racista y, ante todo, es el artífice de haber encendido una bombilla en el cerebro de los norteamericanos, después de que entregaran el país en el año 2000".

ALEJANDRO HUGOLINI

Publicado en De Otros. el 5 de Junio, 2008, 10:49 por MScalona

  Alejandro participó de nuestros talleres en 2004-2005

Es periodista, escritor, docente y crítico de cine.


Gallo  Rojo

El Gallo Rojo del Cruce Alberdi mira al oriente. Desde el mangrullo del guardabarreras, alto en el cielo, domina con la vista el cartel de fierro del apeadero, la desmayada serpiente de las vías, los silos al otro lado de la avenida, el gigante bobo de la telefónica, los edificios de la Estación Rosario Norte. Adelante y a la izquierda, ve los retazos verdes del césped que se asoman entre los plátanos. Por ese largo corredor heredado del ferrocarril, transitan cirujas de estampa cachilesca, y como un agraphicus copian hasta el infinito detrás del carro "se ase limpiesa".

Allí duermen a la sombra, cocinan bajo un arbusto, comen, se pelean, rascan alguna guitarra descolorida, se entregan los cuerpos después del atardecer. Son "feos, sucios y malos", y están lejos del Plan Jefes y del piquete, del trabajo, de la escuela y  la esperanza. No condicen con aquella Rosario  "ciudad limpia, ciudad culta, ciudad sana", ciudad de las tres mentiras, piensa el Gallo, mientras gira la cabeza hacia la derecha y ve cómo los colectivos bordean el edificio de Telecom para tomar calle Salta; cómo otros salen de San Nicolás y esperan pacientemente la luz verde del semáforo; y cómo otros más, que se guían por la flecha que los desvía ahí, debajo suyo, giran hasta perderse de vista por Constitución al sur.

El Gallo sabe que cuando pasa el tren, hay que abrir cancha. El guardabarrera toca con furia la campana cuando algún colectivero apurado quiere pasar a último momento. Protesta y bufa cuando las motos y las bicicletas  gambetean la prohibición y se mandan a cruzar arriesgando la vida. Y algunos la pierden, sabe el Gallo, mientras recuerda a un muchacho que el tren arrastró una cuadra, hasta soltarlo hecho un amasijo con el cuadro de la bicicleta.

Todas las mañanas, el Gallo espera firme en su puesto que salga el sol, mientras escucha las noticias del día en la radio del guardabarreras. Es cierto que a medida que avanza la mañana, la avenida Alberdi se va llenando de vehículos, respetando una regla infalible: más temprano, más pobre; más tarde, más bacán. A las cinco y media en bicicleta, a las seis y media en moto, a las siete en colectivo, a las ocho y media en auto.

Algunas veces los colectiveros se paran, abren las puertas y se pasan mensajes. Desde los autos de atrás empiezan a los bocinazos. Al Gallo no le gustan los ruidos fuertes, salvo su canto que imagina poderoso, digno de un verso de Marechal. A medida que avanza la mañana la avenida se vacía un poco, pero a partir de las doce el flujo se invierte y la gente empieza a volver del centro. A esa hora el calor le pega fuerte sobre la cresta, sobre todo en verano, pero él no se mueve de esa plataforma a la que se accede por una escalera de hierro. Más tarde los árboles que están en las madereras de al lado le dan un poco de alivio, y se banca estar quieto en el mismo lugar. La tarde repone en escena el ritual del viaje, al centro entre las tres y las cuatro, y de vuelta al norte, entre las siete y las ocho.

Con la lluvia no tiene problemas, aprendió a vivirla como un bautismo... ¡quién no espera nacer de nuevo y lavarse las culpas! No digo en un río místico, pero aunque más no sea en una garúa tanguera o un chaparrón refrescante.

Antes de que las sombras se apoderen del mangrullo, el guardabarreras de la tarde prende las luces. Vuelve la radio con algunos tangos ... y ahora que estás, junto a mí, parecemos ya ves, dos extraños... mira por última vez las vías, sin un yuyo, sin un perro, sin un croto de postal ferroviaria.

Al Gallo le gustaba más cuando había trenes de pasajeros. Pero ahora sólo pasan trenes cargueros con paso cansino, vagones oscuros, tolvas grises o tanques empetrolados. Quizás alguna noche de la semana pasa el Tucumano, pero es muy tarde y él, generalmente ya está dormido. Con los años aprendió a soñar acunado por el temblor, envuelto en la luz de la máquina, abrigado por el silbato que retumba más fuerte en la oscuridad, en esa altura donde se siente como suspendido. A veces sueña que vuela como un ángel, como un ángel rojo, implacable, con una espada de fuego que corta todas las servidumbres de la tierra, todas las coyundas, todas las cadenas.

En los noventa los trenes dejaron de llevar gente, valijas, esperanzas y sueños. Cerraron ramales, mataron a los pequeños pueblos y echaron a los obreros. Se convirtieron en transportadores de riqueza, siempre para las mismas manos. Por eso en las noches sin luna, para no asustar a los vecinos, los ferroviarios muertos deambulan por las vías con sus viejos uniformes. Son fantasmas de un país lejano, ninguneados, jubilados antes de tiempo, estigmatizados, muertos de pena. Vienen caminando desde Rosario Norte, se sientan bajo el cartel que dice "Parada Cruce Alberdi" y se desparraman al costado de los rieles. Cierran los ojos y sienten primero un temblor leve. Algunos ponen la oreja contra el suelo, para adelantar la dicha. Al poco rato escuchan un silbato fortísimo y el ruido de la máquina. Abren los ojos y ven la luz poderosa que fabrica un camino blanco sobre los durmientes. Y entonces pasa: un larguísimo tren lleno de ventanillas iluminadas, con rostros pegados a los vidrios, que los miran, y que acaso como ellos pertenecen a un lugar que ya no existe. En el final del convoy hay un vagón anaranjado, que a mí siempre se me ha ocurrido, llevaba todos los sueños del pasaje.

 El Gallo Rojo, por ahora, espera; cree la promesa del presidente acerca de que va a construir "sueños nuevos con fierros viejos". Cree también, que mientras tanto, el guardabarrera podría darle a él, una mano de pintura sintética, porque ya se le está viendo el yeso y con la última lluvia ha empezado a descascararse. Amanece de buen humor y tararea su canción... "gallo rojo, tan valiente, comandante de este barrio", mirando al oriente, esperando, como todos, un sol de justicia o un ángel bermellón, como él, que acabe para siempre con todas las coyundas y cadenas de la tierra.

alejandrohugolini@yahoo.com.ar

LUIS GARCÍA MONTERO

Publicado en De Otros. el 5 de Junio, 2008, 10:19 por MScalona

                                         

RECUERDO DE UNA TARDE 


Aquel temblor del muslo 
y el diminuto encaje 
rozado por la yema de los dedos 
son el mejor recuerdo de unos días 
conocidos sin prisa, sin hacerse notar 
igual que amigos tímidos. 

Fue la tarde anterior a la tormenta 
con truenos en el cielo. 
Tú apareciste en el jardín, secreta 
vestida de otro tiempo, 
con una extravagante manera de quererme, 
jugando a ser el viento de un armario, 
la luz en seda negra 
y medias de cristal
tan abrazadas 
a tus muslos con fuerza 
con esa oscura fuerza que tuvieron 
sus dueños en la vida. 

Bajo el color confuso de las flores salvajes 
inesperadamente me ofrecías 
tu memoria de labios entreabiertos
unas ropas difíciles, y el rayo 
apenas vislumbrado de la carne
como fuego lunático
como llama de almendro donde puse 
la mano sin dudarlo. 
Por el jardín, el ruido de los últimos pájaros 
de las primeras gotas en los árboles. 

Aquel temblor del muslo 
y el diminuto encaje, de vello traspasado 
su resistencia elástica 
vencida con el paso de los años 
vuelven a ser verdad, oleaje en el tacto 
arena humedecida entre las manos 
cuando otra vez, aquí, de pensamiento 
me abandono en la dura solución de tus ingles 
y dejo de escribir 
para llamarte. 

 

LUIS GARCÍA MONTERO

Granada, ESP, 1957 (nac)

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-