"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Junio del 2008


S Ü S K I N D

Publicado en De Otros. el 30 de Junio, 2008, 14:25 por MScalona



Foto de Max Sauco


 

 

 

El Perfume

 

 

 

No había nadie en la calle. Las casas estaban vacías y silenciosas. Todos se habían ido al río a ver los fuegos artificiales. No estorbaba ningún penetrante olor humano, ningún potente tufo de pólvora. La calle olía a la mezcla habitual de agua, excrementos, ratas y verduras en descomposición, pero por encima de todo ello flotaba, clara y sutil, la estela que guiaba a Grenouille. A los pocos pasos desapareció tras los altos edificios la escasa luz nocturna del cielo y Grenouille siguió caminando en la oscuridad. No necesitaba ver; la fragancia lo guiaba sin posibilidad de error.

A los cincuenta metros dobló a la derecha la esquina de la Rue des Marais, una callejuela todavía más tenebrosa cuya anchura podía medirse con los brazos abiertos. Extrañamente, la fragancia no se intensificó, sólo adquirió más pureza y, a causa de esta pureza cada vez mayor, ganó una fuerza de atracción aun más poderosa. Grenouille avanzaba como un autómata. En un punto determinado la fragancia lo guió bruscamente hacia la derecha, al parecer contra la pared de una casa. Se topó con un umbral bajo que conducía al patio interior. Como en un sueño, Grenouille cruzó el umbral, dobló un recodo y salió a un segundo patio interior, de menor tamaño que el otro, donde por fin vio arder una luz: el cuadrilátero apenas medía unos pasos. De la pared sobresalía un tejado de madera inclinado y debajo de él, sobre una mesa, titilaba una vela. Una muchacha se hallaba sentada ante la mesa, limpiando ciruelas amarillas. Las sacaba de una cesta que tenía a su izquierda, las despezonaba y deshuesaba con un cuchillo y las dejaba caer en un balde. Debía tener trece o catorce años. Grenouille se detuvo. Supo inmediatamente de dónde procedía la fragancia que había seguido durante más de media milla desde la otra margen del río: no de ese patio sucio ni de las ciruelas amarillas. Procedía de la muchacha.

Por un momento se sintió tan confuso que creyó realmente no haber visto nunca en su vida nada tan bello como esa muchacha. Sólo veía su silueta desde atrás, a contraluz de la vela. Pensó, naturalmente, que jamás había olido nada tan hermoso. Sin embargo, como conocía los olores humanos, olores de hombres, mujeres y niños, no quería creer que una fragancia tan exquisita pudiera emanar de un ser humano. Casi siempre los seres humanos tenían un olor insignificante o detestable. El de los niños era insulso, el de los hombres consistía en orina, sudor fuerte y queso, el de las mujeres en grasa rancia y pescado podrido. Todos sus olores carecían  de interés y eran repugnantes… y por ello ahora ocurrió que Grenouille, por primera vez en su vida, desconfió de su nariz y tuvo que acudir a la ayuda visual para creer lo que olía. La confusión de sus sentidos no duró mucho; en realidad, necesitó sólo un momento para cerciorarse óptimamente y entregarse de nuevo, sin reservas, a las percepciones de su sentido del olfato. Ahora olía que ella era su hermano, olía el sudor de sus axilas, la grasa de sus cabellos, el olor a pescado de su sexo, y lo olía con el mayor placer. Su sudor era tan fresco como la brisa marina, el cebo de sus cabellos tan dulce como el aceite de nuez, su sexo olía como un ramo de nenúfares, su piel como la flor de durazno… y la combinación de estos elementos producía un perfume tan rico, tan equilibrado, tan fascinante, que todo cuanto Grenouille había olido hasta entonces en perfumes, todas las construcciones odoríferas que había creado en su imaginación, se le antojaron de repente una mera insensatez. Centenares de miles de fragancias parecieron perder todo su valor ante esta fragancia definida. Se trataba del principio supremo, del modelo según el cual clasificar todos los demás. Era la belleza pura.

Grenouille vio con claridad que su vida ya no tendría sentido sin la posesión de esta fragancia. Debía conocerla con todas sus particularidades, hasta el más íntimo y sutil de sus pormenores; el simple recuerdo de su complejidad no le bastaba. Quería grabar el apoteósico perfume como un troquel en la negrura confusa de su alma, investigarlo exhaustivamente y en lo sucesivo sólo pensar, vivir y oler de acuerdo con las estructuras internas de esta fórmula mágica.

Se fue acercando despacio a la muchacha, aproximándose más y más hasta que estuvo bajo el rejado, a un paso detrás de ella. La muchacha no lo oyó. Tenía cabellos rojizos y llevaba un vestido gris sin mangas. Sus brazos eran muy blancos y las manos estaban amarillas por el jugo de las ciruelas partidas. Grenouille se inclinó sobre ella y aspiró su fragancia, ahora totalmente desprovista de mezclas, tal como emanaba de su nuca, de sus cabellos y del escote, y se dejó invadir por ella como por una leve brisa. Jamás había sentido un bienestar semejante.

              En cambio, la muchacha sintió frío.                       

 

 

 

PATRICK   SÜSKIND

Fraga. de novela homónima

Alemania,  1949

MaRÍa TOrRigLiA

Publicado en relatos el 30 de Junio, 2008, 13:37 por Monona

 La Abuela y el General

                     

                     

De espaldas a la puerta de entrada, sentada en su silla de ruedas; por su chalina gris, la reconocí. Llevaba puesto un gorro de lana y sostenía en brazos un perro de peluche envuelto en un pañuelo. La besé, me besó. Empezó hablando del perrito y del General que volvería a reclamarlo. No iba a permitir que se lo llevara. Le pregunté acerca del perrito, dónde lo había encontrado, si era feliz. Ella hablaba, me contestaba, le hablaba al perrito. Y al General. Sostuvimos esta semi conversación durante algunos minutos pues no era insostenible, como muchos pensarían, sino todo lo contrario. Le aseguré que el General no tenía derecho alguno al perrito, que era suyo, que la quería sólo a ella. Pero mis palabras no la atravesaban, tan sólo esa imagen, la del perrito al que protegía, tan sólo esa protección, que sólo ella podía brindar. Los dejé solos, a mi abuela y su nuevo amigo. Los dejé preguntándome qué pasaría con ellos, si el General vendría a reclamar su presa, si mi abuela cedería. Me dije que no. Apreté los dientes al cerrar la puerta y me aseguré que no, que nadie iba a separarlos. Acompañada de esa ficticia certidumbre abandoné aquel lugar inhóspito donde mi abuela se albergaba por voluntad ajena, y me dije que estaba acompañada, que el General nada podía contra ella. Pero quién es, me pregunté, este General que rapta perros en medio de la noche ? Y así, envuelta en fantasía ajena, caminé largo rato temiendo su llegada.

 MARÍA  - 1º año, jueves.

 MARÍA  - 1º año, jueves.

Anaïs Nin

Publicado en De Otros. el 29 de Junio, 2008, 19:46 por MScalona

DIARIO

                   

7 de diciembre de 1932

Me entrego a Henry (Miller), me hundo totalmente en su húmeda suavidad, hasta el punto que sólo queda la mujer y el pene, como si estuviéramos los dos encerrados en un útero, nadando en la carne fofa y la humedad que crea esa sensación aterciopelada que es el clímax de todo lo que una experimenta al nadar desnuda, al rozar la seda, al vibrar en el orgasmo. Es la desnudez, la oscuridad, esa deslumbrante sensación de carne y humedad que es el sexo, del que me levanto como de un baño mágico. Y no tiene fin: durante días vivo en la percepción de la carne; durante días la vida no penetra en mi cabeza, me acaricia y me rodea como él; la vida es una prolongación de sus caricias. Deja la impresión del roce de su carne en mi piel, en mi vientre y durante días no soy consciente sino de mis piernas. No hay un mundo en mi cabeza... el mundo entre las piernas... el mundo oscuro, vivo, húmedo.

                                                               

                                                                   Anaïs  Nin

Vaivén (poemita desde Salta)

Publicado en Poemitas. el 29 de Junio, 2008, 0:05 por Caro Musa

Un cartel, pasó.

Un poste de luz, pasó.

Una hilera de camiones.

Un cielo fijo

estrellado

inmóvil contra el vidrio donde veo mi perfil

de hipotética musa regordeta

prostituta de los años 20.

Yo voy

y todo el paisaje viene.

Una antena de teléfono.

Una plataforma espacial con sus

cohetes de soja o de leche.

Incesante titilar de lucecitas,

un pueblo

(también mi mano se refleja

con preciosa luz cenital).

Poste.

Poste.

Una señora le dice a otra que no hay nadie en el baño.

Se acercan

el consabido llanto,

el consabido reflejo,

el consabido túnel de vidrio por donde regreso a mi hendidura

/una estación de servicio/

fétida humeante.

Un puñado de luces como plato de nueces.

Quiero concentrarme en este artilugio

/un telo/

pero el TV con su pumba pumba

de traición y venganza

me despista la mirada de la media luna

roja perfecta doblada

sobre el asiento de mi acompañante.

Ya no puedo pensar:

ni caminando ni viajando

–me queda en suspenso el pensamiento

en ese único punto entre los ojos–.

Un árbol, por fin, ya está entrada la noche.

Pura fotografía, lucecitas.

La señora quiere un te, tiene várices.

Y se besan

el granjero convertido en rey y su esbelta

abnegada amorosa mujer que espera un niño

sobre un campo regado de muertos infrahumanos

estúpidos trolls

fácilmente influenciables por inexpertos parlanchines de magia negra.

La señora agradece, come, insomne,

será cosa de las várices o de este frío polar,

esta neblina este humo este cansancio

del trajinar espurio infructuoso del día

(fui por las vedettinas nuevas, para mentirle cómo me ocupo /hábilmente/

del estado de mi ropa interior. Ella

finge creerlo)

Este cansancio, decía,

que me cierra los ojos.

God - I V A

Publicado en General el 28 de Junio, 2008, 20:00 por MScalona

Bajo el reinado de Eduardo el Confesor, (1042-1066), rey de Inglaterra , el pueblo de Coventry, se ahogaba bajo los impuestos confiscatorios. Las súplicas para reducir dichos gravámenes fueron ignoradas por el conde de Mercia, encargado de reclamarlos. Ante los petidos del pueblo, la respuesta fue una nueva subida en dichos impuestos.

La esposa de Leofric, que así se llamaba el conde de Mercia, Godgifu, casta y de carácter piadoso, pidió a su marido que tuviera compasión. Tal fue su insistencia, que Leofric le hizo una propuesta:

"Pasea desnuda, montada sobre tu caballo, por el mercado del pueblo cuando esté lleno de gente".

Si era capaz, prometía perdonar las deudas impositivas a sus pobres súbditos.

Lady Godiva

Ante el asombro de él, ella aceptó sin más. Al día siguiente desnuda y a lomos de un caballo, se dirigió hacia el pueblo. Tan sólo la cubría su largo y ondulado cabello suelto. El conde de Mercia no tuvo más remedio que acceder a sus peticiones y ella ha pasado a la historia como Lady Godiva.

Su nombre anglosajón era Godgifu, que significa gift of God , esto es, regalo de Dios.

Godiva es la versión latina de este bello nombre.

ITALO SVEVO

Publicado en De Otros. el 28 de Junio, 2008, 12:56 por MScalona
 ITALIA, 1861-1928

CORTO VIAJE SENTIMENTAL

Con dulce violencia el señor Aghios se separó de su mujer y a paso rápido trató de perderse entre la multitud que se agolpaba a la entrada de la estación.

            Había que abreviar esos adioses ridículos, cuando no prolongados, entre dos viejos cónyugues. Estaba en uno de esos lugares donde todos andan apurados y no tienen tiempo para mirar al vecino, ni siquiera para reírse de él, pero el señor Aghios sentía constituirse en sí mismo a ese vecino que ríe. Es más, todo él se convertía en ese vecino. ¡Qué extraño! Debía fingir una tristeza que no tenía, cuando estaba lleno de alegría y de esperanza, y no veía la hora de ser dejado en paz y gozar. Por eso corría, para sustraerse antes a esas simulaciones. ¿Para qué tantas discusiones? Era cierto que desde hacía muchos años no se había separado de su mujer, pero un viaja a su casa natal, en Trieste, era cosa de la que no valía la pena hablar.

            En cambio, se había hablado desde hacía muchos días y continuamente. La decisión había sido dificilísima, precisamente, porque los dos la habían deseado, y los dos, para tomarla con seguridad, había creído necesario ocultar su deseo.

            Habría podido llorar si se hubiera tratado de una separación para toda la vida o, por lo menos, para gran parte de ésta. Pero así podía confesarse que se alejaba dichosamente. Tanto más cuanto sabía que también le hacía un favor a ella.

            En los últimos años la señora Aghios se había consagrado con un afecto apasionado y exclusivo a su hijo. Cuando éste estaba lejos se sentía sola, incluso junto al marido, y más sola porque no hablaba de su dolor, sabiendo que el señor Aghios se hubiera burlado. Pero el señor Aghios conocía ese dolor, se ofendía por no poder mitigarlo y fingía ignorarlo para no molestarse. "Una doble represión", pensaba el señor Aghios que había leído algunas obras filosóficas: "Doble, porque es mía y es suya".

            Ahora la señora Aghios había querido quedarse en Milán para no dejar solo al hijo, que debía rendir un examen importante. El señor Aghios no daba gran importancia a los exámenes que se pueden repetir y sabía además que su hijo, a quien no le disgustaba su estadía en Milán, los habría repetido con gusto. Pero ahora, si quería partir solo, también debía insistir para que la madre se quedara cuidando al hijo en tales circunstancias. Así, la señora se quedaba en Milán para complacer al marido, pero el señor Aghios, que había espiado concienzudamente el ánimo de su mujer, partía ofendido aunque sin decirlo, porque de otro modo hubiera comprometido la libertad de viajar solo.

            Era verdaderamente una despedida que había que abreviar, dado que, incluso a último momento, la señora Aghios era capaz de cambiar cualquier disposición si adivinaba cuál era el estado de las cosas.  Para ella era inadmisible no cumplir con su propio deber. Y el señor Aghios pensó que el leve rencor que sentía por su mujer, un sentimiento desagradabilísimo, desaparecería en cuanto lograra encontrarse solo. Corriendo fue ya más justo. La mujer, prolongando esos adioses, revelaba su remordimiento por dejarlo ir solo y él pensó: "¡ Qué honesta es ! No me ama en absoluto, pero hasta el final quiere mantener las promesas hechas en el altar. Lamenta no hacer lo que debería. ¡ Una gran pena para ella y una linda molestia para mí !"

Ed. CEAL,  p. 7-8

P i P u...

Publicado en Nuestra Letra. el 28 de Junio, 2008, 2:09 por Ivana Simeoni

Cuando todos estaban por llegar

1-Ahora estoy mirando

2-¿y mí té con limón?

1-No hay más para exprimir, y tampoco quieren pedirle a la abuela.

3-Ahora en casa se toma té de boldo, al que le gusta bien, y al que no, también...

-Abrí la boca, más, más.

 Uy, te sangra.

2-¿Hace mucho?

3-No, dos gotitas.

1-¿Medio agrio eh?

2-Le falta azúcar…

3-Entonces correlo de ahí que es su día.

1- Sí, prohibido mirar teveee.

-¿Te rasco la espalda?

3- No, ahora escupí, escupí y espera que te limpie…

1-Pasá, pasá el trapo.

-Dejá de borrar las huellas, no me gusta.

3-Bueno chicos, si no lo hago yo, ¿a ver? ¿Quién lo hace?

1-Como cuando invitamos al enfermero a que se siente en la mesa, ¿te acordas?

3-No sé si al final vale la pena, no te lava bien…

-Bueno, vos quedate ahí que ya vamos a encontrar el mejor fuenton para quedarnos…

-Cerrá y sacá la llave.

-Vos, poné la estufa en piloto y apagá la luz de afuera, vinieron 200 mangos de luz. Papel y sorete vamos a comer. Yo no sé Díos mío, yo no sé…

Lavé los platos y me acomodé. Fue la primera vez que me puse en lugar de mamá. Pobre, está cansada. Y si ella estuviera acá en la cocina también los secaría, los guardaría, pasaría el trapo y es más, diría, siempre entre estas cuatro paredes, pero nunca se la vería mas contenta que acá adentro. Porque mamá se queja, pero…

Al final tengo razón cuando digo que es borra huellas,  no deja nunca que recordemos por dónde vinimos, nos borra, nos hace desaparecer poniéndole brillo a los pisos, es increíble. Tiene que ver todo con las formas de mi hermano, pareciera como si todos hubiéramos sido  criados discapacitadamente bien, que apenas salimos de  casa, el cuerpo mismo pide el regreso. Pero el estar acá, es un choque permanente entre nosotros mismos, porque no existe espacio, somos muchos para tanto deslizamiento. 

El que no se mueve, también quiere demostrar que hay movimiento, dice Fabri. Por eso mis piernas tienden a acelerarse a un ritmo que no va nadie. Es como que desde su quietud nos impulsara a que hagamos, tal vez, un poco más de la cuenta. Pero en fin, cosas que el haría y no puede. Entonces estoy en el comedor hasta que se vuelve un subgrupo. Papá, sin dejar de mirar televisión, va a pedirme un café. Mamá, que va a pasar con el escobillón dos o tres veces más -aunque sea de noche y traiga mala suerte-, Lucas va a seguir durmiendo, y Fabri, desde la computadora hablando con el Naturally Speaking, va a pedirme un té con limón antes de que le laven los dientes. Y yo, un punto atrás, tratando de leer cosas que no tengan que ver con la concentración.

IVANA  SIMEONI

Mariano Aliau

Publicado en Nuestra Letra. el 28 de Junio, 2008, 1:56 por M-Aliau

TERRAZAS LISÉRGICAS

 El gris de la  tarde se multiplica en la  terraza en donde conversan los tres jovenes. Dos de ellos estan sentados en el piso, con la espalda apoyada en la pared de la única dependencia de la azotea, el tercero se halla de pie, asomado a la baranda. Alejados de miradas censuradoras, alternan en sus manos un cigarrillo de marihuana. La tranquilidad solo es interrumpida por algún arrebato de tos irritante y seca.

-    ¿Tan fea era la mina de anoche?

-         El tolo Gallego  con peluca.

-         Bueh… venís mejorando...

-         ¿Vos decís que llego, gordo?

-         Ni idea.

-         Ni en pedo. ¿A quien le toca? ¿A vos Nari?

-         Para mi llego.

-         Pasame que le doy la ultima seca, que tengo que manejar.

-         ....

-         Pega bien éste.

-         Más que bien, es Tyson. ¿Armaste uno solo, Nari? ¿Y qué? ¿Fumado manejás mal?

-         Ajá.

-         Bajate de ahí! Que en ese estado te caes al vacío de jeta, tipo la película de ayer... ¿Cuál era?

-         Qué loco, si me agarra alcoholemia no me da nada, pero un antidoping no paso ni en pedo... Vanilla sky, qué buena está Penélope Cruz.

-         Chota película, pero me gustó el final. Tomá, no quiero más.

-         Aunque la historia sea mala, si el final es bueno, te compra. Sino, mirá Bernardo, se murió el día del periodista y nos cagó a todos.

-         Le tengo más miedo a la alcoholemia que a la muerte.

-         ....

-         Se me secó la garganta.

-         Allá está la canilla.

-         Ya sé, me acuerdo de cuando tirábamos bombuchas.

-         Dentro de poco, al que agarren manejando borracho, lo empalan en la plaza San Martín. O lo queman vivo en una ceremonia pública, mientras se leen pasajes de la Biblia.

-         A mi me gustaba Bernardo.

-         Me quedo con Penélope.

-         ....

-         Sabés que me di cuenta de una cosa: alcoholemia atenta contra el amor.

-         ¡Cagué! Se movió el guardia, ahora si que no llego. Lo meo al del del carrito de panchos, entonces.

-          No, que le compro siempre.  ¿Te acordás cuando tirábamos bombuchas, gordo?

-         Sí, el mejor deporte del mundo. ¿Cómo te puede gustar Bernardo, Nari? Era un facho, un garca impresentable.

-         Si, pero salió mostrando un huevo.

-         .....

-         Uyy, ¡Miralo al gordo! Le pegó de nuevo de sonrisita silenciosa. Che, ya no queda casi nada. ¿Lo tiro?

-         Alcoholemia atenta contra la vida.

-         ¡Como rompés las pelotas con alcoholemia!

-         Y sí, fijate. La gente borracha, coge más seguido. Si se coge seguido, se procrea más; si alcoholemia no permite que la gente tome, la gente coge menos y también hay menos embarazos. Es como yo digo, alcoholemia atenta contra el amor, contra la vida. Lo tiro, no queda casi nada. ¿No estás de acuerdo gordo…?

¿De acuerdo con qué? ¿Con coger? Calculo que sí ¿Con la alcoholemia? Que se yo. Es la parca vestida de zorro. No sé, no sé, mirá lo que me  pregunta este narigón, yo si los veo me bajo a hacerles paquete, les muestro un huevo como Bernardo,  despúes saco una nueve y les tiro, iré preso, pero después de semejante quilombo… ¿Quién me va hacer el test?,  prefiero un par de dias preso y no 6 meses sin auto, y encima pagar una fortuna. Cuando me larguen, para festejar me pongo en pedo.  Salgo a manejar y la paso a buscar a la gorda, y si empieza con la cantinela de que otra vez en pedo y no cambio mas, saco una nueve y le tiro, y si se enoja le regalo flores o una vainilla,  y si eso no basta le cuento de la trola de anoche, que era parecida a un gallego, con semejante historia ni se va a acordar de los tiros, menos del pedo, y si me larga, me quedó con  Penélope… no , esa no, debe estar con algún millonario en un yate, y el tipo debe tener anteojos negros chiquititos, con un habano en la boca y un grupo de susanos que se rien de todos los chistes que hace, mientras tanto acaricia la boa que tiene alrededor del cuello. No, ese me gana, ya lo dijo Jacobo, billetera mata galán, sí, pero escuchá: fama mata billetera, y Robledo mató como a 16.  Entonces mejor me quedo con la gorda y la llevo a comer a Gorostarzu, o al panchero de abajo, y le voy a avisar al Nari que no lo mee, que a la gorda nunca le gustaron los panchos meados, y me van a decir que quien me creo que soy, que lo deje al Nari mear tranquilo y que porque defiendo al panchero, que me hago el padre tereso de calcuto, pero les explico que no, que no me hago el amable, porque ni la gorda me ama, pero tampoco quiero ser tan odiable, como el panchero, que todos odiamos y algo habria que hacerle, deci que no tengo una nueve porque sino….

-         ¿Y gordo? ¿Qué hago? ¿Querés más o lo tiro?

                                                             MARIANO   ALIAU

1º Año - Jueves

Demasiado ego

Publicado en General el 27 de Junio, 2008, 18:50 por negrointenso

http://www.culturamasiva.blogspot.com/

En este blog me hicieron una extensa entrevista, la cara de miedo es la mía. vero.

DOMINGO... última función

Publicado en Sugerencias. el 26 de Junio, 2008, 18:30 por MScalona

Obra teatral como perfecta estructura barthiana :

CORRERÍA INTRATABLE DE

UN YO ENAMORADO-DESAMORADO QUE HABLA

USANDO OTROS DISCURSOS PARA EL SUYO PROPIO (intertextualidad, música

,danza, poesía, canciones)

AL TIEMPO QUE EL RELATO (historia objetiva)PROVIENE DE DISTINTAS VÍAS 

(coralidad, mismo personaje interpretado por distintos actores, alteraciones

de tiempo y espacio, alteraciones de la subjetividad, escenario abierto)

CON ÉNFASIS EN LA TENSIÓN INTERNA DE LOS PERSONAJES

y DESBARATAMIENTO DE PARADIGMAS Y CLICHÉS...

... Semánticamente (sentido)  es entretenida, reflexiva, sentimental, cómica,

     con rasgos de drama, parodia y absurdo... dura 50 min, entrada  $  15.-

Excelente la puesta de vestuario, luces, danza, sonido, etc...

                LECCIÓN DE ESTRUCTURA POSMODERNA...

Sebastián Riestra

Publicado en De Otros. el 26 de Junio, 2008, 9:06 por MScalona
INCORREGIBLE

                                         

La noche que era suya ya no es más.
Hace frío en junio y muerde. Por más que levante las solapas del saco, busque en el bolsillo interior izquierdo (al lado del corazón) la petaca y le dé un beso largo y reconfortante, la soledad sube desde el río y se instala en las veredas heladas.
La noche, que era suya, es menos suya.
Sus amigos no andan por ningún lado. Se quedan en su casa mirando DVD"s o la repetición de los partidos de la Eurocopa. Y entonces a él le queda la dura tarea de entrar solo y estar solo en los bares semivacíos donde sólo se ven caras desconocidas. O a veces alguna cara parecida a la de él, de veterano incorregible. (Normalmente, algún separado reciente que contempla con extrañeza el paisaje abandonado hace muchos años, cuando la década del ochenta se cerraba entre decepciones múltiples y arrancaban los implacables noventas. Es fácil detectar al recién ingresado al club: lo vende su expresión de desamparo, su mirada de absoluto desconcierto combinado con el brillo lúbrico que le provocan las veinteañeras).
La noche que era ya no es y claro, él tampoco es lo que era.
Por ejemplo: ya no fuma. Ya no toma ginebra con hielo, tan hermosa como peligrosa, y se ha visto obligado a cambiar whisky por fernet si pretende evitar prematuros zigzagueos. Si sigue así, lo espera la cerveza.
Por ejemplo: ya no saluda a más de la mitad de los presentes en el boliche. Apenas si de vez en cuando intercambia un cabeceo o un parco cómo andás entre la niebla espesa del tabaco.
Por ejemplo: aunque de esto, mejor no habla.
La noche ya no es más suya.
 Pero sigue habiendo brillos agazapados en la sombra, cuchillos que cortan dulcemente, sorpresas que se abren como rosas en el pecho de la oscuridad.
El no se resigna, no renuncia, no abandona.
Espera.

La espera.

                                                                        

http://www.lacapital.com.ar/columnistas/sriestra/noticia_0024.html

ritual

Publicado en General el 25 de Junio, 2008, 16:35 por lilian

Gracias Señor

 Ud., con lo ocupado que anda y alcanzarme hasta mi casa. Y el detalle de haber  preguntado por que no estuve en la fiesta de fin de año.

Pero le seré muy sincera, necesito trabajar. Me siento cómoda en el estudio.

De tal modo entenderá porque no acepté su invitación a cenar.

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Pero permita que me extienda, déjeme dar una explicación.
Lo primero que no sabe es lo mucho que me costó, lo azul que estaba el cielo cuando puse mis ojos en busca de alguna señal.
Y no es que sea pacata, usted a eso lo sospecha, no?
Yo creo que a buen entendedor…
No se le ha pasado por alto que en la calle, en la empresa soy una lady, y supone que  en la cama una puta.
Póngase contento, lo declaro "buen junador"
No es que cobre, obvio…me refiero a otra cosa.
A sintonía, a generosidad de cuerpo-alma.
A pez en el agua.

Entonces porque no
, dirá usted.

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 Exacto.

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El problema –y no es pequeño- es que en el momento de la vida destinado a entender la diferencia entre sexo y amor yo andaba ocupada en otra cosa…y lo fui postergando.

Ud. vio que durante mi almuerzo leo a Murakami. Bien, él dice que el sexo nos ayuda a abandonar por un rato el mundo exterior y entrar en nosotros mismos. También que es  una forma de comunicación y a la vez algo festivo, que implica que hubo una historia detrás.
Eso no nos falta, no es así?

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Entiendo que no.
………………………………………………………………………………………

Y sabrá que  Freud sostenía que todas las actividades humanas derivan del sexo.  Su entendimiento del tema es distinto al mío…claro, tampoco vivimos en la misma época…pero algunas de las ideas de este hombre ya depositaron  algo como una antigua capa en mí, casi como una información genética.

Sí creo, siento, que gozo de una sexualidad sanísima que no hace otra cosa que despertar envidia y comentarios maledicientes.

Me importa poco a la hora del deseo…quizás debería importarme más.

Quizás sería más inteligente.

No exagerar con eso de sentirme libre.

Claro que no elijo a cualquiera, no crea.

Si, soy bastante exigente.

Y aprendí a desligarme de las personas que no me hacen bien.
……………………………………………………………………………………

¿?
……………………………………………………………………………………..

No es su caso, por cierto, Ud. me cae muy bien. Habrá notado… nunca un gesto de desagrado por las horas extras.

Quizás lo que no ha visto, escribano, es el temblor.

Esa vibración en el aire, cuando me dirijo a su despacho.

Pero no quiero abusar de la ilusión, sabe?

Yo también pienso que el sexo es la puerta más común para entrar en las profundidades de la mente. Hay otras puertas, como la enfermedad mental o la creación, pero el sexo es la que se me da más fácil. Intuyo que en eso nos parecemos.
…………………………………………………………………………………………

Estoy seguro.
………………………………………………………………………………………….

Ahora esa singularidad suya… llamarme "amor"... desde que lo escuché hubo algo como una nota desafinada.
Pensaba que usted estaba un poquito confundido. Con todo respeto.
Que no se puede amar lo que no se conoce, que con eso no se juega.
Y que eso...no esta ni bien ni mal... pero… llena con imaginación todo lo que realmente aún hoy no sabe de mí. Con como le gustaría que fuera...obvio.

Claro que entonces era muy pronto para decirlo…hubiera sonado pedante decirle sin más…no se equivoque… y lo más importante, demasiada solemnidad, no? Y lo dejé pasar.

……………………………………………………………………………………………………………………………….

Lo bien que hizo.

………………………………………………………………………………………………………………………………
Por aquella época estaba absorta en disfrutar coincidencias como a quien le toca una buena racha.
Que le guste el café, que cuando llueve necesite aquellas cartas.
Pensaba también que lo hacemos todos...y casi siempre en las relaciones humanas...no importa si nuevas de dos horas o  prolongadas, de años...no importa si nacieron en Internet o en una farmacia.
Le agregamos un plus.
No cree?
………………………………………………………………………………………………………………………………

No estoy seguro.
…………………………………………………………………………………………………………………………...

Porque en mi caso, sólo una sutil señal pero -que se entienda-, algo concreto, que se yo, por ejemplo aquella mirada transparente, aquel intersticio por donde creí ver su alma…
Y algo erróneo sucede.
Como haber hecho clic con el Mouse en una entrada a un sitio oculto y laberíntico.
Así, sin más, cuando quiero acordar ya estoy en esa operación "relleno" con-como- yo-lo-deseo.
Después el laberinto me da la opción como a un jugador empedernido de seguir apostando.
Dos o tres fichas de "avance" y llego a la casilla "vuelva-a-imaginar"
Claro que  desde el mundo real siguen llegando señales suyas.
Las  voy vivenciando desde un yo muy atento, muy receptivo. De eso ya se habrá dado cuenta.
Cuando parece estar tan encantado como yo…si, cuando percibo la fugaz certeza "está contento de haberme conocido", pienso -¿Que le gustará de mí?
Y no llego a ninguna conclusión.
……………………………………………………………………………………………………………………………….
Todo.
……………………………………………………………………………………………………………………………..
Sólo digo que enmarañados están lo real con lo deseado...

…Y se  me esfuman las inseguridades,  que a los hombres les gustan tetonas, que las arrugas, que esto y aquello.

Sólo brillo.

Porque se que el erotismo pasa por otro lado.
………………………………………………………………………………………………………………………………..
Seguro.
…………………………………………………………………………………………………………………………………..
Brillo, sin más.

No es un ejercicio refinado de histeria.

Ni es una adicción.

Siento…mire, es difícil de explicar…como que voy entrando al mar a nadar un día plácido y cálido.

El agua fresca en mis pies y la arena húmeda entre los dedos son algo que me tengo muy merecido.

Es que nunca se sintió brillar?

Es estar en la boca del torbellino, saberlo.

A punto de emborracharse, ese instante previo.

Usted, por ejemplo brilla cuando su hija menor lo llama.

Y –me ha pasado- sabe, me siento obligada a advertirle, me pongo intratable cuando me enamoro.

Porque no logro, como diríamos, las medias tintas. Cuando me enamoro me enamoro. Quizás por eso mientras pueda pensar, trato de tomar mis recaudos.
……………………………………………………………………………………………………………………………………
No hay problemas.
…………………………………………………………………………………………………………………………………….
Y –decía- me doy perfecta cuenta que el inconveniente es mío.

 Amor y sexo. No los puedo desentrañar.
Ya se que a veces es muy sencillo...en las películas...en las series de TV cuando se exageran o lo uno o lo otro, o lo uno sin lo otro.

Quizás, después de todo no importe. No me haga caso.

Quizás sea que le temo al dolor.

Eso es.
………………………………………………………………………………................

Todo muy lindo.

Entonces?
………………………………………………………………………………………………………………………………….

Nada, que no me entiende.

…………………………………………………………………………………………………………………………………..

Ya hice las reservas.

……………………………………………………………………………………………………………………………………

 Y si me permite ducharme primero, escribano?

A que hora tenemos mesa?

A Escribir para BOGA

Publicado en Sugerencias. el 25 de Junio, 2008, 15:52 por MScalona
----- Original Message -----
Sent: Wednesday, June 25, 2008 12:37 PM
Subject: Convocatoria

Rosario, Miércoles 25 de Junio de 2008









Estimados amigos:



                                   Los invitamos a participar de la Revista Literaria BOGA # 11 de la Casa de la Poesía con textos de su autoría o de otros escritores de la Zona Metropolitana de Rosario que saldrá durante Agosto, provisoriamente en formato digital y vía correo electrónico.


        El eje propuesto para esta edición es 'la crisis'.


       Los escritos podrán ser del género poesía o prosa (relatos, cuentos o artículos breves). Como en ocasiones anteriores deberán enviarse al correo electrónico arealiteraria@rosario.gov.ar, y la fecha límite de entrega será el jueves 31 de Julio.        Esperando su valiosa colaboración los saludamos afectuosamente,





Área Litearia

Secretaría de Cultura y Educación

Municipalidad de Rosario

crónica del pájaro que da cuerda al mundo

Publicado en General el 25 de Junio, 2008, 14:47 por lilian

Las lágrimas goteaban produciendo ruido, una tras otra, en el charco blanco del claro de luna y eran absorbidas por él. Las lágrimas, mientras caían, se bañaban en la luz de la luna y brillaban hermosas como un cristal. Y he visto que mi sombra también derramaba lágrimas. Incluso se veía, nítida, la sombra de las lágrimas. Señor pájaro-que-da-cuerda, ¿has visto alguna vez la sombra de una lágrima? La sombra de las lágrimas no es una sombra cualquiera. Es muy distinta. Viene de un mundo lejano especialmente para nuestros corazones. O tal vez no. Quizá las lágrimas que derrama la sombra son las auténticas y las que derramo yo son sólo la sombra. Lo he pensado entonces. Oye, pájaro-que-da-cuerda, seguramente no lo entenderás. Pero cuando una chica de diecisiete años, desnuda, derrama lágrimas a medianoche bañada por la luz de luna, puede ocurrir cualquier cosa. Es así.

                                                           

a las pruebas me remito...

Publicado en De Otros. el 24 de Junio, 2008, 19:26 por MScalona

                


JORGE  DEBRAVO   (Costa Rica, 1938-1967)

COMO UNA BARCA SE ME FUE EL DESEO...

                                                                               

Como una barca se me fue el deseo.
Como una absurda barca
llena de besos y de piel madura.

Extravié la manera de abrazarte
en no sé que lejanas, olvidadas comarcas.
Estoy perdido en medio de tu carne.

                          

En el fondo de tus ojos me despierto
solo como una estatua.
Tu amor me sabe a exilio.

                             

Como exiliado llego hasta tu almohada.

Como a un extranjero tú me aguardas.



                                                                                                       

CUANDO ESTEMOS DE NUEVO CON NOSOTROS...

Cuando estemos de nuevo con nosotros
contándonos los gestos,
cuando estemos hablando de las gentes
a quienes más queremos,
quédate, por favor, mirando el surco
que dejan tus dos ojos en mis huesos.

Y dame lo que puedas de tu alma,
lo que no necesites de tu afecto,
lo que logres sacar sin sacrificio
de tu casa de sueños.

Yo tomaré, de fiesta, lo que quieras,
aunque sea el milagrillo más pequeño.
No es que yo sea mendigo,
es que cualquier amor es amor bueno.

                                       

... estilo Modernista (Rubén Darío) neoclásico, lírico desbordado, evidente,

manipulador.   En nuestro país, Lugones, Almafuerte, Capdevila, todos de fin de XIX, principios de Siglo XX.  Piensen solamente en el 1º Girondo, en el último Neruda, y seguimos hablando de 70 años atrás...

Anoche en Tercer Mundo...

Publicado en General el 24 de Junio, 2008, 19:12 por MScalona

----- Original Message -----
Sent: Tuesday, June 24, 2008 6:31 PM
Subject: MARCE... anoche

me dio un enorme orgullo, hasta extraño, confieso,
pensar que sean (hayan ?) sido asistentes de MI taller. 
 Las lecturas fueron perfectas.  Una ceremonia.
Tommy leíste con una contundencia (claro, firme, legible) que acompañaba el sentido de los textos.
La rabia, el asco, la lucidez de los malditos maldororenses, pero posmos... como se debe...
Me pareció excelente lo aparentemente ilegible, como esquirlas... aparentemente sin dar en el blanco, pero alcanzando todo y a todos...

Respecto al Dúo (Desvero Laucarga) Extático (no estático) ya saben lo que pienso, oportunamente les hice una devolución más o menos técnica... pero además, lo leyeron perfecto, después de los dos o tres primeros asteroides, apareció el ritmo, la caden(ci)a, el temblor (del oyente), la liturgia, el piedrazo. 
GraciaSssssSSSSSSSS...   Marce
p.d...  me fui antes (después de las lecturas), pero no enojado, simplemente me aburría a morir con este señor que tanto me recordó al "famoso dramaturgo salvadoreño" de Victoria... haciéndonos el panegírico de un santo costarricense (Jorge Debravo ?) gran poeta lírico del siglo XIX (discípulo de DARÍO), lástima que ya estemos en el siglo XXI.  Lo digo con respeto, pero ¿tiene sentido "una conferencia sobre un poeta lírico neo-clásico después que leyeron tres autores minimalistas, coloquiales, urbanos, posmodernos, con notas de realismo sucio, fragmentación y absurdo ???  
Yo pensaba... ¿seré igual a ese señor dentro de 20 años... hablando de estilos, discursos o géneros perimidos ?   ¡ AY....! 

hoy a las 20

Publicado en General el 24 de Junio, 2008, 16:58 por negrointenso
leen en el Bar La Sede, San Lorenzo y Entre Ríos, Concecpción Bertone, Florencia LoCelso y Verónica Laurino. Gracias.

W a i n r a i c h

Publicado en De Otros. el 24 de Junio, 2008, 16:07 por MScalona

 Sebastián Wainraich -ARG- 1974

                                            

Dos matrimonios,

el cordobés Pérez y el  Toqui Sayago

Cuando se vieron, se reconocieron y reconocieron ante sus mujeres que uno no  sabía el nombre del otro, ni a qué se dedicaba, ni dónde vivía pero que, sin embargo, en los tablones habían hablado miles de veces y se habían abrazado en miles de goles de Atlanta porque en los goles uno se abraza con el primero que tiene a mano. La ley de la cancha era así.

Se sentaron a una mesa que estaba contra la ventana. Leyeron los menús y coincidieron en que una parrillada estaría bien.

-Con una parrillada para dos, comen los cuatro-dijo el mozo.

-Yo soy de buen comer-dijo Pablo.

-Yo no estoy con tanta hambre-dijo Esteban.

Era la primera vez que hablaban de otra cosa que no fuera Atlanta. El tema era la parrillada.

-Encargo una para dos y si se queda corta, encargamos una para uno-resolvió el mozo. Todos aceptaron contentos menos Pablo, que ensayó una mala cara. Sintió que se iba a quedar con hambre y que después sería tarde para pedir otra parrillada. Ordenaron una porción de papas fritas, dos ensaladas, dos cocas Light para Lola y Gabriela, y dos aguas con gas y un vino para ellos.

Ellas contaron que se conocían del colegio secundario y que ahora, a los veintinueve, era un milagro que se hubieran reencontrado, era un volver a vivir. Recordaron profesores, compañeras y ex novios. Lola y Gabriela contaban con cada detalle y reían a carcajadas por cualquier anécdota. Dijeron "tendrían que haber estado ahí para reírse como nosotras", "esto mismo lo tendrían que haber escuchado por una compañera nuestra que era un show, lo escuchan por ella y se mueren de risa".

Llegó todo junto: ensaladas, papas fritas y parrillada. Hicieron lugar en la mesa, el mozo deseó buen apetito y Esteban se encargó de repartir comida según el pedido de cada uno. Pablo le sugirió que prefería servirse el mismo.

-Qué casualidad que los dos fueran de Atlanta- dijo Gabriela para abrir la cancha y hacer participar a los hombres.

-¿Sabes qué? Hay más hinchas de Atlanta de lo que uno supone-dijo Lola.

-Lo loco es que encima se conocían-dijo Gabriela.

-Si vas a la cancha siempre, conoces a casi todos-dijo Esteban.

-A casi todos, porque siempre pero siempre hay alguna cara nueva-dijo Pablo.

-Cuando empezamos a salir, lo primero que me dijo es que iba a hacer cualquier cosa por mí, pero si ese día jugaba Atlanta que me olvide- dijo Lola y le dio un beso a Pablo en la mejilla, donde le dejó un trocito de radicheta.

-Esteban viajó por Atlanta, dejo ir a trabajar, no festejó su propio cumpleaños con tal de no faltar a un partido-dijo Gabriela.

-¿En qué categoría está ahora?- preguntó Lola.

-En la "B"-fijo pablo  se sacó la radicheta de la mejilla.

-En la "B" Metropolitana- dijo Esteban.

-Bueno, es lo mismo. Ojalá fuera lo mismo-dijo Esteban-. La "B" puede ser Nacional "B".

-Ahí estuvieron una vez- dijo Gabriela.

-¿Y qué tienen que hacer para ir de nuevo?

-preguntó Lola.

-Salir campeón-dijo Esteban.

-¿Y cuándo fue la última vez que salieron campeones?-preguntó Lola.

-En el 95-coincidieron los dos.

Era un equipazo el de ese año, esos equipos que uno guarda en la memoria.

-Campi. Alcami, Macia, Marabotto, Toqui Sayago. Merlo, Virardi, Pepe Castro, Insaurralde, Castillo y Bonett-dijo Pablo.

-Qué memoria-dijo Lola-. Ahora pregúntale qué día nos conocimos y no tiene idea.

-Deberías ir a un programa de preguntas y respuestas-dijo Gabriela.

-No es para tanto-dijo Pablo.

-Repetime la defensa-le pidió Esteban.

-Campi. Alcami, Macia, Marabotto, Toqui Sayago-dijo pablo.

-Mal-dijo Esteban-. El 3 no era Toqui Sayago, era el cordobés Pérez.

-No, no. El 3 era Toqui Sayago-dijo Esteban.

-Fui a todos los partidos en el 95-dijo Pablo.

-Yo fui a todos los partidos en el 95 y sigo yendo a todos los partidos ahora aunque no sea campeón-dijo Esteban.

-Yo también voy aunque no sea campeón-dijo Pablo.

-No, como aclaraste que en el 95 fuiste a todos- dijo Esteban.

-Sólo fue para decirte que me acuerdo bien, pero muy bien, de que el 3 era el Toqui Sayago –dijo Pablo-. Vos te estarás confundiendo con Pérez, el 3 del 90, cuando también ascendimos.

-Ése era Peña Pérez, uruguayo, no cordobés como éste-dijo Esteban.

-Y tal vez uno era suplente del otro y jugó algunos partidos Pérez y otros Topi Sayago –dijo Lola.

-¡Toqui!- dijo Pablo-. ¡Toqui!, no topi.

-Tampoco nos vamos a pelear por una boludez así-dijo Gabriela.

-No no es una boludez -dijo Esteban-. No es un drama pero no es una boludez.

-¿Y si llaman a un periodista?-preguntó Lola.

Nadie contestó.

-Yo decía, para terminar esta confusión-completó Lola.

-Ninguna confusión-dijo Esteban-. Yo estoy muy seguro de que el 3 era el cordobés Pérez y esa idea no me la saca nadie de la cabeza. Apostaría cualquier cosa porque estoy seguro de lo que digo.

-Hecho: apostemos lo que quieras-dijo Pablo y estiró la mano. Esteban se la estrechó.

-Hecho dijo Esteban.

-¿Qué apostamos?-preguntó Pablo.

-Lo que quieras-dijo Esteban.

-El helado de después-dijo Gabriela.

-Callate-dijo Esteban.

-Apostemos toda la cuota de Atlanta del año que viene-dijo Pablo.

-No, a mí me gusta pagar la cuota. Un hincha tiene que pagar la cuota-dijo Esteban.

-Chicos, por favor-dijo Lola.

-Apostemos la cena- dijo Pablo.

-De acuerdo, la cena-dijo Esteban.

-Toqui Sayago-dijo Pablo.

-Cordobés Pérez-dijo Esteban y se dieron la mano.

Fueron hasta la caja para pedir conectarse a Internet, pero en el restaurante no brindaban ese servicio. Resolvieron ir a un locutorio de la esquina. Lola y Gabriela se quedaron comiendo solas.

-Por lo menos, se hicieron amigos-festejaron.

-Es imposible que le caiga bien el marido de una amiga mía- coincidieron las dos.

Camino al locutorio, Pablo sufrió un escalofrío, la cara y las, manos de pronto sudaron y, como si alguien lo despertara de una pesadilla, descubrió su error. Esteban tenía razón. El 3 del campeonato del 95 era el cordobés Pérez. Pablo estuvo mareado, metido en una laguna. Sayago había sido un defensor del 90, suplente justamente de Peña Pérez. ¿Por qué carajo no se había dado cuenta antes? ¿Qué le había pasado? No le importaba pagar la cena. No. Le dolía ser menos hincha que Esteban, bajar una posición en el campeonato de la memoria, un torneo que mide la pasión y la fidelidad del hincha.

Antes de entrar al locutorio, Pablo dijo:

-Tenés razón, el 3 era el cordobés Pérez.

Esteban lo miró extrañado.

No sé que me pasó, se me hizo un barullo en la cabeza, se me confundieron losa datos-dijo Pablo.

-Me pareció raro, si Sayago era un defensor del 90-dijo Esteban.

-Claro, suplente de Peña Pérez-dijo Pablo.

-Claro. Lo sabías, ¿Qué te paso?-preguntó Esteban.

-No se, no se-dijo Pablo.

-¿Querés que entremos igual al locutorio a chequear la información?-preguntó Esteban-. Es un segundo: entramos a sentimientobohemio.com.ar y listo.

-No hace falta-dijo Pablo-. Me equivoqué.

-No hay problema. Le puede pasar  a cualquiera-dijo Esteban-. Y  la apuesta murió. La cena la pagamos entre los dos.

-No, no. Las apuestas se pagan-dijo Pablo-.

Lo único que me jodió es que vos lo sabías que Sayago era del equipo del 90 y no me lo dijiste.

Este comentario a Esteban le molestó. Sintió que Pablo lo trataba de traidor o de ignorar códigos. Ahora le haría pagar la apuesta con ganas.

-Tenía rezón él-dijo Pablo en la mesa.

-Por fin se terminó la polémica-dijo Lola.

-Sí, pero la cena la pagamos entre los cuatro-dijo Gabriela.

-De ninguna manera-dijo Lola-. La pagamos nosotros.

-La pagamos nosotros- confirmó Pablo.

-Qué raro que te hayas confundido. Con lo fanático que sos- le dijo Lola a Pablo.

-Me parece que no hay más fanático que Esteban-dijo Gabriela.

-Me confundí, pero tampoco nombré a un jugador del Real Madrid. Nombré a uno que estuvo en Atlanta en otra época, y él no me hizo acordar de eso, que Sayago era de otra época.

A Esteban le volvió a molestar el reproche y más aún que lo hiciera delante de las mujeres. Entonces llamó al mozo. Pidió otro vino, otra porción de papas fritas y pidió también que agrandara la parrillada.

-Nos quedamos cortos-dijo.

-Pero mi amor- le dijo Gabriela.

-Tengo hambre-dijo Esteban.

Pablo y Lola miraron en silencio. Pablo sintió la provocación, pero por otra parte no era tan ilógico el pedido. Casi no quedaba vino, él tenía hambre y la bandeja papas fritas estaba vacía. Gabriela y Lola intentaron recomponer la charla. Plantearon que cada pareja cantara cómo se conocieron. Hablaron ellas de lo romántico que fueron los primeros tiempos, de los primeros besos, de las primeras noches de amor, de los celos de aquellos tiempos que hoy habían desaparecido.

La segunda parte de la parrillada Esteban la dejó por la mitad. Le recomendó a Pablo que pidiera que se la guardaran en un paquetito.

-Lo que voy a querer es postre-dijo Esteban y llamó al mozo.

Gabriela y Lola pidieron café. Pablo una ensalada de frutas y Esteban el postre más caro: una torre de helado con frutas, cremas, agregados que sugería el menú y otros que sugirió él. Lo más rápido que pudo, Pablo pidió la cuenta. Gabriela intentó otra vez que la pagaran entre los dos matrimonios.

-No me asusta pagarla. Las apuestas se pagan-dijo Pablo.

-Lo que me llamó la atención es que Esteban dijo que no tenía hambre y terminó comiéndose la vida-dijo Lola.

-¿Nunca te pasó de no tener hambre y de repente tener ganas de comerte todo? Más con los postres, que uno come de puro capricho

-dijo Gabriela.

-Sí, lo raro es que le vino el hambre cuando ganó la apuesta-dijo Lola con una sonrisa nerviosa.

Un silencio incómodo se rompió cuando el mozo trajo la cuenta. Pablo la pagó. Gabriela le dijo a Esteban que dejara propina. Salieron los cuatro del restaurante, caminaron hasta la esquina juntos y después cada pareja se fue por su lado. Lola y Gabriela no volvieron a hablarse ni a encontrarse. Pablo y Esteban se ven en la cancha todos los fines de semana y, si se tienen a mano, se abrazan cada vez que Atlanta hace un gol.

      


del libro SER FELIZ ME DA VERGÜENZA,  Ed Sudamericana.

que presentamos mañana miércoles 25, con el autor, en  R O S S, a las  19.30 hs...

Katherine Mansfield

Publicado en De Otros. el 23 de Junio, 2008, 17:58 por MScalona

  

                            Vida  de  mamá  Parker

Cuando el literato a quien la vieja mamá Parker le limpiaba el departamento todos los martes le abrió la puerta esa mañana, le preguntó por su nieto. Mamá Parker permaneció de pie sobre el felpudo en la entrada pequeña y oscura, y extendió la mano para ayudar a su señor a cerrar la puerta antes de contestar.

-Lo enterramos ayer, señor -dijo serenamente.

-¡Dios mío! Lo siento mucho-dijo el literato en tono contrariado. Estaba en la mitad del desayuno. Llevaba una bata muy gastada y tenía un diario arrugado en una mano. Pero se sentía incómodo. No podía volver a la sala acogedora sin decir algo… algo más. Luego, considerando que esta gente daba tanta importancia a los funerales, dijo amablemente: - Espero que el funeral haya salido bien.

-¿Cómo dijo, señor? -preguntó la vieja Mamá Parker con voz ronca.

¡Pobre pajarraco viejo! Parecía verdaderamente deshecha.

-Espero que el funeral haya sido un… un… éxito-dijo él. Mamá Parker no contestó. Agachó la cabeza y se fue rengueando hacia la cocina, aferrando la vieja red, en la que llevaba sus cosas de limpieza y un delantal y un par de zapatillas de fieltro. El literato levantó las cejas y volvió a su desayuno.

-Se sobrepondrá, supongo -dijo en voz alta sirviéndose mermelada.

Mamá Parker se quitó los dos negros pinches de la toca y la colgó detrás de la puerta. Se desprendió la raída chaqueta y la colgó también. Luego se ató el delantal y se sentó para quitarse las botas. Sacarse o ponerse las botas era para ella una agonía, pero lo había sido durante años. En realidad, estaba tan acostumbrada a ese dolor que su cara hacía una mueca, preparándose para la punzada aún antes de haberse siquiera soltado las cintas. Una vez terminado con esto, se reclinó hacia atrás con un suspiró y suavemente se frotó las rodillas.

-¡Abuela!  ¡Abuela!- Su nieto estaba de pie sobre su falda con sus zapatitos abotinados. Acababa de llegar de jugar en la calle.

-Mira cómo has puesto la falda de tu abuela… ¿chico malo?

Pero él le puso sus brazos alrededor del cuello y frotó su mejilla contra la de ella.

-¡Abuela, dame un penique! -dijo mimoso.

-Vamos, vete; la abuela no tiene peniques.

-Sí que tienes.

-No, no tengo.

- Si que tienes. ¡Dame uno!

Ya estaba buscando el viejo y aplastado monedero de cuero negro.

-Bueno, ¿Qué vas a darle a tu abuela?

El se rió bajito y tímidamente y la apretó más fuerte. Ella sintió cómo le temblaban las pestañas contra sus mejillas.

-No tengo nada- murmuró…

De golpe la anciana se levantó, tomó la pava de hierro que estaba sobre la cocina de gas y la llevó a la pileta. El ruido del agua tamborileando en la pava parecía sofocar su pena. También llenó el balde y la palangana para lavarse. Haría falta un libro entero para describir el estado de esa cocina.

Durante la semana el literario "se las arreglaba" solo. Es decir, vaciaba las hojas de té de vez en cuando en un frasco de dulce puesto allí con ese objeto, y si se le acababan los tenedores sin usar, limpiaba uno o dos con la toalla que colgaba de rodillo.

Por otra parte, como explicaba a sus amigos, su "sistema" era muy simple, y no podía entender por qué la gente hacía tanto problema de la limpieza de la casa.

-Uno ensucia simplemente todo lo que tiene, toma una bruja que limpie una vez por semana, y ya está.

El resultado parecía un basurero gigantesco. Hasta el piso estaba cubierto de restos de tostadas, sobres, colillas de cigarrillos. Pero Mamá Parker no le guardaba rencor. Sentía pena por el pobre y joven señor que no tenía a nadie que se ocupase de él. Por la ventanita tiznada se podía vez una inmensa extensión de cielo triste, y cuando había nubes parecían muy gastadas, nubes viejas,  deshilachadas en los bordes con agujeros o manchas oscuras como de té.

Mientras se calentaba el agua, mamá Parker empezó a barrer el piso. "Si", pensó, mientras la escoba golpeaba, "entre una cosa y la otra he tenido lo mío. He tenido una vida dura".

Aún los vecinos decían eso de ella. Muchas veces, cuando volvía a su casa rengueando con la red, los oía, esperando en las esquinas, o inclinándose sobre las barandas, decir entre ellos: "Ha tenido una vida dura, esa mamá Parker". Y era tan cierto que no sé sentía en lo más mínimo orgullosa de ello. Era lo mismo que si le hubiesen dicho  que vivía en el subsuelo al fondo, en el número 27. ¡Una vida dura!...

A los dieciséis había dejado Stratford y había venido a Londres como ayudante de cocina. Sí, había nacido en Stratford-on-Avon. ¿Shakespeare, señor? No, la gente le preguntaba siempre por él. Pero no había oído nunca su nombre hasta que lo vio en los teatros.

Nada quedaba de Stratford  excepto aquel "sentarse junto al fuego al atardecer cuando podían verse las estrellas a través de la  chimenea", y "Mamá siempre tenía su trozo de tocino colgando del techo". Y había algo… un arbusto, eso… a la entrada, que siempre olía tan bien. Pero el arbusto era muy vago. Sólo lo había recordado una o dos veces en el hospital cuando había estado enferma.

Había sido un lugar horrible… el de su primer trabajo. Nunca se le permitía salir. Nunca podía subir las escaleras si no era para rezar por la mañana y por la tarde. Era un sótano corriente. Y la cocinera era una mujer cruel. Le  arrancaba las cartas que llegaban de su casa antes de que las leyera, y las echaba en la estufa porque la ponían soñadora… ¡Y las cucarachas! No lo van a creer ¡hasta que llegó a Londres nunca había visto una cucaracha negra! ¡Bueno! Era como decir que uno no ha visto nunca sus propios pies.

Cuando esa familia quedó arruinada, entró como "ayudante" en la casa de un médico, y después de dos años, siempre a las corridas de la mañana a la noche, se casó con su marido. Era panadero.

-¡Panadero, señora Parker!- Solía decir el literato. Porque de vez en cuando dejaba a un ladeo sus libros y prestaba un oído, por lo menos, a ese producto llamado Vida-. ¡Debe ser muy agradable estar casada con un panadero!

La señora de Parker no parecía tan segura.

-Un trabajo tan limpio- decía el caballero.

La señora de Parker no parecía convencida.

-¿Y no le gustaba alcanzar a los clientes los panes recién horneados?

-Bueno, señor -decía la señora de Parker-, no estuve mucho tiempo en el negocio. Tuvimos trece chicos y enterré a siete. ¡Se podría decir que si no era un hospital era una enfermería!

-Ya lo creo que se podría decir, señora de Parker!-dijo el caballero, estremeciéndose y volviendo a tomar la pluma.

Si, siete habían muerto y mientras los seis eran todavía pequeños, su marido se enfermó de tuberculosis. Era por la harina en los pulmones, le había dicho entonces el médico… Su marido estaba sentado en la cama con la camisa levantada por encima de la cabeza y el dedo del médico trazó un círculo en su espalda.

-Ahora, si lo cortásemos aquí, señora de Parker-dijo el médico- vería los pulmones bloqueados con polvo blanco. ¡Respire, mi amigo!-. Y la señora de Parker nunca supo con seguridad si vio o si creyó ver un gran abanico de polvo blanco brotar de los labios de su pobre marido querido…

Pero qué lucha había tenido para criar a esos seis chicos y sobrevivir. ¡Había sido terrible! Luego, justo cuando ya eran suficientemente grandes como para ir a la escuela, la hermana de su marido vino a quedarse con ellos para ayudarlos, y solo hacía dos meses que estaba cuando se cayó por un tramo de la escalera y se lastimó la columna. Y durante cinco años  mamá Parker  tuvo otro bebe… ¡y como lloraba éste!... a su cargo. Luego Maudie tomó por el mal camino y se llevó a su hermana Alice; los dos muchachos emigraron y Jim fue a la India con el ejército, y Ethel, la menor, se casó con un camarero pequeño e inútil que murió de úlcera el año en que nació el pequeño Lennie. Y ahora el pequeño Lennie… mi nieto…

Las pilas de tazas sucias, de platos sucios, fueron lavadas y secadas. Los cuchillos negros como tinta fueron limpiados con un pedazo de corcho. La mesa fue fregada y el armario y la pileta en la que andaban colas de sardinas…

Nunca había sido un chico fuerte… desde el principio. Había sido uno de esos chicos rubios que todo el mundo toma por una nena. Tenía bucles claros y plateados, ojos celestes, y una pequita como un diamante a un lado de la nariz. ¡Que trabajo tuvieron ella y Ethel para criar a ese niño! ¡Cuántas cosas sacadas de los diarios habían probado con él! Todos los domingos a la mañana Ethel leía en voz alta mientras mamá Parker lavaba la ropa:

        "Estimado señor:

        "Sólo una línea para decirle que mi pequeña Myrtil estaba desahuciada…

        Después de cuatro botellas… aumentó

        Ocho libras en nueve semanas, y todavía sigue tirando"

Y luego la huevera de tinta salía del armario y se escribía la carta, y mamá compraba un giro postal en camino al trabajo a la mañana siguiente. Pero era inútil. Nada hacía que Lennie siguiera tirando. Ni siquiera cuando lo llevaban a pasear al cementerio tomaba un poco de color; una buena sacudida en el ómnibus nunca le aumentaba el apetito.

Pero desde el principio fue el nene de la abuela…

-¿De quien eres tú?- decía la vieja mamá Parker, enderezándose junto a la cocina y yendo hacia la sucia ventana. Y una vocecita tan cálida, tan cercana que casi la ahogaba (parecía salir de su pecho debajo del corazón) se reía y decía: ¡Soy el nene de la abuela!

En ese momento se oyó un ruido de pasos y apareció el literario vestido para salir.

-Señora de Parker, voy a salir.

-Muy bien, señor.

-Y encontrará su media corona en la bandeja del tintero.

-Gracias, señor.

-Ah, de paso, señora Parker-dijo el literato rápidamente-, usted no tiró el cacao la última vez que estuvo aquí, ¿verdad?

-No señor.

-Muy extraño. Hubiera jurado que dejé una cucharada de cacao en la lata-. Se interrumpió. Dijo con voz suave y firme:- Me dirá siempre cuando tire algo… ¿verdad, señora de Parker?

Y se fue muy satisfecho consigo mismo, convencido de que, en realidad, había mostrado a la señora de Parker que, bajo su apariencia de descuido, estaba tan alerta como una mujer.

La puerta se cerró de golpe. Tomo sus cepillos y trapos y los llevó al dormitorio. Pero cuando empezó a tender la cama, alisando, metiendo las sábanas debajo del colchón, dando palmaditas, el recuerdo del pequeño Lennie se volvió insoportable. ¿Por qué tenía que sufrir así? Eso era lo que no podía entender. ¿Por qué tenía un angelito como él que pedir aliento y luchar para respirar? No tenía sentido hacer sufrir a un chico de esa manera.

…De la pequeña caja que era el pecho de Lennie surgió un sonido como si algo estuviese hirviendo. Había una gran masa de algo que burbujeaba en su pecho cuando tosía, el sudor brotaba en su frente; los ojos salían de sus órbitas, las manos se sacudían, y la gran masa burbujeaba como una papa golpeando en una cacerola. Pero lo que era más terrible de todo aquello era que, cuando no tosía, permanecía sentado contra la almohada y no hablaba ni contestaba, ni siquiera parecía oír. Sólo parecía ofendido.

-No es la culpa de tu pobre abuela, mi precioso-  decía la vieja mamá Parker, separando suavemente el pelo húmedo de sus orejas escarlata. Pero Lennie movía la cabeza y se apartaba. Parecía terriblemente ofendido con ella… y solemne. Inclinaba la cabeza y la miraba de costado como si no pudiese creer semejante cosa de su abuela. Pero al final… mamá Parker tiró la colcha sobre la cama. No, simplemente no podía pensar en eso. Era demasiado… demasiado había tenido que soportar toda su vida. Había cargado con el peso hasta ahora, había guardado todo dentro de sí, y nunca nadie le había visto llorar. Nunca ningún ser viviente. Ni siquiera sus propios hijos habían conservado una cara digna. ¡Pero ahora! Al irse Lennie… ¿qué le quedaba? No tenía nada. El era todo lo que la vida le había dado, y ahora eso también se lo quitaba. ¿Por qué tenía que sucederme todo esto a mí? Se preguntaba. "¿Qué he hecho? Decía la vieja mamá Parker. ¿Qué he hecho?"

Al decir estas palabras, dejó caer de pronto el cepillo. Se encontró en la cocina. Su desazón era tan terrible que se puso nuevamente el sombrero con los pinches, tomó la chaqueta y salió del departamento como en sueños. No sabía lo que hacía. Estaba como una persona tan aturdida por el horror de lo que le había ocurrido, que se aleja… hacia cualquier parte, como si yéndose pudiera escapar…

Hacía frío en la calle. El viento parecía de hielo. La gente se deslizaba a su lado, rápidamente; los hombres caminaban como tijeras, las mujeres correteaban como gatos. Y nadie sabía… nadie se preocupaba. Aún si se derrumbase, si por fin, después de todos estos años, se pusiera a llorar, se encontraría prisionera lo que quisiera o no.

Pero al pensar en llorar sucedió como si el pequeño Lennie saltase en los brazos de su abuela. Ah, eso es lo que quiere hacer, mi  palomita. Abuela quiere llorar. Si por lo menos pudiese llorar ahora, llorar mucho tiempo, llorar por todo, empezando por su primer trabajo y la cruel cocinera, siguiendo con la casa del médico, y luego los siete pequeños, la muerte de su marido, los hijos que la abandonaron, y los años de miseria que conducían a Lennie. Pero llorar como es debido por todas esas cosas le llevaría mucho tiempo. De todas maneras, el momento había llegado. Tenía que hacerlo. No podía postergarlo más; no podía esperar más…

¿A dónde podía ir?

"Ha tenido una vida dura, esa mamá Parker". Sí, ¡una vida dura, durísima! Su mentón empezó a temblar. No había tiempo que perder. Pero ¿adonde? ¿Adónde?

No podía ir a casa; Ethel estaba allí. Asustaría a Ethel terriblemente. No podía  ir a sentarse en un banco, en cualquier parte; la gente empezaría a hacerme preguntas. No podía de ningún modo volver al departamento del caballero; no tenía derecho a llorar en casa de extraños. Si se sentaba en un umbral, un policía le diría algo.

Ay, ¿no había ningún lugar donde pudiera esconderse y encerrarse en sí misma tanto tiempo como quisiera, sin molestar a nadie y sin que nadie la molestara a ella? ¿No había lugar en el mundo donde pudiese echarse a llorar… por fin?

Mamá Parker quedó de pie, mirando hacia arriba y hacia abajo. El viento helado sopló en su delantal y lo convirtió en un globo. Y ahora empezaba a llover. No había ningún lugar.

                                                                                                           

                                                                                                           

                                                                                                           

                                                                                                           

KATHERINE  MANSFIELD    1888-1923

Apuntes para pensar caminando

Publicado en Nuestra Letra. el 22 de Junio, 2008, 23:11 por .:. Francisco .:.









Escribo en el escritorio frente a la pantalla cuando escucho el timbre de la casa. La perra, que ahora ni siquiera puede mantenerse en pie, ensaya un ladrido lastimoso derrumbada bajo la mesa. Me asomo por la ventana y veo el gamulán de siempre imponiéndole respeto al invierno. La tarde invita a salir, para pensar juntos decidimos salir a caminar.


Escribo en el escritorio frente a la pantalla cuando escucho el timbre de la casa. La perra, que ahora ni siquiera puede mantenerse en pie, ensaya un ladrido lastimoso derrumbada bajo la mesa. Me asomo por la ventana y veo el gamulán de siempre imponiéndole respeto al invierno. La tarde invita a salir, para pensar juntos decidimos salir a caminar.

Para aquellos que venimos pensando que pensar significa cambiar de lugar, moverse mientras se piensa se vuelve fundamental. Tal vez sea valido entonces afirmar la politización de cierta dimensión del caminar, balbucear una biopolítica de nuestros recorridos por la ciudad.

Si pensar significa moverse, el pensamiento necesariamente implica caminar. Aún a riesgo de caer en una apología del nomadismo, decimos que el pensamiento siempre tiene que ver con la producción de la vida, con la apertura hacia nuevos signos vitales, con la constitución de territorios existenciales más potentes en los que podamos decidir cómo queremos vivir. A este modo de pensar lo llamaremos pensamiento caminante.

Habría otro modo, higiénico o de oficina, en el que el pensamiento no sale, porque si lo hace, si camina, se ensucia de tierra. Este modo de pensar esterilizado, aséptico, es el de alguien que sólo tiene sexo después de bañarse. El modo de escritorio es el modo del pensamiento como repetición e implica estarse quieto, volver al mismo lugar, no ir más allá del goce consistente en escucharse repetir. Perrunamente hablando, el límite que puede encontrar el modo oficinista es terminar comiéndose la cola.

Estar quieto en el escritorio es como estar castigado. Como aquella vez en el jardín cuando le levante la pollera a mi compañerita y me pusieron en penitencia sentado contra la pared. Ahora no hay rincón ni penitencia pero la silla sigue ahí. También hay una luz, más parecida a la de un criadero de pollos que a la de un velador.

Ahora bien, la pata floja del aparato de pensamiento escritorial puede llegar a ser el devenir feo. O sea que, más que malo, podría llegar a ser un modo feo del pensar. Sobre todo si la soledad en algún momento se vuelve desolación, si el cuerpo no encuentra otro cuerpo para construir entre ambos un límite, un nuevo territorio. En este último sentido de lo somático, si el infierno son los otros, el paraíso también.

Hace algunas semanas les propongo por mail a mis compañeros becarios de conicet armar entre nosotros un laboratorio de becarios. La idea era, antes que sobre hipótesis, autores o libros, trabajar sobre las inscripciones corporales y las dimensiones vivenciales de nuestro modo de producción de conocimiento: dónde nos angustiamos, cuándo nos aburrimos, con quiénes cooperamos, qué nos alegra, por qué siempre estamos corriendo. Intuyo que ese "correr" puede ser la versión híper-acelerada de un pensamiento que no camina, el doble académico del modo de pensamiento higiénico. Para el corredor urbano, detrás de cada eventualidad doméstica acecha una conspiración contra su propio tiempo. De modo que, hacer una compra en el supermercado significará un atraso definitivo en sus lecturas agendadas. Ir al cajero a sacar plata, cambiar el cartucho de la impresora o llamar al gasista le demandarán una lucidez que bien podría estar volcando en reescribir la ponencia que acaba de terminar.

Sin embargo ¿todo caminar implica pensar? ¿Siempre que se camina se piensa? ¿Qué papel juegan los lugares por los que se camina? ¿Y la compañía del caminante o su interlocutor? ¿Y la época del año? ¿Y el escenario geográfico? Es como si el pensamiento se tiñera del territorio sobre el que se erige. Pero… ¿Se ensucia uno invariablemente de los lugares por los que anda? ¿Caminar al lado del río en Rosario, por ejemplo, promueve el pensamiento líquido? ¿Caminar por un bosque misionero conlleva un pensamiento denso? ¿Caminar en las alturas de Bolivia te otorga un pensamiento panorámico? De la misma forma, ¿caminar de noche por el centro de Las Vegas promueve un pensamiento iluminado? ¿Se puede pensar en las planicies lacerantes de Colonia Caroya? ¿Y en las siestas taciturnas de San Antonio de Areco? Preguntas que me hago mientras camino.

Camino por una calle en subida. De repente, exhausto, me siento sobre una piedra. Mientras intento respirar se acerca un viejo y, sin preámbulos, me pregunta ¿a quien espera?

Quiero compartir con ustedes un catálogo de caminatas:

Habría un caminar desesperado.

Habría un caminar turístico.

Además habría un caminar gasolero: para este modo de caminar, que doy en llamar "gasolero", caminar no es una decisión afirmativa. Por el contrario, en este caso se reduce a eso que hago porque tengo que moverme de un punto a otro y no quiero gastar plata en taxi o en colectivo. Por lo general, el caminante gasolero siempre está llegando tarde a algún lado. Este modo sería algo así como la extensión caminante del modo de pensar higiénico: o sea, uno no desconectó con lo que estaba haciendo y pensando, pero no le queda otra que moverse para llegar a destino. Algo así como "de la casa al trabajo y del trabajo a la clase de charango".

Como al caminante gasolero siempre se le hace tarde, al igual que en el caminar desesperado y en el caminar turístico, el cuerpo del otro es un obstáculo en la marcha. Si en el caminar desesperado el cuerpo del otro es un estorbo para que mi cuerpo llegue más rápido a la mina que me vende Fernet-Cola Gavuti atrás de una barra o es la bolsa de tetas con escote sojero que me separa de un seguro orgasmo por la Plaza Pringles a las seis de la tarde un martes de primavera. Lo mismo que en el caminar turístico, en donde el cuerpo del otro equivale a eso que me falta para llegar a las ruinas de los Tiwanacu.

Otro rasgo del caminar gasolero es la superfluidad de la mirada: los ojos ven pero no miran; ciegos bien abiertos, quedan como enfrascados en la actividad mental de la que todavía no han sido arrancados. Caminando así, paso casi a diario por Corrientes entre Córdoba y Rioja y juraría que si en este momento alguien me pregunta qué negocios, edificios o cosas hay en esa calle, no tendría nada para decir. De igual forma sospecho que, aunque quisiera, la sobre-estimulación provocada por el exceso de signos de mercado haría que todo intento de mirada fuese inútil.

Camino por Corrientes, en Buenos Aires, con la fantasía de que -entre puestos callejeros, promociones de todo tipo, estridencias artesanales, kioscos de revistas, perfectos desconocidos y vidrieras- aparezca una piecita para entrar a molerme a palos con alguien y poder hacer algo con mi agresividad.

Por último, existiría un modo de caminar decidido, que es finalmente aquél que me interesa politizar.

Para el tipo que me importa, caminar no es la opción menos mala. Tampoco es una acción instrumental reductible a llegar de un lugar a otro. Simplemente se trata de una decisión política. Camino porque necesito pensar. Y para caminar elijo un espacio público, decido un interlocutor, decido un paisaje y una propia temporalidad. Y en tanto lo decido, des-fetichizo mi propio estar en la ciudad.

Digo, uno no sólo consume cuando va al Supermercado o al Shopping. También consume cuando habla sin consecuencias. Y también lo hace cuando camina sin decidir una apuesta, moviéndose a una velocidad que le es ajena.

Es cuando podemos suspender todos esos gestos que puede emerger otra voz, que las palabras pueden desvestirse del neoprén que las vuelve superfluas. Es entonces cuando puede surgir otra temporalidad, en suma, es ahí cuando puedo pensar. Sólo logro pensar cuando hago del pensamiento el síntoma de algo que se problematiza caminando.

Mi amigo el del gamulán verde dice que necesita pensar. Yo lo invito a caminar.

                                                                                       Francisco Kuba y Juan M. Sodo    

Artículos anteriores en Junio del 2008

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-