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La NaTuRaLeZa DEL EsCrItoR
Casi todo escritor principiante pregunta en un momento (o quisiera atreverse a preguntar), a su profesor de literatura creativa, si de verdad tiene o no lo que hace falta para ser escritor.
Y la respuesta sincera es casi siempre: <<Vaya Dios a saber…>> A veces se responde: <<Rotundamente sí, si no te desvías de tu propósito,>> y alguna que otra vez hay o habría que responder: <<No lo creo.>>
No es probable que quien haya enseñado literatura durante mucho tiempo o haya conocido a muchos escritores primerizos dé respuestas más concretas que éstas, pero la pregunta resulta más fácil de contestar si el escritor en ciernes, no se refiere a llegar a ser únicamente <<alguien que puede publicar>> sino <<un novelista serio>>, es decir, un artista sin compromiso y enteramente dedicado a su arte y no simplemente alguien que puede publicar una historia de vez en cuando; en otras palabras, si el principiante es de la clase de personas para quienes se ha escrito principalmente este libro.
Lo cierto es que en los Estados Unidos hay tantas revistas –y en el mundo más- que casi cualquiera, si pone empeño, puede conseguir que tarde o temprano le publiquen un relato; y una vez que el escritor principiante ha publicado en una revista (pongamos que en cierta modesta publicación trimestral), con lo que en su carta de presentación a otros editores puede poner: <<Mis escritos han aparecido en tal y tal revista>>, sus posibilidades de publicar en otras publicaciones aumentan. El éxito engendra éxito. Por un lado, el haber publicado en cinco o seis revistas modestas virtualmente garantiza el éxito en otras revistas no tan modestas, porque los editores, en la duda, suelen dejarse convencer por la certificación de que se ha publicado, sea donde sea. Y por otro lado, cuanto más escribe y publica el escritor novel (especialmente si publica tras haber mantenido correspondencia con un editor inteligente y dispuesto a dar consejo), más seguridad y habilidad adquiere. En cuanto a publicar una novela no muy buena, las posibilidades son mayores de lo que se podría pensar, aunque puede que la paga tampoco sea buena. Siempre hay editores que buscan nuevos talentos y están dispuestos a correr riesgos, y entre ellos abundan los que buscan específicamente ficción de mala calidad (pornografía, novelas de horror, etc.).
Hay escritores jóvenes que, debido a una peculiaridad de su forma de ser, no se sienten tales si no han conseguido publicar algo, como sea, donde sea.
Probablemente, dichos escritores harán bien en conseguirlo y acabar con ello de una buena vez (como sucede a veces con el debut sexual juvenil), pero harían aún mejor si, con las miras puestas en el futuro, mejoraran su nivel y lograran aparecer en publicaciones de mayor prestigio. Es difícil borrar esta clase de traspiés, como también lo es desembarazarse de técnicas burdas una vez que han dado resultado. Es como intentar dejar de hacer trampas en el golf o de engañar en el matrimonio.
Para poder responder de forma responsable a la pregunta del joven escritor, el profesor de literatura creativa tiene que tomar en cuenta diversos indicadores que no son seguros, pero que ofrecen indicios válidos. Algunos de estos indicadores están relacionados con las facultades del individuo, evidentes o potenciales, y otros, con su carácter. El que ninguno de ellos sea infalible se debe en parte a que son relativos y en parte a que el escritor puede mejorar –abandonando hábitos técnicos o de su personalidad, mejorando por mera obstinación- o simplemente, con el tiempo, pasar de ser un probable no escritor a convertirse en un probable escritor de éxito.
Lo peor que puede pasarle al escritor principiante que lo intenta y fracasa –a menos que tenga una idea jactanciosa de sí mismo o de lo que significa este oficio- es descubrir que para él, la escritura no es lo que más alegría y satisfacción le proporciona en la vida. Para los que buscan éxitos o brillo es más conveniente elegir carreras ligadas a los negocios o profesiones ligadas a ellos, aunque claro, allí también se producen estrepitosos fracasos.
Lo primero y más honrado que debe saber el escritor principiante es que su vida es pasárselo todo el tiempo escribiendo y mejorando su nivel; lo segundo, es guardar su mundo interior y exterior para cumplir lo primero. Y lo tercero, es saber lo que cabe no esperar. Y allí es fundamental no tener expectativas jactanciosas o místicas, sobre uno mismo y sobre el oficio de escribir.
J O H N G A R D N E R
Para ser novelista, p. 21-25, año 1983 , Ed. Ultramar
El libro tiene el prólogo de Raymond Carver, que fue alumno de escritura creativa de Gardner entre los 18 y los 21 años, y al cual celebra como su máxima y sana orientación, con enorme gratitud. Gardner tuvo a su cargo por 20 años, el taller literario de la Universidad de Nueva York, su obra didáctica se reúne en 10 tomos, pero no está traducida al español.
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